El Real Madrid aplastó ayer al Manchester City en el Bernabéu. No hay otra manera de definirlo. El equipo inglés arrancó mejor durante los primeros diez minutos, en los que gracias al desborde de Doku y a la endeblez de Trent consiguió generar alguna ocasión por línea de fondo y, a partir de ahí, fue perdiendo cada vez más protagonismo hasta quedarse completamente noqueado tras el 1-0. Sin ningún tipo de capacidad de reacción, incluso después del penalti fallado por Vinícius.
Fue un 3-0 que supo a poco viendo cómo el equipo de Arbeloa despedazó a los de Guardiola en transiciones.
Y en esas transiciones apareció el mejor jugador anoche sobre el terreno de juego. El partido de Valverde es de otro planeta. Obviamente lo que llama la atención y la principal razón por la cual le otorgaron el MVP son los tres goles que anotó, pero si uno va más allá, puede observar en conjunto la exhibición del uruguayo.
Honestamente, no sabría decir a ciencia cierta de qué jugó Fede ayer. Viendo el partido, diría que fue una especie de lateral-centrocampista-delantero. Un tres en uno. Le vi hacer coberturas a Trent Alexander-Arnold para detener a Doku, aparecer de vez en cuando por el medio para oxigenar el juego y, sobre todo, martillear y castigar al City por la banda derecha.
Parecía ser capaz de multiplicarse por momentos, porque su velocidad y capacidad de corrección le permitían llegar a todo.
Muchas veces se utiliza de manera peyorativa este atributo para atacar a Valverde, esgrimiendo que sí, que es muy rápido, pero que su técnica es muy deficiente. A los que piensan esto, les animo en primer lugar a ver repetido el tercer gol del uruguayo, y luego a ver el partido completo. Su temporada no estaba siendo buena para lo que se espera de un jugador del calibre de Valverde. Su actitud con el anterior entrenador dejó bastante que desear. Vimos a un Fede muy apagado, sin demasiada intensidad, cohibido por momentos.
Honestamente, no sabría decir a ciencia cierta de qué jugó Fede ayer. Viendo el partido, diría que fue una especie de lateral-centrocampista-delantero. Un tres en uno
Algo que va en contra de la propia naturaleza del jugador. Federico Valverde es un futbolista intenso, con un excelente golpeo de balón, con una velocidad irreal para un centrocampista, y capaz de romper líneas en conducción. Un box-to-box de los de toda la vida. En el partido de ayer quedó demostrado que era una cuestión de actitud, no de fútbol.
Y esta última reflexión es aplicable a la mayoría de los jugadores que ayer rindieron a gran nivel.
Respecto al resto de sus compañeros, me quiero centrar en la actuación de la pareja de centrales. Tanto Rüdiger como Huijsen cuajaron un muy buen partido.
El alemán tuvo una acción de valor gol con un gran despeje en la segunda mitad, prácticamente en la línea de gol, que hubiera supuesto el 3-1. Su partido, más allá de esa acción salvadora, fue muy sólido. Una demostración de jerarquía.
Por otra parte, volvimos a ver una versión de Huijsen que se aproxima bastante al jugador que vimos en el mundial. El central español venía de un momento de forma muy bajo, en el que se estaba viendo muy superado por el contexto y la exigencia del Real Madrid, y desconectado por momentos. Tengo fe en que anoche fuera su punto de inflexión. Vimos a un Huijsen sereno, que no relajado. Le vimos también intentando con éxito pases que rompieran líneas del rival, no quitándose el balón de encima. En definitiva: vimos a ese central cerebral que, cuando esconde sus debilidades y juega concentrado, supone un complemento perfecto para su compañero en la zaga y el centro del campo, y una ventaja competitiva desde el pase y la anticipación.
Esperemos que el partido de anoche sea un punto de inflexión y no un oasis en el desierto
Por último, me gustaría hablar del Manchester City, y en particular de Rodri. El centrocampista español me parece el mejor termómetro para evaluar el momento de los citizens. Su partido fue bastante decepcionante para lo que alguna vez fue este jugador. La devastadora lesión que sufrió en septiembre de 2024 influye de manera crítica, pero la realidad es que ayer se le vio muy desdibujado en el césped del Bernabéu. Tuvo algún cambio de orientación interesante, algún giro para zafarse de su marca, algún pase a la espalda de la defensa merengue, pero el ritmo del partido le sobrepasó.
Su posible fichaje por el Real Madrid en verano me parecía una opción interesante y a valorar, siempre y cuando el precio del traspaso fuera razonable teniendo en cuenta que es un jugador de 30 años, que ha sufrido una lesión de ligamento cruzado, y que su nivel se acercase lo máximo posible al de 2023.
El Manchester City de Guardiola da todas las señales asociadas a un ciclo acabado, no en vano existen serias posibilidades de que el técnico catalán abandone la institución a final de temporada, pero todavía queda la vuelta.
Esperemos que el partido de anoche sea un punto de inflexión y no un oasis en el desierto.
Getty Images
Hablar con calma del partido que firmó ayer Thiago Pitarch obliga, antes que nada, a detenerse en algo que llevamos viendo durante toda la temporada. Al Real Madrid le han faltado muchas cosas a lo largo del curso, tantas que sería inútil volver a enumerarlas una por una, sobre todo porque cualquiera que haya seguido mínimamente al equipo las tiene ya perfectamente identificadas. No se trata de descubrir nada nuevo ni de hacer un análisis que pretenda ser revolucionario. Basta con mirar el juego, observar cómo se comporta el equipo en los diferentes momentos del partido y entender qué es lo que le falta para ser reconocible.
Entre todas esas carencias, hay una que sobresale por encima del resto: la movilidad. El fútbol de hoy no permite concesiones. Jugar en una baldosa ya no le sirve ni siquiera a los elegidos, a esos futbolistas que durante años parecían poder resolver los partidos desde la quietud de su talento. El juego ha evolucionado hasta convertirse en un entramado táctico de una complejidad enorme, donde cada espacio está vigilado, cada línea está pensada, y cada movimiento del rival tiene una respuesta preparada. En ese contexto, la única manera real de hacer daño es moverse sin parar, ofrecer líneas de pase constantes, tirar desmarques como si no existiera el cansancio, y construir un centro del campo capaz de desordenar al del rival.
Esa es la base de todo. Y esa base solo se consigue con una movilidad permanente, con futbolistas que no entiendan el juego desde la estática sino desde el movimiento continuo. Precisamente ahí es donde apareció ayer Thiago Pitarch. Desde el primer minuto dejó claro que quería ser protagonista. No fue una de esas actuaciones tímidas en las que un jugador joven trata de cumplir sin llamar demasiado la atención, al contrario. La quería siempre. Pedía el balón de forma constante, lo reclamaba incluso en situaciones comprometidas y, sobre todo, transmitía la sensación de que se encontraba cómodo asumiendo ese peso. No es una cuestión menor. Cuando eres un canterano de apenas 18 años y notas que son tus propios compañeros los que buscan que seas tú quien mueva la pelota de lado a lado, que seas tú quien marque el ritmo del equipo, es prácticamente imposible no venirse arriba.
El ambiente también ayuda. Jugar en el Bernabéu, sentir que la grada está pendiente de cada una de tus intervenciones y percibir que existe una ilusión real en torno a lo que puedes llegar a ser, tiene un efecto inmediato en la confianza de cualquier futbolista. Thiago pareció alimentarse de esa energía. Cada vez que tocaba el balón, lo hacía con personalidad, buscando siempre la mejor salida posible, intentando acelerar el juego cuando el equipo lo necesitaba, y pausándolo cuando la situación lo requería. Pero si algo llamó especialmente la atención de su partido, fue su actividad sin balón. Presionaba como el que más. Hubo momentos en los que resultaba difícil incluso identificar cuál era exactamente la zona del campo que tenía asignada.
Cuando eres un canterano de apenas 18 años y notas que son tus propios compañeros los que buscan que seas tú quien mueva la pelota de lado a lado, que seas tú quien marque el ritmo del equipo, es prácticamente imposible no venirse arriba
Por momentos parecía un delantero persiguiendo la salida del rival, inmediatamente después aparecía cerrando líneas de pase en el centro y, cuando el equipo necesitaba ayudas en banda, también estaba allí para colaborar como si fuese un lateral. Esa sensación de omnipresencia fue uno de los rasgos más llamativos de su actuación. Conviene recordar que llegar hasta el Real Madrid Castilla ya implica superar una serie de filtros tremendamente exigentes. En el fútbol formativo quedan por el camino cientos de jugadores que, en otras circunstancias, habrían tenido carreras más que dignas.
Desde infantiles hasta juveniles, cada categoría funciona como una criba constante. Si un futbolista se mantiene dentro de la estructura de un club como el Real Madrid, o es fichado directamente, como es su caso para el filial, lo mínimo que se puede decir de él es que tiene una calidad evidente. Eso es incuestionable. Ahora bien, el salto que separa el filial del primer equipo es gigantesco. No se trata solo de talento. De hecho, el talento es apenas el punto de partida. Hace tiempo, Álvaro Benito explicaba una idea muy reveladora sobre este asunto. Cuando le preguntaron cuál era la verdadera diferencia entre un jugador buenísimo y uno de élite, su respuesta fue sorprendentemente sencilla: la capacidad de multiplicar la velocidad de tus acciones.
No se refería únicamente a correr más rápido, sino a pensar, decidir y ejecutar a una velocidad muy superior a la que exige cualquier otra categoría. Álvaro contaba entonces varias anécdotas sobre futbolistas técnicamente extraordinarios que dominaban con claridad en Segunda División o incluso en categorías inferiores. Jugadores con un manejo del balón espectacular, capaces de decidir partidos con un simple gesto técnico. Sin embargo, cuando daban el salto a Primera División, de repente todo cambiaba. El juego iba más rápido, los espacios se reducían y las decisiones que tenían que tomarse en una fracción de segundo, no eran capaces de tomarlas.
Muchos de esos talentos simplemente no llegaban a entender por dónde iba el balón. Esa es la frontera real entre ser muy bueno y ser élite. En el caso de Thiago Pitarch, lo que empezó a percibirse ayer es que posee precisamente esa capacidad para adaptarse a una velocidad superior. Sus controles fueron orientados, sus pases se ejecutaron con rapidez y, sobre todo, sus decisiones parecían llegar siempre a tiempo. No hubo sensación de que el partido le quedase grande. Al contrario, dio la impresión de que estaba cómodo en un escenario que, para muchos jugadores de su edad, sería abrumador. Sin embargo, de todo lo que ocurrió durante el encuentro, hay una acción concreta que, paradójicamente, es la que mejor define su partido.
Probablemente muchos pensarán que es una locura señalarla como el momento clave. Fue un error. Aquella jugada terminó siendo, en cierto modo, su bautismo real
Probablemente muchos pensarán que es una locura señalarla como el momento clave. Fue un error. Un error grave en salida de balón, cerca de su propia portería, con Nico O'Reilly presionándole por detrás. Una pérdida peligrosa que pudo terminar en gol y que, de haber acabado dentro, habría cambiado por completo la narrativa de la noche. El fútbol funciona muchas veces así. Si esa jugada termina en gol, todo el análisis posterior habría sido distinto. El partido habría tomado otro rumbo y, probablemente, las conversaciones se habrían llenado de dudas sobre si a Thiago le faltaba experiencia para afrontar una cita de ese nivel. La etiqueta de joven prometedor habría pasado rápidamente a la de jugador que todavía necesita tiempo. Pero el balón no entró. Y ahí es donde aparecen esas pequeñas dosis de fortuna que suelen acompañar a los grandes futbolistas en sus primeras noches importantes.
El disparo del rival no salió especialmente alejado de la posición de Thibaut Courtois, y el portero belga, que lleva una eternidad haciendo milagros bajo la portería del Bernabéu, reaccionó como tantas otras veces. La parada evitó el gol y permitió que aquella acción quedara simplemente como un susto. Lejos de venirse abajo, Thiago siguió jugando con la misma naturalidad que había mostrado hasta ese momento. No escondió el balón ni cambió su forma de participar en el juego. Continuó ofreciéndose, continuó moviendo al equipo, y continuó presionando como si nada hubiera ocurrido. Y precisamente por eso aquella jugada terminó siendo, en cierto modo, su bautismo real. Porque el fútbol de élite también consiste en convivir con el error y ser capaz de seguir adelante sin que te afecte. El último apartado de esta historia merece dedicarse a quien tomó la decisión de colocarle ahí. Porque llegar al máximo nivel no depende únicamente del talento del jugador, también intervienen otros factores que muchas veces pasan desapercibidos. Volviendo a las reflexiones de Álvaro Benito, para que un futbolista se convierta en élite necesita dos cosas adicionales: tener la suerte de estar en el lugar adecuado cuando el equipo necesita exactamente un jugador con sus características, y encontrarse con un entrenador dispuesto a apostar por él. En este caso, ese entrenador fue Álvaro Arbeloa. Se le podrán discutir muchas decisiones, se podrán debatir muchos aspectos de su gestión, pero ayer mostró una personalidad enorme al apostar por Thiago Pitarch.
Tenía alternativas. Podía haber recurrido a jugadores del primer equipo, podía haber modificado el sistema para encajar otras piezas o simplemente optar por una solución más conservadora. Sin embargo, eligió confiar en el canterano. Thiago respondió confirmando que la apuesta tenía sentido. Jugó con personalidad, se movió con inteligencia, y dejó la sensación de que el escenario no le venía grande. Y cuando apareció ese error que pudo empañar la noche, algo parecido a esos ángeles invisibles que parecen rodear a los grandes jugadores evitó que la historia tomara un rumbo distinto. Así, entre talento, personalidad y una pizca de fortuna, su primera gran noche en el Santiago Bernabéu, quedó intacta.
Getty Images
Buenos días. Fundado el 6 de marzo de 1902. Sede social: Avenida de Concha Espina, 1, 28036 Madrid, España. 124 años y 6 días repartiendo júbilo y aguando la fiesta a los agoreros. Puro Real Madrid.
¿Habéis dormido bien? Nosotros de maravilla, aunque poco, porque la excitación nos impidió conciliar el sueño hasta bien entrada la madrugada. Anoche el Madrid nos dio uno de esos alegrones tan suyos, el mejor de la temporada (de momento), endosándole un 3-0 al Manchester City. Todo el equipo firmó un partido memorable. Y Federico Santiago Valverde Dipetta cuajó una de las mejores actuaciones que se recuerdan a un futbolista en la Champions League. Un hat trick en la primera parte con un tercer gol digno de Pelé.
Tanto Marca como As eligen la fotografía que ilustró la crónica de Paco Sánchez Palomares. La podéis leer aquí. También las notas de Genaro Desailly y la valoración arbitral de Alberto Cosín.
Resta el partido de vuelta, lo sabemos. Vamos a sufrir, seguro. Puede ocurrir cualquier cosa, no hay duda. Ya tendremos tiempo de ocuparnos de ello, tener prisa por pasarlo mal da mucha información de quien así se comporta. Pero hoy lo sano es disfrutar. Además, hay varios aspectos innegables:
El periodista de Movistar: "Un resultado mejor del que se pensaba, no?
Arbeloa: Sí, mejor del que pensabais.— El Pase Atrás (@elpaseatras) March 11, 2026
Quiero a esta persona como si fuera un familiar mío.
Hoy necesitábamos su brujería y no ha fallado. Nosotros sufriendo y él partiéndose el nabo porque ya había hecho su trabajo. pic.twitter.com/E3SBAzLaZw
— • (@yipikayei7) March 11, 2026
Tan lícito es criticar cuando las cosas salen mal como reivindicar cuando salen bien. Lo sentimos por ellos, porque ha de ser duro vivir —ser— así. No es lógico no parar de atacar con saña al equipo cuando pierde, ser omnipresente en redes, exigir medidas sumarísimas e infravalorar retroactivamente la historia del Madrid; y cuando se hace un partidazo como el de ayer afirmar que no hay que sacar conclusiones precipitadas, que ya veremos en la vuelta, que seguro que salimos confiados y no pasamos, etc.
Del Madrid puede sentirse cualquiera; llevarlo dentro es otra cosa. Hay muchos que se sienten del Real Madrid, pero el Real Madrid no se asienta en todos, porque es puro.
Pasad un buen día aquellos para los que hoy lo sea.
En casi cincuenta años de espectador de casi todos los partidos que el Real Madrid ha jugado en ese tiempo, jamás había visto al equipo conseguir una victoria tan brillante en medio de un ambiente de mayor descreimiento por parte de su propia afición. No me refiero a los que abarrotaron el estadio (hola, Marca) llevando al equipo en volandas, como corresponde a la tradición en la Champions. Me refiero a las conversaciones en bares, pasillos, aulas y sobre todo redes sociales. Aunque queda la vuelta, que sin duda será un infierno, este primer choque entre Madrid y City deparó una dicha enorme en un contexto inequívoco: los de Arbeloa ganaron a despecho del escepticismo de los suyos y del menosprecio de la prensa, y qué manera de ganar. El plan salió casi a la perfección, y ese “casi” cabe en el penalti marrado por Vinícius, que se disculpó con la afición. Jugó muy bien, aunque debe revisar su relación con las penas máximas, sobre las que cualquier juez en cuya labor se inmiscuyera el madridismo dictaría sin dudar una orden de alejamiento.
Me alegro infinitamente de esta gran victoria, por muchas personas, incluido yo mismo, claro. Pero voy a ordenarlos. De mayor a menor alegría.
Esto supone una realidad que a mucha gente costará aceptar, pero el entrenador más inmediatamente vilipendiado desde su nombramiento que ha dado la historia dio sopas con ondas tácticas al considerado por algunos como mejor técnico de la misma. En la vuelta pasará lo que tenga que pasar y la eliminatoria no está ni mucho menos resuelta, pero las cosas, ahora, están así. Aparte de lo táctico, está el milagro anímico que el espartano ha obrado en los suyos. Les ha hecho creer en sí mismos, minimizando así el impacto de las bajas. Ha utilizado la cantera no solo como acicate para picar a las vacas sagradas, sino en sí misma, o sea, como mecanismo para obrar un renacimiento del orgullo blanco. Le han dicho de todo. Lo de la justicia poética se inventó para definir lo que vamos a vivir si al destino le da por que Arbeloa triunfe. De momento, ha derrocado el escepticismo.
El héroe indiscutible de la proeza. En el cumpleaños de Pirri, le igualó como único otro centrocampista que ha marcado un hat trick en la historia europea del Madrid. En general, los centrocampistas marcan pocos hat tricks, como es lógico. Platini los engarzaba sin despeinarse en la Eurocopa del 84, pero eso era mucho antes de devenir golfo apandador, y Míchel no se limitaba a merecerlos. El propio Pirri asintió una vez cuando le pregunté si se veía reflejado en el Pájaro, y no sin satisfacción. Los menos viejos lo identificarán más bien como un Steven Gerrard redivivo, aunque el scouse nunca siguió los pasos de McManaman y el propio Arbeloa se decanta por el paralelismo con Juanito. La única verdad es que Valverde se parece ya, retrospectivamente, al mito que será cuando se vaya.
Dean is the don. Ayer pudo ser la noche en que se desembarazó del estigma de bisoñez que le acompaña. Jugó con un aplomo demoledor. Es esencial superando líneas rivales con sus pases progresivos, y acompañado por Rüdiger gana en solidez y compostura. Con todo, estoy preparado para un continuismo de la línea errática. Es muy joven, pero está hecho del material de las leyendas.
Otra referencia scouse, esta vez para parecerse a sí mismo. Si pones en abscisas la calidad de su juego y en ordenadas la importancia del partido, nunca puntuó tan alto en su nueva andadura de blanco. Comenzó con comprensibles problemas ante Doku, pero no fue nada que no pudiera resolverse vía solidaridad. Thiago y (cómo no) Valverde le apoyaron en esa difícil tesitura y le hicieron crecer.
La palabra “consagración” suele utilizarse a la ligera para referirse a partidos redondos por parte de meritorios, pero aquí se queda corta. Salvo un error que enmendó Courtois, lo hizo todo bien. Es una de las grandes noticias del año. Toca, se mueve, lucha, roba, defiende, hace jugar. Por cierto, él también es confección de plantilla. Confiar en Thiago cuando todo el universo te llama negligente porque no fichas un centrocampista también es planificación. El partido de ayer reivindica el trabajo de mucha gente, desde los protagonistas hasta quienes les dan una oportunidad, desde el despacho o desde el banquillo.
Nos habíamos olvidado del descomunal jugador que es, y ayer nos lo recordó. Pocos jugadores concilian mejor pugna y virguería. Su asistencia liftada a Valverde en el tercer gol solo estaba a la altura de los grandes.
Nada está hecho. Si en el Etihad se produce una debacle, todos los héroes que acabo de glosar pasarán a ser una mierda. La exigencia del Madrid no da tregua. Tampoco la da la esperanza, que es tan incómoda como esta. Muchos madridistas de los que fingen no creer para arrastrar a los demás en su falta de fe, como San Manuel Bueno Mártir pero al revés, no saben hoy qué hacer con este día tan soleado.
Getty Images
-Courtois: SOBRESALIENTE. Determinante cuando fue requerido, especialmente en una parada de reflejos inenarrable tras un fallo de Thiago.
-Trent: NOTABLE. Sufrió ante Doku pero, con ayuda de sus compañeros en ese aspecto, terminó firmando su mejor actuación en el Madrid hasta la fecha. Tiene un pie de oro.
-Mendy: SOBRESALIENTE. Insuperable. Literalmente. Hasta que se lesionó.
-Rüdiger: SOBRESALIENTE. Ha vuelto el Loco. Sacó un balón imposible sobre la línea.
-Huijsen: SOBRESALIENTE. Impecable sacando el balón desde atrás. Lo hemos fichado para esto. Ni rastro de su bisoñez.
-Tchouaméni: SOBRESALIENTE. Excepcional, aunque esto ha dejado de ser noticia.
-Thiago Pitarch: SOBRESALIENTE. Consagración absoluta. Clase infinita y entrega sin fin, o sea, puro Real Madrid.
-Valverde: MATRÍCULA DE HONOR. ¿El mejor partido de un futbolista en la historia de la Champions League? Es, como tuiteaba Jorge Bustos, todos los jugadores en uno.
-Güler: NOTABLE. Partido muy serio y comprometido, aunque le falta soltarse.
-Vinícius: NOTABLE. Penalti fallado, sí, pero amenaza continua.
-Brahim: SOBRESALIENTE. Se desfondó. Magistral asistencia a Valverde en el tercero. Casi marca en una sensacional jugada.
-Fran García: SOBRESALIENTE. Estuvo a la altura de Mendy, al que sustituyó.
-Camavinga: NOTABLE. Aportó.
-Manuel Ángel, Mastantuono, Carvajal: sin calificar.
-Arbeloa: MATRÍCULA DE HONOR. Impecable planteamiento. Enorme la conexión emocional que ha establecido con sus jugadores.
Getty Images
Arbitró el italiano Maurizio Mariani. En el VAR estuvo su compatriota Marco di Bello.
Buen arbitraje a nivel general del transalpino. En alguna falta falló, pero mantuvo el listón para ambos equipos pese a ser bajo al principio del partido, cuando pitó varias cositas livianas.
En el penalti estuvo muy bien situado tras un gran sprint para ver el claro derribo de Donnarumma a Vinícius. El italiano se llevó como dicta el actual reglamento una tarjeta amarilla porque no era para expulsión. En el otro área también hubo una mano de Fran García en el 90' pero la tenía pegada y no era punible.
El otro amonestado fue visitante, el argelino Aït-Nouri, al derribar por detrás a Manuel Ángel en el 82'.
Mariani, BIEN.
Getty Images
Primer partido de octavos frente al City. Los hoy verdes aterrizaban en el Bernabéu con el científico Guardiola al frente de un laboratorio que no repara en gastos, como John Hammond en Parque Jurásico. Enfrente, el espartano Arbeloa comandando un Madrid que siempre se ha sentido más cómodo coqueteando sin arnés con la gloria al borde del precipicio. Este año, la dicotomía cima o abismo parece más desequilibrada —para mal— de lo habitual, pero si hay un club capaz de coronar el Everest equipado —además de con su clase— apenas con un bocata de atún con pimientos y unas zapatillas Quechua es el Real Madrid. La fe mueve montañas, a menudo para dejarlas donde les corresponde por historia. Como esta noche.
Huijsen partió de inicio; Asencio, no. Tal vez por la estatura y la salida de balón. Trent y Mendy, de nuevo en los laterales. Este último quizá sea el mejor complemento de Vini cuando se encuentra bien. Thiago Pitarch, otro partido como titular. Acompañando a Tchouaméni, Fede, Brahim, Güler y Vinícius. Es decir, el delantero centro del Madrid sería Santillana, el pequeño problema es que no estaba. No fue necesario, estaba Valverde. Guardiola hizo lo contrario, colocó más delanteros que centrocampistas.
El encuentro no era corriente y comenzó con intensidad. El Madrid, enchufado, presionando sin balón y buscando la penetración con él. El City, como era de esperar, asustaba cuando amasaba la bola o los blancos se la regalaban. Doku nos taquicardió en una acción al comienzo en la cual se le olvidó chutar a puerta.
En los siguientes minutos, los citizens protagonizaron varias acciones de peligro precedidas de aciertos propios o errores rivales. Doku era una pesadilla. La respuesta, un remate de Brahim tras buen pase de Vini. Donnarumma rechazó a córner.
En el 12', Courtois intervino para evitar el primero en un centro chut que había rebotado en un defensa. Hasta el momento, lo más inquietante era la sencillez con la que los ingleses generaban oportunidades.
Y en el 19, la fe de Valverde supuso el primero del partido. Courtois en largo para Fede, control magnífico, autopase ante un Donnarumma que no recordó que tenía brazos, y a la red. 1-0. G-o-l-a-z-o. Es de agradecer la cortesía que el portero italiano acostumbra a mostrar cuando visita el Bernabéu.
El capitán blanco estaba siendo el mejor, recuperaba, ayudaba a Trent, corría, pasaba, se ofrecía, se movía por todos lados Here, there and everywhere. En uno de sus desmarques y tras la participación de Vini, la enganchó con la izquierda desde su perfil menos habitual y la metió rasa y cruzada. 2-0 y todos con Valverde y el Madrid.
Los de Arbeloa estaban luciendo unas gónadas como las del caballo de Espartero o, mejor dicho, del Espartano. Las ayudas eran constantes y la actitud, inmejorable. Si bien cada acercamiento del City nos las ponía de corbata. Thiago, de nuevo, parecía un veterano. Actitud, posicionamiento, lucha, toque. Todo.
Y en el 42', la locura: pase por arriba de Brahim a Fede, sombrero a O'Reilly —contundente y con mala «Baba» como la canción de los Who— y volea para adentro. Gol estratosférico. 3-0. Hat trick del Halcón.
La fe mueve montañas, a menudo para dejarlas donde les corresponde por historia. Como esta noche
La fe de Valverde es la fe del Real Madrid. El 8 estaba realizando uno de los mejores encuentros que se recuerdan en Champions. Como afirmaba el galernauta Sergio Yebra, estaba cortando todo en defensa y metiendo todo en ataque. Era Chendo y Cristiano a la vez. The mother who gave birth to him, pensaría Guardiola mientras se arañaba el cráneo.
Descanso y exhibición coral e individual del Real Madrid.
Mendy no comenzó la segunda parte, en la última jugada de la primera se resintió y no se quiso arriesgar. Su lugar lo ocupó Fran García.
Nada más reanudarse, acción individual brillante de Brahim, cuyo disparo repelió magníficamente Donnarumma. A punto estuvo Vini de aprovechar el rechace.
Varios minutos después, Thibaut evitó que Semenyo marcase al primer palo. A la siguiente jugada, contraataque de Vini y penalti de Donnarumma cuando estaba solo. No lo expulsaron. El pase, de lujo, había sido de Güler con la derecha. Vinícius lanzó raro el penalti, con una paradinha amorfa, y el meta despejó el balón. El siete se disculpó con la afición.
Doku respondió con otra puñalada que Rüdiger desvió a córner. No haber marcado el cuarto había sido una pena, pero lamentarse no solo no ayudaba, sino que perjudicaba. El Madrid debía seguir igual.
Y siguió. Primero Fede y Vini. Luego Arda. El Madrid acogotaba al equipo guardiólico e incluso provocaba errores en los pases.
Poco después del minuto 60, Tchouaméni cayó mal en una pugna con Rodri —que le pegó una patada en el aire, desequilibrándolo— y se lastimó el tobillo al caer. Su baja sería alarmante. Tras ser atendido, se reincorporó, pero no parecía sano.
Vini tuvo otra de las suyas: hacia adentro y con efecto al segundo palo. Se marchó por muy poco. Instantes después, Rüdiger salvó en la línea. El City se había repuesto porque el Madrid se había echado para atrás.
Cuando Arbeloa se disponía a hacer los cambios, Valverde se fue al suelo y se frenaron, pero Fede levantó el pulgar. Se marchó Güler y entró Camavinga. Restaban 20 minutos más la prolongación (y el partido de vuelta).
Poco faltó para que Rúben Dias no cometiera penalti sobre Brahim. Había controlado mal y la presión del 21 le puso en muchos aprietos. El defensor tocó primero balón.
A los Pep's boys —sin shop— no les quedaba otra que irse arriba. Un robo de O'Reilly a Thiago a metros de Courtois fue salvado milagrosamente por el mejor guardameta de la historia del balompié.
En el 75' salieron Franco Mastantuono y Manuel Ángel. Ocuparon el lugar de Brahim y Pitarch.
Si nos hubieran dado a elegir entre que se acabara el partido o marcar otro tanto, habríamos elegido no encajar ningún gol. Entre los cambios, el cansancio y el resultado, el Madrid, lógicamente, se había conservadurizado, pero lo justo. No se acongojó.
Haaland se fue del campo de nuevo sin haber demostrado gran cosa. Después, Trent dejó su puesto a Carvajal, que tendría que sellar con silicona el flanco derecho de la zaga los últimos minutos con el oficio de un veterano fontanero.
El Madrid seguía, de primeras, presionando la salida del City. Después, se replegaba. El compromiso blanco estaba siendo inmaculado.
A punto de llegar al 90', falta peligrosa de Manuel Ángel en la esquina del área. La jugada acabó como de costumbre, en las manos de Courtois.
Valverde seguía por arriba, por abajo y en el centro, aunque en esta segunda mitad no la hubiese metido pa'dentro. Portentoso. Menos de tres MVP parecía poco para el uruguayo.
Con una gran acción defensiva de Huijsen, concluyó uno de los mejores encuentros que se recuerda a los blancos.
A pesar de las bajas, el Madrid rayó a un nivel muy alto. Puede que Guardiola siga disponiendo del laboratorio más caro del fútbol moderno, pero el Real Madrid sigue poseyendo algo que no se compra: fe y leyenda.
Getty Images
Culers (se me hace raro llamarles "culers", aunque sea correcto semánticamente), les convoco a una reflexión para que analicen al candidato Laporta desde lo que les quede sano de sentido común. La mayoría tendrá la sensación, porque él lo dice, de que el Barcelona que se encontró en 2021 está mucho mejor en 2026. Para que intuyan hacia dónde va el club, sería muy fácil para mí hablarles de las docenas de artículos de Sostres y de las entrevistas con el veterano periodista en el canal de Angulo, que gana mucho cuando intervienen sus colaboradores y él se limita a hacerles preguntas.
Voy a tratar de contenerme. Limitándome a los hechos, sin caer en la tentación fácil y lógica de acusar al candidato de delincuente, manipulador, discapacitado moral o cualquier término que pueda sonar injusto o abusivo. Vengo a recordarles el pasado, entre 2003 y 2010, cuando Laporta cuadruplicó los emolumentos de Negreira buscando compensar, en sus propias y mentirosas palabras, "los 72 años de dominio madridista de los cargos del CTA".
Podría cebarme, más recientemente, con las palancas, con las presuntas estafas del caso Reus, con su inspiración a Soler para la manipulación de la Ley del Deporte, teledirigiendo el brazo político del Barça o con su exigencia desde la RFEF de la adulteración de su código ético para evitar el descenso y la retirada de títulos. Podría recordarles que hablamos de un club corrupto cuyos delitos están probados y prescritos por políticos prevaricadores y la gentuza del fútbol. Delitos que nunca desaparecerán, porque existieron. No lo haré. Sin embargo, es necesario mencionar que Laporta es el personaje central, el aprendiz de Núñez, el hilo conductor entre todas las corruptelas del Barcelona, la RFEF, el CTA, LaLiga y Mediapro.
La montaña de evidencias de corrupción deportiva que acumula la justicia española contrasta con el discurso indecentemente populista, ridículo y voluntariamente falso del candidato Laporta. La confianza en sí mismo, en su relato victimista, entretejido con la política, salpicado de su incuestionable amor a los colores (todos los villanos quieren a su madre) tiene que ver con ustedes, su audiencia: el culé promedio que piensa que Jota Jordi, José Álvarez o Gerard Romero son personas normales, incluso modélicas en su sentir barcelonista, ignorando la mierda en la que están enterrados hasta el cuello con su club.
Laporta suele responder a quien le pregunta, como se puede constatar en las entrevistas que ha concedido recientemente, que vive de los ingresos de su despacho profesional y que no cobra del Barcelona. Al menos, un salario regular.
En realidad, todos los que le persiguen: árbitros, instituciones nacionales, internacionales... lo hacen para ayudarle a ganar títulos, a tapar sus corruptelas o incluso a que las pueda ejecutar bajo protección política, mientras su némesis, el Real Madrid, esquiva a duras penas las balas en tiempo real del CTA
Miren, el despacho de Laporta facturaba anualmente unos 300.000 euros antes de su primer paso por la presidencia del club. Pongan un asistente, un par de abogados junior y dos socios. Una pequeña PYME de autónomos. Como tantas otras. Nada peculiar. Que experimentara un subidón de ingresos durante la primera presidencia de Laporta tampoco es raro aunque es bien sabido que los negocios sólo se hacen en el palco del Bernabéu.
Hacia 2009 el despacho Laporta & Arbós Advocats Associats facturó 4,2 millones. Por supuesto, nada que ver con el palco del Camp Nou, que tiene una capilla en la antesala para recogimiento de los invitados en lugar del típico lounge de canapés y bebidas de diferentes colores, sabores y contenido alcohólico del Bernabéu, donde se manejan todos los hilos, incluidos los del CTA, LaLiga, el CSD y la RFEF. Por eso el Real Madrid gana tanto en España y tan poco en Europa.
Hacia 2025, los datos equivalentes de otros despachos boutique con sólo dos socios principales apuntan a cifras entre 1 y 5 millones anuales de ingresos. Considerando gastos, 10 empleados y una sede en plena Avenida Diagonal, vamos a estimar una rentabilidad neta a repartir entre los socios, digamos, modesta. Pongamos que Laporta ingresa por su trabajo aproximadamente un salario de árbitro de 1ª división. ¿Qué cosas, eh? Pues el bueno de Jan se presentó ayer en la COPE con un reloj Richard Mille de un valor aproximado de 500.000 euros. Todo normal, ¿verdad? ¿No les recuerda a Manolete comprando pisos de 600.000 euros al contado con un sueldo equivalente? A mí sí.
Dejo elucubraciones al margen. El principal argumento de Laporta en su campaña es haber salvado al Barça de la ruina y haber cosechado éxitos deportivos. Vamos al turrón:
La campaña 2022-23 se saldó con Liga y Supercopa. Éxito deportivo, es un hecho. Recuerden, la liga de las inscripciones de Lewandowski, Raphinha y Koundé para las que necesitaron hipotecar por 667 millones de euros el 25% de los derechos televisivos del club por 25 años, crear de la nada (socios.com) 100 millones de euros para comprar un 24,5% de Barça Studios y sacar de la chistera de Roures (Orpheus Media) otros 100 millones por otro 24,5%. Por cierto, nadie vio jamás ese dinero. Ni Tebas, que aprobó la operación con una pinza en la nariz. Inyección de casi 900 millones de euros para poder inscribir. Sólo la compra de los derechos televisivos tuvo materialidad pasados dos años. LaLiga aceptó el enjuague. A fin de cuentas, Roures y Tebas son dos caras de la misma moneda.
La temporada 2024-25 fue aún mejor: Liga, Copa del Rey y Supercopa. Cuando el Barcelona gana, sólo gana de triplete para arriba, CTA mediante. En Europa es un poco diferente. Laporta trató de colar como ingreso 100 millones por la venta de los asientos VIP de un estadio en obras para inscribir a dos futbolistas (Dani Olmo y Pau Víctor). Tras la negativa de LaLiga, Laporta apeló al primo de zumosol, que probablemente “invitó” a Uribes, presidente del CSD, a confeccionar una medida cautelar delirante. El documento permitió las inscripciones en plena disputa de la Supercopa. Laporta andaba por allí, en Arabia, bebiendo agua a palo seco en el palco. Lo anterior no le impidió celebrar el logro vociferando y lanzando improperios contra los presentes, sospechosos todos de madridismo sociológico.
Laporta es el presidente que el Barcelona y los culés merecen y el que mejor se adapta a la idiosincrasia y los valors del club, al menos desde 1990. Voten, amigos
Esa temporada la UEFA impuso al Barcelona una multa de 60 millones por falsedad en su declaración de ingresos. Nadie se acuerda ya. Pagaron 15 millones condicionados a un posterior buen comportamiento que quedará en el olvido como la cautelar de Olmo, ya consolidada como instrumento aberrante de la discrecionalidad de un gobierno.
Laporta lucha contra todo y contra todos, dice. Especialmente lucha contra el sentido común, la decencia y la ley, pero al final, de algún modo, se las arregla para ganar. Un caso sorprendente de paranoia inversa, como las balas invertidas de Tenet, que viajan en el tiempo. En realidad, todos los que le persiguen: árbitros, instituciones nacionales, internacionales... le persiguen para ayudarle a ganar títulos, a tapar sus corruptelas o incluso a que las pueda ejecutar bajo protección política, mientras su némesis, el Real Madrid, esquiva a duras penas las balas en tiempo real del CTA. RMTV adultera la competición de Laporta por mostrar las imágenes de los caídos en combate mientras cada semana los árbitros de cabecera del CTA se convierten en leyendas blaugranas.
Vamos a ignorar que el auditor de las cuentas del Barcelona ha cambiado tres veces en los últimos cinco años por desavenencias con los criterios de reconocimiento de ingresos y calificación de activos. Vamos a ignorar que Grant Thornton se negó a admitir que Barça Studios jamás ingresó los 141 millones que Laporta quería registrar utilizando cualquier artificio contable, sabiendo que LaLiga no sería un problema. Vamos a pasar por alto que Crowe estuvo a punto de irse ya dos veces por el criterio de contabilización de un activo inexistente como los palcos VIP del nuevo estadio. Vamos a soslayar que la deuda total del Barcelona era de 1350 millones de euros y que a día de hoy es de un mínimo de 2500.
Como los romanos de La Vida de Brian, que no hicieron nada por Judea, excepto acueductos, el alcantarillado, las carreteras, la irrigación, la sanidad, la enseñanza, el vino, los baños públicos, el orden público y la paz, si exceptuamos la corrupción arbitral, la contabilidad creativa, las palancas fake, las comisiones de los fichajes y las plusvalías, la oscura selección de la constructora del estadio, el aumento de la deuda, la traición a la Superliga, el victimismo y la mentira patológica, las inscripciones fraudulentas y alguna cosa que se me olvida, Laporta es un gran presidente.
De hecho, Laporta es el presidente que el Barcelona y los culés merecen y el que mejor se adapta a la idiosincrasia y los valors del club, al menos desde 1990. Voten, amigos. La cochambrosa imagen planetaria de su club es lo de menos. Ustedes sigan viviendo en su pequeño país dentro de la ensoñación que él ha creado cuidadosamente para ustedes. Sigan a este personaje anacrónico, vendedor de crecepelo de feria ambulante, al músico de Hamelin con su flauta embaucadora que les mantiene en una suerte de hipnosis colectiva camino del precipicio. Es mejor escuchar la música que la verdad, pero la música terminará.
Getty images
02:27
Música de saxofón, romántica.
—Amigossss…
… amigasss…
La voz de Querubín Consuegra envolvía el estudio de radio. Aquella fría noche de principios de marzo era, para miles de oyentes insomnes, como el refugio de un brasero en una mesa camilla. Al escucharla, cálida, densa, una oleada de calor te subía por las piernas y recorría tu cuerpo como una serpiente. Cada palabra, pronunciada despacio, casi silabeada, venía precedida de una larga pausa que te abría como una lata de berberechos.
… amigues…
…queridos radioyentes de…
… Madridistas en la Noche…
…
(El saxofón sigue sonando, empalagoso, sube y baja de volumen para acoplarse a la voz de Querubín).
…
El programa que te arropa en la madrugada, que da forma a tus sueños y se convierte en la almohada de tus anhelossss.
Escuchas…
Madridistas…
en la noche.
¿Quieres abrir tu alma y contarnos todo aquello que te angustia? ¿Estás solo, necesitas desahogarte y sentir nuestra cercanía?
Soy Querubín Consuegra…
…te escucho…
…llámame…
(Suena de nuevo el saxofón…).
—Tenemos un oyente. Nos llama Herminio, de Langreo. Hola, amigo.
—Hola, Querubín, encantáu de falar contigo.
—Cuéntanos, Herminio, te escuchamos. Somos… Madridistas en la Noche…
—Nun puedo más, Querubín, toi desesperáu, ya no sé a quién recurrir.
—Dime…
—A ver, nun sé per ónde empezar.
—Por el principio, Herminio, déjate llevar, fluye, estamossss aquí…
…a tu lado.
—Soi ganaderu, madridista desque nací, tengo cuarenta y dos vaques.
(Largo silencio).
—A toes póngo-yos nomes de xugadores o títulos. Tengo Laquinta, Lasexta, Ladécima, Camacha, Genta, Raula; incluso hay una, la que ganó el título de Miss Vaca LLangréu 2022, que se llama Florentina.
—Entiendo.
—El casu ye que noté que cuando'l Madrid pierde dan menos leche, y claro, con la racha que llevamos, con el desastre de la temporada pasada y el de esta, el negocio se ha resentido.
(El saxofón deja de sonar y luego da una nota larga, desacompasada, como si el músico se hubiese atragantado)
—Ya… —dijo Querubín tragando saliva.
—Llevolo fatal, cago na puta, no sé si soy yo el que contagio a las vacas o las vacas me contagian a mí. Y mira que pasemos años bonos. Col triplete de Zidane batí'l récord de llitros.
—Y eso no te deja dormir. Te sientes solo, preocupado… Las vacas, amigo Herminio, ¿ya no dan nada de leche?
—Nah, cuatro gotes, ente lo del Albacete, Xabi Alonso, Negreira y l'añu que llevamos, les probes tán pasándolo fatal. Y eso que les he cambiado la tele que tenían por una de noventa pulgadas, la mejor, para ver si eso las animaba, y nada, un fracaso. Yo creo que me escuchan desde la cuadra: ellas mugen, yo grito, ya sabes, vemos la mierda de partidos que nos estamos tragando y nos retroalimentamos la mala leche, nunca meyor dichu.
—Herminio…
—Dime, Querubín.
—Tu caso es delicado.
—Sí, lo sé.
—Muy delicado. Vamos a ver si alguien, algún otro oyente, te puede ayudar.
Somos…
… Madridistassss en la Noche.
(Saxofón.)
Aquí seguimos, queridos insomnes de la madrugada, acompañando vuestras confidencias. Tenemos ya a alguien al otro lado del teléfono. Nos llama Francisco, de Soria.
—Dime, Francisco, cuéntanos.
…
…
—¿Francisco? ¿Estás ahí?
(Se oye un grifo, cacareos y ruido de cacerolas).
—¿Francisco?
…
…
—¿Hola?
—Hola, Francisco, cuéntanos.
(El saxofón se confunde con el kikiriki de un gallo).
—¿Habla conmigo?
—Sí, Francisco, estamos en antena, te escuchamos, somos…
…Madridistas…
…en la noche…
(Saxofón triste)
—¿Hola?
—Hola, Francisco.
—Hola, Manuel.
—Francisco, no soy Manuel, estás en Madridistas en la noche, en directo, en la Cadena Seis.
—¿No eres Manuel?
—No, Francisco, soy Querubín.
—Eso, Querubín, que me he liado, te llamo por lo del oyente de las vacas.
—Esta es tu casa, Francisco, te escuchamos.
—Yo llamaba por lo de las vacas.
—Sí, Manuel, te escuchamos.
—Francisco.
—Eso, Francisco, perdona, ¿puedes ayudar a Herminio?
—¿Quién es Herminio?
—El oyente de las vacas, Francisco.
—Ah, entonces sí, sí le puedo ayudar, yo he pasado por el mismo problema.
—¿También tienes vacas que dan menos leche?
—No, gallinas ponedoras. Tengo una granja de gallinas camperas. Y oye, lo mismito, si el Madrid pierde un partido no veo ni un huevo.
—¿Tus gallinas no ponen huevos cuando pierde el Madrid?
—Como lo oyes, se pillan un cabreo de tres pares de cojones y se pasan una semana en huelga de poniente.
—Francisco…
—Dime.
—¿Y esas gallinas están ahí, a tu lado?
—Sí, claro.
—¿Y cómo has solucionado el problema?
—Les he quitado las tertulias, el Chiringuito y los youtubers.
—¿Y tú crees que esto podría funcionar con las vacas de Herminio?
—Hombre, yo creo que sí. También te confieso que todo el problema no lo soluciona, pero al menos el sufrimiento pospartido te lo evitas.
—Gracias por tu aportación, Francisco, seguro que Herminio te lo agradece.
—De nada, ha sido un placer.
(Vuelve el saxofón, le cuesta arrancar).
—Seguimos acompañándote en esta fría madrugada para darte calor. Llámanos, abre tu corazón, no estás solo. La noche sigue y nosotros con ella.
(Saxofón).
—Nos llama Josefina, cuéntanos, ¿qué te trae esta noche hasta nosotros?
—Hola, Querubín.
Josefina suena apesadumbrada.
—Hola, querida amiga, te escuchamos.
—A ver, estoy un poco nerviosa. Yo también tengo un problema cuando pierde el Madrid.
—¿Tienes algún animal que se resiente?
—Sí, mi marido.
—¿Tu marido?
—Sí, cómo te lo diría, mi marido, Manolo Mercado, que está ahora roncando como un gorrino, cuando pierde el Madrid, se queda sin gasolina durante un mes, ya sabes, que no carbura, aquello no lo levantas ni con una grúa. No sé si me estoy explicando, me da vergüenza hablar de ello.
—Te entiendo perfectamente, Josefina. Gracias por tener la valentía de contarlo, estamos aquí para ayudarte. ¿Y cuando el Madrid gana aquello no mejora?
—Sí, pero poco, le puede más el disgusto que la victoria. Este año llevo sin hacer el amor meses.
—Vamos a ver si alguno de nuestros oyentes puede ayudarte, Josefina. Somos… Madridistas en la noche.
(Saxofón empalagoso, parece que ha recuperado el tino).
—Ya tenemos un nuevo oyente. Nos llama Manolo. Hola, Manolo, gracias por contactar con nosotros, ¿puede ayudar a Josefina?
—Y un carajo voy a ayudar a Josefina. Soy su marido.
—¿Su marido?
—Sí, ¿a quién se le ocurre airear nuestras miserias aquí, en antena, delante de todo el país?
—Manolo, no se enfade, piense que ella también está sufriendo. ¿No está su mujer ahí, a su lado?
—No, os ha mentido, la muy golfa está con mi cuñado, Rafa, el del Atlético, a ese lo de perder no le afecta, está acostumbrado.
—¿Su mujer le engaña con su cuñado?
—Con mi cuñado y con todo el vecindario. Partido que pierde el Madrid, cuernos que me caen. Me cagoen LA MADRE QUE LA PARIÓ.
—Manolo, respira hondo, tranquilízate. Hay más gente de la que crees que está pasando por la misma situación, seguro que alguno te puede ayudar. Somos…
—GILIPOLLAS, SOIS GILIPOLLAS.
(Manolo cuelga el teléfono de golpe, el saxofón se para y una risa contenida se filtra en antena).
Querubín se recompone.
—Somos…
…Madridistas en la noche. El silencio te habla, llámanos, la radio nunca duerme.
…
…
Seguimos escuchando historias. Tenemos otra llamada.
—Hola, amigo, la noche es tuya, cuéntanos.
—Hola, Querubín, soy Rafa, el cuñado de Manolo, te llamo para decirte que Manolo miente, yo no soy del Atlético, soy del Madrid. En fin, a lo que íbamos, que tengo una quesería y las ovejas cuando pierde el Madrid…
Getty Images, Gemini y Grok
¿Sabes qué jugadores han vestido la camiseta del Real Madrid y del Manchester City? ¿Y qué entrenadores han pasado por ambos banquillos?
Responde al cuestionario de los amigos de fcQuiz.
Getty Images