Hay derrotas que no son una caída, sino una radiografía. La final de la Supercopa frente al FC Barcelona fue exactamente eso: una placa en alta resolución del Real Madrid actual. Sin anestesia. Sin relato edulcorado. Sin el “esto es fútbol” que suele servir de morfina colectiva. Aquí hubo datos, sensaciones y una verdad incómoda: el Real Madrid compitió mientras tuvo orden, se desangró cuando empezó a perderlo y murió cuando el físico dijo basta.
El primer dato ya merece un asterisco histórico. Gonzalo García marcó en el minuto 51 del primer tiempo. No es una errata. Minuto 51. El gol más tardío anotado por el Real Madrid en una primera parte de un partido oficial en toda su historia. Casi 125 años de fútbol resumidos en un añadido interminable que explica muchas cosas. La principal: que el partido se jugó durante demasiados minutos en una especie de limbo reglamentario donde el fútbol se convierte en resistencia, y la resistencia, sin piernas, acaba siendo una quimera.
Hasta ese momento —y conviene subrayarlo— el Real Madrid fue un equipo ordenado. No brillante, no exuberante, pero sí reconocible. Bloques juntos, líneas relativamente cortas, vigilancia defensiva correcta y una idea clara: no conceder transiciones. Mientras el plan se sostuvo, el club cliente de Negreira no encontró el camino. El problema llegó cuando el Madrid empezó a perder balones atrás. Y ahí apareció, como siempre, ese equipo del que usted me habla. El que vive de morderte cuando dudas, de castigarte cuando te paras medio segundo, de oler sangre en cuanto el rival baja la intensidad. No hay magia: hay colmillo.
El Madrid se metió solo en el matadero con una serie de pérdidas impropias de un equipo que aspira a gobernar los partidos grandes. Pérdidas sin presión real, pases mal perfilados, controles tibios, decisiones tomadas tarde. Todo eso no es casualidad. Todo eso tiene un origen común: la intensidad. Y la intensidad, conviene decirlo sin rodeos, no es un concepto abstracto ni una virtud moral. Es una consecuencia directa del estado físico.
Y aquí es donde uno empieza a echar de menos a Antonio Pintus. Mucho. Demasiado. Les guste a los jugadores o no. Porque Pintus no era simpático, ni paternal, ni flexible. Era incómodo. Exigente. A veces insoportable. Pero sus equipos llegaban vivos al minuto 80. Y este Real Madrid no llega. No llega a los duelos, no llega a las segundas jugadas y no llega, sobre todo, a sostener el ritmo cuando el partido entra en combustión.
El Madrid se metió solo en el matadero con una serie de pérdidas impropias de un equipo que aspira a gobernar los partidos grandes
No se trata solo de correr más. Se trata de correr mejor. De repetir esfuerzos. De no esconderte detrás del pase fácil. De no jugar con el freno de mano puesto cuando el rival acelera. Cuando el Madrid baja una marcha, ese equipo del que usted me habla sube dos. Y eso no es táctica: es físico.
El entrenador, por cierto, planteó bien el partido. Conviene decirlo también, porque no todo es culpa del banquillo. El plan inicial fue lógico, coherente con las piezas disponibles y razonable frente al rival. El problema no fue la idea, sino la ejecución en las áreas. Porque una final no se gana solo defendiendo con orden; hay que castigar cuando tienes la ocasión. Y ahí el Real Madrid fue alarmantemente inofensivo.
No se puede tirar a puerta como un padre lanza una pelota de espuma a su hijo de dos años, flojito y a las manos. Sin convicción, sin mala intención. Eso ocurrió en varias ocasiones; remates anunciados, tiros sin tensión, decisiones tomadas sin hambre. El portero rival agradeció cada una como quien recibe un regalo de Navidad mal envuelto pero fácil de abrir. En partidos de este nivel, o muerdes o te muerden. El Real Madrid, demasiadas veces, enseñó los dientes… sin cerrar la boca.
Los fallos en los pases, que tantos quebraderos de cabeza dieron, no nacen de la técnica. Nacen de la falta de intensidad. Y la falta de intensidad puede tener dos explicaciones: indolencia o falta de condición física. Las dos son malas, muy malas. Y el cuerpo técnico está precisamente para detectar cuál es la dominante y corregirla, porque si es indolencia, se corrige con jerarquía, si es físico, se corrige con trabajo. Lo que no se puede hacer es mirar para otro lado y esperar que el problema se solucione solo por acumulación de talento.
Y hablando de talento, conviene detenerse en Vinícius Júnior. Porque aquí hay que ser claros, incluso a riesgo de molestar. Vinícius es, hoy por hoy, el mejor jugador del mundo. El que lo cuestione, el que no quiera que siga en el Real Madrid o el que diga que es un jugador acabado, está en su derecho. Faltaría más. Pero me tendrá siempre enfrente. Siempre.
Porque Vinícius no solo desequilibra: sostiene. No solo ataca: resiste. No solo corre: compite. En un partido donde muchos bajaron el ritmo, él siguió insistiendo. En un equipo que perdió colmillo, él siguió intentando morder. Con acierto o sin él, con ayudas o en soledad, Vinícius fue el único capaz de alterar el guion. Y eso, en una final, no es un detalle menor: es una declaración de jerarquía. Vinícius, con 16 goles/asistencias en finales, ha igualado a los más grandes de la historia del Real Madrid y, en la próxima final, los rebasará… y todo con sus 25 años, con sus 8 temporadas de blanco, con todo lo que ha pasado y con todo lo que ha tenido que soportar. Que quede claro, repito, el madridista que quiera que Vinícius salga del Real Madrid, me tendrá enfrente con beligerancia, porque este talento propio no puede exportarse, no puede perderse por una campaña mediática organizada por lo más casposo de la prensa deportiva española y por los medios regados con el dinero de La Liga y, como se ha demostrado, con el dinero de ese equipo del que usted me habla.
Todo tiene un origen común: la intensidad. Y la intensidad, conviene decirlo sin rodeos, no es un concepto abstracto ni una virtud moral. Es una consecuencia directa del estado físico
El problema del Real Madrid no es Vinícius. Es todo lo que le rodea cuando el partido exige un plus. Cuando el fútbol deja de ser dibujo y pasa a ser supervivencia. Cuando el rival aprieta y tú necesitas piernas, cabeza y carácter a la vez. Ahí es donde este equipo se quedó corto. No humillado, no superado tácticamente, simplemente, corto.
La Supercopa se fue. No es el fin del mundo. Pero deja un mensaje claro: sin intensidad no hay orden que aguante; sin físico no hay plan que sobreviva; y sin colmillo no hay final que se gane. El Real Madrid tiene talento, historia y orgullo. Ahora necesita volver a tener piernas. Aunque duela. Aunque no guste. Aunque alguien tenga que volver a poner el cronómetro y decir: otra vez.
De Munuera Montero, negreiro de manual, que hace negocios con clubes de fútbol y con un póster de Messi en su casa, no tengo objeción. Futbolísticamente estuvo acertado, disciplinariamente correcto y lo único, quizás, por ponerle un pero, el descuento del segundo tiempo, que le faltó algún minuto con las ruedas de cambios por parte de los dos equipos. Pero como este escribidor de cosas suele hacer, si se gana y nos esquilman, lo digo, si perdemos y nos machacan, lo digo y si, como hoy, el trencilla estuvo correcto, también lo digo, faltaría más.
Y, por cierto, me han hecho gracia las declaraciones de Laporta, cuando dice que las relaciones con el Real Madrid están rotas… más rotas deberían estar, es más, deberían ser las típicas relaciones del Castilla con cualquier otro club de Primera Federación, que es donde deberían estar estos sinvergüenzas después de pagar durante, al menos, 17 años al vicepresidente de los árbitros al menos 8,4 millones de euros para, según ellos “obtener neutralidad”, como si los árbitros no tuvieran que tener la neutralidad ínsita en su meninge profesional, como si se pagara un extra a un fontanero para que no te inundara la casa, vaya. Por cierto, llevamos más de dos años y medio con este asunto Y AÚN NO HA PASADO NADA, que no se olvide.
Me despido con la pena de no haber levantado el título pero con la frase de siempre: ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida… ¡Hala Madrid!
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Perfecto!
Hace unas temporadas éramos el equipo que ganaba partidos en la segunda mitad, pues los futbolistas tenían un físico muy por encima del resto, Pintus mediante, esta temporada y sobre todo el partido del Atleti y este se ha visto que en el minuto 70 están muertos. Dicho esto y a propósito del orden del que se habla en el artículo, me llamó mucho la atención el cambio de Valverde por Arda y el consiguiente reordenamiento de los demás en el campo. Creo que a Xavi le han temblado las rodillas para cambiar a Bellingram que venía siendo de los peores y era el cambio natural por Guller. Cuando se hacen esos cambios que reordenan el equipo da la impresión de que el equipo se pierde en sus funciones y posiciones, de hecho apto seguido vino un gol. Ojalá y Xavi pueda tomar las riendas de este equipo.
Bastante acertado el argumento. Sin físico, intensidad ni colmillo es muy difícil ganar al Negreira, que tiene -y hay que reconocerlo- un centro de campo muy superior al nuestro: comparar a Bellingham y Valverde con Pedri y De Jong es doloroso; del banquillo ni hablamos: Olmo y Fermin frente a Güler y Ceballos). Y eso duele a cualquier madridista, cualquiera que sea su criterio. Si los pases en el Madrid dependen del propio Courtois, estamos listos.
Vinicius lleva un año malo. Desde que le negaron el merecido balón de oro no está al nivel que puede; sus números de esta temporada hablan solos. Tiene capacidad de ser el mejor del mundo, pero un buen partido como el de ayer no tapa un año malo entero. Hay que repetir jornada tras jornada: ser el mejor del mundo lo exige. Y sobre su actitud: la que montó con el cambio ante el Barça, merecido o no da igual, y el subsiguiente tweet que cargaba más que arreglaba, no nos lo inventamos nadie, ni la prensa anti ni ninguna campaña antivinicius. Hay que venderlo? No. Pero tiene que recuperar el nivel de ayer, para cada partido. Y hay una renovación pendiente sobre la que hay que decidir: queremos pagarle lo mismo que Mbappé? Hay que pensarlo y decidir con la razón, porque quizá merece la pena gastarse ese dinero o quizá conviene apostar por venderle y apostar por otro perfil que nos falta, y todos sabemos cuál es.
Muy entretenido y fresco el artículo, con sus guiños literarios. Excelente lectura.
El Real Madrid debe recuperar jugadores lesionados muy importantes. Eso es lo más importante que nos falta. A pesar de ello empatamos una vez, dis veces y, estuvimos a punto de hacerlo por tercera vez. Nuestros goles, especialmente el de Vinicius fue espectacular y los suyos nacieron de nuestros errores.
Ah, Vinicius y 10 más a perpetuidad.
Caballero que el equipo encaja tres goles en ése planteamiento que dice usted fue bueno, no puede ser bueno un planteamiento en el que coloca a sus hombres para que no encajen goles y encaje tres. En liga sólo encajó uno, uno solo, y ayer mete dos goles que es suficiente para ganar su partido si el planteamiento es bueno, pero ni se defiende bien ni se toman buenas decisiones cuando sale Valverde por lesión y la alternativa es Guler para enviar balones largos a los delanteros que a los cinco minutos tuvo que sustituir porque estaban fundidos.