Las mejores firmas madridistas del planeta

Escribo con una mano en la pluma y la otra en la herida, que no es menor y que no deja de sangrar incluso a estas horas, cuando ya va quedando atrás la embestida y la odiosa razón vuelve a susurrarme al oído que es el momento de volver a puerto a remendar los velámenes rotos y reparar las desarboladuras. Es lo que sucede con este asunto del amor, que destruye siempre todo lo que crea. No importa. No hay por fortuna amante que no sea ciego, ni esperanza de resurrección que no se cumpla cuando sea preciso el instante. Así lo veremos, lo viviremos, lo celebraremos y lo asentaré en estas entregas semanales que no buscan ser análisis deportivo sino la crónica emocional del madridismo más expresionista. Perdonará usted, en consecuencia, la hipérbole como carácter de estilo de mis tareas de notario de las venturas y —escasísimas— desventuras del más grande club deportivo que jamás haya existido en este planeta. Y es que conviene recordar que el Madrid no muere nunca, amigos míos, porque fue construido con las inapelables sustancias de la eternidad. Los muertos, muy a pesar de lo que apunten los diarios estos días, son siempre otros.

Superados ya los tiempos de la expiación, conviene detenerse un poco, retomar el aliento y pensar con un mínimo de serenidad en lo ocurrido. Sí, se perdió y de manera atroz. No se puede negar lo evidente. No hubo modo alguno de meterle mano a una banda de bien organizados mercenarios amparados por el consentimiento institucional que obvia sus muy opacas fuentes de financiamiento. Juegan con la precisión de un autómata. Se abren paso a la fuerza, sin detenerse en las maneras y con un solo objetivo claro, que es el de hacer daño en la portería enemiga. Así debe ser: en este deporte la estética no puntúa salvo en la imaginación de los pusilánimes. Lo hacen bien, muy bien, lo hacen ahora mismo mejor que nadie y el Madrid, acaso pecando un poco de noble candidez, se abrió al combate sin anticipar la andanada de estacazos que se le venía encima. Es lo que tiene pertenecer a la casta señorial, que suele olvidarse el fiero y vengativo afán de los que nacieron para no conocer jamás la gloria –y además lo saben.

Gaitas borrascosas, el secreto de Luis Enrique

A mí me preocupa sobre todo el estado anímico de los jugadores. Más allá del agotamiento natural del fin de temporada, me resulta evidente una especie de agobio generalizado, un género de abulia arraigada y solo interrumpida por esporádicos exabruptos de la voluntad. Hace meses se hablaba de un equipo con “la panza llena”, lo que me ha parecido siempre un diagnóstico ramplón y claramente insuficiente. No creo que un deportista de alto rendimiento, uno que además ha tenido la fortuna de pertenecer a la institución más grande del deporte, pueda sentirse satisfecho alguna vez: ha sido precisamente su apetito insaciable quien lo ha llevado hasta el sitio donde se encuentra. Se sabe.

el Madrid no muere nunca, amigos míos, porque fue construido con las inapelables sustancias de la eternidad. Los muertos, muy a pesar de lo que apunten los diarios estos días, son siempre otros

Hay algo más, creo yo, una suerte de vacilación que aventuro identificar con una falta de pegamento interno. Me explico: el fin de todo equipo es ganar, pero si en el equipo hay miembros que buscan utilizar el trabajo de otros para su exhibición personal, ese pegamento del que hablo desaparece y como consecuencia el potencial de grupo disminuye con rapidez; en el mundo de la empresa los incentivos personales resultan siempre contraproducentes. Por eso detesto la idea de premios individuales para los jugadores, porque estimulan precisamente esa devaluación del trabajo común. ¿Qué preferiría un goleador obsesionado con sus números, ganar 1-0 con un gol anotado por un compañero o perder 4-3 cuando los tres goles de su equipo los ha marcado él? “Quien no junta conmigo, desparrama” (Mt. 12:30)

Se dice que un equipo es más que una colección de grandes nombres y a mi juicio esto es muy cierto. Donde no hay esfuerzo, sentido de comunidad, compañerismo, identidad y pertenencia, solo puede existir una sumatoria de individualidades que, por muy portentosas que estas sean, serán siempre incapaces de alcanzar el efecto multiplicador que surge de las causas asumidas de manera conjunta. En esta era nuestra esto resulta más difícil que nunca porque impera una vocación individualista y tiránica que antepone la ley del capricho por encima de todo sacrificio. El ciudadano del siglo XXI es un tiranuelo de sofá que lo quiere todo y lo quiere ya: la realidad habita en las pantallas y estas, que no se olvide, han sido hechas para obedecer las manos que manipulan los botoncillos del control remoto.

el fin de todo equipo es ganar, pero si en el equipo hay miembros que buscan utilizar el trabajo de otros para su exhibición personal, ese pegamento del que hablo desaparece y como consecuencia el potencial de grupo disminuye con rapidez

Toca mirar de nuevo hacia el futuro. ¿Qué hará Xabi Alonso con estos mimbres? ¿Eran falsos esos brotes verdes que algunos vimos recientemente? ¿Es menester demandar la incorporación de jugadores que puedan brindar más garantías de las que ofrecen los miembros actuales de la plantilla? En fin, preguntas todas muy útiles y necesarias. La gestión se vuelve más urgente en tiempos de crisis y ahí estamos todavía porque a pesar de que se ha sustituido al timonel, la verdad es que el Madrid no ha podido operar aún en un nivel de consistencia mínima. Un buen gestor debe reducir las variables que condicionen el desempeño de un grupo, debe crear sistemas, es decir, implantar eso que hoy en el mundillo de la prensa deportiva se conoce como “automatismos”. Escuchando hablar a Alonso me queda claro que es un hombre con una definición de éxito bastante clara; seguramente él y su staff cuentan con los recursos intelectuales, técnicos y humanos para conseguir los objetivos. Lo harán. Por el momento no se puede decir más porque esta gente ha estado al mando durante muy poco tiempo. Ahora toca reflexionar, refugiarnos en los cuarteles del estío, afilar los metales y volver a conectar con un destino personalísimo. Hace poco vi una calcomanía en un automóvil detenido frente a mí en la luz roja del semáforo. Decía así: “Si te pierdes, búscate en lo que amas”. El Madrid solo ama una cosa, la victoria. Ahí debe buscarse y es ahí donde se va a encontrar.

Nota Bene: Aún sin haber terminado el partido contra el PSG, los buitres de siempre se encontraban sobrevolando el Santiago Bernabéu. Quieren la cabeza de don Florentino Pérez, uno de los más grandes gestores deportivos de todos los tiempos. Se autoerotizan con los simulacros del populismo, las babas de la demagogia y el dinero oleaginoso de las satrapías. A su tenacidad solo puede equiparársele su propia estupidez y su malevolencia. Enemigos de todo lo que es bueno, bello y verdadero, se recuecen en los caldos de un odio infinito. ¡Madre mía de Guadalupe, no podía saberse!

 

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Qué disgusto, amigos, qué disgusto. Hoy debo darles una terrible noticia como corresponsal virtual de La Galerna en USA. Una noticia trágica e inesperada: la mítica cadena de restaurantes Yard House ha dejado de vender su Taco Combo Vampiro.

Por si ustedes no lo saben, el Taco Combo Vampiro era un plato que consistía en dos tacos rellenos de cerdo, chorizo, tocino, arroz y judías. Viene a ser como la versión yanki de la hamburguesa de fabada asturiana. Los más valientes podían acompañarlo con un batido de crema de mantequilla de cacahuete. A ustedes igual les parece mucho, pero en un país donde fríen las galletas Oreo, esto es un menú vegano. El caso es que el Taco Combo Vampiro ha pasado a mejor vida, para disgusto de Joan Laporta, que tendrá que volver a desayunar palancas bañadas en chocolate. Un horror todo.

Ah, sí, y el Real Madrid perdió por cuatro goles contra el PSG. Eso también es una faena, con la diferencia de que yo sé que, tarde a temprano el Madrid volverá a merendarse equipos parisinos, pero el Taco Combo Vampiro se ha ido para siempre.

El jeque del PSG

No me interpreten mal: a mí, como a la mayoría de ustedes, me fastidia que pierda el Madrid. Si encima pierde contra el PSG, cuyo presidente no desentonaría como secundario de una peli de Scorsese, me fastidia mucho más. Perder siempre es malo, pero una derrota contra el invento de Al Khelaifi duele un poco más, es como revivir la derrota en Sagrajas contra los almorávides de Tasufin, o la de Alarcos contra Yusuf II. La batalla de Alarcos frenó el desarrollo de la Reconquista igual que el 4-0 de ayer parece haber frenado un poco el desarrollo de los planes de Xabi Alonso para reconquistar el dominio futbolístico.

En Alarcos lucharon Alfonso VIII de Castilla y Alfonso IX de León, que no se soportaban. “¡Ojalá te hubieran matado en Alarcos!”, le decía el Alfonso leonés al castellano cuando perdía la paciencia. Las redes sociales madridistas fueron ayer un poco como los dos alfonsos tras la derrota. Como buen corresponsal me asomé a ellas para pulsar la opinión madridista y fue como meter la mano en una trilladora de carne. El aficionado merengue local, los John y Jane Doe, se lo han tomado un poco mejor: “worth things have happened”, dicen aquí, que es como decir: “más se perdió en Pearl Harbour y además volvieron cantando.”

La Galerna, mientras escribo estas líneas, no ha publicado aún su tradicional puntuación de cada jugador merengue tras el partido. Hombre, tampoco Alfonso VIII fue puntuando a cada uno de sus caballeros tras la caraja de Alarcos; pero no se preocupen, que ya los puntúo yo: todos fatal. Cero patatero. A septiembre, tras pasar el verano rellenando cuadernos de Vacaciones Santillana, que es el peor suplicio al que puede ser condenado un ser humano.

Así no

El equipo de Xabi Alonso ayer tuvo un Alarcos como la copa de un pino. El equipo de Xabi Alonso peleó hasta semifinales un campeonato mundial sin haber jugado pretemporada, con entrenador nuevo y tras una temporada bastante tétrica. Algunos creemos en los milagros, pero no tanto. La derrota de ayer no era deseable, pero sí una posibilidad real. Xabi está construyendo un equipo nuevo en el que se aprecian detalles esperanzadores, pero aunque Alarcos se perdió en un día, Zamora no se tomó en una hora.

En 1942 los británicos obtuvieron una gran victoria contra los nazis en El Alamein, la primera después de una ristra de fracasos. Churchill templó los ánimos en la Cámara de los Comunes con un célebre discurso donde dijo: “esto no es el principio del fin, solamente es el fin del principio.” En el Mundial de Clubes, Xabi Alonso nos está empezando a mostrar el final del principio, siendo este último la terrible temporada de la que viene el equipo blanco. El camino será largo, lleno de baches, pero servirá para templar nuestro madridismo, fofo y atrofiado tras varios años deglutiendo triunfos como Tacos Combo Vampiro. El genio Antonio Mingote dibujó una vez una viñeta en el que aparecían dos señoronas con perlas, del tipo que en estados unidos se conoce como “Karen”, que, para entendernos, sería lo opuesto a la ibérica “Charo.” En el  dibujo, una señora le decía a la otra: “Al Cielo, lo que se dice al Cielo, iremos los de siempre.” Lo que me hace pensar que tras la derrota de ayer y el futuro que nos espera, madridistas, lo que se dice madridistas, quedaremos los de siempre.

A mí ese futuro me hace ilusión y creo que este Mundial de Clubes que se nos acaba a los madridistas nos deja cosas esperanzadoras. No es el principio de un fin sino el fin de un principio. Veo en el horizonte un Madrid de Xabi Alonso repleto de Gülers, Huijsens, Gonzalos, Mastantuonos y demás mejorando su IQ gracias a las lecciones del tolosarra y haciendo cosas estupendas. Veo un Mundial que ha venido para quedarse y veo, si Dios quiere, un futuro en el que Javier Tebas deje de vivir a costa de la prosperidad del club de fútbol al que odia. El balance es positivo.

Me dice Don Frank, editor jefe de la Galerna, que si quiero me pudo quedar a cubrir la final, pero no me apetece, así que regreso a los calores de Madrid. Una final entre el Chelsea y el PSG me interesa poco, igual que a los estadounidenses. Aquí al único Chelsea que conocen es a Chelsea Clinton, la hija del expresidente, cuyo poco agraciado aspecto físico hizo que en los 90 se pusiera de moda la frase “eres más fea que Chelsea Clinton”. Ver de pronto convertido en equipo de fútbol a una mujer cuyo aspecto hacía llorar a las cebollas les causa los americanos gran estupor. No se toman en serio al Chelsea.

El PSG, por su parte, no es un equipo de fútbol, es el “branding” de un departamento de marketing. No tiene aficionados, tiene “target”, que se cansarán cuando encuentren otro producto más nuevo, mejor y con 5G. Ambos equipos, Chelsea y PSG, han alcanzado su estatus a base de trampear con sus números. No me interesa quién de los dos gane el torneo, de modo que me vuelvo a casa. Además, desde que han eliminado al Madrid, este trofeo ha pasado automáticamente de ser un “torneo de verano” a La Gesta Más Grande Que Vieron Los Siglos para la prensa “barsatlética” o “roji-blau-blanca”. Esto se está empezando a llenar de corresponsales de Sport, Mundo Deportivo y de El Partidazo. Son muy fáciles de identificar en los bufets libres de los desayunos del hotel, porque llenan el plato de cosas, se llevan la última salchicha, estropean la máquina de hacer gofres dándole al botón que no es, forman colas donde antes no las había y se llevan los panecillos y los paquetitos de mermelada para comérselos luego por si les entra hambre, pero no se los comen nunca. El purgatorio es como un bufet de desayuno repleto de reporteros del diario Sport. Así que yo me largo antes de que aparezca Manolo Lama a explicarme por qué Xabi Alonso fue humillado por el PSG con un 4-0 mientras que el Cholo plantó cara gloriosamente al PSG perdiendo por 4-0; todo eso mientras se mete rollos de canela en el bolsillo del bañador “porque son gratis.”

Así que, aquí acaba mi aventura como corresponsal. Nos vemos en cuatro años. No asistiré al momento en que Chelsea o PSG levanten al cielo de New Jersey ese trofeo que parece el astrolabio de Dolly Parton y que se abre con una especie de llavecita. Ya me imagino al vencedor exponiéndolo en su vitrina:

— Bautista —le dirá al entrenador/mayordomo el presidente del club campeón—, saque la llave para abrir el trofeo del Mundial de Clubes, que el jeque ha venido a verlo.

— Lo siento, señor, pero no la tengo.

— ¿Cómo que no la tiene? ¡Ábralo, por Dios, que si no nos mandan a todos a las minas de sal del Yemen!

— No lo entiendo, juraría que la llevaba en el bolsillo cuando nos lo dieron, justo antes de que aquel tipo con un flotador de “Tiburón” se me acercara a felicitarme.

Que se fastidien. Tendrán para siempre un trofeo absurdo que no se puede abrir. Y este corresponsal galernauta, servidor de ustedes, habrá regresado a España con una nueva llave prendida del llavero… Pero guárdenme el secreto.

Devolvemos la conexión.

Sólo me servía regresar de Estados Unidos con el parche de campeón para lucirlo los próximos cuatro años en la camiseta. Ese era mi plan. Así es esto del oficialismo. Un sufrimiento. Antes de ir, y ya con Xabi Alonso al mando, empecé a pensar que podía terminar mal. Eso no por oficialismo, sino por mi injustificadísimo pesimismo vital. La urgencia del club iba a terminar en una emboscada de los medios patrios, las instituciones del deporte y los odiadores profesionales (porque cobran, aunque sea una miseria) de las redes sociales, que han estado vaticinando la catástrofe desde 1902.

Incógnitas despejadas y dudas perennes ante Al-Hilal

Alonso me decepcionó en el primer partido. Sacó un 4-4-3 clásico con Rodrygo a la derecha, y con Gonzalo sustituyendo al lesionado Mbappé, delantero por delantero. Empatamos contra Al-Hilal. Un equipo competente que mereció estar en el mundial sin necesidad de llamadas desesperadas ni wildcards. Más tarde comprendí que el entrenador quiso simplemente poner las cosas en su sitio, ilustrando con el ejemplo como un maestro de los de antes: ¿veis lo que hace este equipo? Pues ahora vais a ver cómo cambia.

En el segundo partido, Pachuca, Alonso mantiene a Gonzalo de titular dejando fuera a Rodrygo. Y Gonzalo marca. Buen partido. Victoria. Observamos que Alonso analiza, corrige, toma decisiones. Nos sigue alucinando Huijsen y Gonzalo echa abajo la puerta. El equipo juega decentemente. A Vini y a Bellingham se les ve flojos.

102-96, 3-1… Domingos que parecen sábados, sabadetes

Con el Saltzburgo: soberbio Vini, levantamos el pie. Partido tosco con la Juve, tremendo dominio. Victoria a la italiana. Xabi nos sorprende contra el Dortmund con una táctica basada en darle libertad al pequeño Fran García, fijando a Vini a la banda, que se lleva a dos marcadores. Lo aprovechamos. Fran asiste una y otra vez desde el callejón que le abre Vini y hasta caza un balón suelto para colocarlo en la red. El Real Madrid vuelve a ganar sin pensar en los rivales. Partido a partido. Nos ilusionamos. Incluso comparece en los últimos minutos un Mbappé muy delgado, convaleciente, sustituyendo a Vini, para regalarnos un gol estelar. Poca euforia por el bajón de los útimos minutos, pero a lo tonto nos hemos plantado en semifinales para alegría de Florentino, que ya tiene otros 80 millones gastar en verano.

Y nos presentamos en semis con Mbappé sano. Dilema. La razón nos aconsejaba mantener tres atrás porque 1) el equipo empieza a entenderlo y porque ha funcionado y 2) nos permite agrupar mucha gente en el centro del campo evitando transiciones rápidas y la conocida presión alta del rival. Perdemos a Valverde, relegado al lateral a falta de Trent. A toro pasado todos somos Arrigo Sacchi, es verdad. Pero Xabi no sacó un once razonable. Tres arriba donde sólo uno corre deja el equipo desguarnecido. Dos menos en el centro, inviable frente a la maquinaria del rival. Dejemos aparte los dos errores mayúsculos de dos defensas normalmente seguros y contundentes. Al rival le ha funcionado toda la temporada agobiar a los centrales. Lo sabíamos, pero caímos igual. Nervios en Asencio, tal vez por su decepcionante mundial. Error infantil de un Rudiger que ha vuelto a forzar plazos. Otra vez la necesidad y la falta de futbolistas nos lleva al desastre. Es un hecho que con Huijsen o con Militao con más rodaje no habríamos encajado dos goles en 9 minutos.

Militao

La noche anterior al partido ya había dejado tres pestañas abiertas en el navegador, sin mucha fe: las entradas de reventa de ticketmaster para el domingo (quedaban de casi todos los precios), la de los vuelos directos a Newark (precio razonable según Google Flights) y las de los alojamientos en NYC. Me parecieron baratos, por una vez. Todo estaba listo. Hasta la mañana siguiente no tuve ninguna sensación, ni buena ni mala. Había presenciado los partidos anteriores con cierta indiferencia, más pendiente de los cambios y de las conversaciones de Alonso con los jugadores que del juego.

A mediodía empecé a tener sensaciones angustiosas: Si el equipo no tiene más punch que Gonzalo... con Vini tan desacertado y sin chispa, con Bellingham tan flojo, con Mbappé saliendo de la enfermería, Huijsen no juega, Asencio ha pifiado dos partidos, Rudiger está lento, el PSG trituró al Inter en veinte minutos. Veinte minutos... Bueno, si sobrevivimos veinte minutos, tendremos oportunidades. A ver qué hace Alonso con Gonzalo.

No es solo que esto pinte bien

Antes de los dos primeros goles ya estuve casi seguro de que no podíamos ganar, sólo veía el balón en los pies de Vitinha, Fabián, Achraf, Dembelé. De los resultados posibles, sólo imaginaba dos: una derrota competida, 2-1, 3-2, resucitando en la segunda parte, con los cambios, o una debacle queriendo ir a por el partido. Ya les dije: no sé de fútbol.

Cuando empecé a ver la indolencia de nuestros futbolistas tras el dos-cero, ya no tuve ninguna duda. Los jugadores están exhaustos física y mentalmente después de una temporada deprimente. Además, se han acostumbrado a perder recibiendo goleadas. Es una cosa muy extraña en la historia del Real Madrid. Esta indolencia inexplicable, este abandono ante un rival que te golea es una novedad para nosotros. La vi por primera vez en Arabia. El 2-5 contra el Barça y esa segunda parte impotente contra diez. No quiero conservar a ningún futbolista de la plantilla que se borre, que baje caminando o que no sea capaz al menos de dar una patada cuando va perdiendo, que despierte hasta al árbitro del letargo de un partido perdido por incomparecencia. La indolencia es el escalón inmediatamente anterior a la pereza, a la apatía, que lamentablemente, también hemos visto esta temporada sobre el césped.

No soy catastrofista, pero tampoco compro las ruedas de prensa infantiles de las frases hechas como "hay que aprender", "saldremos más fuertes...". Eso no sirve. Aquí hay un problema, y no parece fácil de resolver. Xabi puede, tiene la capacidad. Estoy totalmente seguro. Ha querido desmarcarse de cualquier polémica, pero ha dejado ver que este no era su plan, su plan empieza en agosto. Ha hecho lo que ha podido. En cinco partidos no puedes poner patas arriba media plantilla y amotinar al resto. Lo importante ahora es que Xabi tome el mando y lo ejerza. Carta blanca para sentar a un titular en el minuto 30 de partido. Personalidad tiene. Estamos ante un año clave para el futuro del equipo. Ganar tanto desde 2014 no es excusa para dejarte ir, mucho menos acostumbrarte a perder y encajar las derrotas que más duelen al madridismo, las de no comparecer. "Aprenderemos de los errores"... No es lo que diría Juanito.

Extraordinaria noticia, sin embargo, ver trotando a Carvajal y galopando a Militao. Dos acciones defensivas dentro del área del brasileño recuperando el balón, un remate de cabeza, un chut Valverdesco a portería. No tengo ánimo para profundizar más. El PSG fue muy superior. Sin los dos errores defensivos también habría ganado. Mal día para tener un mal día. Demasiados malos días esta temporada que se cierra con un final amargo, y no por la derrota, probable, sino por la forma de caer, independiente del número de goles encajados.

MrChip (de cuyos colores no hay duda) y otros comunicadores (existe el masoquismo entre los madridistas más emocionales) hablan en redes de humillación histórica. Déjenme decir algo. En el deporte no existe la humillación. Existe la superación, existe la fuerza de voluntad, existe la victoria y existe la derrota. Humillación, nunca. Ni el 2-6 del Bernabéu, ni el 2-8 del Barca-Bayern, ni el 7-1 de Alemania a Brasil. Quien se expresa en estos términos suele ser un fan descerebrado o una persona con trastornos afectivos, sociales, emocionales. En redes, un irresponsable. Coloquialmente, un tarado.

Mientras, lejos de la realidad, Tebas chilla desde el rincón de la oscura celda donde le han castigado sus jefes y se queja del Mundial de Clubes, a cuya final llegan dos economías globales, una americana, otra de Catar, que fichan sin control, encontrando la manera de fumarse el Fair Play, igual que el Barcelona, pero con dinero de verdad. Tebas vocifera desde su celda en la que permanece sujeto por una camisa de fuerza: "Estoy aquí para hacer tu voluntad, maestro..." Pero Gary Oldman no va a aparecer como en el Drácula de Bram Stoker. Y, si aparece, tendrá el mismo final.

Con todo el fútbol patrio ya de vacaciones, no habrá día sin su afán. El afán de hoy es poner en negro sobre blanco, como cada vez que se produzca un nuevo atentado contra el madridismo, venga de quien venga, las contradicciones de un sistema putrefacto: el fútbol español. Desde aquí les anuncio que no les vamos a pasar ni una.

Las declaraciones y tuits de Tebas devalúan con demasiada frecuencia el producto que representa, para sorpresa de nadie. Pero ahí sigue, cual Vladimir Harkonnen levitando sobre el desierto, ordeñando las minas de especia del fútbol, sostenido por un poder al que interesa tenerlo como saco de arena, para que reciba los merecidos golpes por su zafiedad, mientras se adjudican en la penumbra el VAR los derechos televisivos, se reparten los millones de publicidad institucional entre los paniaguados de los medios.

Tebas tomando café

Tebas es el tapón del contenedor de mierda del fútbol español. Cuando le disparamos a él, estamos ignorando que sólo es un pobre títere millonario, el verdadero cáncer del fútbol es el entramado, el sistema, "la nomenklatura", desde el presidente de cualquier territorial de la RFEF cuyo voto tiene un precio, el nuevo viejo CTA, del primero al último árbitro que le compró un coaching a Negrira Jr o el presidente que firmó el acuerdo con CVC pidiéndole un dinero al futuro que ya han malgastado y que pagarán durante los próximos cincuenta (!) años. Los negociazos de Tebas. El maestro que enseñó a Warren Buffet todo lo que sabe.

Si cruzamos la calle de la mano de Tebas, se quitará la gorra de presidente de la patronal del fútbol y se pondrá la de vicepresidente de la RFEF, del fútbol base y de las selecciones. No les parece contradictorio? ¿Se imaginan a Florentino Pérez convenciendo a inversores por la mañana para que pongan su dinero en ACS y tomar un avión por la tarde para ir a Sydney a manejar una excavadora en una obra civil? Pues eso es lo que hace Tebas. Presidir la patronal, negociar  megacontratos, ver las cuentas de los clubes, perseguir la piratería (jajaja...) de 9 a 14h;  y meter baza en los problemas del día a día de las federaciones territoriales, en los de la cantera de los árbitros o en las selecciones de 17 a 20h. Todo junto, todo revuelto.

Las selecciones... qué tema. Nuestro querido Lluis de la Font (hola, Pepe Herrero) y su sincera respuesta sobre Gonzalo. Qué joya periodística: que tiene que hacer un poco de mili el chaval, que esto no es llegar y besar el santo. En un mundo sin redes sociales, sin inteligencia artificial, Lluís podría mantener intacto su prestigio profesional mintiendo sobre sus principios inadvertidamente. Por desgracia para él, que no es consciente del todo del siglo en el que vive, los hechos incontrovertibles, sus propias declaraciones, han sido suficientemente reveladoras. Experiencia en la élite de algunos jugadores de la selección, antes de su primera convocatoria. Dentro hemeroteca:

Pau Cubarsí: 12 partidos con el Barça.  "nunca miramos el carnet de identidad, sólo miramos el rendimiento."

Fermín: 6 partidos con el Barça.  "hay cosas que me recuerdan a Gavi. No le conocía y me ha encantado" (¿si no le conocías, cómo es posible que le convoques?)

Casadó: 11 partidos con el Barça. "hay futbolistas que necesitan exigencia para mejorar. Es un caso clarísimo de un futbolista que tiene mucho que decir y que mejorar" (y el mejor sitio para mejorar es en la selección, rodeado de sus compañeros del Barça y contigo de entrenador, por supuesto).

Gavi. 6 Partidos con el Barça. Debutó antes de la llegada de Lluis de la Font. Convocatoria de Lluis después de la lesión: "Gavi está a un nivel alto, pero le queda margen de mejora".

Huijsen. 22 partidos con el Bournemouth, 1 con la Juventus, 14 con la Roma. "Nos sorprendió en su debut. No le pesó nada con 19 años..." (cómo le va a pesar habiendo jugado casi 30 partidos en la élite, Lluis.)

Gonzalo García. 7 partidos con el Real Madrid y máximo goleador hasta el momento en el Mundial de Clubes.

En definitiva: unos tienen que hacer la mili, que la selección es un club privado, mientras otros pueden ir mejorando en la selección, tranquilamente, mientras Transfermarkt va inflando sus valoraciones por si hace falta arreglar el FPF en cualquier momento, que para eso ya está Fabrizio.

 

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El Real Madrid cayó eliminado del mundial de clubes ante el París Saint-Germain de manera clara e incontestable. Entre errores individuales y un dominio absoluto de la situación, al equipo dirigido por Luis Enrique le bastó con media hora de juego para liquidar la eliminatoria.

La derrota es abultada y dolorosa, y deja una serie de lecturas.

Xabi vuelve a ser Xabi y el Madrid mejora

Xabi Alonso se equivocó con el planteamiento del partido. Cabe recalcar que tenía una situación compleja, ya que no podía contar ni con Trent Alexander-Arnold debido a un contratiempo a última hora, ni con Dean Huijsen, expulsado en la ronda anterior ante el Borussia Dortmund. Dos bajas con un impacto negativo tremendo, ya que se trata de dos jugadores que estaban solventando de un plumazo el problema que ha venido arrastrando el Real Madrid en salida de balón desde la retirada de Toni Kroos.

Partiendo de esta base, Xabi tenía muy pocas soluciones competitivas a ofrecer. Finalmente se decantó por alinear a tres delanteros en lugar de apostar por Modric en el centro del campo. Sinceramente, creo que no hubiera supuesto una gran diferencia, ya que hoy en día el PSG es el equipo más en forma el mundo y el Real Madrid un equipo en reconstrucción. Y un centro del campo compuesto por Tchouameni, Güler y Modric no habría soportado el ritmo que imprime el trío de mediocampistas del equipo francés.

xabi tenía una situación compleja, ya que no podía contar ni con Trent Alexander-Arnold ni con Dean Huijsen. Dos bajas con un impacto negativo tremendo. estaban solventando de un plumazo el problema que ha venido arrastrando el Real Madrid en salida de balón

Sin embargo, la apuesta por Gonzalo, Vinicius y Mbappé no era coherente con la filosofía que quiere implantar Xabi. Una idea basada en la presión organizada y con jugadores comprometidos para realizarla. Y el problema es que hay un jugador que no está dispuesto a realizar esa presión, y otro que se deja contagiar por el primero cuando juegan juntos.

Dortmund y Clásico: bueno para el Madrid

Es momento de hablar del binomio Vinicius-Mbappé. Una sociedad que no funciona en partidos de alta exigencia. Dos imanes del mismo polo. No juegan exactamente en la misma posición, pero sí ocupan zonas muy similares. Son dos excelentes futbolistas, pero cuya mejor versión siempre ha sido jugando sin el otro al lado.

Vinícius desde 2021 había experimentado una evolución gigantesca en su juego, hasta tal punto que, en la última Champions conquistada, fue la figura y el jugador trampa partiendo desde la posición del nueve. No solamente seguía siendo un jugador con desborde y letal al espacio, sino que también había empezado a ser diferencial en zonas interiores. Una evolución ya vista en otros extremos como Cristiano Ronaldo, Leo Messi o Mohamed Salah. Sin embargo, durante este 2025 estamos viendo la peor versión de Vinicius desde su llegada al Real Madrid. Peor incluso que durante sus primeros años, en los que aun siendo bastante errático en la definición y en la toma de decisiones, era un jugador que constantemente generaba peligro y, lo más importante, daba la sensación de que podía generarlo.

es Una sociedad que no funciona en partidos de alta exigencia. Dos imanes del mismo polo. No juegan exactamente en la misma posición, pero sí ocupan zonas muy similares. Son dos excelentes futbolistas, pero cuya mejor versión siempre ha sido jugando sin el otro al lado

Mbappé ha ido involucionando en su juego con el paso del tiempo. Sigue siendo un seguro de vida en el día a día y contra rivales de menor calado, pero en los partidos exigentes desde la final del mundial de Catar no ha supuesto un factor diferencial. Y sí, sé que contra el Barcelona anotó un hat-trick en el último clásico y que en la final de Copa revolucionó el partido con su entrada. Pero es la excepción que confirma la regla.

Parece que aquel jugador demoledor, elástico, y supersónico que vimos en aquella eliminatoria de Champions en 2022 se ha ido para no volver. Hoy en día es un jugador que en este tipo de partidos necesita dos ayudas muy claras, y que el Real Madrid no puede ofrecerle con la plantilla actual: un delantero centro que fije a los centrales rivales y le libere de marcas; y un extremo con desborde que le genere situaciones para poder finalizar.

A este bajo momento de forma de ambos, hay que sumarle que, cuando coinciden en el campo, su trabajo defensivo es nulo. Algo completamente incompatible con la idea de juego de Xabi Alonso. Durante los tres últimos partidos del Real Madrid, hemos visto un equipo muy agresivo en esta faceta y recuperando gran cantidad de balones en campo contrario, debido a que todos los jugadores estaban dispuestos a ejercerla. Incluido Vinicius, ya que al tener a un compañero como Gonzalo, que no negocia un esfuerzo, se siente en la obligación de acompañar en dicha labor.

Conseguir que Mbappé presione es como predicar en el desierto. Algo que ni el propio Luis Enrique consiguió. Y hablamos de un entrenador muy incisivo a la hora de inocular esta idea a sus equipos.

El mundial de clubes del Real Madrid nos deja muestras de realidad, como la que acabo de exponer sobre Mbappé y Vinicius, pero también brotes verdes en forma de automatismos que ha ido implantando Xabi.

Tengo mucha confianza depositada en él. Creo que es un entrenador valiente, camaleónico, y con hambre para hacer triunfar de nuevo al Real Madrid. Y creo que es el único que puede devolver a Vinicius y a Mbappé al nivel que se les presupone. Pero no depende únicamente del tolosarra. Gran parte depende de ellos.

 

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En lo alto del cielo, donde el aire es más delgado y el silencio más profundo, los buitres trazan círculos invisibles con una paciencia que parece ancestral. No baten las alas con frenesí; se deslizan, suspendidos por las corrientes térmicas, como si el cielo mismo los sostuviera en un pacto tácito. Desde esa altura, sus ojos —afilados como cuchillas de obsidiana— escudriñan la tierra con una precisión que desafía la distancia.

Entonces, algo cambia. Un leve temblor en el aire, una vibración imperceptible para cualquier criatura que no haya nacido para la carroña. Un cuerpo yace inmóvil entre la maleza, y aunque aún no se ha descompuesto, ya emite esa señal muda que sólo los carroñeros saben leer. El primero en percibirlo se ladea apenas, como si el viento le susurrara un secreto. Luego otro lo imita. Y otro. En cuestión de minutos, el cielo se convierte en un torbellino de sombras aladas que descienden en espiral, lentas pero seguras, como si la gravedad misma las reclamara.

No hay graznidos de júbilo ni chillidos de victoria. Sólo el roce del aire contra las plumas, el crujido de ramas al posarse, el sonido sordo de las garras al tocar tierra. Los cuervos llegan después, más audaces, más ruidosos, como heraldos de lo inevitable. Las caracaras, parientes de los cernícalos, con su andar altivo, se abren paso entre los restos como nobles en un banquete sombrío. Y los milanos, oportunistas y veloces, planean en círculos más bajos, esperando su momento.

Cada especie conoce su lugar en este festín macabro. No hay caos, sino un orden tácito, una coreografía dictada por el hambre y la jerarquía. El cadáver, aún tibio, se convierte en el centro de un universo efímero donde la vida se alimenta de la muerte, y la muerte, a su vez, da sentido al vuelo.

Cuando los huesos quedan desnudos y la piel ya no ofrece resistencia, los buitres alzan el vuelo una vez más. No miran atrás. El cielo los reclama, y ellos obedecen, regresando a su vigilia eterna, a ese merodeo silencioso que no conoce tregua. Porque allá abajo, en algún rincón del mundo, la muerte siempre está al acecho. Y ellos, los carroñeros del aire, son sus primeros testigos.

Y así ha sido. Las bandadas de carroñeros antimadridistas, muy calladas -y escondidas en roquedos escarpados- desde que empezó el Mundial de Clubes 2025, más silenciosas y pasivas conforme iban pasando los días y el Real Madrid sorteaba rivales y superaba eliminatorias, ya han aparecido, exactamente a las 23 horas del miércoles 9 de julio de este año.

Todos los carroñeros estaban rezando -si acaso puede un carroñero soñar- para que esto ocurriera cuanto antes, necesitaban cebarse cuanto antes de una presa herida, ya que cuando dicha presa goza de buena salud y de una naturaleza poderosa, ni tan siquiera osan aproximarse a ella, dada su bajeza y su cobardía.

No tienen más, queridos lectores, que ir a las principales cabeceras de nuestro país para contemplar el festín que llevan horas dándose estas aves despreciables. Y, si son ustedes algo masoquistas, atrévanse a escuchar tan solo unos instantes de las diversas tertulias radiofónicas, expertas en pasar factura a todo lo que rodea al club que más odian y detestan de este planeta, pero sin el cual sus vidas, y, ni qué decir, sus tertulias, no tendrían sentido alguno.

Cuando un ser excepcional tropieza, el mundo no tiembla… pero ciertas almas sí se estremecen. No de pena, sino de un deleite oscuro, íntimo, casi sagrado. Los mediocres y los envidiosos —esos que nunca supieron volar pero siempre miraron al cielo con resentimiento— sienten en ese instante una especie de redención torcida.

Ya no tienen que fingir admiración. Ya no deben soportar el peso insoportable del talento ajeno, de la virtud que los dejaba en evidencia sin decir una palabra. El héroe ha caído. Y ellos, que nunca se atrevieron a escalar, celebran desde el llano como si la cima les perteneciera por derecho.

No lo hacen con gritos ni con vítores. Lo hacen con susurros venenosos:

Se alimentan de la ruina ajena como aves carroñeras del cadáver aún tibio de la grandeza. No buscan justicia, ni verdad, ni redención. Buscan equilibrio… pero no el que nace de la virtud, sino el que surge cuando el alto es derribado hasta su nivel.

Y en ese instante, breve y miserable, se sienten por fin superiores. No porque hayan crecido, sino porque han visto encogerse al gigante.

Pero lo que no entienden —lo que nunca entenderán— es que los héroes verdaderos no mueren en la caída. Caen, sí. Se rompen, a veces. Pero, incluso desde el suelo, su sombra sigue siendo más grande que la estatura de quienes celebran su desgracia.

 

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Buenos días, amigos. Hoy es un día durísimo para el madridismo. Lo que había en juego en Estados Unidos no era un torneo veraniego a partir del cual sacar conclusiones de cara a la confección de la plantilla en la 25/26 (aunque también). Lo que había en juego era la posibilidad de hacer historia convirtiéndonos en el primer equipo que gana un Mundial de Clubes, torneo destinado a convertirse en algo tan importante como los Mundiales de selecciones nacionales.

No ha podido ser. Se ha caído en semifinales, de manera estrepitosa, ante un rival imponente. Ahora corresponde sacar las oportunas conclusiones. Vosotros podéis sacar las vuestras propias, y quien lo desee puede apoyarse tanto en la crónica de Genaro Desailly como en las reflexiones de Jesús Bengoechea en apoyo de Xabi Alonso. Nuevos análisis seguirán sin duda en los próximos días en este vuestro portal madridista.

Alegra ver cómo la prensa cataculé se da por enterada por fin, llegados a la final , de que había un Mundial de Clubes en juego. Hasta este momento, lo habían ignorado, motejando la competición poco menos que de simple torneo de verano. La directiva culé pugnaba en secreto por ser invitados a la competición, aunque fuera de tapadillo, mientras su prensa afín lo desacreditaba evitando darle espacios reseñables en crónicas o portadas.

De repente, ha sucedido algo que les ha permitido dar acuse de recibo, finalmente, de que estaba en curso una competición importante, la misma a la que no prestaron ninguna atención antes. ¿Qué será eso que ha sucedido? ¿No será por ventura una derrota del Madrid?

El madridismo tiene por delante días aciagos. Los partidarios del club cliente de Negreira, tienen por delante y por detrás vidas aciagas, porque el éxito de las mismas se cifra en el fracaso de otros, de manera casi exclusiva. Pobres gentes de pobre espíritu y firme tendencia a justificar la compra de sistemas arbitrales.

La prensa madrileña señala de manera inevitable el fracaso, y a nuestro juicio, aunque suene duro, Marca acierta hoy al indicar que “dos errores groseros de Asencio y Rüdiger revientan el partido”. Cualquier otro análisis que se haga queda debilitado ante la contundencia irrefutable de ese. Son dos futbolistas a los que, por diferentes razones, tenemos en especial estima, y consideramos que pueden seguir siendo muy importantes en el devenir futuro del club. Pero hay conclusiones que solo cabe exponer de manera descarnada.

Poco más de momento. Las conclusiones por parte de nuestros colaboradores no se harán esperar en los próximos días.

Lo primero: esto es muy duro. El golpe, al menos para mí, es mayúsculo. Esto no era un torneo de verano para calibrar “qué tal”. Lo dije mientras íbamos ganando (y convenciendo) y había quien parecía fijarse solo en la buena pinta a medio plazo, en lugar de ilusionarse con la posibilidad de alzar un título importante. Por coherencia, esa ilusión que yo tenía solo puede quedar ahora traducida en frustración.

Quería ganar el Mundial de Clubes, cumpliendo con la veta pionera del Madrid en los nuevos torneos, con reminiscencias del triunfo en la primera Copa de Europa. Era un título importante, no ha podido ser y eso a un madridista le tiene que doler, sobre todo si se pierde por un marcador tan lacerante ante un adversario filosóficamente antipático, a despecho de su indudable excelencia futbolística.

Dicho esto, me parece que se pueden sacar muchas más conclusiones de la marcha triunfal del equipo hasta esta malhadada semifinal que del truculento desarrollo de la semifinal en sí. De este partido, pocas conclusiones tácticas se pueden obtener, porque pocos partidos que yo haya visto han podido estar marcados de manera más clara por dos errores individuales precoces por parte de sendos defensas.

Sí, ya lo sé. Ya sé que antes de esos dos errores, que se tradujeron en los primeros dos goles, ya había tenido que intervenir Courtois, milagrosamente, en una doble ocasión. Pero tanto eso como los dos tantos sucedieron de una manera demasiado temprana como para concluir que el partido estaba mal planteado. Tal vez lo estaba. Tal vez no. Nunca lo sabremos. Un error de As atribuyó a Xabi, en la rueda de prensa posterior, el reconocimiento de un fallo en la alineación de tres delanteros. Cuando Xabi contestó “sin duda”, estaba respondiendo a otra pregunta. Quizá piensa que se confundió. Quizá lo hizo, de hecho. Pero todo sucedió tan endiabladamente rápido que no se pueden extraer conclusiones taxativas, más allá de dos cagadas, impropias de defensas de élite, que te marcaron para los restos. Contra el mejor equipo del mundo (el PSG lo es ahora mismo), esos errores te dejan sin opciones, y ello con el partido recién comenzado.

No es mi intención descalificar a Rüdiger ni a Asencio. Rüdiger es un líder del vestuario, un defensa soberbio, y no hay ninguna razón para que no lo siga siendo. En cuanto a Asencio, se convirtió en la gran revelación del equipo la temporada pasada. Es posible que esté afectado por su situación judicial -cualquiera lo estaría- y ello explique su catastrófico Mundial. En todo caso, merece todo el apoyo y la comprensión porque es un defensa y un hombre de una pieza. No pretendo por tanto condenar ni al alemán ni al canario, sino señalar las inequívocas causas del desastre. Sí, ya sé que a partir de sus fallos seguimos estando muy mal. Pero nunca sabremos qué habría pasado sin esas dos garrafales intervenciones.

Nunca sabremos qué habría pasado sin esos dos instantes fatídicos, pero sí sabemos lo bien que lo estaba haciendo el equipo hasta ese momento, en todas las rondas anteriores. El tolosarra ha transformado el estilo del equipo de manera radical y para bien. Ha ensamblado con tino las nuevas piezas y ha impuesto un nuevo paradigma, todo ello en tiempo récord. Por mi parte, a muerte con él, sobre todo porque va a necesitar todo el respaldo para lo que se viene en la 25/26, donde los desafíos son ingentes.

A la vuelta de la esquina, que es como decir a la vuelta de un verano raquítico, asoma un  equipo cliente de Negreira hipermotivado y con mayor frescura por haber disfrutado de un descanso mucho mayor. Asoma un CTA falsamente renovado donde seguirán campando por sus respetos exponentes del negreirismo más descarado, con Fernández Borbalán al frente y Undiano Mallenco ascendido, quedando el despido de Cantalejo y Clos en mera anécdota cosmética. En Europa, el PSG amenaza con una hegemonía de años que solo el propio Madrid puede frenar, de igual manera que ya desbarató una potencial hegemonía del City. Petroclubes, Flick, negreirismo y vendas en las muñecas. Todo eso aguarda. Habrá que reforzarse y dar salida a algunos en la segunda ventana de fichajes de verano que se viene ahora. El madridista que, ante este panorama, quiera poner desde ya palitos en las ruedas de la bici del técnico es muy dueño de hacerlo. Yo creo que toca estar con un entrenador que, hasta ayer mismo, había ofrecido excelentes razones para apreciar su valor e ilusionarse.

 

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Arbitró el polaco Szymon Marciniak. En el VAR estuvo su compatriota Tomasz Kwiatkowski.

Unas semifinales de un Mundial de clubes que fueron un trámite. Sin polémicas ni jugadas dudosas.

Amonestó en tres ocasiones en acciones merecedoras de amarilla. La primera de Tchouaméni por una entrada a Achraf en el 28' la segunda a Neves por agarrar a Arda en el 46' y la tercera a Carvajal por una patada a media altura a Barcola en el 73'.

En el 38', Mbappé cayó en el área pero no hubo nada en su pugna con Neves. Por último, se anuló un tanto a los parisinos por fuera de juego claro previo de Dembelé.

Marciniak, BIEN.

Queríamos este Mundial, pero las posibilidades de llegar a su final murieron en los primeros compases de un partido radicalmente definido por sendos estropicios indignos de los dos centrales del equipo.

A los cuatro minutos, Courtois ya se había visto obligado a protagonizar dos milagros a pies de Fabián, y aunque el Madrid se echó adelante con un contragolpe mal resuelto no tardó en marcar el PSG. El error de Asencio fue grosero, no alcanzando a despejar un balón fácil ante Dembélé. Si bien Thibaut pudo salvar en primera instancia ante el francés, el rechace lo envió a la red el propio Fabián. Poco se puede decir contra el planteamiento del equipo (tampoco a favor, claro) cuando un error individual tan ridículo te penaliza de esa manera.

Con todo, la magnitud del fallo del canterano palidecería ante el que se venía. De la nada, sin apenas presión, en un balón franco, a Rüdiger se le escapaba la pelota absurdamente en la salida. Fue como si se le escurriera entre las piernas en un ejercicio de flojera suprema. Dembélé se plantó solo ante Courtois y no perdonó. 0-2 en menos de 10 minutos.

Los análisis se quedan romos ante el peso devastador de cagadas personales de esta índole. El Madrid quedó moral y psicológicamente noqueado bajo la solana yanqui, achicharrado de piel y expectativas. Vini se internó con peligro tras un pase largo, pero la jugada se resolvió con una amalgama de pifia y quite imperioso de Neves. Mbappé se internó en un buen esfuerzo individual tras robar en campo propio, pero se obstinó en tirar en lugar de buscar a un desmarcado Gonzalo.

¿Se puede sentenciar un partido en el minuto 24? Ante un equipo roto, y si tienes calidad, puedes. El PSG la tiene en cantidades industriales. Combinaron Dembélé, Hakimi y Fabián en un contragolpe modélico. Ante la incredulidad de los cientos de miles de apasionados madridistas de allende los mares, el de Los Palacios volvió a marcar.

A partir de ahí, ¿qué hacer? ¿Mantener el sistema, condenados a aguantar la amenaza de sus contragolpes? ¿Retocarlo de manera conservadora, para evitar una sangría todavía mayor? Durísima disyuntiva para todo un Real Madrid. Xabi no reaccionó, y junto al argumento lacerante del resultado se vivió una posesión abrumadora del PSG y un espectacular, monstruoso silencio en las gradas. Es difícil decir si la formación inicial estaba destinada a fracasar (o no) sin los errores individuales del comienzo, pero no hay argumentos para defender que era un acierto. Al borde del descanso, Courtois debió emplearse de nuevo ante Neves, y también para despejar un centro chut envenenado de Dembélé. La goleada pudo ser de escándalo.

Durante el descanso, nos preguntábamos si Xabi trataría de buscar algo bueno en medio del desastre y plantear un partido nuevo de 45 minutos, tratando al menos de ganar ese miniencuentro, pero el técnico vasco no introdujo ningún cambio y las sensaciones seguían siendo nefastas. Mbappé tiró a las nubes y le hizo gracia. No debió hacérsela. No estaba en condiciones el madridismo de aceptar ese tipo de detalles. Si estás haciendo el ridículo, deberías al menos cuidarlos.

Luis Enrique se sentía tan seguro que hasta se permitía reservar para la final. Quitó a Dembélé y al georgiano e introdujo a Barcala y Gonçalo Ramos. Xabi, entretanto, decidía dar a Modric la posibilidad de despedirse con sus últimos minutos con la camiseta del Madrid. Una tragedia sentida dentro de una farsa triste.

Que se acabe ya, implorábamos. Pero faltaba media hora aún.

Entraron Modric, Militao (que volvía tras su larga lesión) y Brahim por Vini, Bellingham y Asencio. El Madrid se vino un poco arriba, acaso animados ante la perspectiva de darle un último buen rato al ídolo croata. También retornó Carvajal después de su larga ausencia. El PSG bajó el pistón y el Madrid se vino algo arriba, pero fueron fuegos de artificio, laxitudes de un trámite aciagamente concluido en lo esencial. Xabi introdujo a Lucas Vázquez para que tuviera también su despedida, tan merecida como más triste aún de lo esperado: Gonçalo Ramos se revolvía en el área tras una buena maniobra de Barcola y anotaba un 0-4 que escuece como una herida al sol de Nueva Jersey.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Buenos días, amigos. Estamos en la mañana del día del mejor partido que puede verse en el planeta, un Real Madrid-PSG, en el cual además está en juego nada menos que el pase a la gran final del Mundial de Clubes.

Estas son las dos portadas de la prensa deportiva catalana.

Al hilo de este inefable par de primeras planas, hemos de hacer una confesión: tenemos un topo en la redacción de Sportivo.

-¿Cómo que “de Sportivo”? Será de Sport o de Mundo Deportivo. De uno de los dos.

Está bien. Haremos dos confesiones por el precio de una, o mejor, una confesión y una revelación. Sport y Mundo Deportivo son en realidad el mismo rotativo. Es como Marty, el casero de El Gran Lebowski, que por la mañana iba de azul en pantalón corto y por la tarde se ponía unas plumas y ejecutaba (él solo) un quinteto de danza cerca del In and Out Burger, pero se trataba en todo momento de la misma persona.

El topo que tenemos en la redacción de Sportivo se infiltró en la reunión del consejo en la que se decidió la primera plana. Nos ha traído los detalles.

-A ver- abrió el fuego tanto Joan Vehills como Santi Nolla, pues en realidad se trata del mismo ser humano y redactor jefe de Sportivo-. Sabéis que el Madrit juega la semifinal del puto Mundial de Clubes. ¿Qué podemos poner en portada para hacer caso omiso a tan lacerante cuestión? ¿Con qué otra noticia podemos sustituir estos irritantes prolegómenos? (Pasado mañana, eso sí, si palma el Madrit le dedicaremos la totalidad de la página).

Un becario se levantó con una lista de posibles temas de portada. Se trata, nos confirma el topo, del mismo becario que, según descubrió Pepe Herrero, lleva desde enero de 2023 inventando informes arbitrales falsos de Negreira, privado de su libertad en un cuartucho oscuro y alimentándose exclusivamente a base de tranchetes que le cuelan bajo la puerta.

La lista proponía los siguientes posibles temas de portada:

  1. Lamine Yamal desdeña la ingesta de un yogur Yoplait. “Los productos lácteos están vetados en mi dieta”, asevera el próximo Balón de Oro por decreto ley.
  2. Lamine Yamal baila un sardoble, miscelánea de sardana y pasodoble diseñada para contentar tanto al fan culé indepe como al más abundante seguidor de la joven estrella vía la selección.
  3. Lamine Yamal cambia debBrackets. “Con estos hincaré mejor el diente a los merengues”, amenaza con un guiño el ídolo de las adolescentes.

 

-Pero ¿no habíamos quedado en que ni se aproximaba a los productos lácteos?- espeta Joan Nolla o Santi Vehiils.- No me convence. Estamos demasiado pesados con Lamine. ¿No tenemos por ahí otra cosa que nos evite tener que hablar del Mundial de Clubes?

El becario introduce su mano derecha bajo un cajón, del que extrae unas fotos de Joan García en el gimnasio.

-Bueno, tenemos esto. Una sesión de pesas y unas push-ups de Joan García. Con fotos y todo. ¿Nos vale?

-No se hable más- exclama un Vehills/Nolla entusiasmado.- Todo sea por no mencionar ese torneo execrable. ¿Os imagináis cómo les dé por ganarlo?

Por nuestra parte, estaremos atentos a lo que pase esta noche. Hay mucho en juego.

Pasad un buen día.

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