Ronaldo Nazario de Lima, “nuestro” Ronaldo, escribía estos días una emotiva carta a los aficionados del Real Valladolid, club que ahora preside. “(…)Desde mi casa a la tuya. De mi familia para tu familia. Estamos separados por la distancia física, pero estoy convencido de que nunca estuvimos tan juntos. La empatía es lo que nos une ahora. Estamos dentro de nuestras casas por nosotros mismos, por aquellos a los que amamos, por todos a quienes ni siquiera conocemos y por los que ya no pueden estar con nosotros. Te escribo para agradecerte que estés ahí, más ahora, transformando tu casa en hogar. Por convertir cada momento en algo memorable para tu familia. (…)Tengo la certeza de que tú también, cuando mires atrás, recordarás cuántas veces te levantaste, de todas tus batallas, y de cuántas veces lograste la superación, durante toda tu vida, para hacer posible lo imposible y llegar hasta donde estás siendo quien eres. Si hoy te llega esta carta es porque, entre las elecciones de mi vida, una ha sido el Pucela. Yo también he escogido. Yo también me he apasionado. Como tú, espero ansioso el regreso a nuestra casa”.
Así es Ronaldo. Al igual que a Cristiano -aunque con un ego bastante menos subido-, era frecuente verle visitando a los niños del Hospital Niño Jesús, sin luz ni taquígrafos, y sus detalles con los empleados del club y sus familias fueron múltiples. Jamás escamoteó un
autógrafo ni rechazó a nadie y eso, unido a su excelso fútbol, hizo que se le recuerde con muchísimo cariño. Se lo ganó con creces, y no solo a base de goles. Caso distinto al de Emmanuel Adebayor, aquel excéntrico capricho de Mourinho cuya aportación al fútbol va pareja al número de Champions del Atleti. El togolés lo ha dejado muy claro: “yo no dono. ¿Por qué he de hacerlo?”.
Por suerte, y más allá de excepciones despreciables, la realidad que impera es distinta. Todos los jugadores del Real Madrid han hecho generosas aportaciones -no sólo económicas-, siendo Lucas Vázquez y Sergio Ramos los primeros en abrir la veda. Messi ha donado un millón de euros a una fundación infantil en Barcelona, al igual que Pep Guardiola desde Inglaterra o Cristiano Ronaldo en Italia. Por su parte, Rafa Nadal y Pau Gasol -más Iker Casillas y Carlos Sainz padre e hijo entre otros- ponían en marcha una genial iniciativa para recaudar fondos canalizados a través de Cruz Roja. Nadal, de hecho, daba en el clavo una vez más al incidir en la verdadera razón por la que lo hacen.
Así, Nadal sostenía que ellos se lo deben todo al público. Van a verles cuando juegan, les siguen por redes sociales, leen sus entrevistas, compran los productos que patrocinan, les arropan, les dan su afecto…¿Cómo no corresponderles? Nadal tiene que dar gracias a Dios por
su zurda, Bale por su zancada, Guardiola por su estrategia sobre un terreno de juego -en lo de la política el Creador debía estar a otras cosas- y todos ellos a los aficionados que les permiten disfrutar de sus talentos. Disfrutar, dicho sea de paso, nadando en la abundancia, por cuanto su futuro económico está más que resuelto.
¿Son meritorias las donaciones de los deportistas? Lo son. ¿Hay que endiosarles por ello? En absoluto. Me viene a la cabeza la parábola de la viuda pobre que dejaba en el cepillo del templo dos tristes monedas frente a la ofrenda netamente superior del fariseo. Ella daba todo
lo que tenía, mientras que el fariseo se desprendía de lo que le sobraba, sin que su patrimonio apenas sufriera menoscabo. Eso es extensible a la práctica totalidad de deportistas de élite, no sólo futbolistas: por mucho que den, siempre les quedará una morterada. Y ese dinero va a
parar a quienes se lo generan, que son sus seguidores; conviene recordarlo.
Fijémonos en Bale. El galés ha donado medio millón de libras a la sanidad galesa y otro medio a la española, asunto éste pregonado a los cuatro vientos por su irascible club de fans. Lo han utilizado para zurrar a los que no le rinden pleitesía, haciéndole de paso un flaco favor con su iracundia. Esta vez, como otras muchas sobre el campo, Gareth no ha hecho nada, salvo dar dinero. Bien por él, mal por sus hooligans. El editor de La Galerna, Jesús Bengoechea, hacía un encendido elogio de su admirado “11”, soslayando el tema del idioma/integración. Pues no, querido Jesús, Bale sigue siendo el mismo tipo que ignora a la afición. El mismo que vive como un marqués de espaldas al país donde lleva siete años, parapetándose tras banderas y silencios perennes. El mismo, en suma, que vive de dos golazos en sendas finales gloriosas -Copa y Champions- y que cuenta con una horda de faltones que insultan como único argumento cada vez que alguien osa criticarle. A mí me enorgullece que en el Madrid todos los jugadores hayan contribuido, tanto de fútbol como de baloncesto.
Sorprendentemente -o no- el gesto que ha tenido mayor resonancia ha sido el de Bale.
Empezaba y acabo este artículo con Ronaldo. Porque no todo en esta vida son goles y dinero. Ronie ha entendido siempre esto. Aprendió español, jamás negó un autógrafo ni rehuyó una entrevista y permitió que le público le conociera, pese a su timidez. En cierta ocasión los
integrantes de la selección brasileña fueron atracados a punta de pistola en un chalet, mientras celebraban una fiesta privada. Les desvalijaron a todos menos a Ronaldo, al que los ladrones pidieron perdón y agradecieron su generosidad con la favela que le vio nacer. Le
adoran. Le adoramos. A mí me pasa lo mismo con Sergio Llull. Sus canastas increíbles, junto a su cercanía y continuos gestos de cariño, le hacen merecedor del máximo reconocimiento. O con Rafa Nadal. Para cerrar con Ronaldo, decir que ha donado mucho dinero a lo largo de su vida para causas nobles. Pero la carta que ha dirigido a la afición, sin poder cuantificarse en lo económico, sí tiene un valor incalculable en lo personal. Y ese tipo de detalles parece que a más de uno le cuesta entenderlos.
Buenos días. Siempre que llega el viernes santo (y siempre llega, hasta el punto en que es hoy) se produce un quilombo importante en las portadas de la prensa deportiva patria que diariamente comentamos aquí. Algunos medios nos dan una tregua y se autoeximen de sacar portadas. Otros la sacan hoy porque la confeccionaron ayer, y es mañana sábado santo cuando nos dan descanso. Otros hacen huelga a la Semana Santa japonesa y nos endilgan dos por el precio de una con el pretexto de que mañana sábado no habrá. Un guirigay importante cuya consecuencia directa consiste en que este viejo portanalista se desayuna hoy con una ausencia aparentemente total de portadas de Sport (que se agradece más que el café con leche y las tostadas) y, en cambio, una desconcertante duplicidad en la primera plana de Mundo Deportivo, de la cual hoy salen dos versiones.
Hoy podría haber habido dos Jessica Chastain, dos Bodas de Fígaro, dos Smoke on the water o dos Casablancas.
Pero no. Hay dos Mundos Deportivos.
La razón oficial de esta sobreabundancia (más de un Mundo Deportivo siempre nos parece un exceso, por no decir con toda franqueza que un solo Mundo Deportivo ya suele parecérnoslo) es como decimos la Semana Santa: como mañana no habrá Mundo Deportivo al ser sábado santo, hoy hay dos. Se conoce que para compensar. Por nosotros, la verdad, y con todo el cariño, no hacía falta que se molestaran. Podemos vivir un día sin Mundo Deportivo de manera holgada, hasta nos sentiríamos más ligeros y desahogados, pero no caerá esa breva. Toma, hoy dos, la de hoy y la de mañana, que no podremos dártela. Sí no querías Mundo Deportivo, toma dos tazas bien llenas. Ambas portadas llevan dos fechas, la de hoy y la de la jornada siguiente, pero tal cosa supone un problema menor en relación al hecho mismo de que haya dos. No sabemos si nos explicamos...
Qué exceso de celo, amics. Es muy de agradecer (?) pero tampoco había que ponerse así. Recuerda un poco a Multiplicity, aquella película de Harold Ramis en la que a Michael Keaton ocupaba la pantalla por doquier, numéricamente enajenado. Harold Ramis, por cierto, dirigió también esa obra maestra llamada El día de la marmota. La sensación de Bill Murray en Punxsutawney sí que nos es familiar, en cambio, cada día en que elaboramos esta sección de nuestras dichas y desvelos.
El caso es que ambas portadas valen para hoy y para mañana, como la misa del sábado por la tarde según le dice siempre a esta humilde portanalista su sobrino cura, autor por lo demás de la célebre frase “En el cielo todos seremos del Madrid”, que también puede ilustrar divinamente estas fechas de Semana Santa. Son fechas que para los cristianos se suponen de recogimiento, y vive Dios que este año no va a estar fácil abstenerse de cumplir con ese precepto. Este año la policía, que suele ser laica, te detendrá o te pondrá una multa si no observas dicho recogimiento. Todos en casa, aunque esta vez no tenga mérito porque es lo que hacen todos. Todos en casa, a rezar o a leer Mundo Deportivo, que para eso hoy hay dos, por si os quedabais con ganas de más.
No se han descrito, a fuer de ser sinceros, muchas patologías de ese tipo en la literatura médica. Sí se conoce el caso de Albert Salvadó, vecino del Masnou, que en el otoño de 1996 apuró su café cortado, depositó a un lado de la barra del bar el ejemplar de Mundo Deportivo que había consumido con fruición y dirigiéndose a la parroquia de habituales allá congregados declaró, helando la sangre en las venas de los presentes:
-Pues yo ahora me metía para el cuerpo otro Mundo Deportivo.
Afortunadamente, el caso de Albert Salvadó es la excepción en mucha mayor medida que la regla. La mayor parte de los comunes mortales tiene suficiente (y más que suficiente, cabría agregar sin el menor afán retórico) con un Mundo Deportivo al día. Para casos de glotonería sportiva como el de Albert, que caen en la categoría de enfermedad rara, se han descrito ya tratamientos de probada eficacia que no es el caso desentrañar aquí, pero que involucran el uso de un poquito de lobotomía. Pase que el obligado confinamiento por el Covid nos tenga a todos aburridos y que, como consecuencia de ello, casi nos leeríamos cualquier cosa. Incluso reeleríamos de buen grado alguna obra que marcó nuestra juventud. Pero de ahí a pensar que queramos apretarnos dos mundos deportivos al día hay un ligero trecho.
Lo que no se puede negar es que la dualidad portadil que ofrece hoy el diario de Godó refleja bien la discreta esquizofrenia que les asalta estos días en los que el Barça camina con paso firme en dirección a la bancarrota y el más profundo cisma interno. Ellos procuran informar de ello, generalmente en pequeñito, mientras con la otra mano dibujan primeras páginas de rutilantes contrataciones que sirvan de cortina de humo a esa realidad incómoda. Estas dos portadas reflejan divinamente esta graciosa dicotomía. Por un lado, fichajes. Por otro, Bartomeu apiolándose a media junta directiva.
Os dejamos el resto de portadas del día porque queréis verlas.
Y ya sabéis: si podéis, disfrutad de este viernes santo. Sí no podéis, ánimo.
En tiempo de crisis cualquier agujero es trinchera. Desfachatez es un término que procede del vocablo italiano sfacciatezza que significa descaro. En ocasiones como esta, de confinamiento y pandemia, recurrir a la desvergüenza puede parecer el único camino a la hora de buscar la primera plana de un diario deportivo. No hay deporte, no hay competiciones y la desfachatez es la única alternativa. Oiga usted, me dirá amigo galernauta ¿Y el ingenio? ¿Y la brillantez? ¿La originalidad? ¿La reflexión? ¿El análisis?
Hablamos del diario Sport así que tampoco nos pongamos a pedir peras al olmo.
Esta portada, que oscila entre el rostro de cemento y la faz de mármol, es un buen paradigma de la desvergüenza más absoluta de los voceros propagandistas de un FC Barcelona que ha puesto un ERTE sobre la mesa para pagar a sus empleados.
Salvados también gracias al pulgar hacia arriba del Emperador Leo en el Coliseo, que ha preferido salvar del pasto de los leones a los curritos antes de que las propias fieras le ronden el culo tras la enésima filtración de Bartomeu. Un Nobita cuyo único afán reciente, dicho sea de paso, es atornillarse a la poltrona hasta que pase el Estado de Alarma.
¿Quién recuerda ahora el chiringuito de fake news e influencers de Hacendado que cocinó Nobita con su junta de Doraemons para arrimar siempre el ascua a su sardina? Nadie.
Y como en tiempos de crisis cualquier agujero es trinchera, la Matrix blaugrana ha convertido un ERTE a los curritos en una proeza pecuniaria digna de la portada de The Economist, así como un ajuste a regañadientes del cinturón de la primera plantilla en un acto piadoso de Leo de Locskley en Sherwood.
Esta semana lo hemos visto de Che en la portada de L´Equipe así que no os extrañe que la que viene lo veamos como Sor Citroen. Todo esto, no obstante, nos parece dentro de la lírica habitual del diario Sport y sus compadres. Sin embargo, lo de la primera plana de tal día como hoy ya nos parece directamente un cachondeo al contribuyente. Con semejante ajuste de cuentas en Can Barça, con un ERTE para sus empleados a pagar a través de las arcas del Estado, de todos nosotros, en la situación de gravedad que se encuentra el país, resulta insultante especular, 24 horas después, con el fichaje de Neymar y Lautaro en portada, que son dos baratijas, como todo el mundo sabe. Esta primera plana vendría a ser como aquella limosna que se da pensando en la nutrición de un sintecho, bocata de calamares mediante, para finalmente comprobar espantando desde el horizonte como el susodicho se lo gasta en un cartón de vino en el chino.
Esto se llama desfachatez. No la del Barça en este caso, ni por supuesto la del vagabundo que bastante tiene con los suyo. Ésta es la desfachatez del diario Sport.
Un claro ejemplo de sfacciatezza anunciada, en la medida en que el director de este diario, un señor llamado Ernest Folch, se preguntaba hace unos días desde una de sus inclasificables columnas de opinión por qué nadie investigaba las cuentas del Madrid y por el contrario se fiscalizaban las del Barcelona. Lo hacía, por supuesto, con anti madridistas cajas destempladas y con el diccionario culé en la mano. Ya saben, donde pone “caja tensionada” hay que leer “más tiesos que la mojama” y donde pone “gesto histórico de los jugadores” hay que leer “cocodrilos en los bolsillos”.
No hace falta ser economista para entender la comparativa, Señor Folch. Lo explicaba brillantemente en La Galerna Ramón Álvarez de Mon. El Madrid cerró el ejercicio con 156 kilos en caja y una deuda neta negativa. No hace falta ser un lince para ver que los fichajes de pufinho Coutinho y Vendelé han sido todo un prodigio de rendimiento y explotación económica. Ni qué decir tienen las renovaciones del Che Guevara.
Así las cosas, hoy el Sr. Folch se ha lanzado al vuelo para cumplir su profecía autocumpilda, como cuando Batman vislumbra la batseñal iluminando el cielo de Gotham. No se la ha pegado aún, pero se la va a pegar, claro. Ha olido que el propio Real Madrid estudia aplicar recortes y ha saltado de un rascacielos gothamita. Y lo mejor. Que el Madrid lo estudia tras la jugada maestra del Barça, ojo, que el coronavirus no tiene nada que ver con la movida.
Sin embargo, MD ni comparte el énfasis al respecto del Sr. Folch ni genera una sobredosis de desfachatez como la de su rival, Sport. Incluso nos trae una buena historia como la aventura de Xavi Pascual. A las pruebas nos remitimos.
Donde unos hablan de presuntos recortes madridistas a todo color y con foto de Florentino en plan Kingpin, otros lo reducen a una línea de breve y a un 10% de ajustes salariales. Con la discreción que deberían marcar los cánones en los tiempos que corren. Y es que donde unos quieren fichar a Lautaros y Neymares otros se conforman con renovar a dos y al de siempre.
Ya nos explicará Marca en páginas interiores cómo es eso del fin de los fichajes de los 100 millones. Entendemos que es lo que toca tras el erial que va a dejar a su paso la puñetera pandemia de coronavirus. Nos va a dejar la “caja tensionada” que dirían por otros lares. No queremos aventurarnos demasiado con los números, nosotros que somos de madridismo y sintaxis, pero entendemos que los fichajes no costarán 100 kilos porque no habrá quien los tenga, por tanto costarán lo que uno esté dispuesto a pagar, ergo al final, lo de siempre. Y Lautaro se quedará en Milano y Neymar de batucada en el cumpleaños de su hermana.
Decíamos al principio de este portanálisis que en tiempos de crisis el ingenio, la brillante y la originalidad son salidas airosas para confeccionar una primera plana deportiva. No ha sido el caso de la Ouija hoy tampoco.
Es difícil rascar primeras planas cuando la pelotita no rueda pero podéis hacerlo mejor. ¿Qué es esa orla en torno a Zidane? ¿Bale no ha estado jugando al golf en su jardín durante el confinamiento o qué pasa? Vamos a tener que llamar a Freddy para que ponga orden
Te echamos de menos Relaño
Firmado: El portanalista.
En estos días infectos en los que escuchar las noticias resulta un ejercicio de penoso masoquismo, en estas horas aciagas en las que el virus aparece chapoteando en tu sopa, es cuando resulta más difícil dibujar en el lector una sonrisa. Máxime cuando la parca, guadaña en mano y con lapidaria vehemencia, aborta cualquier atisbo de gracia o chanza.
Por eso hoy, desde ésta nuestra humilde atalaya portanálitica, rompemos en un sonoro aplauso para saludar a las primeras planas de L´Equipe y Marca sin entrar en discusiones de plagio que no hacen sino enturbiar la feliz casualidad de un acierto para la Historia. Por Tutatis que cualquier lector de Asterix infiltrado en la redacción de Marca podría haber tenido la idea, del mismo modo que este sufrido teleportanalista, cuarentón en cuarentena, fantaseaba ayer a media tarde con incluir la portada de Asterix Aux Jeux Olympiques dentro del portanálisis para homenajear a Albert Uderzo, tristemente fallecido a los 92 años de edad.
Tampoco parece una locura que L´Equipe nos regale una portada así, teniendo en cuenta que el propio Asterix, Obelix, Abraracurcix, Asuranceturix, Ordenalfabetix, Edadepiedrix, Goscinny y Uderzo son héroes nacionales en Francia. Menudos genios.
Como ya comentara ayer nuestro colaborador Athos Dumas en su homenaje galernaútico a Uderzo, así lo demuestra una sorprendente curiosidad que rescatamos del baúl del confinamiento por si usted, amigo galernauta, no la conociera. En noviembre de 2017 se publicó Asterix au Italie en el que nuestro particular dúo dinámico galo se enfrenta en la “Gran Carrera Transitálica” a un curioso adversario que luce una máscara dorada sobre su cuadriga. Se llama Coronavirus. Están locos estos romanos.
A todo esto, se retrasan los Juegos Olímpicos hasta 2021. Y en esta tesitura puedes apostar por una portada peculiar, pero brillante e ingeniosa, como las de Equipe o Marca, o despachar rápidamente el asunto con unos aritos metidos en una caja de cartón de Ali Express mientras resuena el eco de un ERTE y “recoja usted sus cosas”.
Desde luego que, a la hora de arriesgar una primera plana, Ouija Today parece temerosa de que el Cielo se desplome sobre sus cabezas.
Si la portada de As olvida el embriagador perfume de un jabalí asado, Mundo Deportivo parece arrastrar menhires de aburrimiento. Con una portada más sobria, por no decir menos cutre, que la de su pareja de la meseta, ojo que tiene su horrocrux escondido. Resulta que los Woodward y Bernstein del diario de Godó, Grande de España, han descubierto que Stoichkov está en cuarentena en Miami. Como el resto de sus ciudadanos, dicho sea de paso, con lo que la situación del afable búlgaro es igual que la de usted, querido galernauta, sea en Miami o en Bollullos del Condado.
Sin embargo, ha sido descubrir que el bueno de Hristo está confinado, para comprobar que el ajo funciona contra el Coronavirus.
Cosas vampíricas del este de Europa, supongo.
Habrá que probar también estacas y balas de plata. Contra Covid19, claro, no contra Hristo.
Pandemias al margen, donde quieren chupar la sangre a sus jugadores es en Can Barça con una portada sportiva en la que están a la venta desde principitos hasta utilleros de la Masía, pasando por un enajenado con cresta y un señor que destroza casas de lujo alquiladas. Porque si unos degustan jabalíes y otros transportan menhires, otros cantan como Asuranceturix antes de ser amordazado en cada victorioso banquete.
Es el caso de un FC Barcelona cantarín, sito en el Valle del (J)ERTE. El Mes que un Club ya plantea a sus jugadores que renuncien al 70% de sus emolumentos mientras dure el confinamiento. Veremos ahora si el fuego interior que despertaba el Barça en Karabatic no ha acabado por prenderle fuego a sus billetes.
Así están las cosas. Mientras unos parecen reclamar una Liga inconclusa y apretar los cinturones de su plantilla, otros anuncian donaciones millonarias para ayudar a la sanidad madrileña. Como el Real Madrid, Leo y Pep han hecho lo propio donde les toca. Enhorabuena a todos ellos por echar una mano en tiempos difíciles.
Y gracias a Marca y L´Equipe por dibujarnos hoy una sonrisa.
Eso es más difícil todavía.
Cuando se hacen partidos tan malos como el del Madrid el domingo en el Benito Villamarín uno se ruboriza hablando de los árbitros. Pero como pasa con tantas otras cosas, yo no puedo dejar de hacer lo que se tiene que hacer. Como decía Burke, lo único que el mal necesita para triunfar es que los buenos no hagan nada. El Madrid no puede permitirse no hacer nada porque en esta edición del Campeonato Nacional de Liga se está manifestando, con una claridad cegadora, una realidad: cuando Barcelona y Real Madrid hacen la misma mierda de partido, al Barcelona siempre lo empuja hacia adelante la mano invisible que no es la del mercado liberal, sino la del arbitraje. Esta realidad se constata de un modo grotesco en el Camp Nou. Si uno compara los puntos que el Madrid se ha dejado en el Bernabéu a lo largo de esta Liga y los que se ha dejado el Barcelona, en casa, le dan ganas de tomar por asalto el Comité de Coordinación entre la Federación y la Liga que designa los árbitros de los partidos de cada jornada.
El nuevo criterio con respecto a lo que es penalti si el balón da en la mano o en el hombro de un defensa dentro del área es tan confuso y voluble que lo único que he sacado en claro, hasta ahora, es que sólo es penalti si no le ocurre a un equipo que juegue contra el Madrid. Lo mismo me pasa con los plantillazos y las entradas duras, fortuitas o no: en la primera jornada, en Vigo, echaron a Modric de manera fulminante y a mí me dio la impresión de que en el gremio arbitral había la consigna de castigar al Madrid como ejemplo para todos los demás. Desde entonces he visto cada cosa en esos campos de España que me han llevado a la conclusión de que al Madrid lo han cogido como al tonto del pueblo. Una vez más.
Este tipo de situaciones no son nuevas. Lo que es nuevo, por lo menos con respecto a los dos últimos años, es la posibilidad de que el Madrid acabe ganando la Liga. Y esta Liga se la están disputando los dos peores Madrid y Barcelona de los últimos diez años, dos equipos vulnerables, inestables, defensivamente muy frágiles, gastados unos e inmaduros otros, por lo que las pequeñas diferencias determinarán el resultado final. Esas pequeñas diferencias están dando un margen asombroso al Barcelona, quien es capaz de recuperar un resuello a todas luces perdido gracias a la trágica asimetría de la plantilla madridista, a sus errores y a la certeza psicológica de contar con un Deus ex machina en cada partido difícil como le ocurrió el sábado pasado contra la Real Sociedad: un despeje con el hombro de un defensor vasco, calcado a otro de Arturo Vidal en el Wanda Metropolitano terminó, naturalmente, de manera muy distinta, con penalti señalado a favor del atacante, en este caso, por supuesto, el Barcelona.
La certeza de que existen dos interpretaciones del reglamento, dos jurisprudencias, una que afecta al Barcelona y otra para todos los demás, propicia la inevitable sensación de desamparo, desmoralización y la absurda sensación de que salir a disputar cada partido es una tomadura de pelo.
¿Y el Madrid, dice algo? De momento, lo más agresivo que ha salido por la boca de la institución fue el ya memorable ¡caray! de Butragueño al término del mayor acto de latrocinio cometido en un Madrid-Barcelona desde las semifinales de la Copa de Europa del año 2011. Aquellos dos penaltis a Varane, tan de seguido, tan clamorosos, que el videoarbitraje se negó siquiera a revisar, ubicaron la cuestión en una dimensión nueva y distinta: es evidente que no les importó cometerlo en el partido más seguido y visto del mundo, por lo que hasta dónde puede llegar todo este asunto ya es cosa sujeta a los límites de la imaginación. Todo se quedó en ese cándido y pudoroso caray de Butragueño, quien desde luego da el pego de un Felipe IV, pero aquí se necesita un Conde-Duque de Olivares. Un Richelieu, algo de maquiavelismo endulzado por el cuento del señorío, por supuesto, para que no se pierdan las formas.
El Madrid no puede, digo, permitir toda esta impunidad por dos cuestiones. Una, porque hay una Liga en juego, una Liga que, a pesar de todos los disgustos como el del domingo con el Betis, cuenta con el excitante añadido de arrebatársela del botín a una institución, el Barcelona, y a un ente regulador, ese comité híbrido donde Rubiales y Tebas dirimen sus guerritas personales, que se comportan como verdaderos piratas etruscos. La segunda cuestión es de índole moral y afecta a la reputación del club más importante del mundo. Sin embargo, ésta es una cuestión antigua, manida, aunque no por ella menos urgente. El Madrid no sólo tiene el altavoz más potente del deporte mundial sino que, en España, la influencia de su voz es comparable a la de la jefatura del Estado. Ni que decir tiene que cualquier comunicado del Madrid tiene más impacto en la opinión pública que lo que publique cualquier ministerio, pero esta grandiosa maquinaria comunicativa está infrautilizada como generadora de relato propio o mecanismo de presión y ayuda a los intereses del equipo.
El Madrid ha renunciado a su derecho de legítima defensa, como si a un boxeador le diese por no protegerse en un combate. Lo peor es que ha convertido esta renuncia en una tradición, en una interpretación del señorío. No puede ser que la queja sea cosa de un entrenador, de un capitán y qué decir de un tío escribiendo artículos o de un tuitero. Casi todos los clubes de Primera, no digamos ya los de la Premier o la Bundesliga, utilizan sus cuentas en Twitter, sobre todo, como plataformas dinámicas, casi como portavocías. En el mundo memecrático, el Madrid ha hecho del Comunicado oficial prácticamente un signo de distinción, ¡pero si fuera una política de estilo buscada! Incluso, en ese caso, tendría su pase, más aún, su gracia, como una manifestación orgullosa, patricia por decirlo así, de contracultura. Pero la realidad es que en el Madrid tuvo que ser Mourinho el que introdujera la queja y la protesta pública, la agitación mediática, sacando sus propias listas de errores de tal o cual árbitro y poniendo sobre la mesa temas no menores como el de los horarios: el otro día, por ejemplo, la mano invisible que mece la cuna, ¡la mano negra!, quiso que la Real Sociedad visitara el Camp Nou el sábado por la tarde, habiendo jugado el partido más importante de su temporada el miércoles por la noche y descansando los locales desde el domingo. Es una gota malaya que sólo parece importar a un puñado de tuiteros, que se ocupan de recopilar en vídeos que luego se viralizan las situaciones de manifiesto agravio comparativo en las que el perjudicado siempre es el Madrid.
¿Quiere el Madrid ganar la Liga? Antes que lanzar a sus perros de la guerra de los periódicos (y de los shows televisivos) a desacreditar a Zidane y a los futbolistas por tirar por la borda en partidos como el del domingo lo conseguido en días como los del Atlético o el Barcelona, los responsables de la zona noble debieran preguntarse si la honra del club, en el año 2020, merece ser defendida de forma churchilliana: en los tweets, en los posts de Instagram, en las zonas mixtas, en las salas de prensa, delante de todo el mundo y bajo el foco diáfano de la mirada de sus aficionados. Un tipo, en su casa, con el Movie Maker, pierde dos horas de su tiempo y sostiene toda la labor de agitprop del madridismo. Esto no puede ser, es como pedirle a Courtois que meta los goles que los delanteros del equipo no saben o no pueden meter. A veces es necesario pegarle una patada al avispero para que los de en frente te tengan en cuenta. Para ganar esta Liga, parece cosa clara que todo, hasta la tontería más grande, va a contar.
Una sensación de deja vu ha circulado por la mente de los madridista esta semana. Las derrotas consecutivas frente a Levante, cediendo el liderato liguero al FC Barcelona, así como la derrota frente al Manchester City, que deja al cuadro blanco en una situación delicada respecto a su futuro europeo han devuelto al madridismo viejas vivencias de la temporada pasada, cuando los merengues, comandados por Solari, perdieron sus opciones de títulos en una semana. En el horizonte aguarda un FC Barcelona que visitará el domingo el Santiago Bernabéu, un estadio donde viene cosechando muchas victorias en los últimos años y que puede comprometer seriamente las opciones de los locales de cara al título liguero tras muchas jornadas del conjunto de la capital en lo más alto de la tabla.
Ese deja vu, si cabe, se acrecienta si uno observa las sensaciones que transmite el Real Madrid en el terreno de juego. Tras un arranque de curso bastante negativo, los blancos fueron poco a poco ganando solidez y siendo más compactos a través de dos decisiones capitales de Zidane: la inclusión de Ferland Mendy en el lateral izquierdo, y la presencia de Fede Valverde en el perfil derecho del centro del campo. A partir de estos movimientos fue asentándose un equipo caracterizado por la mejor disposición de cara a las transiciones defensivas, limitando el poder ofensivo rival y tratando de competir fortaleciendo la retaguardia. Sin embargo, los problemas en el último tercio del campo rival han ido limitando a los blancos poniendo en jaque su temporada.
La temporada del FC Barcelona ha sido del todo irregular, empezando por una inestabilidad institucional que ha derivado en todo tipo de desmanes deportivos y no deportivos. Sin embargo, todo este maremagno se ha visto suavizado por un equipo que, pese a estar cosechando una temporada peor para los estándares de la última década, ha obtenido buenos resultados para seguir progresando en liga y en Champions League. Las flaquezas a nivel de club se han resentido la producción en campo y el equipo no transmite la sensación de poderío de los últimos años. Entre todos los problemas, a nivel deportivo, se produjo la destitución de Ernesto Valverde hace poco más de un mes, que llevo a Quique Setién a hacerse con las riendas del equipo. Dicho cambio, unido a la plaga de bajas de los blaugrana ha devenido en una serie de cambios que han tenido su impacto en el juego del equipo.
La llegada de Quique Setién al FC Barcelona supone una apuesta por “los orígenes” FC Barcelona. El técnico cántabro practica el juego de posición arquetipo de los culés con una incidencia especial en dos fases: la recuperación en campo contrario y la salida de balón. Es a partir de estas dos fases donde Setién pretende hacer fuerte a los suyos. Todavía se percibe que el Barça anda en construcción, como es lógico tras poco tiempo de trabajo y con una plantilla que, tras la errática planificación de la secretaría técnica, está muy limitada en cuanto a sus piezas.
El nuevo técnico ha ido haciendo muchas pruebas a lo largo de las semanas, con diferentes dibujos, piezas y propuestas, lo que ha derivado en diferentes versiones de su equipo.
En los últimos encuentros estamos viendo a un FC Barcelona que parte con cuatro centrocampistas en rombo, colocando a Arturo Vidal en la cúspide, sirviendo de apoyo a Leo Messi y Antoine Griezmann, quienes se emparejan con los centrales. Son los laterales, Firpo y Semedo, quienes se encargan de dar amplitud y profundidad por los fuera, mientras que el propio Vidal o Griezmann se encargan de lanzar movimientos de ruptura por dentro, a la espalda de la zaga rival.
En estos compases se ha visto a un FCB con una circulación algo lenta, buscando protegerse con la misma y dificultades para girar al rival. Su principal amenaza está siendo, como no podía ser de otra manera, Leo Messi. El astro argentino es el catalizador del ataque culé, ya sea lejos de la frontal, donde es capaz de filtrar pases imposibles y activar todo tipo de jugadas, o cerca de la misma, donde es un jugador con un rango de tiro y acción capaz de encontrar el arco rival desde cualquier posición y distancia.
Lo más probable es que nos encontremos ante un Real Madrid, que como viene haciendo este curso, opte por un bloque alto o un bloque medio-alto para cortocircuitar la salida rival. La presencia de Ferland Mendy y Fede Valverde en el once blanco han tenido un impacto en cuanto a la estructura del mismo. Fede se ha mostrado como un elemento muy valioso a la hora de ejecutar esa presión en campo rival, gracias a su capacidad para repetir esfuerzos de alta intensidad y el lateral francés se ha destapado como un activo a nivel defensivo, que sella su costado y ofrece una cobertura cerca de Sergio Ramos y Casemiro, quienes pueden adelantar líneas sin desprotegerse.
En este escenario, el Barcelona cuenta con dos activos importantes para desactivar la presión blanca. En los primeros escalones, la presencia de Marc André Ter Stegen supone todo un plus a la hora de generar superioridades numéricas. El alemán es verdaderamente un portero jugador y muestra una capacidad innata para ejecutar todo tipo de pases que desbaratan la presión rival. El cancerbero es capaz de jugar en corto a la espalda de la presión, sin titubear lo más mínimo, así como jugar en largo con pases tensos y precisos.
En el último escalón se encontrará Leo Messi, tratando de hacer daño entre líneas. El Real Madrid está encontrando problemas para defender a los jugadores que atacan a la espalda de Casemiro y el ‘10’ argentino es la gran amenaza mundial explotando este tipo de espacios. Cada vez que el Real Madrid se ha descuidado de tener una defensa específica sobre Messi, lo ha pagado con creces. El pasado miércoles vimos como Kevin de Bruyne castigaba una y otra vez la espalda de la presión vikinga. Encontrar al belga en tierra de nadie fue un movimiento ganador, cada vez que entraba en contacto con el esférico, lo hacía con tiempo para pensar y ejecutar, hecho que resultó en ocasión de gol para el Manchester City cada vez que esto ocurría. Pero Zidane y el Madrid han sufrido en demasía a Leo Messi como para obviar la necesidad de dedicar una vigilancia especial.
En cualquier caso, está por ver qué tipo de partido plantea Quique Setién, Lo lógico es pensar que su voluntad sea la controlar el partido a través de la tenencia de la pelota, la presión en campo contrario, el control de las segundas jugadas y no exponer a su equipo en transición defensiva. Además, al FCB le ha funcionado la estrategia de jugar al gato y el ratón en Concha Espina. El FCB apostando por una circulación conservadora para desespero de la afición merengue, quien se impacienta y termina por contagiar al equipo, el cual salta a por el poseedor Pero a la vista de lo acontecido el miércoles en el Santiago Bernabeu no es descartable que trate de matizar su propuesta, ceda los primeros metros al Real Madrid y trate de hacerle daño a partir de la transcición tras pérdida. Los blancos vienen sufriendo mucho en transiciones y el sector de Dani Carvajal se ha mostrado tremendamente endeble. En este sentido, no es descartable que veamos a Martin Braithwaite comparecer y tratar de quemar al lateral derecho local a partir de movimientos profundos y de ruptura sin balón. El extremo danés destaca por su capacidad para mezclar movimientos de apoyo y ruptura que pueden ser muy problemáticos para el Real Madrid si se encuentra Messi con libertad para buscarle.
Será interesante de ver si Setién matiza su propuesta de juego para tratar de ganar el partido desde la estrategia operativa, tratando de aprovechar las debilidades del rival.
Bien puede estar tentado Setién de apostar por una estrategia que ceda protagonismo al Real Madrid sabedor de los problemas de estos en campo contrario. Y es que el equipo de Zidane se ha vuelto a sentir desnudo cuando ha llegado el tramo caliente de competición. Los merengues se han topado de frente con su realidad y es que es un equipo con muchas dificultades en el último tercio de campo, tanto por cuestiones individuales como colectivas, pero principalmente por una falta de calidad diferencial y registros.
En este caso, no se trata de una cuestión de efectividad, sino más bien de volumen. Al conjunto blanco le cuesta mucho castigar a las defensas rivales, traducir las fases de dominio en ocasiones. Por una parte su circulación es de mucha calidad, pero algo lenta, lo cual dificulta desordenar al rival mediante el pase, si bien es cierto que sigue siendo la principal forma que encuentran los blancos de atacar. Por otra parte, encuentra dificultades para desbordar a los rivales. Sólo Hazard (lesionado la mayor parte de la temporada) están constituyendo un factor diferencial a la hora de desordenar a partir del regate. Jugadores como Isco, Marcelo o Modric, fuente de desequilibrio interior y exterior han dejado de hacerlo como antaño. Si bien la inclusión de Mendy y Fede Valverde a supuesto una mejora en la estructura del equipo y hoy por hoy son imprescindibles, no es menos cierto que su fútbol no está orientado a desequilibrar al rival. Fede Valverde ha sido una amenaza en aquellos partidos en los que es capaz de atacar el intervalo lateral-central izquierdo de los rivales, pero su juego no siempre está enfocado a ellos. De esta forma los rivales suelen defender de cara constantemente, facilitando su labor.
Asimismo, los merengues no encuentran ventajas numéricas en área contraria. Karim Benzema está bastante solo a la hora de atacar a los centrales rivales. Tanto Eden Hazard, como Vinicius Júnior tienen un comportamiento en el campo bien distinto al que tenía Cristiano Ronaldo. Su juego está más enfocado a la generación y el desequilibrio, que a materializar las ocasiones. En este sentido, Vinicius Júnior, quien ha vuelto a ser un activo importante, tiene un comportamiento eminentemente exterior, tratando de ser una fuente permanente de desequilibrio mientras encara a sus pares. De esta forma, cuando Karim Benzema traza movimientos circulares a través de los cuales pretende desordenar la defensa, ningún compañero activa las zonas que Karim habilita. Sólo cuando el Real Madrid hunde por completo al rival y le gira es capaz de encontrar a jugadores desde la segunda línea.
El centro lateral, recurso predilecto del equipo de Zidane en la primera etapa de éste ha ido perdiendo protagonismo con el paso del tiempo. Antaño, aprovechando el poderío aéreo del equipo, con jugadores como Ronaldo, Bale o Álvaro Morata, el equipo se apoyaba en esta acción, incluso cuando no venía precedida de ventajas previas, haciéndose valer de su superioridad. Hoy el centro sigue siendo importante, pero lo es como recurso y rara vez se ejecuta sin haber agitado antes a la defensa, pero el único jugador que viene sumando en estas lides es Karim Benzema, básicamente porque es el único receptor de los mismos.
Tampoco ayuda que el equipo no posea especial rango de tiro. Sólo Gareth Bale y James Rodríguez son jugadores regulare desde la media distancia pero hoy por hoy no pasan de jugadores secundarios, o terciarios como el caso de James.
Para muestra, la evolución goleadora del equipo. El desplome es evidente y pese al leve repunte de este curso, el equipo sigue estando muy lejos de la élite.
Si bien el equipo ha mejorado mucho en lo que a la faceta defensiva respecta, no es menos cierto que hoy los partidos del Madrid son muy largos y, por tanto, abiertos. Al Real Madrid le cuesta edificar ventajas sobre las que apoyarse de forma que las opciones del rival maximizan. La naturaleza del equipo es la del “1-0”, de forma que los márgenes en los que se mueve son muy estrechos, ello da pie a que cualquier fallo o desajuste pueda pagarse muy caro.
La solución hoy por hoy no parece sencilla. Ninguna de las alternativas ofensivas del equipo es una garantía, pese a que jugadores como Jovic, Bale o James tengan capacidad goleadora, de ahí que Zidane suela optar por incluir un centrocampista más (Isco) tratando de ganar cuota de control, tratando de ordenar al equipo a partir de la pelota, mejorando la circulación para así protegerse ante posibles pérdidas.
Es posible que ,ante los problemas de Junior Firpo en el costado o si la alternativa al dominicano es un central, que Zidane apueste por algún jugador de banda derecha para tratar de atacar esa debilidad. Además, de esa forma, Carvajal encontraría un punto sobre el que apoyarse para proyectarse. No obstante, el pasado miércoles Benjamin Mendy daba sensación de ser una debilidad, estaba amonestado y el técnico francés no adoptó ninguna medida enfocada específicamente a buscarle las cosquillas.
Lo más probables es que veamos a un Real Madrid que trate de ganar el partido desde la presión en campo rival, tratando de provocar pérdidas que descoloquen al FC Barcelona, así como el control del esférico, para ordenarse. A partir de ahí, tratar de aprovechar las ocasiones que se generen, aunque sean pocas, pero el equipo no está preparado para un escenario abierto ante un equipo con mayor capacidad goleadora (62 goles en liga FCB vs. 46 RMA), como es el FCB de Leo Messi y Antoine Griezmann.
Asistiremos a un partido liguero con sabor a final, con cierta nostalgia por lo que hasta hace poco eran ambos equipos en términos de talento y potencial pero con toda la emoción de un título en juego y la rivalidad histórica de ambos conjuntos.
No le den más vueltas: ahora mismo, no nos llega. Eso no quiere decir que todo sea un desastre. Hasta es normal que no nos llegue. Lo que le está pasando al Madrid es algo natural. Es el fin de un ciclo, el final del núcleo duro de una generación de futbolistas que han forjado la segunda edad de oro del club. Evolucionar a partir del final de Cristiano, el máximo goleador de la historia del club y el segundo mejor futbolista, es durísimo. Es imposible que su adiós no te afecte. Pero es que no estamos padeciendo eso. O no solo.
Desde hace año y medio vivimos el final de Cristiano... pero también el de Marcelo, el de Carvajal, el de Bale, el de Nacho, el de Lucas, el de Modric, y ya comienza a asomar el de Ramos y el de Benzema. Uno porque se ha ido, otros porque ya no dan más de sí y los últimos porque todavía pueden rendir como siempre han rendido pero en muchos menos partidos, cada vez menos. Y perder a tantos jugadores de esa dimensión es algo imposible de asimilar en una ni en dos temporadas.
El Madrid, el año pasado, no se movió mucho, y acusó este derrumbe hasta convertirse en un equipo vulgar e irreconocible. Esta temporada, en cambio, se ha iniciado la reconstrucción. Y se han hecho muchas cosas no bien, sino muy bien. Hemos recuperado a Casemiro, Kroos, Varane, Courtois y de algún modo a Isco. Jugadores que tienen cuatro años a buen nivel todavía. La mayoría siendo tops en sus posiciones. Hemos consolidado a dos jóvenes como Valverde y Mendy que aportan calidad y energía. Nuestros dos brasileños, que apuntan muy alto, siguen su desarrollo, y fuera de nuestro club disponemos de dos futbolistas que han explotado por todo lo alto: Ødegaard y Achraf, así como otro que está rindiendo a gran nivel, Reguilón, y que junto al resto de jóvenes talentosos (Kubo, Lunin o Reinier) dibujan un futuro muy esperanzador. Es decir, se ha construido una base buenísima, un principio sobre el que construir algo grande, porque es un proyecto con muchísimo margen de mejora y largo recorrido.
Pero no basta, no para el futuro inmediato. En tiempo presente no nos llega. El equipo ha sido sólido gran parte del campeonato pero no tenemos suficiente para aguantar. Todavía nos faltan dos laterales (un titular por la derecha y otro suplente por la izquierda), un central que pueda dar descanso a los dos titulares que lo están jugando prácticamente todo, un centrocampista que dé minutos de calidad reemplazando al trio titular y mucha dinamita arriba.
Nuestro gran lunar ha sido el ataque, pero es que también hemos tenido muy mala suerte: se nos ha lesionado casi para toda la temporada el delantero emblema del nuevo proyecto (Hazard), Jovic no ha conseguido cuajar (aunque tampoco ha dispuesto de muchos minutos) y Bale -como le pasa a Marcelo- ya no existe como futbolista de élite. A sus 32 años, Benzema ha sido el único factor ofensivo del equipo, era lógico que terminase por reventar. En este caso, su agotamiento le ha pasado factura tras la lesión de diciembre, pero es que, además, es normal que a su edad cueste más recuperar la forma. En definitiva, el equipo se ha desmoronado en cuanto llegaron las rotaciones. En cuanto ese grupo de jugadores que ya no son, o que ya no están casi nunca, ha tenido que jugar. O también cuando los que siempre juegan se han ido agotando por falta de recambio. Nos ha faltado equipo. Más por cantidad que por calidad. Esto no significa necesariamente que la planificación haya sido una calamidad: no se puede echar y fichar a 15 jugadores de una tacada, sobre todo si los destinados a salir no quieren irse, a lo que no hay argumentos que oponer. Pero apenas con recuperar tres cedidos y un par de fihajes hay suficiente para seguir creciendo con muchas garantías de éxito. No hay que quemar Valdebebas ni tirarlo todo por la borda. Esa no es la situación real. El equipo ha crecido, seguirá creciendo el año que viene y este (no lo olvidemos) todavía puede ganar la Liga porque se enfrenta a otro equipo que está tan esquilmado como nosotros.
Todo pasa por ganar el domingo.
Hace unas semanas el madridismo rebosaba confianza e ilusión. El equipo se mostraba sólido, las estadísticas le encumbraban como el menos goleado de las cinco grandes ligas europeas (y el que menos disparos recibía) y había que remontarse más de treinta años para encontrar un Real Madrid que hubiera encajado tan pocos goles.
Campeones de la Supercopa, tras vencer al Valencia y al Atlético de Madrid, también en la Liga se conseguía superar a los de Simeone, como a los de Lopetegui e, incluso, dominar de forma clara al Barcelona en el Camp Nou. De este modo, la situación en el campeonato de la regularidad también era muy esperanzadora, ya que, tras haber jugado a domicilio contra los principales rivales y con un calendario, a priori, más asequible que el de estos, se disponía de tres puntos de ventaja sobre el segundo. El próximo clásico podía dejar al Barcelona a seis puntos más el gol average, lo que implicaba que los azulgranas, para ganar el título, debían de ganarlo todo y el Real Madrid fallar tres veces. Algo que se antojaba muy complicado a tenor de las sensaciones de unos y otros.
Porque estamos probablemente ante el peor Barcelona de la etapa Messi, es decir, de los últimos quince años. Una plantilla desmantelada por motivos económicos y las lesiones, con apenas 15 fichas, que encaja muchísimos goles (el doble que los blancos) y que no parecía haber ganado consistencia tras la llegada de Setién.
Por lo que respecta al Real Madrid, es cierto que el equipo no alcanzaba el mismo nivel ofensivo que defensivo, pero tampoco llegaba al extremo del año pasado y, cuando menos, era más que suficiente como para poder sacar los partidos adelante gracias a los pocos goles encajados. El equipo era el segundo máximo goleador de la Liga, con un Benzema en racha, apoyado por la inesperada irrupción goleadora de Rodrygo y, sobre todo, con un centro del campo que duplicaba sus números de cara a puerta con respecto a la temporada anterior.
En Copa del Rey conseguíamos llegar a cuartos de final y aunque el rival era complicado, el sorteo nos había otorgado la ventaja de ser locales. La Real Sociedad ya había pasado por el Bernabéu esta temporada y se le había ganado con solvencia (3-1).
Por último, en Champions League, sin poder ser considerados favoritos para el título sí que lo éramos de la eliminatoria de octavos ante un Manchester City que pasa por una profunda crisis de juego, resultados e institucional. El presumible refuerzo de Hazard, jugador franquicia del Real Madrid y que tan buenas sensaciones había dejado antes de su lesión, no hacía más que confirmar el pronóstico.
Repito, aunque parezca increíble, este era el escenario hace tan solo unas semanas.
Hoy, si nos asomamos a lo que se dice en foros, redes y barras, parece que lo relatado solo haya sido un sueño. Eliminados de Copa del Rey, estamos segundos a dos puntos de distancia del Barcelona en Liga y sin la posibilidad de contar con Hazard, que no es descartable que haya dicho adiós a la temporada.
Esta situación induce directamente a dos preguntas:
-¿Por qué ha sucedido?
-¿Qué se puede esperar del equipo ahora?
La primera cuestión tiene muchos matices. Apuntar a un solo motivo sería un error, porque desdeñaría los otros que son igualmente importantes. Sí, es evidente que la sucesión de decisiones arbitrales irregulares contra los intereses del Real Madrid ha tenido un peso difícil de sobrellevar. Pero también es cierto que la producción goleadora, que no era para tirar cohetes, se ha desplomado y que el equipo, sin ser un coladero, está encajando más goles .
La segunda cuestión, en torno a lo que puede depararnos el futuro cercano, solo tiene una respuesta: pese a la frustración por la evolución de los acontecimientos, el Real Madrid sigue manteniendo buenas opciones para poder conquistar el campeonato de Liga. Sí es evidente que la pérdida del extremo belga es una suerte que resta opciones de cara a poder disputar la Champions, al tratarse de un jugador de una gran calidad individual, lo que resulta determinante en esta competición. Con todo, seguimos siendo un aspirante que no es favorito.
Porque el bloque de nueve titulares que conforman Benzema, Valverde, Kroos, Casemiro, Mendy, Ramos, Varane, Carvajal y Courtois, están capacitados para plantar cara a cualquier equipo. Con ellos se ha competido siempre. De hecho, uno de los factores que han llevado a esta desestabilización ha sido la rotación. Y no se entienda esto como una crítica a esta medida, pues posiblemente el problema no sea rotar, lo cual es casi indispensable para poder llegar en estado óptimo al tramo decisivo, sino que algunos relevos no sean (ya) los adecuados, que no haya tanto fondo de armario como para mantener el nivel en lo más alto en las tres competiciones, que es lo que se le exige al Real Madrid.
Esta será una cuestión a abordar en la planificación de la temporada que viene, para redondear a un grupo que, pase lo que pase, está creciendo y creando una base sólida para muchos años. Pero si nos atenemos a la actualidad más cercana, hay que centrarse en el grupo de nueve jugadores que han rendido a un alto nivel. Rotar lo indispensable en lo que queda, no en vano nos enfrentamos a un rival que apenas dispone de cuatro recambios. De la elección de esos dos jugadores que completarán el 11, dependerá en gran medida la suerte de lo que está por venir.
Al resto solo nos queda apoyar incondicionalmente. Quién no lo vea posible que se sacuda el catastrofismo o que se aparte a un lado, porque no hay nada más antimadridista (y más cuando se está a tiempo) que la rendición.
Los más jóvenes no visteis jugar a Paulo Futre. Era un rival de los que caía bien pese a constituir una indudable amenaza, porque era muy bueno. Nos quitó una Copa en el mismísimo Bernabéu, con Schuster como principal aliado. Se conducía con general deportividad, no solía rajar del Madrid más de lo mínimo exigible para que no le arrojaran al río, llegó a perdonar a Buyo aquella croqueta icónica y ofrecía en términos globales una imagen afable y sonriente. Quizá no lo creáis, pero Futre fue en su día un hombre sensato. Podía ser temido deportivamente sin necesidad de sentir por él, al mismo tiempo, ninguna animadversión, en parte porque no se la granjeaba, en parte porque un madridista tiene usualmente cosas más importantes que hacer que odiar a alguien del Atleti.
Como le pasaba a Vargas Llosa con el Perú, yo no tengo muy claro cuándo se empezó a joder Futre. Vargas Llosa acaba de felicitarse por supuestas señales de desjodimiento por parte del Perú. Futre, en cambio, no ofrece evidencia alguna de un proceso positivo de esa índole. Su carácter afable se fornicó tiempo ha, y no parece que tenga previsto retornar a la senda de la armonía con el mundo. Más bien al contrario, como se verá.
Hace ya tiempo que Futre frecuenta un antimadridismo de redes sociales ayuno de gracia y rico en groserías. Al principio sorprendía su actitud. Ya no. Suele opinar con torpeza sobre cualquier acción que desde su obtuso prisma haya supuesto una ayuda arbitral a los blancos, pero no solo cuando juegan contra el Atleti, sino también cuando lo hacen frente al Levante, el Getafe o la Real. Se permite ironizar con feísimas acciones protagonizadas por jugadores atléticos, como aquel balonazo de Correa en el mismísimo careto de Benzema. Últimamente, llamó la atención su tuit lastimero y victimista respecto a la ya célebre entrada sobre Morata que costó la expulsión a Fede Valverde en la Final de la Supercopa.
Recalco que la entrada costó la expulsión a Valverde porque Futre se quejó con la amargura que se reserva a las grandes injusticias, es decir, como si no hubieran expulsado al uruguayo, lo cual confluye en la tendencia reinante y pasmosa de las huestes antimadridistas, en especial del antimadridismo facción Atleti, a saber: la queja ya no es porque al Real Madrid le dejen presuntamente sin pitar las faltas que hace (porque se las pitan) sino por el hecho mismo de que el Real Madrid cometa faltas (aunque se las piten y aunque sean pocas en comparación con las que cometen sus contrincantes).
Futre lloró la patada de Valverde con la indignación que se reserva para los crímenes que quedan impunes, cuando la acción fue castigada con la máxima pena disponible para el colegiado. Si uno se queja tanto ante lo injusto como ante lo justo, a lo mejor debe empezar a plantearse que la razón de su queja no es otra que la propia frustración.
La Supercopa se le escapó al Atleti como se le han escapado trofeos mucho más valiosos frente al eterno rival capitalino (ay, Lisboa: ay, Milán; ay, eliminatorias de Champions varias) y eso tiene que doler, por mucho que el Cholo haya dejado caer la conveniencia de ir a Neptuno para celebrar que la mayoría de esas derrotas ante los blancos hayan requerido un tiempo extra o unos tiros de penaltis.
La ultimísima de Futre, con todo, rebasa los límites de lo deportivo para adentrarse en lo social, y es la más grave de todas. Las ya referidas, de hecho, resultan menudencias al lado de esta. El exjugador portugués ha colgado en su cuenta de twitter una foto conmemorativa de su presencia en medio del Frente Atlético, el grupo de tintes claramente fascistas que anima al Atleti desde hace décadas ante la complacencia de la directiva rojiblanca. No hace falta recordar que esta agrupación de fans colchoneros cuenta en su haber, o en el de algunos de sus miembros, con delitos de sangre. No hace falta recordarlo, pero quizá convenga recordárselo a Futre, que exhibe con orgullo una foto rodeado de personas pertenecientes a dicha peña mientras varias de ellas ensayan el saludo nazi.
Llama poderosamente la atención que el luso agradezca su hospitalidad vía redes sociales a una agrupación que oficialmente ya no existe, pues tal es la versión vertida por la cúpula del Atleti cuando se les recuerda la incómoda presencia de una pandilla que acoge a vándalos y homicidas como el Frente, pandilla a la que nunca han dejado de apoyar, ante la mirada para otro lado de la prensa.
Para no existir, el Frente sigue bien presente en redes, como prueba la cuenta de twitter que el propio Futre menciona en su alborozado homenaje a una tribu que alberga numerosos cafres neofasciosos. Bien pensado, proviniendo como provienen de alguien que al parecer se siente en sintonía con miembros de esa caterva, los obsesivos mandobles de Futre al club rival deberían enorgullecer a los madridistas más que cualquier otra cosa.