Mañana tenemos un partido importantísimo frente al Atlético de Madrid. Supongo que todos los que diariamente leen La Galerna ya saben que el jueves a las 20h arranca nuestra participación en la Supercopa de España. A estas alturas, la competición de la Real Federación Española de Fútbol se ha instaurado como un rito de paso a principios de todos los años.
Desde la temporada 2019-20, esta competición ha tomado la envergadura de macroevento. El sarao disputado en Arabia Saudí adopta el formato de final four y parece que ha cuajado entre inversores y aficionados. Para muchos, la Supercopa te da una pista fundamental de los derroteros que te depara la fortuna. Para otros como yo, la inmensa minoría de los aficionados, no deja de ser el mismo trofeo de la galleta de toda la vida pero con petrodólar e histeria colectiva.
Nosotros llegamos a la cita tras imponernos con contundencia al Real Betis Balompié. El madridismo merecía una victoria holgada en casa y fue lo que se consiguió el pasado domingo. El equipo de Manuel Pellegrini es siempre un rival difícil y para el aficionado merengue supone una satisfacción haber goleado con solvencia a un equipo de esta categoría europea.
Para muchos, la Supercopa te da una pista fundamental de los derroteros que te depara la fortuna. Para otros como yo, la inmensa minoría de los aficionados, no deja de ser el mismo trofeo de la galleta de toda la vida pero con petrodólar e histeria colectiva
La felicidad fue redonda por los goleadores, todos canteranos. Asencio y Fran García se unieron a la fiesta de un Gonzalo que fue titular y acabó cuajando una actuación para el recuerdo. Los Reyes Magos se adelantaron y el delantero español hizo sonreír a todos los hinchas, especialmente a los más jóvenes y pequeños. Así se hace afición, así se forja un mito. No en vano, rápidamente salieron estadísticas encumbrando la hazaña de Gonzalo y emparejando su figura con la de Raúl González Blanco. El espíritu navideño logra que afloren las emociones más exacerbadas.
Y por si fuera poco, Xabi Alonso salió con una sonrisa enorme a la rueda de prensa. El entrenador vasco era consciente de la felicidad que provoca en la inmensa mayoría del madridismo. Personalmente, estas fechas tan entrañables he podido palpar cómo en un porcentaje no despreciable el aficionado merengue ama con locura a Alonso. Para ellos, la culpa de todo la tienen los jugadores y la directiva. Especialmente señalados: Vinícius y Valverde. Y por supuesto, Florentino Pérez —para ellos también— sería la Yoko Ono del asunto. No exagero un ápice. Así están las cosas y así las cuento como mero notario de la actualidad.
Entiendo la defensa incondicional a la figura de Xabi Alonso. Es entendible que alguien ame con locura a su entrenador. Es hasta natural llegar al paroxismo en esta cruzada. Pero lo que verdaderamente escapa de mi comprensión es la defensa de tu técnico y el desprecio a tus jugadores. Hay muchos aficionados que llegan al insulto personal. Y parece ser que no son pocos.
Yo ya me he pronunciado al respecto y no me retracto de mis palabras. Mi postura es clara por razonable, personal e intransferible. No obstante, es de justicia recoger el sentir mayoritario de una afición soberana. ¿Quién soy yo para molestarme con el madridismo? Al fin y al cabo, tanto en el fútbol como en la política las discusiones no conducen a nada bueno.
Por último, creo que es oportuno expresar mis mejores deseos para todos los lectores de La Galerna. Espero sinceramente que este 2026 sea futbolísticamente mejor que el año que dejamos atrás. Y por descontado, desde el fondo de mi ser, espero que la vida se muestre suave y amable con todos. Que la salud y la fortuna nos acompañen en esta aventura. ¡Hala Madrid y nada más!
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Trofeo de la galleta pero con gran valor económico. Supongo que ya todo se reduce al dinero.