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Que la Libertad no perjudique vuestros planes de negocio

Que la Libertad no perjudique vuestros planes de negocio

Escrito por: Manuel Matamoros28 octubre, 2019
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Conversando en Twitter con mi amigo David Álvarez, de RMTV, responsabilicé a Javier Tebas, y no a los alborotadores pro-independentistas, de la privación del Clásico. Aunque hace un tiempo que solo me dedico a los escritos procesales, otro amigo, nuestro director Jesús Bengoechea, me puso en el compromiso de explicar mi opinión. Confío en que mi (de)formación jurídica no aparte mi argumentación de la toma de posición política de un patriota liberal que fundamenta esa expresión.

En una reciente —y lamentable— intervención pública, el Ministro José Guirao pretendió justificar la suspensión del Clásico con el lugar común de que “es mejor prevenir que curar”. Si nuestra clase política, en general, no tuviera el hábito de tratarnos como a imbéciles, un argumento tan vacío, tan aplicable a todo y a nada, causaría vergüenza ajena: ¿En qué consiste prevenir lo que había que evitar curar? Y sobre todo, ¿para quién es mejor?

Como no quiero presumir de imbécil, no negaré la ocurrencia de circunstancias de orden público anormales en Barcelona. Pero desde la óptica de la competición deportiva, lo que ha generado una situación excepcional ha sido la suspensión del Clásico, y no las amenazas de aprovechar su celebración para cometer delitos.

Antes de seguir, debo hacer un inciso. Esto no debería precisar explicación, pero la experiencia en las redes sociales me enseña que desgraciadamente la necesita: Lejos de ser un delito, o traición a la Patria, ser separatista, o pretender y buscar activamente la independencia de Cataluña es ejercicio de derechos fundamentales amparados por nuestra Constitución, que es tanto como decir nuestra Patria. También lo son las expresiones de discrepancia con la reciente Sentencia del Supremo, sea mediante las más masivas manifestaciones pacíficas, o mediante las palabras más hirientes. Pero en democracia no hay derecho fundamental que ampare la comisión de ilícitos. Si alguien ataca la libertad, la integridad o la pacífica convivencia de otros no está ejercitando un derecho fundamental.

Así pues, lo que hizo de la fecha del sábado una jornada particular no fueron los altercados violentos de la noche, sino la concreción de esa voluntad de “prevenir”, que en realidad no es de prevenir. Prevenir habría sido adoptar las medidas para que el partido se pudiera celebrar, sin que a su amparo se cometieran delitos. Suspenderlo fue conceder la victoria, sin combate, a los que amenazan con cometerlos. O con tolerarlos. Y el primer responsable de inocular en el sistema esa voluntad insalubre de falsa prevención es Javier Tebas. Alarmado por los eventuales costes de imagen para su negocio, que consiste en la venta de los derechos de retransmisión de la Liga, el 16 de octubre solicitó al Comité de Competición de la RFEF alterar el calendario de competición publicado por la misma, cambiando el orden de los partidos determinado por sorteo —cada día menos puro, eso sí—, de acuerdo con el artículo 200 del Reglamento General de la RFEF. Ese mismo reglamento, en su artículo 214.3, autoriza a la Federación a adelantarlos o retrasarlos siempre que no se altere el orden de los partidos establecido en el calendario oficial.

El 16 de octubre, Javier Tebas pretendió que la RFEF adoptara una decisión no sólo antideportiva (alterar las reglas de la competición después de iniciada), sino antirreglamentaria. Pero, sobre todo, sumisa frente a los alborotadores, y conveniente al interés —que se cuidarán muy mucho de hacer expreso— de sus colaboradores del entramado institucional, que ya sabemos, desde Franklin D. Roosevelt, que merecen distinta consideración los “hijos de puta” si son “nuestros hijos de puta”. Y es que el artículo 74.2 del Código Disciplinario de la RFEF tipifica como infracción específica muy grave de los clubes que participen en competiciones profesionales la omisión del deber de adoptar todas las medidas establecidas en el vigente ordenamiento jurídico dictado en prevención de la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte, para asegurar el correcto desarrollo de los partidos con riesgos para los espectadores o para los participantes en los mismos y evitar la realización de actos o comportamientos racistas, xenófobos, intolerantes y contrarios a los derechos fundamentales.

Nadie ignora la contradicción interna que vive un movimiento del que participan un Presidente de la Generalitat, que anima a «apreteu i fue bé d’apretar» a los Comités que promueven la movilización descontrolada en la vía pública y la ocupación de infraestructuras, y al mismo tiempo manda en las fuerzas de orden público (Mossos) que actúan para reducir y someter a los alborotadores que acuden a las convocatorias de esos mismos Comités. A contradicción semejante se enfrentaba el F.C. Barcelona, que a su manera, también había  llamado a “apretar”, y se habría visto obligado a cumplir ese deber de adopción de todas las medidas para evitar la violencia, o enfrentado a la responsabilidad en que incurriría de no adoptarlas.

La Libertad exigía que el Clásico se celebrara. La Libertad obligaba a adoptar todas las medidas para impedir que, imponiéndose a los derechos de los demás, los que hoy siembran de miseria las calles de Barcelona consiguieran suspenderlo, o convertirlo en un escenario de violencia. Pero eso tenía un coste que todos los obligados han querido eludir, traspasándolo fraudulentamente al Real Madrid. Y aunque vio frustrado su objetivo concreto de alterar el calendario de la competición en curso, fue Javier Tebas, y no los CDR, quien puso en marcha la dinámica que provocó la suspensión del Clásico, liberando, de paso, al F.C. Barcelona de una contradicción interna difícilmente resoluble. El patriotismo, condición de la que hace ostentación el presidente de la Liga, es una exigencia muy superior a la de adornarse con la bandera rojigualda[1]. En el caso presente, tampoco reclamaba mucho. Simplemente, sacrificar a la Libertad las expectativas de crecimiento del negocio.

[1]Como recientemente tuve una polémica pública acerca de la bandera con que se expresa Albert Boadella, debo hacer constar que estas palabras no se pueden extender de ninguna forma a él. Para mí, Boadella es un verdadero patriota, que defendió la libertad de sus compatriotas frente a una dictadura, cuando de hacerlo no se venía ninguna ventaja personal, sino solo riesgos para el modo de vida, la mínima libertad, y la integridad física y moral, y la continúa defendiendo hoy.