Hablar del duelo entre el Real Madrid y el Bayern de Múnich es adentrarse en una de las relaciones más singulares del fútbol europeo, una rivalidad que no se explica desde el odio ni desde la proximidad, sino desde algo mucho más profundo: el reconocimiento mutuo entre dos instituciones que se miran y se ven reflejadas. No es un enfrentamiento construido sobre la provocación constante, sino sobre una tensión silenciosa, casi elegante, en la que ambos clubes entienden que el otro representa exactamente lo que ellos aspiran a ser: la máxima expresión del poder en Europa.
El origen de esta rivalidad se encuentra en el momento en el que el equilibrio del continente empezó a cambiar. El Real Madrid, símbolo de la aristocracia del fútbol, había definido durante años lo que significaba dominar Europa. Su historia estaba asociada a la grandeza, a la tradición, a una forma casi natural de imponerse en los grandes escenarios. Pero en los años setenta emergió un Bayern distinto, liderado por Franz Beckenbauer, que no solo competía, sino que proponía una nueva manera de entender el poder: orden, disciplina, convicción. No venía a convivir con el legado del Madrid, sino a discutirlo desde su propia identidad.
A partir de ahí, cada enfrentamiento fue construyendo una narrativa en la que ambos clubes entendieron que su historia europea no podía escribirse sin el otro. No se trataba únicamente de eliminar a un rival, sino de superar a un igual. Y esa es la clave que distingue este duelo de cualquier otro: aquí no hay complejos ni jerarquías asumidas, sino una pugna constante entre dos entidades que se consideran, con argumentos, las legítimas referencias del continente. Sin embargo, a diferencia de otras rivalidades marcadas por el enfrentamiento directo, la de Madrid y Bayern ha evolucionado hacia una relación donde el respeto ocupa un lugar central. No es un respeto superficial, sino estructural.
una rivalidad que no se explica desde el odio ni desde la proximidad, sino desde algo mucho más profundo: el reconocimiento mutuo entre dos instituciones que se miran y se ven reflejadas
Se manifiesta en la forma en la que ambos clubes se organizan, en cómo toman decisiones y en cómo protegen su identidad. Son instituciones que colocan al club por encima de cualquier nombre propio. Esa similitud en la gestión no es casual. Tanto el Real Madrid como el Bayern han construido su poder sobre bases sólidas, alejadas de la improvisación. Son clubes donde el peso de la historia condiciona cada paso, donde las decisiones no se toman solo pensando en el presente, sino en la continuidad de un legado. En ambos casos, figuras históricas han tenido un papel relevante en la dirección, reforzando esa sensación de coherencia interna que pocas entidades pueden sostener con el paso del tiempo. Incluso en un terreno tan propenso al conflicto como el mercado de fichajes, la relación entre ambos ha estado marcada por una cierta armonía.
Operaciones como las de Toni Kroos, Xabi Alonso o David Alaba no se han vivido como actos de agresión, sino como movimientos dentro de una lógica compartida. No existe esa necesidad de imponerse al otro fuera del campo, porque ambos entienden que su verdadera medida se encuentra en la competición europea. Ese respeto, sin embargo, no elimina la intensidad. Al contrario, la eleva. Porque cuando dos clubes con esta carga histórica se enfrentan, lo hacen con la certeza de que están ante su verdadero espejo. No hay margen para la relajación, ni espacio para la complacencia. Cada error se paga caro, cada detalle cuenta, porque el rival no perdona.
Y en ese contexto aparece lo que podría definirse como una mística del miedo, una tensión que no nace del rechazo, sino de la admiración llevada al límite. El Real Madrid sabe que el Bayern representa la forma más pura de la resistencia competitiva. Un equipo que no se descompone, que no se deja llevar por el contexto, que mantiene su estructura incluso en los momentos más adversos. El Bayern, por su parte, entiende que enfrentarse al Madrid implica aceptar que hay elementos que escapan a la lógica, especialmente cuando el escenario es el Santiago Bernabéu, un estadio donde la historia pesa tanto como el presente.
El Bernabéu no es solo un campo de fútbol, es un símbolo. Un lugar donde el Real Madrid ha construido su identidad a través de noches que desafían cualquier explicación racional. Para el Bayern, acostumbrado al control y la precisión, ese entorno supone un reto distinto, casi emocional. No se trata solo de ejecutar un plan, sino de resistir a una atmósfera que empuja, que presiona, que transforma el partido en algo más que un ejercicio táctico. Frente a esa mística, el Bayern responde con su propia verdad. El “Mia San Mia” no es un lema vacío, es una declaración de identidad. Significa confianza absoluta, una convicción que no depende del rival ni del escenario. El Bayern no se adapta, se afirma. No se deja arrastrar por la narrativa ajena, sino que intenta imponer la suya, basada en la consistencia, en la disciplina, y en la repetición de un modelo que ha demostrado su eficacia a lo largo del tiempo.
Y en ese contexto aparece lo que podría definirse como una mística del miedo, una tensión que no nace del rechazo, sino de la admiración llevada al límite. El Real Madrid sabe que el Bayern representa la forma más pura de la resistencia competitiva
Esa diferencia de enfoques es lo que convierte este duelo en algo único. El Real Madrid representa la capacidad de alterar el destino, de encontrar soluciones donde no las hay, de apoyarse en la emoción para cambiar el rumbo de un partido. El Bayern simboliza la insistencia, la idea de que el éxito es el resultado de un proceso bien ejecutado, de una estructura que no se rompe ante la presión. Son dos maneras de entender el fútbol que, lejos de anularse, se potencian cuando se enfrentan. A lo largo de los años ha habido partidos que han marcado esta rivalidad, desde noches tensas como la del 8 de abril de 1987 en Múnich, donde la derrota del Madrid por 4-1 y el episodio entre Juanito y Lothar Matthäus reflejaron la intensidad del duelo, hasta eliminatorias como la de 2001, en la que el Bayern se impuso también en el Bernabéu, o la de 2014, cuando el Madrid ganó 0-4 en el Allianz Arena y cambió la dinámica emocional del enfrentamiento.
Pero más allá de esos momentos concretos, lo que realmente define esta rivalidad es su continuidad, su capacidad para mantenerse relevante generación tras generación. Porque, en el fondo, el duelo entre el Real Madrid y el Bayern de Múnich no necesita alimentarse constantemente de nuevos episodios para sostenerse. Su fuerza reside en la tradición, en la acumulación de significados, en la conciencia compartida de estar protagonizando una de las grandes historias del fútbol europeo. No hay necesidad de exagerar el conflicto, porque la rivalidad se sostiene sobre una base mucho más sólida: la del respeto entre dos gigantes que saben que su grandeza se mide, en gran parte, por la capacidad de superar al otro.
En un fútbol cada vez más cambiante, donde las jerarquías se alteran con rapidez, esta rivalidad se mantiene como un punto fijo, como una tradición que resiste al paso del tiempo, y quizás por eso tiene un valor especial. En ese equilibrio entre respeto, tradición y ambición, el duelo entre el Real Madrid y el Bayern de Múnich sigue siendo, por encima de todo, una conversación entre iguales. Una conversación que vivirá su próxima edición en la primera quincena de abril, en dos de los estadios más bonitos e impresionantes del mundo, como lo son el Bernabéu para la ida y el Allianz para la vuelta.
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Antes de dejarnos atrapar en las redes (a)sociales y que lo artificial royera nuestra inteligencia, los sueños y las conquistas eran mundanas, pero con visos de larga duración. ¿Quién olvida al que la noche de graduación logró llevarse a la más guapa? Aquella hazaña, por admiración o envidia, quedó a fuego en la memoria de todos los allí presentes, no digamos ya en la del protagonista. Ante la oportunidad y el escenario más comprometidos, mezcló arrojo e ingenuidad en las dosis adecuadas y el botín fue suyo: los brazos de la chica y el orgulloso recuerdo para los restos.
En definitiva, una historia que contar, como la que ya tiene Álvaro Arbeloa como entrenador del Real Madrid. Un tipo al que acusaban de no tener pasado y que ha puesto todo de su parte para garantizar el futuro. Incluso si ninguno de la Quinta de Pitarch termina por afianzarse en el primer equipo —extremo improbable, pero no imposible—, el salmantino ya puede decir que bailó con la más guapa, que dejó su sello y mereció la rendición del escepticismo inicial ante su osadía, personalidad y valentía.
Porque para que los canteranos puedan derribar la puerta, lo primero es no construirles un muro al otro lado. Saltarse lo políticamente correcto, calibrar el verdadero valor de los fichajes (¿está demostrando Thiago menos que Camavinga?), hacerse el ciego ante los nombres y el sordo frente a la presión del palco. Dejar el pestillo sin echar a unos chicos que, previa demostración de calidad y piernas, inflaman la ilusión del Bernabéu con su alborozo pleno de compromiso e ilusión.
Parafraseando a Sabina, Arbeloa ha terminado por convertir “las puñaladas en vacuna” contra los que confundieron la censura por un cuestionable despido (Alonso) con el aniquilamiento previo de su sucesor.
Arbeloa, un tipo al que acusaban de no tener pasado y que ha puesto todo de su parte para garantizar el futuro
Pero, ojo, nadie debe llevarse a engaño. Sumando los déficits de base (principalmente la cuestionable planificación de la plantilla) a la mirada de tuerto que parece la enfermería de Chamartín, el camino que resta tanto en Liga, donde hay que remontar cuatro puntos, como en Champions, con el Bayern en el horizonte, no será sencillos. Y pocos perdonarían una segunda temporada en blanco.
El reto es mayúsculo y el próximo examen, la prueba definitiva. Y no hablo del Atlético ni de los bávaros. ¿Qué hará Arbeloa cuando regresen los jugadores de la primera plantilla convalecientes? ¿Bellingham sentará a Güler o a Pitarch? ¿Volverán a tener minutos de calidad el resto cuando Ceballos y Alaba estén disponibles? Baila, Álvaro, baila.
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Anoche volvimos de Manchester con el pase a cuartos de final bajo el zurrón. El Real Madrid se adelantó con un gol de penalti de Vinícius Júnior. Esta vez el brasileño no erró ante Donnarumma. Al City se le pusieron las cosas cuesta arriba y parecía todavía más imposible darle la vuelta al marcador con la expulsión justa de Bernardo Silva que acompañó a la señalización del penalti.
Sin embargo, Erling Haaland supo aprovechar la oportunidad y lograr el empate en el minuto 41. Sin más posibles amenazas que las incursiones propias de un equipo que va por debajo en el marcador y sabe que tiene un porcentaje altísimo de no pasar de ronda, el Madrid aguantó el tirón ante un City sin pena ni gloria. El partido se cerró con un auténtico golazo de Vini en el último minuto. El toque sutil para sumergir la pelota en la red del City es poesía en movimiento.
A pesar de nuestras bajas y de la teórica amenaza del todopoderoso City, el madridista más juicioso sabía que con el marcador a favor que llevábamos de la ida, esto difícilmente se podía torcer ya. Si bien es cierto que nuestros efectivos van cortos de gasolina, no es menos cierto que la eliminatoria parecía controlada tras la hazaña del pasado día 11. Fecha que desde ahora y para siempre estará ligada a Federico Valverde, nuestro mariscal en el campo. A veces, las personas cuando son cuestionadas y puestas en duda, suelen dar lo mejor de sí mismas cuando la presión es más fuerte y las papas queman en el fuego.
Y, para más inri, anoche el partido transcurrió en pleno Día de San Patricio. El patrón de Irlanda no iba a fallar al Real Madrid. El trébol siempre se pone verde o gana verdor cuando el madridismo más alegre necesita de un golpe de suerte. Cuando la España hortera más anhela nuestra derrota, los duendecillos de la fortuna se conjuran para insuflarles fuerza a nuestra menguada expedición. Porque innegablemente los leprechauns son madridistas.
El patrón de Irlanda no iba a fallar al Real Madrid. Cuando la España hortera más anhela nuestra derrota, los duendecillos de la fortuna se conjuran para insuflarles fuerza a nuestra menguada expedición
La semana pasada recuerdo que os hablaba de que el Real Madrid en Europa necesitaba un golpe de suerte. Traje a colación el término en latín ‘vento secundo’ para referirme al fenómeno marítimo del viento favorable en mitad de la tormenta. Es decir, cuando todo está perdido y parece que el fin se acerca, la embarcación recobra el rumbo. Tal es así en el caso del Madrid, que desde el pasado miércoles encadenamos resultados positivos, sin ir más lejos la victoria solvente frente al Elche de Eder Sarabia.
Encuentro al equipo bastante bien. Dentro de lo que cabe, y con los jugadores sanos que tenemos por línea, es digno de elogio la capacidad resolutiva de estos chicos. Y todavía más elogiable la capacidad gestora del entrenador. El señor Álvaro Arbeloa y su cuerpo técnico, con Pintus a la cabeza, han sabido encauzar una situación que se tornaba dramática el pasado 12 de enero de 2026. Con sus aciertos y fallos, nadie es perfecto pues todos somos humanos, Arbeloa ha contribuido a conseguir apiñar un grupo humano alrededor de un proyecto que necesitaba ser insuflado de energía.
Todos tenemos un amigo que ha atravesado un bache y, de la noche a la mañana, vuelve a aparecer en tu vida y el tipo vuelve a ser un fenómeno. Lo ves sano, afilado, concentrado y positivo: en definitiva, enfocado en su propósito vital. El tipo que durante un tramo del camino de la vida estaba sorprendentemente borrado, reaparece energético y con las mismas ganas con las que lo conociste en vuestra plenitud.
Realmente no es magia, simplemente tu amigo el desaparecido inició un proceso costoso de reintegración total. Esto es así y no hace falta ser un psicólogo argentino para explicarlo. Sin ir más lejos, en la excelente El hijo de la novia, del maravilloso Juan José Campanella, existe un personaje así llamado Juan Carlos y que interpreta magistralmente Eduardo Blanco. Recomiendo a los lectores más jóvenes que la vean porque es lindísima, tiene un mensaje vital hermoso y la protagoniza un Ricardo Darín tocado por los dioses de la interpretación. Y, además, aparece Natalia Verbeke en su apogeo. ¿Necesitan algo más?
me gustaría que por lo menos no se abandonaran al olvido selectivo con unos jugadores que se lo han dado todo en el pasado y que ahora se están esforzando al máximo
Sin querer destripar el argumento de la misma, sí que me gustaría usar una enfermedad como metáfora. El alzhéimer es un mal que todos nosotros conocemos de una forma u otra. En todas las familias existe mínimo un caso. Pues bien, con distancia y respeto digo lo siguiente: una parte importante del madridismo ha padecido el mal del alzhéimer con su propio club.
De esto he hablado abiertamente en el pasado y no tengo el ánimo de volver al tema, máxime cuando nuestro Real Madrid atraviesa un momento elogiable. No obstante, me gustaría que por lo menos no se abandonaran al olvido selectivo con unos jugadores que se lo han dado todo en el pasado y que ahora se están esforzando al máximo. Ellos también son personas de carne y hueso como usted y como yo. Respetemos y seremos respetados.
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Hay dos formas de verlo. Una indica que Arbeloa está demostrando ser un entrenador de élite, para el Madrid o para otro gran equipo. La otra: si el Madrid tiene ya un entrenador de élite, y uno que además conoce la casa tanto como la ama, quizá haría bien en considerar la posibilidad de ampliar al año que viene su tiempo de meritorio (pero ¿quién en el Madrid no es un simple meritorio?) incluso aunque no gane liga ni Champions. Bastaría con que se mantenga el mismo nivel de competitividad y la evolución del equipo continúe en la misma línea de exigencia, cohesión emocional y claridad táctica.
Hay que leerlo en voz alta para asimilarlo, de tanta como es la euforia sobrevenida en una afición que había alcanzado niveles de descreimiento y crítica jamás antes conocidos: un Madrid en presunta milanización se acaba de cargar al todopoderoso City del globalmente considerado puto amo de los técnicos que en el mundo son.
El City se gastó casi 100 millones en el mercado de invierno mientras el Madrid se limitaba a abrir la puerta del ascensor a unos cuantos chicos de la academia, que están contrarrestando ejemplarmente la paralizante hecatombe de las lesiones blancas. Arbeloa ha hecho de la necesidad virtud a punta de enarbolar puro sentimiento vikingo, algo de lo que se burlan sus despreciables odiadores. Mientras tanto, Pep ha traducido el nuevo petrodispendio en la enésima manifestación de impotencia ante los de Concha Espina. Ya solo Simeone le iguala en el número de veces que ha sido eliminado de la Champions contra el Madrid: cinco. No hagan ustedes la rima, que la realidad ya anticipó la poesía.
Tildábamos de “puto amo” a Guardiola, parafraseando el modo en que él mismo se refirió en su momento a Mourinho. En el catálogo de potenciales pesadillas del de Sanpedor figuraba tal vez la de ser noqueado por Mou en Europa. Lo que no tuvo miedo suficiente para concebir es que le mandara a casa no Mou, sino un discípulo de Mou. Es como si Oasis quedaran eclipsados en un festival de música por una banda tributo a Blur. Así lo ha de percibir Pep a la fuerza, aunque Arbeloa está probando ser mucho más que un tributo a nadie. Es un guardián de esencias dotado de una gran inteligencia emocional. Concilia, pues, lo que debe ser con la falta de solemnidad precisa para aproximarse a esa meta.
Arbeloa está probando ser mucho más que un tributo a nadie. Es un guardián de esencias dotado de una gran inteligencia emocional. Concilia, pues, lo que debe ser con la falta de solemnidad precisa para aproximarse a esa meta
Ha dicho Pep que estuvieron “ahí”. 5-1 en el global de la eliminatoria. Si Guardiola cree que eso es “ahí”, necesita una lección clarificadora sobre adverbios de lugar. El Madrid dominó el cruce de manera tan aplastante como sorpresiva. En la ida, apabulló a lomos de un caballo desbocado llamado Valverde, pura ubicuidad, bien secundado por todos los demás. En el Etihad, en cambio, fue Vinícius quien goleó, aunque fue superado en excelencia por varios de sus compañeros. Courtois despachó varios milagros como quien espanta moscas, y Lunin le siguió en la excelencia como si Roger Moore hubiera sido un digno sucesor de Connery. Fran García completó un partido soberbio. Huijsen ha recuperado la confianza y fue un puntal contra la presión alta de los citizens. Thiago Pitarch encandila con sus hechuras de eslabón perdido de la Quinta del Buitre, aunque es su peso específico, su enjundia lo que abruma.
Como el madridismo no puede nunca estar contento, hay gente protestando porque el Madrid se dejó dominar por diez. “Vergonzoso”, mascullan, meneando la cabeza. Tendrán que apañárselas para conciliar esa idea con la otra, o sea, con eso de que el Madrid no tiene plantilla para nada. Aclárense: o no la tiene, o ayer debió dominar y golear a un City diezmado, pero no las dos cosas a la vez. El City, con once o con diez, es hoy quinientos millones de libras más fuerte que el año pasado. El Madrid, por su parte, es solo el consabido desastre, ese que cuando llega la primavera nos recuerda nuestra capacidad para tropezar cien mil veces en la misma piedra de desconfianza. Quizá por eso sea el madridismo un arrebato tan rabiosamente humano.
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Muy buenos días, galernautas.
Nuestro equipo logró eliminar anoche al Manchester City. Es la tercera vez consecutiva y la cuarta en cinco años. Si lográramos hacerlo una vez más, tendríamos la oportunidad de completar un verdadero Peptateuco.
De los antis no vamos a hablar mucho porque no pocos han pasado la noche en urgencias con un objeto largo, grueso y oscuro atorado entre la tráquea y la laringe. Bastante tienen. Otros, incluso, han tenido que dedicarle la portada al club al que deben atacar para seguir adelante.
Pero de algunos madridistas sí vamos a hablar.
Ayer titulábamos nuestra crónica: «¿Cuándo aprenderéis lo que es el Madrid, madridistas?». Ya puede ganar seis Champions en diez años que cuando lleva una temporada y unos meses sin hacerlo y ya están maldiciendo porque van DOS AÑOS sin ganar nada. ¿Qué tal vamos de matemáticas? Y, además, para algunos las seis Champions han sido una cortina de humo para tapar la mala gestión del club en todos los ámbitos. ¿Cómo va a ser una cortina de humo conseguir más veces que nadie aquello para lo que se compite?
Ya pueden ver cómo Vini ha sido decisivo en dos de esas finales (todas las que ha jugado) para ganarlas y siguen exigiendo su venta por no sé qué prejuicio (o peor, sí lo sabemos). Ya pueden ver cómo Vinícius es determinante cuando más hace falta desde hace años, que ponderan más que marre ocasiones que el hecho de que las meta cuando hay que meterlas.
Son esos que, por lo que sea, escriben mal cuando las cosas no van bien y callan cuando se gana. Como si la victoria y la felicidad desmontasen su andamiaje cerebral (o intestinal).
Nosotros, en cambio, tenemos la dicha de haber disfrutado hasta la última gota de esta última —de momento— etapa gloriosa del equipo, de todas y cada una de las Champions. Nunca hemos querido copiar el modelo de otros clubes, porque se da la curiosa circunstancia de que el modelo «disfuncional» del Madrid es el más exitoso de todos. Es un hecho. Aunque quizá algunos prefieran haber copiado el del City, Chelsea o PSG y haber logrado una Champions en lugar de seis. O el del Barça, y no haber ganado ninguna. «Hay gente pa to».
Se da la circunstancia también de que esta temporada no ha concluido, pese a que algunos llevan diciendo que sí desde que empezó. Y si algo habría que saber del Madrid (los antis sí lo saben) es que hasta el rabo todo es toro. Y a menudo ese miembro es el de Vinícius. ¿Cuántos torneos ha ganado el Madrid haciéndolo fatal según los expertos del fútbol?
La foto de la portada de As es magnífica. Vini plantado junto al banderín de córner pensando algo así como: «Podéis criticarme lo que queráis, yo voy a seguir empujando una y otra vez hasta ganar. Porque eso es el Real Madrid». Los verdaderos Balones de Oro deciden en las noches importantes. Y vuelven para jactarse de quienes lo ridiculizaron sin darse cuenta de que fueron un mero objeto utilizado por la UEFA para atacar al Madrid.
Menos magnífico es el titular de As. No contentos con zamparse una coma del vocativo, se han comido dos. El pantoprazol va de maravilla para estos excesos.
Guardiola no se ha comido dos, sino unos cuantos repasos blancos. Qué personaje fascinante es Guardiola. Su actitud pasivo-agresiva con los periodistas españoles de Movistar tras el encuentro, su histrionismo, incluso esa camisa oversize de leñador parecen reclamar mucha más atención de la que su cargo y prestigio demandan. Pocas cosas hay más fatigantes que quien se cree brillante y, además, se siente obligado a demostrarlo las veinticuatro horas del día.
Él no pronuncia frases con sujeto y predicado, sino haikus. No incurre en caprichos, sino en genialidades vedadas al limitado cacumen del vulgo, todo ello mientras se conduce por la vida como si protagonizara un videoclip. Qué fatiga, amigos
Anda contrita la prensa cataculé ante el resultado del Real Madrid contra el Manchester City del más ilustre oriundo de Santpedor. Sport nos muestra a unos jugadores culés en trance coreográfico, bajo el titular «como una final». Que sepamos, se trata de un partido de vuelta de octavos de Copa de Europa contra un rival teóricamente inferior, pero hay que darle épica al relato. Allá ellos. Lo de anoche lo relegan a un discreto recuadro, no vaya a ser que se vea demasiado.
El diario del Conde de Godó, Grande de España, reincide en la liturgia grupal y nos habla de un lance crucial. En la parte superior, Laporta nos dice que quiere renovar a mucha gente. A Flick, Lewandowski, Deco… pues muy bien. ¿Por qué no también a Bogarde, Rochemback u Okunowo? Por dinero no será.
No olvidéis hoy que Inglaterra, tradicional y traicionero enemigo de España, también nos ha dado cosas estupendas: desde los Beatles hasta Savile Row; desde Led Zeppelin hasta los zapatos Oxford; desde King Crimson hasta Beckham.
Tampoco olvidéis lo que es el Real Madrid. Su esencia es competir, con indiferencia de las bajas que lo lastren o el mal momento que padezca. Y competir no es pasarse la pelota estéticamente. Competir es hacer lo necesario lo mejor posible para conseguir los objetivos. A veces, competir es jugar bonito y a lo loco; a veces, aguantar, tener cabeza y jugar feo; otras, perder al mejor portero del mundo por un contratiempo —esperemos que leve— muscular y que el suplente rinda de diez.
Repetimos, ¿cuándo aprenderéis lo que es el Madrid, madridistas (algunos)? Quizá nunca, pero eso es problema de cada cual, que ve mermada considerablemente su felicidad.
Quien sí sabe de madridismo, y no poco, es un entrenador vilipendiado desde antes incluso de hacerse cargo del equipo. Genaro Desailly lo destacó en sus notas del partido: «¿Aprenderán todos sus bullies a comportarse ante un tipo que está haciendo historia?».
Sí, hablamos de Arbeloa, quien en rueda de prensa, tras ser preguntado qué dice sobre él como entrenador haber ganado dos eliminatorias a Mourinho y a Guardiola, contestó: «Que tengo unos jugadores que son la leche». Puro madridismo.
🎙️ Le has ganado dos eliminatorias tanto a Mourinho y Pep Guardiola, qué te dice eso sobre ti.
🗣️ Álvaro Arbeloa: "Que tengo unos JUGADORES que son la leche."
MI ENTRENADOR 🤣👏🏻👏🏻pic.twitter.com/ouYuwdiHy2
— (fan) REAL MADRID FANS 🤍 (@AdriRM33) March 17, 2026
Have a great one, mates.
Arbitró el francés Clément Turpin. En el VAR estuvo su compatriota Jérôme Brisard.
Un partido con más sombras que luces. Y es que el galo no vio dos penaltis claros y solo el VAR le salvó en uno.
Primero en el área madridista se pidieron dos penaltis de Fran García. Uno por mano no punible al estar recogida, no abierta ni extendida. El otro en un duelo con Cherki al que le sacó el balón.
Minutos después, la polémica cambió de área. Bernardo tenía los brazos recogido, pero sacó la zamorana para evitar el gol. Turpin no lo vio y le debieron avisar del VAR. La mano, además, significaba roja directa porque era un tanto seguro.
En la segunda mitad hubo otro penalti a Mbappé tras agarrón de Ait-Nouri. Empezó fuera, pero terminó dentro. Turpin se inhibió y en el VAR no quisieron saber nada.
Respecto al apartado disciplinario, los amonestados fueron Khusanov por un golpe a Vini en el 46' de la primera parte, Mbappé por meter un balón en el campo en el 76' y Trent por agarrar a Marmoush en el 80'. Se olvidó el francés de una a Dias por una patada sin venir a cuento a Arda con el juego detenido.
Además, hubo tres goles anulados por fuera de juego en la segunda parte. Según las líneas del VAR tanto Doku, como Ait-Nouri y Vini estaban adelantados.
Por último, una jugada bien peritada fue un choque entre Donnarumma y Vini con el portero fuera del área y que acabó con el brasileño en el suelo en una jugada de fútbol.
Turpin, MAL.
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-Courtois: SOBRESALIENTE. Esperemos que su lesión no sea grave. Como escribía en X Paul Tenorio, es el mejor portero de la historia del fútbol, el hockey y el waterpolo.
-Trent: APROBADO. Sufrió en exceso en defensa, aun con ayuda de sus compañeros, pero no era un partido fácil.
-Fran García: NOTABLE. Muy solvente encuentro. Cherki lo padeció, como todos los que pasaron por esa banda tratando de sobrepasarlo. Puede ser un punto de inflexión en su carrera.
-Huijsen: SOBRESALIENTE. Aún puede entrar en crisis, como cualquier jugador, pero se doctoró como central del Madrid en un partido de altísimo voltaje. Muy templado sacando el balón desde atrás con magnífico aplomo.
-Rüdiger. NOTABLE. The madman is on fire.
-Tchouaméni: NOTABLE. El Tchou Business que conocemos y amamos. Coronó su magnificencia con el centro del gol que sentenció el partido.
-Valverde: NOTABLE. Fatal, hoy no marcó ningún hat-trick.
-Thiago: NOTABLE. Ha llegado para quedarse. Es el penúltimo señuelo de la Quinta del Buitre.
-Güler: SOBRESALIENTE. Por la magnitud del partido y su contribución al mismo, quizá su encuentro más relevante desde que está en el Madrid. Sabiduría, virtuosismo y lucha.
-Vinícius: SOBRESALIENTE. Su doblete habla por sí mismo, aunque nos desesperara fallando otras ocasiones. A su partido podríamos darle el bergmaniano título “La pesadilla del leñador”.
-Brahim: APROBADO. Denuedo infinito. Campeón de África en el descanso.
-Lunin: NOTABLE. Como decía Luis Montero Manglano en el chat de La Galerna, tenemos al mejor portero del mundo y un suplente con escharcha en la sangre. Providencial en el difícil trance de suplir a Courtois.
-Mbappé: APROBADO. Su mera presencia infundió preocupación a Pep. Le hicieron un penalti tangado por Dick Turpin.
-Camavinga: APROBADO. Aturullado a ratos, como acostumbra, pero echando una mano y batiendo líneas en los minutos que tuvo.
-Carvajal, Manuel Ángel: sin calificar.
-Arbeloa: SOBRESALIENTE. ¿Aprenderán todos sus bullies a comportarse ante un tipo que está haciendo historia?
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Hace solo seis días, pero estábamos ansiosos por que llegase la vuelta contra el City. Todos preferimos llegar a un partido de vuelta con un 3-0 en la ida. Y todos tememos esa relajación inconsciente que puede provocar ese resultado. Arbeloa eligió su equipo tipo de estos momentos, con Trent en lugar de Carvajal. A falta de ese superhéroe que apenas puede jugar un puñado de veces al año llamado Mendy, ocupó su puesto Fran García. El partido tuvo de todo: penaltis, goles anulados, sin anular, expulsiones y lo de casi siempre en Champions: el Madrid clasificado. Y ganando.
El encuentro comenzó en el Etihad, no confundir con Écija, donde hace más calor y se come mejor. Antes del primer minuto, Fede se quedó frente a frente —como cantaba Jeanette— tras ponérsela Vini de lujo, pero el uruguayo no acertó a sobrepasarlo por encima, que parecía el lugar más sencillo. A la siguiente jugada, ocasión clara de los azul clarito. Instantes después, manopla salvadora de Courtois a remate duro de Rodri.
Mientras tanto, Son Doku atacaba de manera endiablada, obligando a Thiago y a Fede a echar una mano a Trent. El City había salido con mucha intensidad. ¿Acaso cabía otra opción? Pep asistía al encuentro con la intención de aparentar ser un leñador, pero no llegaba a conseguirlo, se le notaba demasiado que es un burgués aromatizado con un peluco caro.
Vini lanzó al palo, al rechace, el propio brasileño disparó a gol y Bernardo Silva la sacó con la mano. Penal clarísimo. Estaban buscando si podían anularlo por fuera de juego, pero al parecer no lo consiguieron, por lo que se demoraron mucho tiempo en avisar a Turpin de la mano clamorosa. Clamorosa y roja. No tuvieron más remedio que señalar la pena máxima y expulsar a Bernardo.
Vini, con las gónadas del caballo de Espartero después de lo sucedido en la ida, lo lanzó y para adentro. 0-1.
Nada más sacar, Courtois salvó el empate, y en la jugada siguiente aún no se sabe muy bien cómo Vinícius no acertó a marcar el segundo. Después, en el 25', Fran García a punto estuvo de jugarse un mano a mano con Donnarumma, pero se la sacaron (la pelota).
El City, a pesar de estar con uno menos y perdiendo, apretaba con mala baba. El Madrid debía ser inteligente y esperar. Vini tuvo otra clarísima, pero se le marchó a la derecha de la meta local. A poco que el brasileño hubiese estado más acertado, el resultado podría ser escandaloso a la media hora. Olés en el Etihad durante unos momentos.
El Madrid necesitaba tranquilizarse y aguantar más el balón, tenía las matemáticas, el tiempo y la historia a su favor.
Tchouaméni lo intentó desde Bristol, pero, como era de esperar, no supuso ningún riesgo para los citizens.
En el 37', gran acción de Brahim que rebotó en Donnarumma. El 21, uno de los más destacados, había dejado sentado a Rúben Dias, ese futbolista con las tildes alteradas.
En el 40', Doku la lio y Haaland aprovechó para empatar el partido. La ventaja aún era suculenta, pero no cabía ni un gramo de relajación.
Trent respondió en la siguiente jugada, pero el chut de Trent se marchó por muy poquito. En el último minuto, a punto estuvo el Madrid de anotar el segundo.
Antes del descanso, Dias le dio un patadón a Güler sin ver tarjeta ni nada. Acto seguido, Khusanov golpeó en la cara a Vini en un contraataque y la cosa quedó en amarilla. Así se llegó al descanso.
En la reanudación, sorpresa, y no agradable. Courtois dejaba su lugar a Lunin. Comenzamos todos a poner velas para que el belga no sufriera ningún percance de consideración. El ucraniano se estrenó con una gran intervención a disparo de Haaland.
El Madrid estaba demasiado atrás y se dejaba dominar en exceso por el City. No obstante, se notaba que tenía el partido más controlado de lo que parecía.
Lunin hubo de intervenir de nuevo a un chut de Haaland. Los de Guardiola estaban volcados sobre la portería blanca. En su casa, en Champions y con todo en contra, no cabía otra posibilidad.
El gigante rubio fue sustituido por Pep, en su lugar entró otro futbolista del mismo equipo, aunque con número y aspecto diferentes.
A esas alturas del encuentro, conocimos que Courtois fue sustituido por una sobrecarga, quizá un buen electricista pueda ponerle remedio pronto.
El City marcó, pero como lo hizo en fuera de juego, no subió al marcador. No siempre ocurre, pero es lo propio.
En el 68', el año de Hey Jude y Revolution, entró Mbappé. Salió un gran Brahim. La jugada siguiente, el guardameta rosa salvó un gol cantado de Tchouaméni de cabeza. En el córner siguiente, a punto estuvo de colarla Kylian de primeras.
Son Doku parecía que se había tomado la pócima mágica de Panorámix y Lunin seguía con la tranquilidad y el buen hacer de alguien que se casa en chándal.
Guardiola seguía cambiando a unos jugadores por otros. El último, Rodrigo. Arbeloa retiró a Güler y a Pitarch por Camavinga y Manuel Ángel.
El Madrid continuaba defendiendo muy atrás y el City llegaba fácil. De nuevo, gol en fuera de juego de los pupilos de Pep.
En el 81, penalti catedralicio a Mbappé. No íbamos a esperar que Turpin pitase otro, dados sus antecedentes. Después, gol de Fede anulado por fuera de juego. Luego, por el qué dirán, el VAR revisó el penalti. Vio que fue y no dijo nada.
Acabando el encuentro, Vini marcó, pero se lo anularon. Así que en la siguiente jugada se la puso Aurélien y sí valió. 1-2 y final del partido. los Balones de Oro deciden eliminatorias.
Arbeloa ha reanimado a este Madrid. Ha recuperado a Fede y a Vini, y con la irrupción volcánica de los jóvenes ha mandado un mensaje al resto: el que se relaje no juega.
Espera el Bayern. Cuanto más difícil, mejor. Es la tradición de este club, el mejor de la historia. Mucho dominio del City, mucha queja con la gestión del Madrid, pero quien volvió a ganar y a clasificarse fueron los blancos. ¿Cuándo aprenderéis lo que es el Madrid, madridistas?
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Hoy he asistido al estreno de la conmovedora producción “En el corazón de la Decimoquinta”. Un cuento épico. Una historia bien contada sobre la esencia del Real Madrid, los valores del deporte, la alegría, el sacrificio y la increíble felicidad de la victoria. Un cuadro hiperrealista del madridismo, como pintado por Antonio López, con los primeros planos de la grada asistiendo a milagros. Con las caras de los niños y de los mayores mostrando sin filtro alguno la fe en lo bueno, lo limpio, lo honesto del deporte y la pasión auténtica, vital, generacional, por un club de fútbol.
La historia comienza en los cuartos de final en el Bernabéu contra el City, un partido para la leyenda de la Champions. Dos gigantes elevando el fútbol a la categoría del mayor espectáculo deportivo del mundo, con sus héroes y con sus villanos. Con goles para guardar en el museo del fútbol, como los de Foden o Gvardiol, para desesperanzar al madridismo, y como el de Valverde, para recuperar la fe en la legendaria resistencia del Real Madrid a la derrota.
“En el corazón de la Decimoquinta”. Un cuento épico. Una historia bien contada sobre la esencia del Real Madrid, los valores del deporte, la alegría, el sacrificio y la increíble felicidad de la victoria
Viví ese partido en un cine de la Ciudad de México, experimento que no se ha vuelto a repetir ni por Cinépolis ni por mí. Dos de la tarde, media docena de espectadores, sala iluminada y señal de televisión bastante deficiente para las dimensiones de una pantalla gigantesca. De los asistentes, registré alguno moderadamente antimadridista, lejísimos sin embargo de lo que vemos en el anonimato de las redes. México. De todo hay en esa bendita tierra. Por supuesto, también madridistas acérrimos con el corazón tan blanco como si hubieran nacido en Chamberí. No llegué a probar el perrito caliente que pagué. La Champions me cierra el estómago. Imposible para mí comer antes o durante un partido de los que se recuerdan en el calendario.
Continúa el documental con el ejercicio de resistencia más conmovedor de la historia del Real Madrid. Manchester. Abril de 2024. Gesta de valor incalculable de dos héroes inesperados: Lunin bajo palos deteniendo dos penaltis en la tanda de cinco en la dignísima temporada del ucraniano que vivimos sin Courtois y Rüdiger, designado por los astros para pasar a la historia del madridismo dándonos el pase tras ejecutar la quinta pena máxima. Ese día fue totalmente consciente de que tú no llegas al Real Madrid. El Real Madrid llega a ti. El alemán sólo vino al Real Madrid cuando creyó estar preparado para la exigencia de la misión, ya con una Champions bajo el brazo como carta de presentación.
El montaje del documental, de más de dos horas de duración, me llevó a la emoción muchas veces. No sé cómo lo hacemos cada vez, no sé qué tiene este escudo, esta camiseta, que no nos deja nunca impasibles, que nos conmueve, que nos emociona y que siempre consigue devolvernos la fe en las cosas buenas de la vida, en medio de un mundo codicioso, corrompido, lleno de dolor y de infelicidad. Muchos han intentado explicarlo. La mayoría, simplemente se han rendido a la magia. Hay algo sobrenatural en esta devoción que nos otorga el privilegio de vivir momentos maravillosos para que nos podamos resarcir de la fealdad del mundo.
Hay algo sobrenatural en esta devoción que nos otorga el privilegio de vivir momentos maravillosos para que nos podamos resarcir de la fealdad del mundo
La semifinal en Munich contra el Bayern de Neuer y de Kane fue otro ejercicio de supervivencia. La varita mágica de Kroos apareció para ponernos en ventaja ofreciendo un gol gratis a Vini. Más tarde, Toni pudo matar el partido con un chut a la escuadra que Neuer sacó incomprensiblemente. El Bayern lanzó a sus jóvenes delanteros en contras letales durante el segundo tiempo y consiguió remontar con un cañonazo de Sané dentro del área y con un penalti sobre Musiala que transformó Kane. La cosa pudo ponerse peor, hablamos del Bayern, amigos. Nobleza europea. Pero Vini empató el partido lanzando un penalti académico sobre la meta de Neuer tras un agarrón a Rodrygo en el área pequeña. Espadas en todo lo alto para la vuelta.
El partido del Bernabéu está grabado en nuestra memoria como el de "la noche de Joselu". Un canterano, madridista de corazón, que tuvo que emigrar para hacer su carrera en el fútbol y que regresó para encontrarse con su destino ese día y a esa hora. Poco más podemos decir. Una vez más sorprendimos al mundo. Mi patológico e injustificado pesimismo me hizo dar por perdido el sueño de la final tras el imprevisible 0-1, golazo del lateral zurdo Davies con la derecha en el minuto 70. Su primer gol en Champions tuvo que ser precisamente ese, desempatando una vuelta de semifinales, frente al Real Madrid, saliendo desde el banquillo. Los astros.
El partido del Bernabéu contra el Bayern está grabado en nuestra memoria como el de "la noche de Joselu". Un canterano, madridista de corazón, que tuvo que emigrar para hacer su carrera en el fútbol y que regresó para encontrarse con su destino ese día y a esa hora
El palo y Neuer habían evitado la ventaja madridista en la primera parte. No fue nada para lo que nos esperó en la reanudación. Neuer se agigantó en el arco sacando tres goles cantados a pies de Rodrygo y de Vini. El documental revela que Pintus, en el descanso, había ordenado calentar a Joselu desde el minuto 65. La orden pasó inadvertida para todos hasta que Joselu saltó al campo en el 80. El resto de la historia ya la conocen.
En los interludios que unen las narrativas de los partidos podemos barruntar qué le falta al equipo desde el final de la temporada 2024. Le falta Nacho. Le faltan los galones de un Carvajal titular en el vestuario. Le falta el temple de Kroos y le falta la confianza de Modric en la victoria. No sólo su fútbol.
Vemos a Ancelotti, observamos al entrenador dando instrucciones en los descansos. Preguntando a los jugadores. Confirmando con los capitanes. Vemos a Kroos leyendo los partidos. Ojalá le veamos en el banquillo. Cuatro frases y dos minutos. Un futbolista profesional no necesita más. La palabra más repetida por el bueno de Carlo: confianza. El resto no es tan importante. Unas cuantas frases sencillas destiladas de la sabiduría del fútbol. El secreto de los partidos revelado y administrado en gotas de una densidad infinita. Unas pocas palabras, las precisas, para ganar.
Vemos a Kroos leyendo los partidos. Ojalá le veamos en el banquillo. Cuatro frases y dos minutos. Un futbolista profesional no necesita más. La palabra más repetida por el bueno de Carlo: confianza. El resto no es tan importante
El Dortmund nos pasó por encima en la primera mitad de la final de Wembley. En la reanudación, tras las palabras mágicas de Carlo, el equipo resucitó. Fue con un gol de estrategia que salió al segundo intento. Kroos poniendo un balón perfecto desde el córner, a treinta metros, en la cabeza de un defensa de un metro setenta.
El gol desató la furia del equipo para ajusticiar al rival. Se sucedieron innumerables paradas del portero alemán, desfondado ante la estampida inesperada de los blancos. Después, sobre el césped, mientras celebraba la victoria, Ancelotti calificó su planteamiento como "la táctica del muerto". Un Dortmund extramotivado, que creyó en la victoria por su superioridad en la primera mitad, salió en la reanudación a tumbar al gigante. Y el gigante esperó haciéndose el muerto para destrozarlos a la contra.
Finalizado el partido, creímos ver hadas envueltas en polvo de estrellas, pero era "sólo" Zidane llevando la copa a su pedestal, con su blazer azul marino, sus pantalones blancos y sus mocasines sin calcetines, como un Julio Iglesias en plenitud, como una escultura romana de cráneo perfecto y la sonrisa de un dios omnisciente que nunca dudó de la victoria.
Modric y Kroos aparecen en cámara con cinco dedos en una mano y uno en la otra. Dos nuevas leyendas del fútbol como fueron los grandes de nuestro club, como lo fue Gento durante cincuenta años, testigo único de la historia del fútbol desde la atalaya de sus seis Copas de Europa, gesta tan inalcanzable para cualquier ser humano como la de los únicos doce astronautas que caminaron por la superficie de la Luna. Se suman a ellos Nacho y Carvajal, dos canteranos que nos parecerán más leyendas según vayan cayendo los años y nadie se acerque a su descomunal palmarés. Cuatro madridistas con seis Champions cada uno (Kroos ya traía una del Bayern, pero le perdonamos). Lo que ha conseguido el Real Madrid en los últimos once años no tiene precedentes en la historia del deporte.
Vemos a Vini, autor del gol que sentenció la final, sobre el césped de Wembley. El periodista no pregunta, sólo le pone delante el micro y Vini se casca la siguiente frase: "Ni todos pueden jugar tantas finales ni todos pueden ganar tantas veces", Vini es absolutamente consciente del privilegio que le ha sido otorgado y que le ha traído a nuestras vidas. Veintiséis años. Dos Champions. Goleador en las dos finales y triturando récords en la competición.
Nacho y Carvajal, dos canteranos que nos parecerán más leyendas según vayan cayendo los años y nadie se acerque a su descomunal palmarés
En la tranquilidad del vestuario al que aún no ha llegado el ruido de la celebración aparece Tchouaméni, orgulloso, verbalizando en voz alta su primer gran título, como si tuviera que expresarlo en voz alta para poder creérselo: "Mi primera Champions, una de muchas. Hala Madrid". Se acerca a Florentino, que está sentado en uno de los bancos. El presidente le felicita:
—Tchouaméni, que tienes una Copa de Europa...
Aurélien se acerca al presidente:
—Primera de muchas.
—Sí, muchas. Vas a tener más.
—Y usted ¿cuántas? Pregunta el francés.
—Tengo siete, responde el presidente.
Tchou mueve la cabeza y asegura: "tengo mucho tiempo".
Desde luego que lo tienes, Aurélien. Tienes todo el tiempo del mundo y estás donde tienes que estar para hacer realidad tus sueños.
Después de las celebraciones en el vestuario, mientras todos van recogiendo sus cosas, vemos a Kroos limpiando sus botas en un lavabo, como ha hecho desde niño. El hombre de las seis Champions limpia sus propias botas. No sé si hay que ser especial para llegar al Real Madrid o es el Real Madrid el que los hace especiales. Unos ya son leyenda, fotos en las paredes de Valdebebas y vídeos en el museo, otros llegan desde cualquier rincón del mundo a esta ciudad y a esta casa con la incertidumbre de saber si podrán llenar la camiseta y dignificar el dorsal de los que se fueron. Los que siguen están deseando hacernos felices año tras año y escribir su propia historia.
Hoy volvemos a Manchester, soñando con otra noche de gloria. Es nuestro destino. Podemos caer, podemos ganar, pero pase lo que pase seguiremos representando para el planeta todo lo bueno del fútbol, del deporte y la universalidad del madridismo, una comunidad capaz de logros extraordinarios.
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