Las mejores firmas madridistas del planeta
Inicio
Opinión
82-81: El clásico atraco griego

82-81: El clásico atraco griego

Escrito por: Pablo Rivas4 febrero, 2026
VALORA ESTE ARTÍCULO
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas

Hay noches en la Euroliga que no se juegan solo en la pista, sino que se cocinan en los sótanos de la prensa local, en el feed de las redes sociales o en las polémicas que, por desgracia, no siempre devoran a quienes las provocan. El encuentro en el OAKA —una de esas catedrales delirantes que solo el baloncesto europeo es capaz de ofrecernos— entre el Panathinaikos y el Real Madrid se preveía como el partido estrella de la jornada en la competición. Cualquier visita a Grecia constituye habitualmente una tarea, ejem, hercúlea —disculpen ustedes la tentación—, pero además, en el caso de este Pana, la cuerda se tensa aún más cuando el pintoresco presidente ateniense decide intervenir en la narración pública de la crisis del equipo. Las recientes declaraciones exigiendo la dimisión de hasta el apuntador tras la derrota frente al Aris habían alimentado de manera considerable el morbo. Giannakopoulos transforma cada tropiezo en espectáculo, como el capricho de un Dionisio moderno que tratara de convertir su indignación en estímulo y presión.

Por su parte, el Madrid de Scariolo llegaba en una trayectoria de solvencia ascendente, incluso a pesar del pequeño borrón de la derrota de París. Sin estridencias grandilocuentes, el míster italiano está construyendo un bloque cada vez menos ciclotímico a partir de una sólida base defensiva, reforzada por el rescate para la causa de algunos jugadores —Garuba debería regalarle a Sergio un ejemplar de Pedro Salinas, concretamente La voz a ti debida—, y de unos formatos ofensivos más cohesionados.

Un par de tiros acompañados de aspavientos consiguieron granjearse esa protección arbitral que se concede a aquellos veteranos que saben cómo reclamarla. No cambió el partido, pero sí el tono: el Panathinaikos dejó de desangrarse

El Panathinaikos salió al parqué con una idea clara, casi obsesiva: cerrarse por dentro para que Tavares no respirase. De este modo, los cuerpos acumulados en la pintura fueron una invitación explícita a que los blancos resolvieran desde fuera. De inmediato, la apuesta se confirmó como demasiado temeraria. El Madrid, extraordinariamente concentrado, apuñaló desde el triple con un rotundo 4/4 inicial: el balón circulaba con limpieza, las ventajas se castigaban con frialdad quirúrgica y los guarismos de rebotes ofensivos humillaban el planteamiento de los griegos. Entre todos, Mario Hezonja destacó de manera especial, no tanto por el acierto como por la serenidad. A Hezonja se le ha reprochado durante años cierta irregularidad mental y una tendencia a alternar momentos sublimes con decisiones precipitadas. En el primer cuarto apareció el Hezonja maduro que recientemente tanto ha alabado Scariolo: firme en los pies, paciente en la ejecución, consciente de que el partido no pedía heroicidades sino continuidad.

Los atenienses, mientras tanto, se aferraban a las individualidades de Shorts, con dispar fortuna. Ataman gesticulaba en la banda muy poco para lo acostumbrado, y sus muchachos atacaban a impulsos desordenados hasta que apareció Sloukas. El viejo zorro, conocedor de todos los pliegues del oficio europeo, salió a apagar el incendio con su colmillo. Un par de tiros acompañados de aspavientos consiguieron granjearse esa protección arbitral que se concede a aquellos veteranos que saben cómo reclamarla. No cambió el partido, pero sí el tono: el Panathinaikos dejó de desangrarse.

El Madrid, al entrar la segunda unidad, bajó inevitablemente el nivel. El juego se volvió más trabado y los pívots empezaron a cargarse de faltas. Garuba cometió dos personales seguidas que cortaron su ímpetu, Tavares se vio obligado a dosificarse por algo similar y Len, voluntarioso y bastante más útil de lo esperado aportó minutos de resistencia, al principio sin alardes, si bien ganando confianza poco a poco. Para entonces el encuentro ya no fluía, sino que se disputaba. El Real trató de no soltar el hilo y supo alcanzar el descanso con una ventaja de ocho puntos arriba, merced a una buena serie de tiros libres.

El segundo tiempo nos dejó un guion más propio de épocas pretéritas. Los árbitros tiraron el listón a la basura y regresó la permisividad de siempre en Grecia, provocando la disolución de los merengues. A base de contundencia defensiva, el Panathinaikos obtuvo la remontada en el electrónico, con varias canastas muy dolorosas en el último segundo de posesión de Hernangómez, Osman y, sobre todo, Grant. En el otro aro, cada penetración madridista conllevaba varios palos no pitados, y si el equipo se mantuvo en el encuentro fue gracias a un colosal Len, asistido inteligentemente por Lyles. Con empate a 75, el ucraniano logró un 2+1 que fue neutralizado por un robo sobre Abalde muy probablemente ilegal —el realizador no tuvo a bien mostrarnos ninguna repetición—. Aún quiso Hezonja colocarse la capa del héroe forzando una última falta que dejaba al Madrid en ventaja (80-81) a falta de ocho segundos. Falsas esperanzas: Grant colocó la puntilla vestido de Jordan.

La rabia no debe empañar la realidad: el Madrid se va de Atenas con una derrota pero con un nuevo jugador valioso para la rotación. Si no es flor de un día, habrá valido la pena. La Copa del Rey se antoja una oportunidad imprescindible para recibir la dosis de seguridad que necesita el interesante proyecto de Scariolo. En dos semanas, saldremos de dudas.

 

Getty

La Galerna trabaja por la higiene del foro de comentarios, pero no se hace responsable de los mismos

5 comentarios en: 82-81: El clásico atraco griego

  1. Un atraco en toda regla. Otra competición a abandonar. Y luego se extrañan algunos de que el club se quiera ir a la NBA europea...

    1. Don Elías, estoy con usted.
      Todos sabemos lo que ha habido en fútbol, pero en baloncesto tanto en España como en Europa ha sido por igual o peor.

  2. Un atraco y los comentaristas de Movistar pidiendo de forma "divertida" un premio Grammy (que por cierto son de música) para Sloukas por sus fingimientos. Lo de los arbitrajes en Euroliga fuera de casa es un escándalo. Y encima hay que soportar como los comentaristas se ríen del atraco a un equipo español.

  3. Lo de siempre en Grecia: si el partido se decide por uno, dos o tres puntos, siempre ganará el equipo griego. Solo recuerdo aquella vez con la canasta milagrosa de Rudy.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

closehomelistpencilcommentstwittercaret-rightangle-rightspotify linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram