Las mejores firmas madridistas del planeta

Courtois: sobresaliente. Poco trabajo, pero casi dio otra asistencia y obró su milagro habitual. Es el Cristiano de la portería.

Carvajal: bien. Tiró de oficio.

Rüdiger: sobresaliente. Además de ser un reducto de madridismo, marcó un chicharrazo.

Huijsen: notable alto. Entonadísimo salvo algunos errores puntuales. Anotó otro golito.

Fran García: bien. Se vacía.

Valverde: sobresaliente. Es un despropósito, para bien. Gol para exhibir en un museo.

Thiago: notable. Desde que está en la sala de máquinas, engrasa el motor del Real Madrid.

Tchouaméni: notable. Es un fiera.

Camavinga: aprobado. Lastra su nota el gran error en el tanto ilicitano.

Brahim: bien alto. Le agarraron hasta del carnet de identidad sin que Gil Manzano tocase un pito. Falló una clara ocasión.

Vinícius: bien. Muy activo, aunque no anduvo acertado de cara a gol.

Gonzalo: aprobado. Marró un mano a mano.

Yáñez: notable. Salió y sirvió una asistencia a Dean.

Güler: matrícula de honor. Probablemente haya marcado el gol más lejano de la historia de Primera División.

Aguado: notable. Muy bien en defensa.

Manuel Ángel: aprobado. Autogol de mala suerte. De todos modos, estaba con la caña preparada el delantero del Elche.

Palacios: bien. Tiene una pinta maravillosa.

Arbeloa: sobresaliente. Probablemente dentro de unos años se hable de Álvaro como los Amancio y el Di Stéfano entrenadores de esta quinta en ebullición que no es del Buitre, pero tiene como referente veterano a un Halcón.

 

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Arbitró Jesús Gil Manzano del Comité extremeño. En el VAR estuvo Trujillo Suárez.

Qué degradación del extremeño. Lo que era hace un lustro y lo que es ahora. Un árbitro sin rumbo. Penaltis y tarjetas al limbo y un arbitraje bastante caótico.

Un agarrón que sí era tarjeta para los blancos tenía que hacerse por triplicado en el Elche para que se la mostrase en el equipo visitante. El ejemplo fue Camavinga, que la vio en el 53' por sujetar a Tebas. Los ilicitanos hicieron tres acciones similares: Cepeda a Brahim en la primera parte y Affengruber por repetido a Brahim y Palacios en apenas diez minutos. El austriaco solo la vio en el segundo agarrón al canterano.

Para terminar con los amonestados, también vieron tarjeta Valera por una entrada a Yáñez en el 62' y Rafa Mir por un golpe a Carvajal en el 87'.

Respecto a las jugadas polémicas hubo dos, ambas en el área visitante. La primera fue una pugna entre Fran y Pedrosa que terminó con el canterano en el suelo. Hay contacto, también al límite del área pero insuficiente para penalti. Al contrario fue la acción entre Redondo y Tchouaméni en el 41'. El argentino del Elche llega tarde y toca el pie del francés cuando iba a disparar. Penalti que Gil Manzano ignoró.

Gil Manzano, MAL.

Arbeloa dijo que su único objetivo era ganar al Elche y puso en liza un once acorde. No hubo descanso de entrada para Vini ni para Valverde ni para Tchouaméni ni para Rüdiger. Tampoco para el propio Arbeloa, por motivos que son necesarios explicar. Quienes sí descansaron de inicio fueron Güler y Trent, salieron Camavinga y Carvajal. Después de la exhibición ante el City, la liga es un bajón, pero el Madrid tiene la obligación genética de salir a ganar todo siempre. Enfrente, un equipo cuyos resultados no están a la altura de su calidad. Sarabia tuvo el detalle de vestir hoy normal. Al final, todo salió a pedir de boca. A Arbeloa le encanta que los planes salgan bien.

Antes del partido, se guardó un minuto de silencio en memoria del gran Vicente Paniagua. Descanse en paz.

Valverde de nuevo ocupó, cuando era necesario, el agujero de Mbappé. Y Gil Manzano, el destinado a los adictos al régimen a razón de 300.000 al año. Al inicio, el colegiado se encargó de escamotear alguna amarilla para los ilicitanos y no señalar las faltas cometidas a los atacantes blancos. El primer disparo fue de Tchouaméni, pero le salió flojo y fuera.

El Madrid trufaba el bloque medio con instantes de presión alta.

Antes del minuto 20, Camavinga y Sangaré chocaron cabeza con cabeza bruscamente. Camavinga sangró, pero el rival se quedó conmocionado y hubo de ser atendido largo tiempo por los servicios médicos. La cara del jugador era preocupante, parecía totalmente grogui. Hubo de ser cambiado por Pedrosa.

Sobre el 25' Fran García robó el balón al recién salido Pedrosa, quien lo derribó cuando entraba al área. Gil Manzano no dudó en ignorar el penalti, por supuesto. Antes, Vinícius, ese que al parecer no corre, había robado —corriendo— un balón peligroso, y Courtois intentó asistir de nuevo a Fede. El gran Nanook comentó: «A Courtois no le basta con ser el mejor portero de la historia, ahora quiere ser también quarterback»

Cuantas más bajas y adversidades se encuentra el Madrid, mejor resuelve la papeleta arbeloa y los futbolistas brillan más

Lo siguiente que hizo Hill Apple Tree fue no señalar tarjeta amarilla tras un fuerte agarrón de la camiseta a Brahim. Y varias faltas más no pitadas contra el Madrid y señaladas en contra por... no se sabe. No es nuevo, el Madrid ya sabe que ha de esforzarse el doble para ganar. El sistema se va reinventando para no dejar de «hodennos», como diría Hierro en los primeros años del Negreirato. Además, el Elche, como es lógico, se lo estaba poniendo difícil a los de Arbeloa.

Antes de llegar al minuto 40, falta escorada a favor del Madrid. La tocó Vini, la propulsó Fede, Dituro solo pudo quitarse el balón de en medio, y Rüdiger valverdizó el balón contra la red. 1-0.

Luego vino otro penalti, esta vez contra Tchouaméni, que se negó a señalar Gil Manzano. Del VAR no esperábamos nada. Pero lo que tiene más complicado robarnos el CTA son los trallazos de Valverde. La recibió en el área, recortó sin tijeras, y la pegó en la escuadra. Qué barbaridad de  futbolista.

Una de las siguientes jugadas, el juez de línea pitó fuera de juego preventivo a Vini cuando se quedaba solo. ¿Cómo era eso de dejarla seguir y luego levantar la bandera? No era órsay por un metro. A calzón quitao.

Descanso. 2-0. El sistema lo intentó por todos los medios, pero solo consiguió evitar que la ventaja en el marcador fuera más amplia.

La reanudación comenzó con una cabalgada de Fede, de esas en las que se ve cómo suben y bajan los pistones de su V8, mas el defensor se anticipó al zambombazo del uruguayo.

Poco después, Brahim se adelantó a Chust tras pase magistral de Huijsen, pero cuando estaba solo frente al meta, y con Vini al lado solo, lanzó a la escuadra, pero por fuera.

El Madrid estaba compitiendo de maravilla, acertado con el balón y solidario sin él. En el Elche jugaba Redondo —hijo del Príncipe—, pero quien estaba realizando un partido así era el Madrid, que está a un nivel que no se veía desde que se ganó la 15.

En el minuto 54, le dieron un manotazo a Valverde en la cara y le mostraron amarilla a Camavinga. Arbeloa preparaba un triple cambio que terminó realizando cuando se detuvo el juego por segunda vez, porque la primera fue motivada por un córner en contra. Gonzalo, Yáñez y Güler por Tchouaméni, Valverde y Vini. Al rato, quien se marchó a descansar fue Antonio. Lo sustituyó Aguado. Luego, Brahim y Thiago, fuera; Manuel Ángel y Palacios, dentro.

A quien no cambiaban era Gil Manzano, que seguía desempeñando su papel a la perfección.

El Castilla, con algunos futbolistas del primer equipo, se enfrentaba a la última media hora del choque. Y vaya si lo hicieron bien. Yáñez, nada más salir, sirvió una fenomenal asistencia aérea a Huijsen, quien remató de cabeza a gol como un jugador de baloncesto. 3-0 y Courtois de portero.

Si este partido lo estuvieran jugando los de Negreira, los comentaristas, periodistas y expertos estarían ya con las rodilleras colocadas dispuestos a realizar aquello por lo que les pagan. Los que no tenemos ni idea de fútbol, nos limitábamos a disfrutar de los chavales y de los no tan chavales.

En el 78', Gonzalo se jugó un mano a mano con Dituro y lo perdió. Dos minutos después, entre Aguado y Manuel Ángel evitaron el primer tanto ilicitano. Sin embargo, no pudieron evitarlo en el 84' cuando un error grave de Camavinga terminó en gol en propia puerta de Manuel Ángel al intentar despejar. 3-1.

Y entonces llegó Güler y disparó desde Nuevos Ministerios. Gol cometa Halley. Histórico.

Final, 4-1. Cuantas más bajas y adversidades se encuentra, mejor resuelve la papeleta el técnico blanco y los futbolistas brillan más. El Real Madrid, mejor (casi) imposible.

Ancha es Castilla, y Arbeloa lo sabe.

 

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“No valía para el Deportivo”. La frase me la recuerdan con toda la ironía posible muchos paisanos coruñeses cuando nos juntamos a ver al Real Madrid. Fede Valverde llegó a La Coruña cedido en la temporada 2017-2018, un desastre de año para el Dépor, que terminó en Segunda División, y aún encima por culpa de una derrota contra el Negreira Fútbol Club. Hasta tres entrenadores tuvo Valverde aquella temporada: Pepe Mel, Cristóbal y Clarence Seedorf. Nunca tuvo asegurada la titularidad, fue sustituido con insultante frecuencia y, excepto a final de temporada, su puesto osciló nerviosamente de interior izquierdo a mediocentro ofensivo, hasta que se hizo fuerte en un lugar bastante parecido al que hoy cubre en el Real Madrid. De todos modos, una grave lesión de rodilla terminó de frustrar aquella aciaga temporada en el Deportivo. Espero que al menos haya disfrutado el marisco.

Al ver el recital contra el City, recordaba la cantidad de veces que la prensa, la directiva o sus entrenadores decían o insinuaban en aquellos lejanos días que Federico Valverde “no valía para el Dépor”, que para colmo no era ni la sombra de aquel SuperDépor que fue, sino que viajaba en caída libre al infierno de donde —si Dios ayuda— tal vez salga este año.

Desde entonces hasta hoy, Valverde se ha ido construyendo paso a paso, como si estuviera encargando las piezas a Alemania. Ha crecido físicamente, ha aprendido muchísimo a dosificar esfuerzos y tiene una disposición táctica en el campo inigualable; sabe dónde tiene que estar y tiene los pulmones suficientes como para correr hasta el lugar requerido, aunque a veces nos parezca imposible que pueda llegar.

El partidazo del otro día no fue de Valverde en exclusiva. Lo cierto es que casi todos dieron lo máximo físicamente sin ahorrarse ni un solo esfuerzo, pero, en el caso de Valverde, dar lo máximo físicamente significa dar cinco veces lo que cualquier jugador normal puede alcanzar. De los tres golazos que logra, me quedo con el tercero porque, además de ser una obra de arte, me trae recuerdos divertidos.

casi todos dieron lo máximo físicamente contra el City sin ahorrarse ni un solo esfuerzo, pero, en el caso de Valverde, dar lo máximo físicamente significa dar cinco veces lo que cualquier jugador normal puede alcanzar

Lo habrás visto mil veces. Brahim pone un balón absolutamente increíble —el golazo posterior no debería hacer que olvidáramos esto—, y Valverde llega ganando la posición, se marca un sombrero de mago, y fulmina después a Donnarumma. Me divierte el gesto porque, como sabes, Valverde tiene un cañón en la pierna. Un cañón tan potente que no le sale natural golpear la pelota con sutileza, y cuando ha de hacer pases suaves se le ve siempre como forzado, como conteniendo a la bestia. Y es exactamente lo que hace en ese gol.

Lo natural habría sido que Valverde hubiera reventado el balón a la primera, atravesándole el estómago al defensa que, por la proximidad, difícilmente habría sobrevivido. Pero Valverde, más inspirado que nunca, contiene la fiera de su pierna para hacer un sombrero delicadísimo, antes de fusilar a Donnarumma.

NPI

El asunto de la fuerza y la sutileza futbolera me ha recordado a los años de escuela. La reja que protegía el campo de fútbol de mi colegio no era demasiado alta y pocos metros atrás se alzaba un gran hospital. Por esa terrible circunstancia, mi generación tiene el récord del mundo en golpeo de pacientes a balonazos, aunque sé que tampoco es un récord del que debamos andar presumiendo. Tratamos de evitar lanzar el balón por encima de la reja, más que nada porque, cada vez que ocurría, el proceso de recuperación del esférico duraba diez minutos. Había que ir a buscar al más bajito de la clase, el único que cabía por el agujero de la reja que habían hecho los perros, lanzarlo por allí a la carretera —los niños de los 80 teníamos siete ángeles de la guarda por barba—, recuperar el balón, y devolverlo por encima de la reja con acierto, que el más pequeño tampoco era el más habilidoso con la pelota y eso complicaba la operación.

Así, a menudo te caía en la frontal del área un balón que deseabas empalmar como si fuera la última vez, con toda tu alma, pero pensabas en un microsegundo que eso podría dar al traste con el recreo, si salía fuera del recinto, y entonces decidías contenerte con alguna filigrana al estilo de las que se marca Valverde cada vez que el cuerpo le pide destrozar la pelota y finalmente decide cualquier opción, como bajando de marcha de cuarta a segunda.

Batallitas al margen, el colosal partido del uruguayo contra el City nos recuerda dos cosas. Por un lado, qué bonito contemplar aquella temporada del 2017 y ver a dónde ha llegado casi diez años después. Y por otra, es cierto que Valverde no es suficiente para solucionar todos nuestros problemas, pero no olvidemos que con un equipo esforzándose alrededor y una posición táctica atrevida, puede partir en dos hasta los encuentros más complicados. Es algo así como una superestrella sin límites, que puede llegar tan lejos como se lo permitan sus compañeros y el entrenador. Ojalá se convierta en el despertador del Real Madrid de la temporada 2025/2026.

 

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La aparición de Meca en el Real Madrid es una de esas recordadas de un delantero canterano como en su día ocurrió con Morales, Portillo o Raúl, aunque en este caso a un nivel superior. El murciano surgió en un momento complicado del equipo blanco, en 1999, y lo hizo conjuntamente con otro compañero entonces del Real Madrid B, el argentino Rolando Zárate.

José Manuel Meca nació el 19 de agosto 1978 en Águilas (Murcia). Fue en su localidad natal y en el Águilas CF donde dio sus primeros pasos después de una larga preparación con su padre, con quien entrenaba dos horas diarias desde pequeño. Su nombre comenzó a sonar en la provincia y un ojeador del Real Madrid lo vio y lo recomendó al cuadro blanco.

Fichó para jugar en el Cadete B merengue en 1992. Así inició su ascenso en la cantera, pasando por el Cadete A, Juvenil B, Juvenil A, Real Madrid C y Real Madrid B. Cuando estaba en primer filial, y antes de irse cedido un curso a la Cultural Leonesa, la revista oficial del club publicó un reportaje sobre el delantero. En esas páginas se podían leer declaraciones suyas en las que afirmaba que ser futbolista es la “profesión más bonita. Entrenar, jugar, viajar… Todo es divertido”. Además, soñaba con jugar en el primer equipo: “Quiero vivir del fútbol, y si puede ser en el Madrid, para llegar algún día”. Meca era un delantero centro incisivo, rápido, de buenos movimientos y con olfato de gol. Ambidiestro, disponía de un gran disparo y era un buen rematador de cabeza.

El inicio de la temporada 1999-2000 fue turbulento en la casa blanca. El galés Toshack fue cesado en el mes de noviembre y Del Bosque se hizo cargo de la situación. Las bajas en la delantera de Morientes y Baljic, y el particular ‘caso Anelka’ (aducía molestias, pero las resonancias no encontraban nada), obligaron al entrenador a echar mano de una cantera que tanto conocía. En la jornada 13, para el partido en Balaídos contra el Celta, el delantero murciano entró en la convocatoria para un partido oficial. Antes, en el mes de septiembre, ya había debutado en un amistoso contra el Toledo con Toshack en el banquillo.

Meca también guardaba un grato recuerdo de Valdano, que lo subió a entrenar cuando era un juvenil, y de Fabio Capello, que tras una recomendación de Toni Grande lo mantuvo en los entrenamientos del primer equipo por dos meses. Por entonces, el canterano habló en Marca y cuando lo llamaron reconoció sentir “un cosquilleo extraño al salir al campo del primer equipo”. También comentó que “Capello me dijo que tenía que meter más la pierna, que luchara más, que me iba a exigir porque era un jugador de calidad”. Por último, se emocionaba al recordar sus “tiros a puerta y marcando mi primer gol, aunque sea en un entrenamiento, fue bonito. Luego disfruté marcando goles a Illgner”.

El choque ante el Celta se disputó el domingo 28 de noviembre. Al descanso vencían los celestes con un tanto del futuro madridista Celades. Con el paso de los minutos, y sin conseguir la igualada, Del Bosque dio entrada a Meca. El delantero entró por Julio César y disputó los últimos 25 minutos. En AS lo calificaron de aprobado por su condición de debutante y al término del duelo se mostró “feliz por mi debut, pero triste por el resultado. No me esperaba que pudiera saltar al terreno de juego, para mí ha supuesto una gran alegría”.

Durante la semana concedió una entrevista personal a AS en la que declaró que “espero que esta oportunidad no se quede ahí, quiero triunfar”. Además, avisaba de que “yo jugaría hasta con molestias”. Y también recordó aquel entrenamiento en época de Valdano donde “fue un lujo poder participar en unos rondos con Laudrup: era un crack y estar a su lado fue increíble”.

El canterano, antes de finalizar el año, tuvo minutos en el amistoso entre el Real Madrid y un combinado de la Liga en el partido contra la droga en el Santiago Bernabéu. Fue a partir del mes de enero del 2000 cuando comenzó a jugar con más asiduidad. En apenas dos semanas, saliendo desde el banquillo, disputó los encuentros en casa de Liga frente a Mallorca, Real Betis y Athletic Club. Luego, también debutó, jugando siete minutos, en Copa en la vuelta de 1/8 de final contra el Real Zaragoza en el coliseo blanco.

Su primera titularidad oficial fue precisamente en el torneo del KO en la ida de los 1/4 de final contra el Mérida en casa. Meca jugó los 90 minutos, el Real Madrid venció por la mínima y el atacante dio la asistencia del gol a Zárate, tras fallar un mano a mano con Raúl Iglesias, y después centrar a su compañero. Tres días más tarde repitió titularidad en Liga en el compromiso también en el Santiago Bernabéu contra el Málaga. Formó pareja titular con Raúl por una enfermedad de Morientes, y cuando el siete se lesionó, lo hizo con su compañero en el filial Rolando Zárate. El cuadro blanco ganó con un tanto del argentino y Meca estuvo “desaparecido” según la crónica de Pedro Pablo San Martín en AS.

Si Zárate decidió con un gol ante los malagueños, la gloria para el murciano llegaría apenas tres días después. El Real Madrid debía visitar Pucela en un choque aplazado por el Mundial de Clubes de Brasil. Meca no fue de la partida, pero con empate a cero Vicente del Bosque le otorgó la última media hora de juego. Entró sustituyendo a Ognjenović y a falta de cinco minutos marcó el tanto de la victoria. Su único gol oficial en el primer equipo. El canterano recogió un balón perdido en la frontal del área y con un certero disparo con la derecha consiguió batir a César.

Para el diario AS, mereció la consideración de ‘El crack’ porque “logró un gol importantísimo. Estuvo muy activo desde que Del Bosque le metió en el campo y llevó su nombre al marcador”. Al final del encuentro manifestó que “la cantera está para algo y lo sigue demostrando. Soy feliz al haber marcado un gol que nos ha servido para ganar. Venir aquí y ganar es impresionante, porque en los últimos partidos no estábamos jugando bien”. En una entrevista en Relevo en 2025, él recordaba así su gol: “La jugada nació en un córner que sacó Guti, la defensa del Valladolid despejó, hubo una serie de rechaces, para allí, para allá y me llegó a mí el balón, controlé fuera del área con la izquierda y la pegué con la derecha. Entró”.

Aquella semana, el de Águilas fue protagonista en la prensa deportiva con sendas entrevistas en AS y Marca. En AS explicó que su siguiente objetivo era “marcar el 26-F ante el Barça” y reivindicó la cantera blanca porque “ha sabido tirar del carro; hemos respondido cuando se ha recurrido a nosotros”. Mientras que en Marca confesó que “ahora resultaría duro volver al filial”, agradeció el apoyo de Del Bosque porque “es una persona valiente que ha confiado en nosotros cuando un técnico extranjero seguro que hubiera exigido fichajes”. Y afirmó, como deseo, que “quiero retirar a mi viejo de trabajar y, si sobra, me compraría un coche”.

Meca continuó en dinámica de la primera plantilla, siendo un cambio habitual para salir en las segundas partes. Volvió a jugar contra el Mérida en la vuelta de 1/4 de la Copa y luego en las visitas ligueras a Valencia y Oviedo. Otro sueño que cumplió fue el 14 de marzo del 2000, cuando debutó en la Champions League. El conjunto madridista estaba inmerso en la segunda liguilla de la competición europea y en la jornada 5 visitó el Bernabéu el Dinamo de Kiev. A falta de media hora los ucranianos vencían por 1-2 y Meca entró al campo por McManaman. Unos minutos después, un tanto de Roberto Carlos igualó el partido con un Meca que según el cronista Pedro Pablo San Martín de AS “explotó su velocidad por la banda izquierda”. Con el equipo en pleno ascenso de juego y de recuperación de efectivos en ataque, el canterano apenas volvió a jugar salvo quince minutos contra el Alavés en la antepenúltima jornada de Liga.

El murciano vivió uno de sus mejores días como futbolista cuando el Real Madrid conquistó la ‘Octava’ ante el Valencia en París. Meca no estuvo en la convocatoria y se quedó en la grada vestido de calle junto a varios canteranos más. Pero luego se le vio en la celebración en el césped de Saint-Denis, en los vestuarios y al día siguiente en Cibeles con la Orejona. Su media hora ante el Dinamo le convertía oficialmente para la UEFA en campeón de Europa.

Tras terminar la temporada restaba un asunto muy importante por abordar: su renovación. El murciano finalizaba contrato y no había llegado a un acuerdo con el club madridista. Durante un tiempo hubo dudas sobre si iba a continuar en la casa blanca, contaba con ofertas para salir cedido e incluso estuvo muy cerca de marcharse al Bolton, llegando a viajar y a entrenar una semana con el conjunto inglés. Sin embargo, terminó estampando su firma por cuatro temporadas más.

La desilusión llegó cuando el curso siguiente, tras un verano movido en la capital con elecciones, cambio de presidente y fichajes de renombre, el de Águilas volvió a la disciplina del filial. Así recordaba en Relevo aquellos momentos: “Yo quería… A ver, yo entendía en esa época que era muy difícil quedarse en el primer equipo. Era consciente de eso, no soy tonto. Al final nada cuajó y me tuve que quedar en el Madrid. Pero en el filial. Yo creo que el Madrid me quiso vender, se lio todo y al final la historia se complicó un poco. Tuvimos un verano complicado”.

Meca completó la campaña con el Real Madrid en 2ªB y marcó 10 tantos, pero no volvió a jugar con el primer equipo ni siquiera en amistosos. Para del de Águilas, como confirmó en Relevo, fue “un año complicado, porque de jugar en Primera vuelves al principio de nuevo. Pero bueno, al final te adaptas y tienes que tirar con lo que tengas. Siento que me cortaron la carrera. Sólo quería una cesión, no pedía mucho. Pero es verdad que la gente que estaba allí me puso muchas trabas”. En el verano de 2001 le invitaron a marcharse pese a que le quedaban tres años de contrato. Tenía 22 años y su periplo en el filial blanco había llegado a su fin. Entre las ofertas que recibió aceptó la del Elche, que militaba en Segunda, que le ofreció los tres años que le restaban en el club blanco.

Al cuadro ilicitano llegó como uno de los grandes refuerzos en un mercado en el que también incorporaron al guardameta canterano Valerio, el serbio Tasevski, el marroquí Moha, el veterano portero Diezma o el delantero Serrano. Con Julián Rubio como técnico, no consiguió la titularidad por la gran competencia en un ataque en el que destacaba Nino. Rubio lo utilizó como revulsivo y su papel fue jugar en las segundas partes. Logró seis tantos, dio la victoria en los choques en casa contra el Sporting y el Nástic, y vivió su mejor tarde con un hat-trick ante el Real Oviedo en el Carlos Tartiere.

En su segunda campaña tuvo más protagonismo en la parte central de la temporada, formando sociedad en ataque con Nino, Serrano o Raúl Ivars. Sus guarismos subieron y consiguió ocho goles que sirvieron al Elche para salvar la categoría tras llegar el nuevo técnico Casimiro en las últimas jornadas. A Meca le quedaba un año de contrato, pero en el verano de 2003 el nuevo técnico Cantarero lo dejó sin ficha.

En el mercado de enero de 2004 se rumoreó con una salida al Borussia Dortmund, que estaba interesado en sus servicios. Sin embargo, la operación no se concretó. La llegada de Ruggeri como entrenador le abrió de nuevo las puertas del equipo y se le hizo ficha para la segunda mitad del campeonato. Terminó disputando nueve encuentros con una sola titularidad, y de los 6 y 8 tantos de sus dos primeras temporadas, Meca pasó a solo uno contra el Recreativo de Huelva.

Tras acabar su contrato, el delantero aguileño se tuvo que operar de una importante lesión de aductores que le mantuvo de baja ocho meses. Bajó a la categoría de bronce y firmó por el Racing de Ferrol. Prácticamente el resto de su carrera fue en 2ªB, vistiendo también las camisetas del Jaén, Lanzarote, Gramanet, Orihuela, Atlético Ciudad y Lorca Atlético. Al final, como despedida, colgó las botas en Tercera División, jugando en el Águilas FC de su pueblo cuando contaba con 34 años.

En una entrevista para AS en 2022, reconoció que tanto Real Madrid como Elche son “los dos equipos de mis amores”.

 

Fotografías: archivo de Alberto Cosín

Buenos días, amigos.

Con la sonrisa bobalicona aún dibujada en nuestros rostros tras la fenomenal exhibición del miércoles ante el City, toca volver a la realidad de la Mugrienta Liga Negreira. El contraste es enorme y sucede que, en ocasiones, en numerosísimas ocasiones, parecen deportes distintos. El buen juego de ambos equipos en la eliminatoria de Champions, con generosidad de esfuerzos y sin sospechas sobre el de amarillo, contrasta con un campeonato incómodo en el que la reiteración de faltas y las pérdidas de tiempo no reciben castigo, partidos en los que la dureza no se sanciona, rematados por la chulería de unos culegiados que logran sacarnos de quicio. A veces logran algo más difícil: que desistamos de ver un partido del Madrid por el dolor de muelas que supone.

Toca quitarse la sonrisa, ponerse de nuevo el mono de trabajo y continuar con las buenas sensaciones recuperadas tras las últimas victorias ante el City y el Celta. Como bien dijo Álvaro Arbeloa en la rueda de prensa previa al partido: “No nado en halagos. Tras el primer tropiezo que tengamos, se me volverá a mirar con dudas, se cuestionará el próximo cambio que haga”. El rival de esta noche, el Elche, es un equipo que desarrolla un muy buen juego colectivo (podéis leer a Alberto Cosín glosar sus virtudes) y Arbeloa tendrá que tirar de la cantera para presentar el mejor once posible mientras trata de rotar y reservar jugadores para lo que será el martes un partido terrible. La prensa deportiva española, autoproclamada sin vergüenza alguna como “la mejor del mundo”, continúa en sus mundos de Yupi extremos y polarizados. Si hasta hace nada la cantera no aportaba nada y la gestión era un desastre, hoy ocupa la portada del diario As con un llamativo:

“La Fábrica funciona”. Así es, y en esta “nutrida” redacción se celebra. Lo cierto es que estas últimas semanas las incorporaciones al equipo que ha hecho el técnico Arbeloa nos han transmitido muy buenas vibraciones: Palacios, Manuel Ángel, Cestero y, especialmente, Thiago Pitarch. El diario As destaca en portada a este último y anuncia “siete canteranos para suplir las nueve bajas blancas ante el Elche”.

No será fácil, pero esto es el Real Madrid, un equipo capaz de golear al Manchester City y de perder en casa con el Getafe o de sufrir de más con el Elche. Hasta hay quien dice que la mejor manera de que el Madrid pase la eliminatoria en el Etihad es volviendo al pozo de LaLiga y palmando esta noche, sabedores, quizás, de que nada hay más peligroso que un Madrid (aparentemente) hundido en el fango.

“Prohibido bajar la guardia”, reza el titular. Arbeloa quiere pelear la MLN pese a las dificultades y lo dejó claro durante la rueda de prensa: “Nos estamos jugando la Liga, es un partido importantísimo. Queremos un ambiente parecido al del City”. Bien sabe el bueno de Álvaro que tal cosa es imposible, pues pocas cosas hay parecidas en esta vida a una previa de Champions en el Bernabéu, pero como mensaje sobre la relevancia que le da al partido de esta noche está muy bien.

El Atleti se toma su partido de esta tarde como un curioso homenaje a una banda de mafiosos, los Peaky Blinders. Quizás sea un guiño indisimulado a la materialización del pelotazo que han dado Gil Marín y Enrique Cerezo con la firma del acuerdo de venta del club al fondo Apollo. En contraposición al refranero español y ese “a perro flaco, todo son pulgas”, con esta operación podríamos decir que “a-pollo gordo, todo son perras” para los prescritos. El subconsciente nos ha traicionado y al leer “Partido trampa ante un jeta lanzado” hemos pensado inmediatamente en el Barça-Sevilla de mañana con Laporta inmerso en plena campaña electoral, pero no era así, sino un titular sobre el Malakito y el encuentro ante, esto sí, “un Geta lanzado”. Bordalás sigue haciendo milagros.

El trabajo de portanalista puede ser muy duro un día normal, pero los lectores no se hacen a la idea de lo que supone acercarse a los diarios cataculés en plena campaña electoral a la presidencia del Barça. Así que continuamos el repaso con “el jeta lanzado” y la jornada de irreflexión culé:

El candidato Joan Laporta ha demostrado a lo largo de toda su vida lo que es: populista, mal gestor, macarra, pendenciero, cuadruplicador de pagos a Negreira y la mayor colección de SIN que se recuerda desde que Coca-Cola empezó a lanzar versiones de su bebida: sin clase, sin ingresos, sin vergüenza, sin pudor, sin ética, sin decir una sola verdad, sin límites… y sin castigo. Por todo ello, sabemos que arrasará al candidato Víctor Font, definido por Laporta como “un tecnócrata escondido detrás de un Excel”. Donde esté un jeta lanzado escondido detrás de un botón de americana a punto de estallar que se quiten los demás. Y el populacho culé lo sabe y lo adora, no necesita esta jornada de irreflexión. Laporta refleja sus miserias y por eso mismo repetirá en el cargo, no tenemos ninguna duda. Los mismos que nos insultan cada vez que mencionamos a Negreira y nos espetan que “esto es un caso claro de desvío de fondos a bolsillos de los directivos” acudirán en masa a votar al que se supone que les ha estado robando. Así son y por eso se merecen cuatro años más de Joan Laporta. O aún más, como vemos que indica en el faldón superior del diario Sport:

“Seré presidente del Barça hasta que muera”. Guardad este titular, pues la vida de excesos del presidente podría terminar convirtiendo esta fanfarronada en real antes de lo que se imagina. Por cierto, ligamos la frase del populista Joan a otro titular: “Fallece Enric Reyna, expresidente del FC Barcelona”. Para quien no lo recuerde, Enric Reyna presidió el Barça entre la dimisión de Joan Gaspart en 2003 y la llegada de Laporta tres meses después. Que se sepa hasta la fecha, fue el único presidente del Barça de los últimos treinta años que no pagó a Negreira, descanse en paz.

Nosotros a lo nuestro, a mantener las buenas vibras esta noche ante el Elche. Que paséis un buen día.

Alguna vez hemos mencionado la eterna división de temperamentos existente entre el madridismo de la Generación del 98, pesimista y con ansias regeneracionistas, y el madridismo de la Generación del 27, de vanguardia y con un carácter vitalista, que en ocasiones roza la ingenuidad. La brecha ha existido de manera constante, aunque el grueso de la masa social no suela identificarse del todo con ningún bando, sino que a menudo oscile en función de las circunstancias. El avispado lector habrá adivinado que, en esta aciaga temporada, la escéptica —y un punto sombría— perspectiva de los noventayochistas obtiene una elevada proporción de adhesiones. No soy yo nadie para juzgar: un servidor, que además literariamente siente predilección por los escritores españoles de dicho período, no necesita demasiado para caer en el desaliento.

Leer a Pío Baroja es siempre un gusto, si bien quizá en la previa de una eliminatoria decisiva de Copa de Europa entre el Manchester City y el Real Madrid constituya una resignada declaración de intenciones. Pero, en cierto sentido, también puede resultar ilustrativo. En su más famosa obra, de 1911, el novelista vasco plantea la disyuntiva entre abrazar el árbol de la ciencia, representante del conocimiento, la lucidez, la conciencia crítica y el sufrimiento, y el árbol de la vida, paradigma de la adaptación instintiva, según la cual prima más el no analizar tanto, el vivir siguiendo las costumbres, con cierta inconsciencia más o menos feliz. A las nueve de la noche del miércoles, muchísimos madridistas deseábamos afrontar el choque ante los de Pep Guardiola tumbados a la sombra del segundo árbol; de igual modo, cabe reconocer que el denuedo de la mayoría era en vano, y acabamos sentándonos ante el televisor colgados de las robustas ramas del primero.

Por otro lado, esta disyuntiva arbórea no solo puede aplicarse a los estados de ánimo de los hinchas merengues. También tendría una lectura más cercana al juego: la diferencia entre un planteamiento cuidado y meticuloso, pizarril, con nulo espacio para la improvisación, y un plan más basado en el libre albedrío de los jugadores, sostenido principalmente por su libertad creativa —ese “poder de la amistad” con el que algunos han tratado de ridiculizar los magisterios de Zidane o Ancelotti—. En el libro de Baroja, Iturrioz trata de establecer una cuadratura del círculo que convenza a su abúlico sobrino: quiere abrazar el árbol de la ciencia sin renunciar al vitalismo. Cuando Andrés Hurtado no parece confiar, le responde con estas palabras: «Para llegar a dar a los hombres una regla común, una disciplina, una organización, se necesita una fe, una ilusión, algo que, aunque sea mentira salida de nosotros mismos, parezca una verdad llegada de fuera».

El delirio llegó a cotas tan elevadas que tuvo que fallar Vinícius un penalti para recordarnos que la vida no siempre se pliega a nuestra voluntad. Vuelvan a leer esta última frase, despacio. Las noches blancas europeas son inefables

Contra todo pronóstico —nuestro—, eso fue el Madrid la otra noche. Orden, jerarquía, disciplina, esfuerzo, voluntad y pasión. Con Valverde erigido como impresionante arquetipo del hombre de acción barojiano. Sus goles fueron actos de pura audacia que desafiaron la razón: una asistencia de Courtois o un sombrero de Pelé; arranques enérgicos de individualismo del jugador más al servicio del colectivo en todo el partido. Alguien dirá que resulta inconcebible que, después de haber visto cosas increíbles en ese estadio, nos sigan sorprendiendo. Pero es así: nadie en su sano juicio, ni siquiera el aficionado más recalcitrante y más acostumbrado a echar órdagos, puede evitar el reflejo de frotarse los ojos cuando el equipo entra en uno de sus trances arrolladores. Los madridistas somos humanos, y quien más y quien menos sabe que la existencia está salpicada —a veces llena, ay— de sinsentidos inevitables. Por mucho que la alimentemos, nuestra fe no es suficiente para dejarnos llevar del todo por la convicción de que el destino, en el Bernabéu, está escrito. Y, sin embargo, hay noches en que el Madrid se esfuerza en hacernos creer lo contrario. Contra el City, volvió a suceder. El delirio llegó a cotas tan elevadas que tuvo que fallar Vinícius un penalti para recordarnos que la vida no siempre se pliega a nuestra voluntad. Vuelvan a leer esta última frase, despacio. Las noches blancas europeas son inefables.

La eliminatoria sigue abierta, y el martes volveremos a debatirnos entre la conciencia crítica y la esperanza irracional. En esa tensión barojiana donde late el corazón del Madrid. Entre el árbol de la ciencia y el árbol de la vida, o más bien por encima de ellos. Un escudo que, incluso en los años más desventurados, absorbe de ambas raíces y nos da cobijo perenne, sin pedir nada a cambio.

 

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NPI. Ni pastelera idea, estimado galernauta. Pese al tesón y el empeño que denotan cuarenta años de asistencia con una regularidad cuasi religiosa al Santiago Bernabéu, no he aprendido nada. Ocurre algo parecido a una escena de El Padrino III. En ella, Pacino, es decir, Michael Corleone, conversa con un sacerdote. Este le cuenta que hay personas que son como una piedra sobre la que ha goteado agua durante milenios. El líquido elemento puede haber erosionado su exterior o no, mojarlo con una paciencia que sólo las magnitudes temporales geológicas pueden explicar, pero por dentro la roca está seca como siempre ha estado. Nada ha calado. Estoy en condiciones de confirmar que no soy Michael Corleone, no así la piedra. Debe haber algo porfídico, metamórfico o magmático en mí, porque me identifico muchísimo con el guijarro en cuestión.

NPI

Cuarenta años no han servido para hacerme cejar en el empeño de intentar comprender lo que ocurre en nuestro estadio en muchas noches europeas. Asistí al partido del miércoles con un espíritu que combinaba vinagrismo con el de cualquier res entrando al matadero. Mis amigos pueden constatar que mis metáforas, tan soeces como hiperbólicas, reflejaban tal actitud. De hecho, los primeros minutos de partido me hicieron indignarme, pues pensaba que el Real Madrid encaraba el encuentro contra el City como lo haría el Palamós de Puche II, eximio goleador. Francisco Javier Sánchez Palomares, enorme amigo, Marqués de la Galerna, Duque de Concha Espina y Conde de los Sagrados Corazones, me sacó de mi error. El Madrid simplemente estaba compitiendo.

El Real Madrid solamente sabe hacer una cosa, y es competir. Cuando se compite, se puede ganar, pero la victoria sin competir es imposible

La sencillez es la madre de la genialidad. Vivo tan embebido en las múltiples señales negativas emitidas por nuestro equipo, tan ofuscado por el ruido externo de cronistas, opinadores, insiders y sesudos analistas, que olvidé que el Real Madrid solamente sabe hacer una cosa, y es competir. Cuando se compite, se puede ganar, pero la victoria sin competir es imposible. Por eso el Real Madrid es el equipo más ganador de la Historia, porque es lo único que sabe hacer, y lo hace más y mejor que nadie. Se desconecta, sí. Tiene carencias, también. Es más, puede sostener esas desconexiones durante periodos prolongados de tiempo, pero algo hay en el aire europeo de primavera que restaura cuerpos y mentes, especialmente si delante hay un morlaco de entidad.

Debo estar cayendo de nuevo en el error de intentar intelectualizar o racionalizar lo ocurrido anoche. Si es que no aprendo. Igualito que la piedra. Ni puñetera idea, oigan. NPI.

 

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“No sé qué tiene esa camiseta, pero quizás si me la pongo, me crezca el cabello de nuevo”

Thierry Henry

 

Hay algo que ningún otro club de fútbol tiene. Juego y despliegue tiene cualquiera. Gloria e historia, algunos. Pero la mística del Real Madrid es una anomalía metafísica que se estudiará por siempre. El equipo más grande de la historia, incluso en sus peores momentos, sabe reivindicar su naturaleza ontológica: la de ser único.

Porque sí, el Real Madrid ha tenido una temporada errática e incluso, si me apuran, un par de años de una sorda languidez que no dan cuenta de su grandeza. Jugadores que parecen no entender dónde están; la dejadez y el pasotismo. Y sin embargo, extender el certificado de defunción del Rey es un error terrible, ridículo.

Cuando al Real Madrid se le menosprecia, cuando se le supone despojado de su aura y más débil de lo que es, es cuando es más peligroso. Y si ocurre en la Copa de Europa, la competición que el Madrid no juega, sino que habita, aún peor.

El partido comenzó con dudas y claros en el graderío. Había una cierta desconexión entre la grada y el césped. La previa y el favoritismo del City de Guardiola —ese constructo de perfección teórica— lo habían subrayado. Pasaron quince minutos de asedio mancuniano, pero pronto la afrenta de los cuatro delanteros se diluyó. Porque, entre todas las cosas que definieron el partido, la soberbia de Guardiola, emborrachado de su propia superioridad, fue el principio del fin. El técnico planteó un esquema para jugar sobre el arco de Courtois y terminó sucumbiendo ante la etérea estructura sin referencia de ataque del Real Madrid.

El planteamiento de Arbeloa, sin un nueve puro y con una fluidez posicional que desesperó a los radares ingleses, inclinó la balanza tan pronto el Real Madrid supo pararse en el verde. Una vez pasó el huracán del City, comenzó el vendaval blanco.

Y tuvo un primerísimo protagonista: Federico Valverde.

El Pajarito, el Halcón. Un uruguayo que corre como si le fuera la vida en cada átomo de oxígeno. Capitán de los merengues, supo aprovechar los espacios que el City comenzó a ceder, siendo invisible y omnipresente para el pánico ajeno. Porque si el City había arrancado apostando al duelo Doku-Trent, fue Valverde el que acudió al rescate del inglés. A partir de neutralizar al extremo belga, dio pie a una de las actuaciones individuales más apoteósicas que se recuerdan. Valverde jugó con plena libertad, ejerciendo de lateral, central, interior y extremo, a veces todo en la misma jugada. Esa movilidad y ese coraje fueron bien premiados.

Juego y despliegue tiene cualquiera. Gloria e historia, algunos. Pero la mística del Real Madrid es una anomalía metafísica que se estudiará por siempre. El equipo más grande de la historia, incluso en sus peores momentos, sabe reivindicar su naturaleza ontológica: la de ser único

Al cierre del primer tiempo, el uruguayo ya había marcado tres goles de altísima factura. Aprovechando su zancada; capitalizando la segunda asistencia de Courtois en esta Champions y penetrando el área rival para hacer un golazo a lo Pelé. El Bernabéu ya era un manicomio. Valverde, cuestionado meses atrás, se convirtió en el primer mediocampista en marcar un hat-trick en el primer tiempo de unos K.O. de Copa de Europa, reclamando su sitio en el Olimpo junto a Pirri, con quien ahora comparte el pedestal de ser el único centrocampista con un triplete europeo.

La figura fue Valverde, pero quien le ha insuflado un nuevo espíritu de esfuerzo es Thiago Pitarch. El canterano posee ese perfil de todocampista del que carece la plantilla, combinando coberturas con un posicionamiento y sapiencia de juego impropios de su edad. Thiago ofreció rupturas constantes y un criterio inusitado al contacto con el cuero. Corrió casi once kilómetros en 76 minutos, saltando a la presión y ayudando a Trent a secar la vía de agua de Doku. Con 18 años y 220 días, relevó a un tal Raúl González Blanco como el benjamín histórico del Madrid en Europa. Mencionar a Raúl no es baladí: hay algo en la mirada de Thiago que recuerda a esa urgencia histórica del siete.

Thiago Pitarch: una acción negativa como señal positiva

Correoso, agresivo, siendo el mejor socio de todos sus compañeros, por su desparpajo y la confianza que rebosó sobre el campo, casi regala un respiro de vida al City en una jugada comprometida en su propia área, pero allí estaba Courtois para hacer su parada antológica de siempre. Y todos se fueron a apoyar al canterano, en un gesto de fraternidad blanca que vale más que cualquier sistema táctico, reconociendo que, por lo que aporta, bien vale tomar el riesgo de su bisoñez.

La apuesta de Arbeloa por el canterano es un espaldarazo a su gestión: no solo ha acertado con baluartes como Vinícius o Valverde, sino que tiene el coraje de entregar las llaves del partido a un perfil como el de Thiago. Guardiola apostó a su extremo izquierdo, y por la derecha palideció completamente ante Ferland Mendy, quien cerró completamente la banda, aunque solo duró 45 minutos. Haaland, a pesar de ser amenaza constante, tocó apenas 10 balones, doblegado ante un titánico Rüdiger. Tchouaméni, Brahim, Huijsen, todos estuvieron a un gran nivel, marcando un pico altísimo del funcionamiento colectivo.

La apuesta de Arbeloa por el canterano es un espaldarazo a su gestión: no solo ha acertado con baluartes como Vinícius o Valverde, sino que tiene el coraje de entregar las llaves del partido a un perfil como el de Thiago

Todo esto, aderezado con un severo correctivo táctico a un Guardiola que intentó reparar el naufragio sin éxito. Sus cambios y ajustes no sirvieron de nada. Este round se lo llevó El Espartano por decisión unánime.

En el segundo tiempo, el Madrid siguió dominando, y Vinícius incluso marró un penalti. El brasileño ya había regalado una asistencia, sumando su quinta temporada seguida con 10 aportaciones ofensivas entre goles y pases de gol, siguiendo la estela de Cristiano Ronaldo, que lo logró durante ocho temporadas. Incluso en sus días de sombras, Vini no se esconde.

El Madrid enfila los cuartos. Debe refrendar la ventaja en Manchester, pero el equipo español nunca ha desperdiciado una renta semejante. Si mantienen el temple, sabrán firmar su acta de comparecencia en la siguiente fase. Aunque les den por muertos.

 

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Buenos días, galernautas. Aún reverberan en el éter los gritos de los aficionados que presenciamos la victoria del Real Madrid ante el Manchester City. Sólo el sentido común y la responsabilidad privaron a quien esto escribe de salir por ahí a celebrar una hazaña tan titánica como inesperada. De haberlo hecho, a estas horas andaríamos pidiendo confesión, analgésicos y acaso la extremaunción. La edad no perdona, amigos.

Dijo un sabio una vez que en esta vida se puede tener fama de casi todo, menos de pesado, de guarro y de tacaño. Cualquiera de esos tres sambenitos constituye una forma bastante concluyente de fracaso social. Sin entrar en la frecuencia ni en la calidad de sus abluciones, y dando por hecho que en el gremio abundan los pelmazos, parte de la prensa deportiva ha preferido mostrarse cicatera, cutre y, si se nos permite, roñica.

No exigimos un cantar de gesta ante lo que hizo el Madrid, no, pero sí un mínimo de ecuanimidad. Según algunos, el partido lo perdió el City, Guardiola regaló el encuentro a las huestes madridistas y la plantilla inglesa está integrada por desechos de tienta y cerrado que no valen ni el precio del papel en que se imprimen los epítetos que les dedican. Esa prensa descarta, por supuesto, la posibilidad de que el Real Madrid compitiera como no lo había hecho en toda la temporada, sacara de paseo esos intangibles que han ayudado a forjar su leyenda y Arbeloa dispusiera un sistema ante el que nada pudo hacer el Jerjes de Santpedor. Prefieren practicarle la autopsia a un City aún vivo antes que reconocer el mérito del Real Madrid. Cuestión de prioridades.

Los diarios presuntamente deportivos siguen también con resaca del miércoles y parece haberse desatado la Valverdemanía en As. “Un verdadero capitán” titulan. Es indudable de que se trata de un verdadero coloso.

Marca compone una alineación titular con once Fedes. Nada más lejos del ánimo de este portanalista que dar consejos al diario marcaico, pero, aunque sea sólo como idea, denle una vuelta al quizá excesivamente profuso empleo de los montajes del frontispicio gallardero.

La prensa cataculé se decanta por el trepidante debate de los candidatos a la presidencia del club cliente de Negreira. Resulta pueril la batalla de nombres arrojados por los candidatos como ni siquiera promesas electorales, sino meras opciones. Hay nombres del pasado, del presente y del futuro, como en el cuento de Navidad protagonizado por Ebenezer Scrooge. Raro es que ninguno haya sacado los de Mark Lenders o Son Goku a fin de apuntalar sus opciones presidenciales. En definitiva, castellers en el aire.

Pasad un día excelente, disfrutad de la resaca de la alegría del miércoles y velemos armas para mañana por la noche, pues el rival, pese a sus resultados, hará todo lo posible por ponérnoslo en elchino.

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