Hay una jugada en la final de Champions contra el Liverpool (París, 2024) en la que Sadio Mané gambetea en el área, dispara y Courtois logra desviar el balón con la punta de los dedos para que golpee en el poste y salga repelido. ¿Detuvo Courtois el tiro del senegalés? No exactamente. ¿Evitó el gol del Liverpool? Sin duda.
Hemos visto en innumerables ocasiones lances en los que la intervención de un jugador priva a un rival de su objetivo sólo a base de estorbar o entorpecer un golpeo o una carrera, sin necesidad de tocar pelota ni adversario. Todos habremos perdido el autobús o el metro sin que nos hayan placado o retenido de manera activa, sino que es suficiente con ralentizar nuestro paso. Las normas de urbanidad, como el reglamento, penalizan que hagamos a un lado a la persona que se interpone entre nosotros y el lugar al que nos dirigimos.
Es palmario que esa Superliga, tal y como se concibió, no va a ser, pero ¿hay alguien en condiciones de afirmar que los cambios que han ocurrido en el formato de competición europea, así como los que quedan por venir, no son tributarios de ella?
Una intervención mínima puede ser decisiva, porque todo en la vida, al final, acaba siendo cuestión de pulgadas, las mismas a las que se refiere Al Pacino en su monólogo de Un Domingo Cualquiera. Quienes abrazamos el sistema métrico decimal manejamos mucho mejor los milímetros que las pulgadas, todo sea dicho, si bien sabemos que una pulgada son 25,4 milímetros.
¿Ha fracasado Florentino Pérez en su proyecto de Superliga ahora que ha llegado a un acuerdo con la UEFA? No tengo la menor idea. Es palmario que esa Superliga, tal y como se concibió, no va a ser, pero ¿hay alguien en condiciones de afirmar que los cambios que han ocurrido en el formato de competición europea, así como los que quedan por venir, no son tributarios de ella? ¿Es posible que Florentino Pérez no haya detenido el balón pero haya desviado el tiro lo justo como para que no entre y se vaya al palo?
El periodismo deportivo patrio ha mostrado mucha prisa por decretar si el balón entró o no, repartiendo roles de vencedores o vencidos, de éxitos y fracasos. Quizás en esta ocasión la parte interesante sea cuánto y para qué desvió el balón el presidente del Real Madrid.
En opinión de quien esto escribe, los males endémicos del periodismo deportivo español se resumen en dos: incultura y soberbia. La primera queda más que acreditada abriendo cualquier diario deportivo o escuchando cualquier intervención hablada de un profesional del ramo. Salvo honrosas excepciones, Cela, Cervantes, Quevedo, Baroja, Lope de Vega y otros cientos ven mancillado su legado ante los repetidos crímenes de leso lenguaje que se perpetran en esos medios de comunicación. La segunda es madre de la primera pues, en la época con más y mejor acceso a la cultura, esta se ve ignorada porque para qué les va a servir. Esto es opinión, sí, pero leer a García Márquez es imprescindible para escribir bien sobre lo que sea, da igual que se trate de economía, deportes, filosofía o política.
La cultura de lo inmediato ha reducido la unidad mínima de información a un tuit, a un titular, de manera que no hay margen para el matiz o para la apertura de un abanico de posibilidades que permita al lector formarse su propia opinión. Todo viene comprimido, sin desarrollo ni matiz, y procesado, listo para ser regurgitado directamente a la garganta de los polluelos que son los lectores o espectadores. Sí, considerarlos tan estultos y permeables a lo que se les diga no deja de ser otra cara de la soberbia antes referida.
Así, ¿fracasó Florentino Pérez a la vista de su acuerdo con la UEFA? Seguimos sin tener la menor idea. Quizá lo sabio en esta ocasión, como en otras tantas, sea alejarnos en tiempo y distancia, de manera que ganemos perspectiva y nos sorprendamos con que los manchurrones que veíamos constituyen una obra maestra impresionista.
Por todo lo anterior, seamos prudentes y ponderados, ganemos distancia y tiempo y, sólo entonces, con información y perspectiva, formémonos una opinión. Cuestión de pulgadas.
Getty Images















El mejor artículo que he leído sobre el tema.
Había escrito más, pero empiezo a pensar que si pones "Florentino" en un comentario de más de dos líneas te censuran.