Las mejores firmas madridistas del planeta

Buenos días, galernautas. El marketing podría definirse como el proceso de fabricar la necesidad de poseer algo prescindible —a veces incluso incomprensible— a cambio de un dinero que quizá tengas… o quizá no.

Dentro de los conceptos básicos del marketing está el posicionamiento, cuyo fundamento es el mensaje que se quiere transmitir sobre la percepción del bien o servicio que se ofrece. Llevado al mundo de la automoción, estaremos de acuerdo en que Dacia no posee el mismo posicionamiento que Mercedes-Benz o Aston Martin. Sí: todas construyen y venden coches, pero ocupan lugares muy distintos en el imaginario del común de los mortales, porque unas y otras se asocian a ideas completamente diferentes.

Uno de los mejores ejemplos de campaña sostenida de posicionamiento es Apple. Sus productos están maravillosamente diseñados, ofrecen un ecosistema propio y buscan que el consumidor los perciba como algo a lo que aspirar: tanto por promesas de rendimiento como por el precio que exigen, que no es precisamente bajo. Es decir, Apple se posiciona con un cierto aire premium y quiere que sus dispositivos sean deseados no solo por su calidad, sino también por el estatus que transmiten.

De hecho, hay marcas que saben que ofrecen productos iguales o peores que los de su competencia, pero cuentan con un nombre que evoca la tradición de años —o siglos— haciendo lo mismo. En esencia, viven de un nombre heredado: de un posicionamiento que permanece aunque aquello que venden haya cambiado, a menudo no precisamente para bien.

¿Sabéis qué marca resulta un ejemplo paradigmático de esto último? Marca, valga la redundancia. No, no nos ha dado un parraque ni escribimos al azar. El diario que hoy dirige Gallardo fue posicionado de manera explícita por San Pep de Santpedor como el ariete de lo que él llamó la “Central Lechera”. El concepto no era nuevo; era, de hecho, ancestral. Pero Guardiola lo devolvió al centro del tablero al formularlo y ponerle nombre. Y cuando algo tiene nombre, ya tiene medio camino hecho.

Marca se había percibido desde siempre como un medio especialmente relacionado con el Real Madrid, sí, pero aquel señalamiento terminó de soldar las piezas: dejó de ser una inclinación para convertirse, en la mente de muchos, en identidad. No porque lo digamos nosotros, sino porque el término prendió en las mentes más proclives a aceptar —con fe ciega o con pocas ganas de formarse criterio propio— los enunciados del humilde gurú actualmente en Manchester. Se creó la etiqueta, se pegó… y a dormir.

Hubo intentos de slogan del estilo “el diario de todas las aficiones” encaminados a romper con esa percepción. Resultaron fútiles. Borrar décadas es difícil; hacerlo cuando te han señalado con un rótulo luminoso, más aún. Y si quien señala es, en sí mismo, una de las mayores campañas de marketing personalista de la historia del deporte, el rótulo se vuelve neón y se ve desde la ISS.

Todo lo anterior acredita, en este caso, la vigencia del castizo refrán “créate fama y échate a dormir”, y lo engañoso que puede ser ese marketing fabricado.

En su portada de hoy, Marca —Central Lechera premium plus según la percepción popular— agarra la actualidad, la retuerce, la sesga y se la regurgita a los polluelos que la reclamen: una ración de información que puede o no tener que ver con la verdad. La clave es ahorrarle al lector el enojoso trance de formarse criterio y opinión propios y, de paso, atizar al Real Madrid y a su presidente. Es maravilloso el tono celebratorio con el que se refiere a lo que llama “viaje a ninguna parte”. El diario de todas las aficiones menos de la madridista te evita usar el cerebro. Gracias, Marca.

Sirva esa coma vocativa como remisión a un artículo de  Jesús Bengoechea, en el que desarrolla con muchísimo más detalle, conocimiento y tino los aspectos relativos al nuevo acuerdo firmado enrre UEFA y Real Madrid. En él comprobaréis que no es el fin de ningún viaje y menos a ninguna parte, sino el comienzo de uno nuevo, con un fin muy claro (la salvación del fútbol) y un arquitecto esencial: Florentino Pérez. Aquí el artículo de Jesús: https://www.lagalerna.com/el-real-madrid-y-la-uefa-acuerdan-cambiar-el-futbol/?doing_wp_cron=1770888840.2032001018524169921875

As nos muestra a Turrientes celebrando el único gol marcado anoche en Copa en el partido que enfrentó a Athletic Club y Real Sociedad. La ausencia de nuestro equipo de estas instancias de la competición copera por deméritos propios nos resulta irritante por la manera en que tuvo lugar la eliminación, si bien despeja ligeramente un calendario sobrecargado hasta la demencia.

Quienes no requieren marketing son los diarios cataculés. Ellos van a lo suyo, tienen líneas bien definidas, saben lo que deben hacer y a quién se dirige su producto: a la afición del club que estuvo pagando a Negreira durante más de dos décadas.

Sport sigue la estela de Marca y da la información ya opinada y procesada, no vaya a ser que alguien se vea compelido a ejercer un análisis mínimamente crítico y riguroso. Lo absolutamente ridículo de su planteamiento, que pretende ser vejatorio, queda explicitado en el artículo de Jesús también. Guardaremos esta portada con cariño.

El diario del conde de Godó, Grande de España, nos habla de Air Barça. Ilustra tan críptico titular con una imagen de Koundé plantado ante un ventilador de los que utilizaban los Bee Gees en sus videoclips. El gesto del jugador francés sugiere un intercambio de impresiones nocturno entre su dedo meñique del pie y la pata de una cómoda o, simplemente, haber pisado una pieza de Lego. Ambos trances figuran entre los dolores más insoportables que puede padecer un hombre, quizá junto a las piedras renales, por lo que no nos queda sino desearle una pronta recuperación.

Pasad un excelente día y pensad por vosotros mismos, sin que nada ni nadie os sirva una opinión pasada por una licuadora de sesgos perniciosos. Por cierto: esta noche juegan el Barcelona y el Atlético, club cuyo entrenador merece su propio tractatus de marketing, pues, afortunadamente, seguimos sin poder entenderlo

El Real Madrid encara el mes de febrero con la necesidad intacta de puntuar de tres en tres. Este sábado 14 recibimos en el Santiago Bernabéu a la Real Sociedad y no nos vale más que ganar. El líder está a un punto y nosotros venimos con el cuchillo entre los dientes. Si bien es cierto que la Real Sociedad está atravesando un momento bueno, no es menos cierto que nosotros no tenemos amigos y no perdonamos la vida deportiva de ningún club, por muy simpático que nos caiga. Bueno, ¿realmente queda algún club amigo en España?

La semana pasada ya comenté que el partido frente al Valencia no iba a ser coser y cantar. Todos sabemos que jugar en Mestalla es ir al dentista. Es un campo donde el Madrid siempre tiene dificultades y es de valorar la victoria. Fue una victoria algo rácana, sí. Pero también podemos subrayar que el equipo hizo un partido serio y que el rival no nos hizo ninguna ocasión de peligro. Algo es algo.

Tras la victoria en Valencia, el Madrid continúa por el sendero luminoso de la reconstrucción. Deportivamente, los colectivos necesitan crecer mientras sacan adelante sus compromisos. A mayor o menor escala, todos los equipos aspiran a cumplir el expediente cuando arrecia la tormenta. Y en nuestro caso, en la más absoluta cima del fútbol, cumplir el expediente es ganar en La Liga. Esto es el mínimo exigible para el Real Madrid. Tener al Fútbol Club Barcelona a un punto es asumible. Y más cuando el equipo está pasando las de Caín.

establecer la convivencia pacífica entre los madridistas será misión prácticamente imposible. El cese de la violencia en redes sociales parece lejano. Supongo que muchos de los que vociferan a través de las aplicaciones o en el campo necesitan esa vía de escape para desfogarse

Sin embargo, buena parte de la afición sigue abandonada en el desánimo más infecundo. Es más, buena parte de la afición se dedica a insultar a la propia afición. En redes muchos madridistas atizan a otros por el simple hecho de que no están contentos con el equipo. Se produce una situación tan dantesca como que algunos merengues desearían que su club fuera derrotado para poder hacer así una limpieza desde el utillero hasta el presidente. Hay gente para toda clase de parafilias.

El clima enrarecido hace que uno no se encuentre cómodo en sus zapatos. Como aficionado, evito los bares para ver los partidos del Madrid. Los exaltados pululan con orgullo vociferando consignas que han aprendido en televisión o en radio. Los hay que incluso manejan un rosario de muletillas oídas aquí o allá. Y para sorpresa ya de nadie, cada vez más autoproclamados madridistas que se expresan tan hostiles como los antimadridistas, pues su youtuber favorito así les ha enseñado.

Me sorprende la gente. En todos los órdenes de la vida observamos cómo las personas andan a la gresca. Si bien es cierto que los que manejan el cotarro fomentan el enfrentamiento, los ciudadanos tampoco ponen de su parte para echar agua al fuego. El fútbol no es menos violento, al revés. Y a estas alturas no sé si hemos vivido una futbolización de la política o una politización del fútbol. Tanto monta, monta tanto.

Y es que nos encontramos en una semana especial para mostrarnos cariñosos y el personal únicamente se expresa de forma violenta. Se acerca San Valentín y no tenemos ningún regalo para nuestro amor. ¿Qué es San Valentín sin una mísera caja de bombones y un gran ramo de rosas? Y así las cosas, regateamos a nuestro amor el más mínimo gesto afectivo por un enfado infantil. ¡Qué incorrección! Ese amor de tantos años que nos ha colmado de todo en tantos capítulos de nuestra convivencia. Bueno, así va el mundo.

En los últimos días he caído en la cuenta de que restablecer la convivencia pacífica entre los madridistas será misión prácticamente imposible. El cese de la violencia en redes sociales parece lejano. Supongo que muchos de los que vociferan a través de las aplicaciones o en el campo necesitan esa vía de escape para desfogarse. La vida es muy dura y algunos ven en el fútbol una excusa para exudar sus demonios.

El último campo de batalla se está jugando sobre la figura de nuestro capitán. Dani Carvajal está monopolizando el debate de la prensa especializada. Digamos que tratan de secuestrar el legado de Carvajal para sus intereses oscuros. Que si no juega, que si el míster lo mira mal. Entonces se afianzan las historias para no dormir en las tertulias e incluso rulan teorías de la conspiración por las redes. Al parecer nos quieren hacer creer que estamos ante un nuevo caso Íker Casillas, Mourinho y La Roja. ¡Cómo no! Año de Mundial, año de dimes y diretes. El caso es que no tenemos una semana en paz.

Claro está, ¿qué culpa tiene el aficionado disfrutón del permanente mosqueo del follonero? Pues ninguna. ¿Se podría maquillar la herida o simplemente dejarla restañar? Supongo que cada cual se lame la herida o la deja suturar. Pasará el mal tiempo, dejará de llover sobre mojado y volverá a salir el sol. Y entonces, la primavera llegará al Santiago Bernabéu y las mocitas madrileñas irán alegres y risueñas a ver a su Madrid. Es el ciclo de la vida y es ciclo del Real Madrid. Somos la felicidad y el camino hacia la dicha perpetua.

 

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El comunicado llegó a media tarde y, en una lectura rápida, pareció lo que horas después solo los más cerriles mantenían: una claudicación, un acta de rendición. Sí, el Madrid abandonaba la Superliga, pero un repaso más detallado de lo expuesto en el comunicado deparaba una interpretación  muy diferente.

El texto era tan críptico como solo pueden serlo los acuerdos de paz, a veces casi ininteligibles en su afán por no proyectar nada ni remotamente parecido, para ninguna de las partes, a una humillación. No había uno terminado de arquear las cejas y musitar “no es lo que parece” cuando idéntico comunicado (idéntico, palabra a palabra, coma a coma) era hecho público por la UEFA. No era una rendición.

Era un armisticio final, sin vuelta atrás, sin vencedores ni vencidos pero con gran parte de los puntos de A22 (la Superliga) siendo satisfechos como resultado de la fortísima posición negociadora del Madrid gracias a la sentencia del TSJE que en su día puso fin al monopolio de la UEFA. Sentencia cuyo logro solo cabe atribuir al empeño personal de un hombre, Florentino Pérez, quien de esta forma, en el día de ayer, y esta es la sorpresa demoledora que aguardaba tras la esquina del comunicado, logró el propósito más ambicioso de los muchos que ha albergado: cambiar el fútbol.

Florentino Pérez: órdago y gestión

La Superliga moría, sí, pero solo del modo en que mueren las tesis para convertirse en síntesis, y la síntesis es, a veces, la única solución al inmovilismo.

Acuerdo entre quiénes

Lo primero que llama la atención es el enunciado de las partes implicadas en el acuerdo. Por una parte, la UEFA y la EFC. Por otra, el Real Madrid, con reconocimiento, pues, de un rango como interlocutor idéntico al de las otras partes implicadas. Hay ecos de 1955, cuando UEFA y Real Madrid, mano a mano, diseñaron la Copa de Europa. Ahora, entre ambos, la han refundado, como se entiende si uno sigue leyendo el texto, por lo demás escueto porque aún no se han revelado los detalles. Sé que se revelarán, y que entre otras cosas conformarán un nuevo marco que incluirá lo siguiente:

 

Mérito deportivo

Se anuncia que la nueva competición “respetará el principio del mérito deportivo”, cosa que la última versión de Unify League, más avanzada en este terreno que la inicial, ya consagraba. Nadie pretendía ya, a estas alturas, un fútbol elitista regido por otra cosa que los méritos contraídas por los participantes. Falta por saber si los criterios de clasificación para Champions League seguirán exclusivamente vinculados a los logros en las ligas locales o si, por contra, la competición tendrá algún grado de retroalimentación, es decir, si avanzando hasta cierto punto de las rondas europeas  se asegurarán los contendientes la participación del año siguiente, con posibles ascensos y descensos entre las diferentes competiciones continentales.

 

Fair Play

Lo siguiente que leemos, si continuamos avanzando, es la palabra “sostenibilidad”, lo que en la jerga de los grandes clubes debe leerse en términos de Fair Play financiero. Los clubes solo podrán gastar en función de lo que ingresen a través del desarrollo de su propia actividad. Se acabaron los megafichajes en serie de los petroclubes sin el menor grado de control respecto a la procedencia de los fondos. Es un triunfo mayúsculo de los clubes históricos en relación a los nuevos ricos del fútbol, y este logro tiene lugar merced (insistimos) a la implacable posición negociadora conseguida por Florentino a raíz de la sentencia antimonopolio de la UEFA del TSJE, en virtud de la cual el Madrid reclamaba daños y perjuicios, en cuantía desorbitante, a la propia UEFA. El club blanco se ha sentado en la mesa de negociación en una posición legítimamente intimidante sin la que no se habría avanzado en esta materia tan crucial, eterno caballo de batalla del patriarca vikingo.

 

Streaming

La palabra clave del comunicado aparece de pronto, cuando no se la espera, de manera casi chocante al principio, hasta que uno entiende a qué se refiere: TECNOLOGÍA. Estamos ante el eje central de lo que va a ser el nuevo fútbol.

Florentino ha logrado por fin hacer valer su visión, una concepción del espectáculo del fútbol que estaba destinada a caer por su propio peso. Y ya ha caído.

Ahí fuera hay una audiencia de millones y millones de espectadores potenciales, en los cinco continentes, a los que el fútbol europeo, absurdamente, mantiene ajenos al espectáculo. El fútbol europeo está renunciando voluntariamente (pero ya no, esa es la noticia) al negocio inimaginablemente lucrativo que supone el hacer llegar la competición, vía streaming, a ese niño de Mozambique que luce con emoción la camiseta del Liverpool, o a ese viejo de Tegucigalpa que ama al Real Madrid pero no ve sus partidos porque no puede permitírselo. No se trata solo de satisfacer esa ilusión de millones de seres humanos, que también, sino de los ingentes ingresos de publicidad que tal desarrollo va a suponer para los protagonistas del espectáculo, o sea, los clubes. Ahora esos millones y millones de aficionados podrán ver cumplido su sueño a través de una simple conexión a internet. El fútbol será gratis o muy barato, porque lo pagarán los ingresos publicitarios generados a través de firmas ávidas de llegar a una audiencia mucho más masiva de lo que nadie jamás haya podido concebir. Habrá un Netflix del fútbol, probablemente la propia plataforma Unify, que permitirá el acceso a los partidos a precios incomparablemente más reducidos.

A nadie se escapa que los derechos de los partidos están ya entregados por contrato a diferentes operadores y a unos cuantos años vista, pero el volumen de negocio que se va a producir a través del streaming convierten esta variable en casi insignificante. Quizá haya que esperar a que se extingan esos contratos para que el nuevo “fútbol de Netflix” eche a rodar, o quizá el negocio dé incluso para indemnizarles por lo no cumplido y comenzar la nueva y fascinante andadura.

Nos encontramos ante el eje central de la nueva concepción de esta industria. Sorprende que no se haya concluido antes que este nuevo contexto es infinitamente mejor para todas las partes implicadas. Florentino ha logrado al fin convencer al fútbol de que es el nuevo e inexcusable capítulo a escribir.

 

Resolución de la disputa legal

Como decíamos, todo esto se logra gracias a la posición negociadora que le otorgaba a Florentino la sentencia del TSJE, conseguida por medio de su empeño personal, y la consiguiente posibilidad de reclamar daños y perjuicios por cuantías impensables. Pues bien, el Madrid renuncia expresamente al ejercicio de ese derecho, pero atención, solo en tanto en cuanto se cumplan los puntos anteriores de manera fehaciente, o sea, como dice el texto, “una vez que se implemente un acuerdo definitivo”.

Es un éxito absoluto de Florentino, justo en aquello que algunos vendían (¡incluso venden aún!) como un fracaso ominoso. La Superliga ha muerto, sí, por la sencilla razón de que ya no hace falta. Como instrumento de negociación para el logro de un nuevo fútbol, la Superliga ha sido una herramienta radicalmente triunfal.

 

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Permítame el galernauta que me hace la gracia de leerme contarle una historia.

El abajo firmante ha sido parte de algunas de las más incomparables plantillas del orbe. Me honra poder decir que he pertenecido a inmejorables grupos humanos que, además, jugaban al fútbol. De hecho, igual que parece que ocurre con la actual nómina de jugadores del Real Madrid, el balompié ejercía como vínculo.

Quizá la principal diferencia es que nosotros pagábamos por jugar, mientras que los jugadores de nuestro club cobran, bastante bien, por ello. Nosotros nos conjurábamos bastante a menudo y no resultaba noticiable. En el Glorioso, que es como voy a referirme a tan magna escuadra, las concentraciones y conjuras tenían lugar en torno a cantidades obscenas de whisky de 600 pesetas, tambaleantes entradas en discotecas y no menos accidentadas salidas. Pocas cosas unen más que jalear y ser jaleado mientras vomitas tras una ingesta etílica lindante con el patetismo. El hombre de la arcada debía de sentirse como Cacaíto Rodríguez en el Giro cuando una masa de gente lo animaba, destacando entre ellos el tarado vestido de diablo. Más o menos.

Los conjurados estábamos más centrados en disputar dos, y a veces tres, partidos en un día; terminar el último; y salir corriendo con todas las prisas del orbe para llegar a casa, ducharnos y estar puntuales en el bar antes de la discoteca de tarde. Había que perfumarse. En todos los sentidos.

Espero, por su bien y por el nuestro, que la reciente cena de la primera plantilla del Real Madrid haya marchado por otros derroteros, si bien pocas cosas hay más divertidas que esos eventos

Como jugábamos en Las Rozas y alrededores y varios éramos de Madrid centro, no era raro que los viernes por la noche dejáramos las mochilas en el coche de algún compañero si el partido era a las nueve de la mañana. La llegada al campo sólo es comparable a Evasión o Victoria si la hubiera dirigido Sam Peckinpah. Pijines demacrados, aún engominados; algunos con restos de brillantina en la cara de las niñas a las que nos intentamos arrimar, casi siempre sin éxito. El look se completaba con un pitillo en la mano —la de la mochila— y, a modo de poción mágica de Astérix, una copa aguada en la otra.

Un compañero apareció un día con el partido ya empezado y, preguntado por su retraso, explicó que había hecho un recto en la rotonda antes de llegar al campo. Su AX (léase AX, no A Equis) había quedado en el centro, con la dirección partida. Ese hombre es el mismo al que me he referido en alguna ocasión como la mayor autoridad viva en punk melódico noventero. La decisión fue evidente: como un ranger, no iba a dejar solos a sus compañeros. Llegó andando, y luego ya veríamos cómo solucionar lo del vehículo autopropulsado de combustión interna.

Como seguro comprenderá el lector, el anecdotario es rico, vasto y basto a partes iguales. Recuerdo a un defensa rival quejándose al árbitro porque le picaban los ojos al acercarse a uno de nuestros delanteros. Gritaba que un tío en ese estado no podía jugar. Lo siguiente que ocurrió es que ese atacante dipsómano que ofendía pituitarias sensibles metió cuatro goles.

En cambio, en el equipo de fútbol sala los cambios se pedían para salir a la banda a echar un pitillo, dar un trago a la litrona y volver al campo como si ese fuera nuestro medio natural —la taberna—, para continuar con nuestra cátedra de fútbol posicional fiado a la técnica y no al físico. Menos aún al químico.

Espero, por su bien y por el nuestro, que la reciente cena de la primera plantilla del Real Madrid haya marchado por otros derroteros, si bien pocas cosas hay más divertidas que esos eventos. Resulta más que mandatorio el matiz de que este tipo de reuniones suelen, en el fútbol profesional, constituir una reacción a situaciones críticas. No deja de ser una reunión en la que exponer la existencia de un problema, sentar las bases del protocolo de solución y asignar responsabilidades y compromisos necesarios para, al menos, intentar finalizar la temporada con más dignidad que la mostrada hasta el momento.

Que así sea.

Buenos días, amigos. Como os contábamos ayer, la ausencia total de jugadas polémicas en el partido de Mestalla obligó a la prensa deportiva patria que padecemos a hurgar en los bolsillos en busca de cuestiones controvertidas que pudieran herir al Madrid y enturbiar su victoria (0-2), y dieron con Dani Carvajal.

Quiero ser Carvajal

Carvajal, futbolista por cuya trayectoria y persona sentimos devoción, como corresponde con uno de los únicos cinco futbolistas que se han adjudicado seis Champions Leagues, apenas ha vuelto a jugar desde que volvió de una lesión gravísima. De hecho, por lo que se ve hasta el momento, el que ha vuelto no ha sido Carvajal, o al menos no el Carvajal que conocíamos. Esto es normal, dada la extrema gravedad de la lesión sufrida y la edad del deportista. Lo que no es normal es la presión que ciertos periodistas, curiosamente los más antimadridistas, están tratando de ejercer sobre Álvaro Arbeloa bajo la pretensión de que debe darle la titularidad, o al menos más minutos.

Marca se acerca con cautela al asunto en su primera plana de hoy, informando acerca de un encuentro entre entrenador y subordinado en el día de ayer, encuentro diseñado con el fin de limar las posibles asperezas.

Nosotros creemos en la libertad del entrenador del Madrid (sea Arbeloa o el que ocupe el cargo en cada momento) para alinear al lateral derecho que estime oportuno teniendo en cuenta todas las variables que estime convenientes. Ídem para laterales izquierdos, centrales, mediocentros, interiores zurdos o diestros, mediapuntas reconvertidos o no, extremos a pierna cambiada o persistente y nueves falsos o verdaderos. Ídem para porteros incluso, no en vano recordamos perfectamente la etapa en que se pretendía que José Mourinho no alineara al guardameta que consideraba apropiado, hiriendo (supuestamente) el prestigio de un héroe nacional como Casillas.

Este caso se parece alarmantemente a aquel. La prensa deportiva patria que padecemos parece creer que el Real Madrid es una empresa pública que está ahí para allanar el camino de los éxitos de la Selección Española de Fútbol, dando a su lateral derecho titular los suficientes minutos para garantizarse su presencia en el Mundial. Sucede que la misión de Arbeloa no es esa, sino precisamente la de alinear en cada partido al lateral derecho que en su criterio pueda ser más útil en el planteamiento general del mismo. La mejor prueba fue el propio partido de Mestalla, en el cual, desoyendo lo sonoro de los nombres a su disposición (tenía para ese puesto a Dani, pero también nada menos que a Trent Alexander-Arnold y al propio Valverde), optó por la sorpresa del canterano Jiménez. (Spoiler: le salió bien).

El fútbol no atiende a méritos pretéritos. Carvajal debe ganarse el puesto de nuevo partiendo desde cero. Estamos seguros de que no está detrás de la campaña de la prensa en su favor, como lo estamos de que Casillas, en su momento, no lo estaba tras la que tanto le favoreció. En el Madrid eres tan bueno como tu último partido. Quizá esto sea demasiado optimista y la cosa sea más exigente aún: como tu próximo partido. No solo Dani sabe esto, sino que lo apoya, y toda su vida deportiva ha sido un ejemplo de interiorización de ese mensaje.

A partir de aquí, que juegue el mejor, en el lateral derecho y en el resto de puestos. Y “el mejor” no significa quien mejor palmarés tenga, sino quien mejor esté en cada momento. Pretender que Carvajal, leyenda del Real Madrid, se rija por otra regla distinta de esta supone ser absurdamente condescendiente con él. Carvajal es, de hecho, la mejor representación viva de la validez de la regla, el ejemplo más paradigmático de la misma.

Tanto Marca como As reservan diminutos apartados a la cena de “conjura” que, con el propio capitán Carvajal a la cabeza, tuvo lugar ayer en el centro de Madrid. Muchos madridistas se ríen o hasta temen estas “conjuras”. A nosotros lo único que nos disgusta es que acabara tan tarde (2AM). Por lo menos los jugadores salieron y se metieron directamente en sus coches, sin cambiar de acera. La madrileña calle de José Abascal la carga el diablo, y no solo por los atascos.

Hoy vamos a terminar, sinceramente removidos por dentro a causa de su entrevista en Mundo Deportivo, ofreciendo toda nuestra solidaridad y apoyo a Araujo. Lo que ha sufrido (en la propia portada podéis verlo) es incalificable, y cuando alguien pasa por situaciones así lo menos que puede sufrir es trastornos de salud mental como los que ha padecido el central uruguayo. Vivimos en un mundo que ha enloquecido por completo, y la más clara señal de esa demencia vil está en las redes sociales.

Si nos lo permite, queremos enviar un fuerte abrazo a Araujo, con nuestra admiración.

Os dejamos con Deco en la portada de Sport. También habla de Araujo.

Pasad un buen día.

«Se nos rompió el amor de tanto usarlo», declamaba Rocío Jurado allá por 1985. Y no parece ser mal diagnóstico para los males de espíritu que sufre parte o gran parte (uno nunca sabe calibrar estas cosas) de la afición madridista. Perdida la fe y la ilusión —ingredientes clave en los flechazos—, no es tanto cuestión de números (el equipo está a punto del liderato y vivo en Europa), como de sensaciones. ‘No es lo que dices, sino cómo lo dices’, seguro que les suena.

Seguramente sólo basten dos ráfagas de sentido común para favorecer el reencuentro del Madrid con los suyos

«Me alimenté de ti por mucho tiempo, nos devoramos vivos como fieras; jamás pensamos nunca en el invierno, pero el invierno llega, aunque no quieras», decía la canción, y es imposible no retrotraerse al pasado cercano que todos tenemos en la cabeza. A los nombres que no hace falta ni mencionar y que un día pensamos que era normal que gobernaran el centro del campo de Chamartín. Aunque quizá sí se pensó en el invierno, pero no en el frío. La apuesta pasaba por el músculo y la fuerza, olvidando que lo más importante de un asalto viene después del robo, cuando has de pensar qué hacer con el botín (la pelota, por si no tuvo éxito la metáfora). Y ahí tienes que disponer de jugadores que vean luz entre las murallas ajenas, que construyan sociedades capaces de predicar los verbos más mortíferos del fútbol: crear, sorprender, inventar.

Se nos rompió el amor

Celebraba parte de la prensa en la última fecha la recolocación de Valverde en el centro del campo “porque así cada pieza vuelve a su lugar”. Como si el fútbol guardara algún símil con el Tetris o respondiera a exactitudes matemáticas. En realidad, es más sencillo y seguramente sólo basten dos ráfagas de sentido común para favorecer el reencuentro del Madrid con los suyos. Una, no tocar lo que funciona. Si el uruguayo ha desplegado su mejor juego escorado en la derecha, seguramente como falso extremo derecho, ¿por qué ese empeño en amarrar sus alas como volante? Valverde, mal que le pese a él, a su entorno o al espíritu santo, es un jugador-bombero, de los que brilla cuando se requiere de acción y el terreno no es seguro. La segunda premisa es que si tienes un pie privilegiado entre tanto saco de proteína, el de Güler, seguramente no sea buena idea exiliarlo junto a la línea de cal. Que no es Modric. Que le falta cocción. Que no es para tanto. Lo que quieran, pero a día de hoy es de los pocos jugadores con linterna. Y al Madrid no le sobra ni luz ni poder de seducción. Veremos el sábado. San Valentín, por cierto.

 

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Todos los que alguna vez hemos tenido relación con el campo —me refiero al campo de verdad y no al que el urbanita se imagina cuando piensa en echar un fin de semana— conocemos la marca John Deere. Es el fabricante de tractores por antonomasia. Sus máquinas son robustas, fiables. Están hechas para que duren toda la vida, como se hacían las cosas antes.

Si Valverde, Tchouaméni y Camavinga fueran tractores, quizá serían tractores John Deere. Desde luego, los dos primeros sí, pues son fiables y robustos, jugadores para toda la vida, en particular Valverde. No sé yo si Camavinga, que lleva casi dos años con la consistencia en su juego de una vía de tren arreglada por el Gobierno de coalición y de progreso…

Recuerdo que una vez Toni Kroos se amoscó con Bernardo Schuster por decir que tenía la movilidad de un tractor. Y eso que Kroos, más bien, se parecía a uno de esos aviones de combate tipo Harrier, caracterizados por su «empuje vectorial». Que, en palabras de la Wikipedia, «es la capacidad de una aeronave u otro vehículo para dirigir el empuje de su motor en una dirección distinta a la paralela al eje longitudinal del vehículo».

La mejor batuta: Toni Kroos

Siendo, pues, muy generosos, el Madrid tiene un centro del campo poblado de tractores John Deere. En Valencia pudimos disfrutar de la puesta en escena del que será el mediocampo con el que el Madrid de Arbeloa enfrentará al Benfica por algo más que una plaza en los octavos de final de la Copa de Europa, pues de esa eliminatoria dependerá en buena medida la pelea por el título de liga, las altas y las bajas que se acometan en verano e incluso la próxima carrera electoral por la presidencia del club y, sobre todo, la salud mental de millones de personas en todo el mundo.

Contando con que alguien sano y con las dos piernas (y sus rodillas) en su sitio, esté disponible para jugar de lateral derecho, el trío Valverde-Camavinga-Tchou será el de la partida en el eje, el triángulo que estará en la base del juego del equipo en los partidos más importantes del año.

El Madrid está para ir tirando y para eso, este centro del campo es perfecto, porque ayuda a que atrás se consolide algo y que adelante se pueda crecer en torno al tándem Güler-Mbappé

Una nota al margen: el Madrid cuenta, ahora mismo en su plantilla, con los dos mejores laterales del fútbol europeo en la última década. Sin embargo, ninguno parece estar para titular, lo cual no deja de ser un chiste más bien amargo. Teniendo en cuenta que Carvajal, después de su devastadora lesión y con la edad que tiene, a lo mejor no llega ya ni al cincuenta por ciento del extraordinario jugador histórico que fue; y que Trent tiene esa cara desnortada y temerosa que se les pone a las estrellas inglesas de la Premier en cuanto salen de aquel ecosistema tan característico y brit del fútbol de las islas, ¿qué planificación deportiva soporta esto?

En Mestalla vimos un adelanto de lo que ese Madrid de hormigón, músculo y afrotrap puede darnos. Consistencia, desde luego. También aburrimiento. El Madrid tuvo en Valencia el ritmo y el dinamismo de un tractor labrando una parcela. Más que empuje vectorial, su centro del campo tuvo empuje centrípeto, empujaba hacia dentro y a nosotros, que lo veíamos desde el sofá de nuestra casa, nos empujaba a la cama: al proceloso mar de los lunes, a los grises afanes cotidianos, a la levedad del tiempo ordinario…

No es un Madrid que haga soñar, desde luego, más bien lo contrario. Pero a estas alturas el madridista ha de ser consciente de que no está para soñar sino para evitar tener pesadillas. Hay que ser humilde. Hay pocas cosas peores, para un madridista, que cortarle las alas a su imaginación: se me ocurre que un empate a cero y que lo entrene un vasco. El Madrid está para ir tirando y para eso, este centro del campo es perfecto, porque ayuda a que atrás se consolide algo y que adelante se pueda crecer en torno al tándem Güler-Mbappé.

Entre Valverde, Tchou y Camavinga apañan las coberturas, por lo que se puede contar con alguna alegría de los laterales «largos». Ya lo vimos con Carreras, que por momentos parecía incrustado en los tres cuartos de campo como un mediapunta más. Esto evoca las grandes praderas en las que habitaron los mejores laterales de la historia del Madrid: Roberto Carlos, Marcelo, Carvajal…

El John Deere nunca va a correr como un Ferrari, pero ¿es eso lo que ahora hace falta?

También se le ve un poco mejor a Huijsen, que se atreve incluso con conducciones largas y a subir hasta la bombilla del área del contrario. Su envergadura y su toque de balón son sus mejores bazas de cara al futbolista que podría ser y que probablemente será. Su mili está siendo dura. El Madrid es una bomba que pone a prueba hasta el carácter sosegado y chill de los zoomers. De esta temporada puede salir un jerarca. Me acuerdo de los primeros años en el Madrid de Ramos o de Marcelo.

En base a esa «formación tortuga», con Asencio-Huijsen sujetando y el triángulo antedicho flotando sobre ellos, el Madrid puede crecer. Sin ambiciones, recordando casi la defensa de 5 de Del Bosque en el 2000, con carrileros abiertos y joviales… —con peores mimbres el Madrid ha ganado una Copa de Europa—, aunque este año habrá que ir viendo. El John Deere nunca va a correr como un Ferrari, pero ¿es eso lo que ahora hace falta? Todos los equipos campeones han empezado por sellar la portería propia. Y aunque el verbo sellar es mucho verbo para este Madrid, desde las victorias sufridas y el agonismo zidanesco se puede construir algo, por más que sea algo de emergencia.

¿Acaso no vive el Madrid en un estado de emergencia permanente?

 

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Buenos días. La vida evoluciona, es innegable. Con el paso del tiempo, un puñado de microorganismos unicelulares devinieron en bichitos más complejos. Algunos de ellos se llenaron de huesos por dentro y, poco a poco, fueron mutando hacia algo parecido a monetes. Del homo agachadus se pasó al homo erectus —sobre todo al despertar— y, tras procesos complejos, se conformó el ser humano actual.

La tecnología, lo inerte, también avanza. De herramientas de piedra fabricadas a porrazos se llegó, miles de años después, a inventos como, por ejemplo, el enchufe.

Sin embargo, no todo proceso evolutivo supone una mejora.

💣💣💣 @matias_prats carga contra Arbeloa en el caso Carvajal https://t.co/hLdeAVwo7m

— Radio MARCA (@RadioMARCA) February 9, 2026

Tras grandes profesionales como su padre y abuelo, ahora contamos con el tercer Matías Prats. Han pasado los años, la vida ha evolucionado, pero la nitidez de análisis y la precisión comunicativa, vaya usted a saber por qué, no le ha salido cara al descendiente de ilustres periodistas.

El domingo, el Madrid ganó en Mestalla sin mucha vistosidad, sí, pero sin polémica alguna, sin sufrir ningún agobio por parte del rival, de manera efectiva. Además, no disputa ningún encuentro entre semana. Resultado: los medios dicen «¡que me quedo sin comer!» (un saludo, Garabatxs). Mirad sus portadas.

Es necesario regar la polémica relativa al Real Madrid —el único equipo que realmente hace ganar dinero a todos los que beben de la ubre del fútbol— y esta vez le ha tocado ejercer su papel a Matías Prats doble Jr. ¿El «conflicto gravísimo»? Que Carvajal juega poco después de superar una lesión cuyo primer objetivo de recuperación era asegurar que pudiese volver a caminar con normalidad.

Matías Prats doble Jr. ejerció su papel en Radio Marca. Y vertió sentencias —para el sistema sólidas— sobre la alcachofa con el doble objetivo de siempre: avivar el avispero publicitario de los clics y generar mal ambiente para poner todos los palos posibles en las ruedas al Real Madrid.

«Carvajal dice que está bien físicamente, y es un tío muy autocrítico. Cuando no está, no está. Pero él insiste: "yo estoy bien, estoy para jugar"». Primero, no lo está diciendo Carvajal, lo está diciendo doble Jr. Segundo, en el hipotético caso de que lo hubiera dicho Carvajal —una auténtica leyenda—, en fútbol debe jugar quien el técnico considere que se encuentra más en forma o va a desempeñar mejor su función en cada partido, no quien afirma estar en mejor condición. El madridismo quiere mucho a Dani, pero él es el primero que sabe que el Real Madrid está por encima de todo.

Doble Jr. tampoco es tan fino como los otros dos Matías Prats: por el lateral derecho del Madrid «ha pasado todo Dios menos él». Aquí ya a gusto de cada cual.

Doble Jr. ahondó en el asunto de que Arbeloa debe hacer lo que Mati considera, ¿o no va a saber más un periodista con pedigrí que el entrenador del Real Madrid?: «Me cuesta creer que Carvajal no esté ni para un ratito. ¿De verdad no hay un hueco para verle, para comprobar cómo está? Carvajal no es uno más. Es el jugador con más Copas de Europa de la historia. No se le puede tratar como a un chaval o como a un canterano. Que pregunten en el vestuario cuánto se le echa de menos cuando no está».

A nosotros nos cuesta creer que no haya alguien en Radio Marca que comprenda, aunque sea durante un ratito, que el entrenador del Real Madrid conoce mejor el estado de cada miembro de su plantilla y, por pura supervivencia, trata por todos los medios de alinear a quien le dé más posibilidades para ganar cada encuentro.

Pero hacía falta más gasolina para propagar el fuego: «Lo que pasa es que Arbeloa, no sé por qué, ha tenido conflictos con muchísimas leyendas del Real Madrid: con Iker Casillas, con Sergio Ramos, con Cristiano. Ha tenido conflictos ahora con Carvajal. No sé qué le pasa a Arbeloa con algunas leyendas del Real Madrid. Es como si les tuviera envidia. A veces quiere ser más papista que el Papa y con Carvajal está siendo muy injusto».

Mati Prats sabe que con estos rejonazos crea conflicto entre sectores del madridismo que tienen opiniones diferentes sobre algunos temas. Además, se lleva la ovación del antimadridismo.

La presión mediática para que juegue tal o cual jugador del Madrid que, curiosamente, también se desea que siga en la selección, no es nueva. Todos recordamos la exigencia a Mourinho para que alinease a Casillas con independencia de su estado de forma, por decreto ley. Repetimos, queremos mucho a las leyendas blancas, pero el Madrid ha llegado a ser el mejor club de la historia por seguir valores como los que entraña la famosa frase de D. Alfredo: «Ningún jugador es tan bueno como todos juntos».

Esta presión, sin embargo, nunca aplica a otros clubes como Barça y Atleti. En ambos siempre reina la paz, nadie está en desacuerdo con su técnico y quien juega es porque lo merece, con independencia del parentesco o estado de forma.

Con el Madrid, si su entrenador pone en liza a un canterano, mal porque no juega un veterano. Si juega un veterano recién recuperado de una gravísima lesión, mal porque no lo cuida y puede recaer. Si se lesiona toda la defensa a la vez y ha de jugar un futbolista que habitualmente lo hace en otra posición, mal porque la directiva no previó que se lastimaran al unísimo y debería haber contado con 50 miembros por puesto en la plantilla.

Afortunadamente, tanto Arbeloa como Carvajal han ganado todo por méritos propios, nadie logra Mundiales, Eurocopas y Champions gracias al nepotismo.

La vida evoluciona. Unas veces para mejor, otras no. Aunque hay inventos que siguen funcionando de maravilla desde hace muchos años. Por ejemplo, el enchufe.

Pasad un buen día.

Horrible partido en Mestalla. Otro más. Encuentro que habríamos firmado los últimos diez años, por otra parte. Quien lo niegue no está siendo sincero consigo mismo. El equipo sigue con encefalograma plano. Carreras salvó los muebles esta vez. Con que uno de los jugadores tenga un buen día nos bastará para ganar al 90% de los rivales. La Real Sociedad del fin de semana próximo será otra historia, pero hay que seguir al acecho de los corruptos, que no fallarán fácilmente bajo la protección del régimen. Esta semana juegan contra el Atlético semifinales de Copa, pero ya se han encargado de ponerles el siguiente partido en lunes, no vaya a ser que no puedan descansar suficiente. Alfombra roja hasta el título. Pagaron por neutralidad.

Hoy también quiero disentir de Antonio Hualde y su artículo de La Galerna sobre si el Real Madrid necesita a Vini: El Real Madrid necesita a Vini tanto como Vini al Real Madrid. Llevamos tiempo viendo que el ambiente tóxico del fútbol español está haciendo mella en el madridismo. Cierto es que el propio jugador se ha complicado la vida en un país cazurro, con el fútbol nacional con un nivel de corrupción insoportable. Pero un partido sin Vini es mucho más aburrido, rutinario y predecible. Llegó al Real Madrid para ser universal y contribuyó a la universalidad del club con dos temporadas memorables y dos orejonas más en las vitrinas.

El madridismo no puede dudar de Vini. No podemos entrar en ese juego. No hay debate futbolístico pertinente mientras el CTA exista, mientras el VAR y los árbitros sigan sometiendo sus decisiones a la conveniencia denigrante de los corruptos dirigentes del fútbol. Mientras el aficionado siga pagando un precio imposible por un producto devaluado. Mientras sigamos participando en el show de Truman, en una competición más falsa que la WWE. Clubes históricos como Atlético, Deportivo de la Coruña, Real Sociedad, Athletic o el mismísimo Valencia jamás volverán a tocar pelo. Ya es imposible. Todos están arruinados o relegados a comparsas.

Los dirigentes del resto de clubes miran al horizonte y silban con el palillo en la boca mientras dilapidan el dinero que Tebas les trajo del futuro. La liga les importa un bledo. Para los aficionados veteranos es especialmente sangrante la rendición del Atlético a ocupar el espacio de “eterno rival” al que renunció mansamente en favor de un Barcelona dopado por la corrupción. Jesús Gil ya lo sabía en 1993. Sus sucesores lo conocen, pero lo toleran sin problemas, mientras van trincando y mientras su domesticada afición siga mirando el dedo.

El madridismo no puede dudar de Vini. No hay debate futbolístico pertinente mientras el CTA exista, mientras el VAR y los árbitros sigan sometiendo sus decisiones a la conveniencia denigrante de los corruptos dirigentes del fútbol

Díganme, con la mano en el corazón, quién puede ganar la liga desde que el Barcelona inundó de millones a quien ponía y quitaba árbitros. Los corruptos pactaron con Tebas para torcer la ley en su beneficio, con el respaldo del gobierno, para inscribir jugadores ilegalmente, para ganar ligas haciendo trampas con el límite salarial, con palancas ficticias cuyo dinero jamás aparecerá. Ningún club protestó. Ya no echan de menos competir por los títulos. Todos se conforman y apoyan al patrón, cómplice necesario, porque les compró con dinero de 2070.

¿En serio quieren que hablemos de Vini?

Cuando los ladrones se ponían antifaz

En LaLiga tienen muy claro qué hacer. Como toda organización delictiva, se protege eliminando o debilitando rivales por cualquier medio. Vinícius ha sido señalado principalmente desde los medios que Tebas tiene apesebrados. La mayoría. Los directores viven satisfechos por facturar sin tener que competir en un mundo de redes sociales, donde la imaginación, la creatividad y el carisma es lo que determina la supervivencia. Se sabe que los periodistas deportivos venden desde siempre su escaso o mediano talento al mejor postor, pero mentir, inventar, ofender, perseguir a un chaval para conservar un empleo…

¿Necesitan pruebas del acoso mediático continuo sobre Vini? ¿Creen que es culpa suya estar siempre en el centro? ¿En serio?

Vini no se merece estar en el ojo del huracán y no, no es una persona conflictiva. Vini es una víctima

No. Vini no se merece estar en el ojo del huracán y no, no es una persona conflictiva. Vini es una víctima. Y aquí tenemos a parte del madridismo comprando el relato de Tebas, de Carlos Martínez, Maldini, Lama, Serrano (el malo), Iturralde y todos los sicarios de Vladimir Harkkonen, que son legión, y que saben qué hacer para que sus jefes estén contentos. Tebas es a los medios de comunicación lo que el Barcelona a Negreira: el que paga millones en la oscuridad para que el que cobra haga un trabajo ilícito, delictivo o éticamente censurable. Grados de corrupción.

Créanme que lamento disentir de madridistas con pedigrí, pero les veo francamente desorientados. Vini es un chico indomable, pero jamás fingió un penalti hasta que se dio cuenta de cómo funcionaba el tinglado. No se hundió hasta que descubrió la verdadera maldad en la semana del balón de oro de 2024. Y no, no es un argumento trivial que sólo él combata el racismo teniendo cinco compañeros negros en el once porque solo le abuchean a él. Me van a disculpar. Vini es el mejor extremo del mundo. Su potencial no se discute: en la sala de trofeos pueden ver las champions que ha facturado con sus goles. Sus asistencias en Europa le sitúan en el top 5 histórico de la competición, con 26 años. ¿Qué dicen? ¿Que hay que venderlo? ¿Que perjudica al equipo? No. Vini, con todo lo bueno y todo lo malo, es Juanito. Y a Juanito se le admira, se le apoya y se le respeta. Hay más madridismo en Vini que en el bochornoso espectáculo del Bernabéu el día del Levante. Y bastante más que en el otro 7 que tanto nos dio, pero que se despidió a la francesa.

Esto es una guerra y en la guerra el enemigo utilizará todas sus armas. ¿Vamos a dejar de usar las nuestras? ¿Vamos a dejar ir a nuestro jugador más determinante para darle la razón a los inmaduros emocionales de Mestalla, a los irrelevantes Maffeo, Raíllo? ¿A la chusma de los medios? Claro que no. El Real Madrid es otra cosa. Ya nos queda menos para volver. Y aplastaremos a cualquier rival con este equipo, con este mismo, cuando despierte de esta pesadilla extraña, pero con Vini, siempre con Vini en su banda, torturando rivales.

 

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El encuentro vivido en Mestalla frente al Valencia volvió a dejar una enseñanza que, a estas alturas de la temporada, ya no debería sorprender a nadie, pero que sigue repitiéndose como si el fútbol tuviera la memoria muy corta, que la tiene. Durante los primeros treinta minutos, el equipo fue irreconocible: plano, previsible, sin ritmo y, lo que es peor, sin una sola idea clara de cómo hacer daño al rival. La posesión era estéril, el balón circulaba lento y horizontal, y el ataque se convertía en una sucesión de pases inofensivos que no inquietaban a nadie. Y aunque en el fútbol casi nunca hay una única causa para un mal funcionamiento colectivo, resulta imposible no señalar un factor clave: la decisión de ubicar a Arda Güler en la banda derecha.

El problema no es nuevo. De hecho, es reiterativo. Cada vez que Güler aparece como extremo falso, y digo falso porque no acaba siendo ni una cosa ni la otra cuando le tiran a una banda, el Real Madrid pierde una de sus principales armas creativas. El turco queda aislado, desconectado del juego, y condenado a recibir balones en zonas donde su talento apenas puede manifestarse. Pegado a la cal, lejos del centro del campo y del área, Arda se convierte en un jugador casi decorativo, obligado a cumplir funciones que no encajan con su perfil ni potencian sus virtudes. Porque Arda Güler no es un futbolista de desborde constante, de ganar duelos en velocidad ni de castigar desde la línea de fondo.

Su juego no se basa en la potencia ni en la repetición de acciones individuales. Su fútbol es cerebral, técnico, de lectura anticipada. Es un jugador que necesita tocar balón, participar, intervenir entre líneas y sentir el peso del juego. Todo eso desaparece cuando se le encierra en una banda. Durante esa primera media hora, el Real Madrid fue un equipo sin ningún argumento futbolístico. No había verticalidad porque nadie filtraba pases, no había sorpresa porque nadie aparecía entre líneas. Tampoco había ritmo, porque el balón nunca encontraba continuidad. Güler, lejos del epicentro del juego, apenas intervenía y, cuando lo hacía, era para recibir de espaldas, con dos rivales encima y sin opciones reales de progresar. Así es imposible que marque diferencias.

Cada vez que juega por dentro, deja destellos de futbolista especial. Cada vez que se le desplaza a la banda, su influencia se diluye. Y, aun así, entrenador tras entrenador, la historia se repite

La corrección llegó pasada la media hora, y no fue casual. Arbeloa entendió entonces lo que el partido estaba pidiendo y recolocó al equipo. El cambio fue tan simple como revelador: un rombo en el centro del campo. Tchouaméni se situó como mediocentro posicional, Camavinga y Fede Valverde ocuparon los costados del mediocampo, aportando recorrido, energía y equilibrio, y Arda Güler pasó a jugar por dentro, como mediocampista más adelantado, prácticamente en la mediapunta. Ahí, en ese espacio natural para él, el partido cambió por completo. Con Güler en zonas interiores, el Real Madrid empezó a funcionar. De repente, el balón circulaba con mayor velocidad y sentido.

Aparecieron los apoyos, las paredes, los pases al primer toque. Arda comenzó a recibir entre líneas, a girarse, a levantar la cabeza y a filtrar balones al espacio que rompían defensas. El equipo ganó profundidad sin necesidad de correr más, simplemente pensando mejor. Ese es el valor diferencial de Güler. No necesita diez toques para generar peligro; le basta uno. De hecho, cuando retiene el balón es un jugador que pierde sus virtudes, él triunfa en la respuesta inmediata. Su capacidad para detectar el movimiento del compañero y encontrarlo con precisión es algo que el Real Madrid no tiene en abundancia, por eso resulta tan desconcertante que se le aleje sistemáticamente de esas zonas donde puede decidir partidos.

Las notas del Real Madrid-Juventus

No es una cuestión puntual de este encuentro. Es una tónica general que se viene repitiendo desde que Arda empezó a tener un rol más importante en el equipo. Cada vez que juega por dentro, deja destellos de futbolista especial. Cada vez que se le desplaza a la banda, su influencia se diluye. Y, aun así, entrenador tras entrenador, la historia se repite. Se le prueba como derecho, e incluso izquierdo, se comprueba que no funciona, se le devuelve al centro… y, al cabo de unas semanas, vuelta a empezar. De verdad, os prometo que siempre que juntéis amarillo con azul, siempre va a salir el verde, no tiene sentido seguir pensando que un día aparecerá el rojo como resultado.

Cuesta entender qué se busca exactamente con ese empeño. No hay margen para la duda ni para la experimentación eterna, el fútbol ya ha dado su veredicto. Hay suficientes partidos, suficientes minutos y suficientes ejemplos como para afirmar con rotundidad que Güler rinde mucho más por dentro. No es una opinión caprichosa ni una preferencia estética: es una evidencia futbolística. Además, insistir en colocarlo en banda no solo perjudica al jugador, sino también al colectivo.

El Real Madrid pierde creatividad, pausa y claridad en el último tercio. En un equipo que, por momentos, ya tiende a ser demasiado físico y directo, prescindir de un perfil como el de Güler en el centro del campo es casi un contrasentido. Ayer quedó claro una vez más que, cuando se le da libertad por dentro, Arda no solo mejora su rendimiento individual, sino que eleva el nivel de todo el equipo. Los compañeros juegan más cómodos porque saben que siempre hay una línea de pase limpia y los atacantes reciben en mejores condiciones. El rival se ve obligado a replegar y a vigilar espacios que antes no existían, todo fluye con mayor naturalidad.

Resulta llamativo que, en un club que históricamente ha sabido potenciar a sus mediapuntas y centrocampistas creativos, se siga dudando tanto con un jugador de este perfil. Güler no necesita ser encasillado ni reconvertido. No necesita aprender a ser otra cosa distinta, menos aún conociendo las necesidades actuales del Real Madrid. Lo que necesita es continuidad y confianza en la posición que potencia lo que ya sabe hacer. El partido de ayer debería servir como recordatorio definitivo. El Real Madrid fue un equipo gris mientras Arda estuvo en la banda, pero con buenas ideas cuando Arda pasó al centro.

No es casualidad, es causa y efecto. Y seguir ignorando esa relación empieza a rozar la obstinación. Arda Güler es un futbolista para mandar, organizar y decidir. Es un jugador de centro del campo, de zonas interiores, de último pase y de lectura del juego. Todo lo demás es forzarlo, limitarlo y, en última instancia, desaprovechar un talento que puede marcar una época si se le utiliza correctamente. El fútbol, al final, suele ser bastante simple. Poner a los jugadores donde mejor rinden suele ser la solución más lógica. Con Güler, el camino está más que señalado. Solo falta, de una vez por todas, dejar de dar rodeos y asumir lo que ya es un clamor para cualquiera que vea los partidos.

 

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