Que sí, que el Chelsea. Vamos, está confirmado. Me satisface que el primer Mundial de Clubes no lo ganaran PSG o City y sí un equipo más o menos clásico. Que estos tíos de Londres llegaron a tener 55 ídem en nómina, un despelote. Pero vaya, puestos a elegir no hay color.
Bueno, en materia inglesa, yo, el Liverpool. Por tantas cosas y por una definitiva: aquel ramo de flores que plantaron en su Anfield en cariñoso homenaje a Amancio con su súper Dalglish al frente en aquella visita del Madrid. Los 'reds' son Copa de Europa, no hay tantos... En la historia, en los modales: la categoría. Total, que lo de anoche y entre diversos episodios, la carita del ex tenista catarí, el tal Al Khelaïfi, fue una bonita manera de cerrar la temporada.
De la representación europea en pie tras la fase de grupos hubiese preferido que la copa se la llevara el Benfica. No le hubiera puesto pegas a un brasileño —le costó más al campeón tumbar al Palmeiras que al PSG— o argentino, no sufro un ataque de europeítis. Es que yo siempre seré de Eusebio y hablamos del equipo que conquistó la sexta Copa de Europa, la primera que no ganó el Madrid. Gente seria, o sea. Y a los portugueses siempre les consideré primos hermanos. Tampoco hubiese hecho ascos a Bayern, Dortmund, Juve, Oporto, Inter, si el Madrid no era posible, claro está.
La carita del ex tenista catarí, el tal Al Khelaïfi, fue una bonita manera de cerrar la temporada
Pero fue el Chelsea, el campeón de la Conference bañó al de Europa, qué cosas. Con ellos hay también cierta complicidad. En el 71, le ganaron al Madrid la final de la Recopa, allá en Atenas. 1-1 y no había penaltis. Segundo partido, 2-1. Pirri jugó con un brazo roto. Ellos tenían a Peter Osgood, un delantero tremendo que decidió la cosa.
Y está el Chelsea en la historia de la 14, esa maravilla, esa cosa. Aquel 1-3 allí, el 0-3 de la vuelta que acabó 2-3. Esas cosas unen. Es además y sobre todo el Chelsea de Ovrebo, qué maravilla. Lo sufrió y no desapareció, lo que confirma que son gente con cierto cuajo. Todo lo bueno que les pase no digo que me lance a tirar cohetes, pero me alegrará.
Fue un baño inesperado el de ayer, mal momento para ser gurú de fútbol internacional, eso pone en las tarjetas de visita de muchos. Estábamos ante una nueva invención del fútbol, el nuevo Imbatible Team, esas cosas nos contaban y fíjense. A mí se me ocurrió decir, y digo, tres cosas:
1.- El PSG ha sido el mejor equipo de la temporada.
2.- No estamos ante una cosa legendaria, si acaso otro que quiere ser el Madrid.
3.- Tío por tío no veo que sea mejor que los blancos.
Y 4: como lo dije tras el 4-0, pues concédanme el mérito.
Que le puede ganar, al Madrid y a todos, lo hizo en la Champions, sin duda. Y en Francia, sin portero. También le superó en este torneo más allá de la lamentable salida madridista. Me pongo en que eso no hubiese pasado, que llegamos 0-0 al minuto 10: también pudo pasar que ganaran los franceses. Están sin duda entre los cuatro o cinco que pueden tumbar al Rey a un partido, una eliminatoria. Rey que seguirá siendo por los siglos de los siglos.
La diferencia está en que el finalista derrotado es un equipo hecho con su buen ojo y su inacabable talonario, perfecto. Y el Madrid se dispone a cerrar un ciclo glorioso. He leído en X a Benito datos objetivos que los títulos internacionales en los últimos diez años, diez, se reparten así: Real Madrid, 11. Chelsea, 4. Sevilla, Bayern, Liverpool y City, 3. Villarreal y Eintracht de Frankfurt, 1... y se acabó.
El Mundial, y la temporada que terminó, sí deja una reflexión: el cambio va a estar también, y mucho, en el talante. ¡Hay que correr!, grita el pueblo. Bueno: en todo caso hay que correr bien
El tiempo pasa y al Madrid le toca empezar una nueva etapa con Xabi al frente. ¿No se puede ganar siempre? Claro. Y lo suyo estos últimos tiempos ha sido mucho más que ganar. Es un reto excitante y colosal como tantos ha habido a lo largo de su historia. Oigan, que un día se fueron Alfredo, Puskas. Poco después a Paco Gento pues le dio tiempo de ganar la Sexta, la única vez que un equipo español, y mundial, lo hizo con once españoles. Y tantísimos más se fueron.
El Mundial, y la temporada que terminó, sí deja una reflexión: el cambio va a estar también, y mucho, en el talante. ¡Hay que correr!, grita el pueblo. Bueno: en todo caso hay que correr bien. La clave es estar en todo empezando por la atención y ya os entendemos.
¿Una referencia a Luis Enrique? ¿Y para qué? Bueno, sí. Seguiré rezando por él como hizo toda mi familia, y cualquier familia de bien, cuando vivió lo peor que puede vivir un padre. Todos fuimos su familia. Seguiré haciéndolo por él: lo necesita.
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Buenos días, amigos. El portanálisis de ayer versaba sobre «Los ya-no-17 años de Lamine Yamal», y el de hoy no puede tratar de otro asunto que no sea el jugoso de las «chicas de imagen» contratadas para el cumpleaños del futbolista del Barça, el jugador más joven en alcanzar la mayoría de edad.
Lamine Yamal celebra su 18 cumpleaños por todo lo alto: ubicación secreta, sin móviles, todo incluido, chicas de imagen... https://t.co/SYZ0Njm3z8
— 20minutos.es (@20m) July 12, 2025
Se está perdiendo la buena costumbre de llamar a las cosas por su nombre. Tenemos un idioma rico capaz de proporcionar la palabra adecuada: más vulgar, más elegante, más incisiva, más diplomática. Sin embargo, cada vez se recurre más a lo inane, cuando no a lo cursi, por temor a no ofender a nadie o, lo más común, disfrazar la realidad cuando esta se empeña en arremeter contra los propios intereses.
Esto último es lo que le ocurre a la prensa, lisonjera con Lamine Yamal —con el Barça en general— hasta un punto tal que las meretrices, o como diría José Tojeiro: prespiputas, se convierten en «chicas de imagen». Cada vez es más complicado reprimir la náusea, manejar el alipori.
En el artículo de 20 minutos puede leerse que la modelo Claudia Calvo —invitada a la fiesta— afirma que «el equipo de Lamine trabaja en las invitaciones a “chicas de imagen” que deben cumplir una serie de requisitos, específicamente físicos como “la talla del pecho o el color del pelo”, en palabras de la modelo. Además, estas invitadas recibirían a cambio de su presencia unas tarjetas con cifras que oscilan entre los 10.000 y los 20.000 euros». Por ese precio es probable que se «enrollen que te cagas» y que el cumpleaños feliz tenga un final ídem.
No cuesta imaginar al encargado de escoger a las «chicas de imagen»: mirada a inglete hacia el catálogo, Ducados colgando del labio inferior (del labio de la boca del tipo), camisa blanca que ya no lo es del todo abotonada a diez atmósferas, expresión curtida por las aficiones, pasando las hojas tras lamerse el pulgar y esbozando una sonrisa de nicotina cuando observa una de su agrado.
¿Es la primera vez que un futbolista celebra una fiesta y contrata a damas de compañía, escorts, autónomas del cariño, asesoras nocturnas de acompañamiento integral (¿sin gluten?), proveedoras de afecto bajo demanda, meretrices? No. Pero nunca se había travestido la realidad de un modo tan ridículo para lavar la imagen del niño mimado que no podemos molestar porque no nos conviene. Llamarlas “chicas de imagen” supone un refinamiento en el eufemismo propio del enjuague que sistemáticamente practican los medios sobre todo lo relativo a Lamine y a su corrupto club.
Además de «chicas de imagen», Lamine contrató para su cumpleaños a personas con enanismo. Otra muestra del buen gusto del chico y de lo bien amueblada que tiene la cabeza este joven ejemplo para la juventud. La Asociación de Personas con Acondroplasia y Otras Discapacidades Esqueléticas con Enanismo ha anunciado que actuará por la vía legal y social.
COMUNICADO OFICIAL | La Asociación de Personas con Acondroplasia y Otras Displasias Esqueléticas con Enanismo denuncia la contratación de personas con enanismo como entretenimiento en la fiesta de Lamine Yamal.
Actuaremos por la vía legal y social.https://t.co/cAjEH0Fm03— Asociación ADEE (@adee_esp) July 13, 2025
La fiesta fue una oda al refinamiento, a la distinción, al sentido estético. Ved:
Primeras imágenes en exclusiva dentro de la fiesta de cumpleaños de Lamine Yamal. 🔞 pic.twitter.com/GUoIiX5YTk
— Terreno Viral (@terrenoviral) July 13, 2025
La instantánea de arriba es el resumen perfecto: Lamine vestido como un mafioso, una persona con enanismo al lado, junto a ellos, una tarta con cadenas de oro, fichas de casino, pistolas, balas y turulos de billetes como los que se usan para esnifar. Ejemplar, repetimos.
¿Imagináis a qué gélido rincón de la tundra siberiana habría sido enviado Vinícius si el de las «chicas de imagen» y las personas con enanismo hubiera sido él?
¿Y las portadas qué dicen de la fiesta?
¿Qué van a decir? Imagen onírica de unos saludables Olmo y Lamine. «Buen ambiente en el reencuentro de la plantilla azulgrana, que completará hoy su primer entrenamiento». Propaganda del régimen y nada más.
Antes de mostraros el frontispicio de Sport, colocaos unas lentes polarizadas o directamente apartad la vista. La estridencia visual puede quebrar vuestras córneas.
En As tampoco vamos a leer nada de las «chicas de imagen» de Lamine Yamal. El diario prisaico dedica merecidamente su primera plana al Chelsea, primer campeón del nuevo Mundial de Clubes.
En La Galerna nos alegramos de cada revés que sufra el fútbol que representa el PSG. El modelo del Chelsea no es el que más nos gusta, pero no es un club-estado engrasado con petrodólares infinitos.
La final nos dejó también a un Luis Enrique fuera de sí, cholizado, que se fue a por João Pedro. Y a un Trump necesitado de casito que se empeñó en colarse en todas las fotos, al modo de Laporta.
Antes de la reflexión final, os dejamos la portada de Marca, que elige la final de Wimbledon para abrir. Habrá muchos más éxitos, Alcaraz, seguro.
Hace tiempo que una crisis es una «desaceleración económica» o incluso un «crecimiento negativo», que un despido masivo es una «reestructuración de plantilla», que una guerra es una «intervención humanitaria», que los asesinatos son una «neutralización de objetivos», que comprar la cúpula del CTA son «informes arbitrales», que las inscripciones ilegales se perpetran por decreto para «garantizar el derecho al trabajo y no perjudicar a la selección española», que las meretrices son «chicas de imagen» o «sobrinas que están como un tren contratadas en empresas públicas relacionadas con el transporte y la movilidad sostenible».
Y hace tiempo que a las trampas se las llama «FC Barcelona».
Que tengáis un día de chica de imagen madre.
Cada vez que hay un duelo entre el PSG o el Manchester City y algún equipo a los que esos periódicos deportivos que germinan de la grasa de las barras de los bares denominan “club con solera” (sic), la metáfora del enfrentamiento entre dos maneras de entender el mundo vuelve a manosearse sin pudor. Y, como ocurre con todo recurso que se repite hasta la saciedad, la presunta fuerza disminuye de manera inmisericorde. Quizá por eso, el latoso cliché que acompañó la previa del enfrentamiento entre parisinos y muniqueses supone incluso un estimulante refuerzo para los primeros, repletos ya de por sí de una confianza genuina, absolutamente justificada, con base en su escarapela de campeones de Europa.
Lo que pretendía constituirse como ardoroso combate con aroma a Champions League queda reducido a un burocrático ejercicio de pragmatismo francés y a una dolorosa muestra de impotencia alemana, cuya aflicción se ve incrementada tras la desgraciada lesión de Musiala en los instantes finales. Que el Bayern ha desnaturalizado su esencia, terrorífica durante décadas, admite poca discusión: no hay ni un Effenberg, ni un Kahn, ni un Müller, ni un ogro, en definitiva, capaz de acogotar al PSG ya sea en el campo o en la posterior sala de prensa. Las quejas postreras de Neuer se antojan forzadas, fuera de sitio, casi caricaturescas, sobre todo si comparamos la fiereza que destilaba la institución en otras épocas.
La triste sensación de que si el fútbol actual a veces parece de plástico se debe menos a los nuevos ricos advenedizos que a los viejos aristócratas que se olvidan de lo que fueron.
A mi alrededor, todos celebran el avasallador partido del Madrid, que desarma al Dortmund con un juego coral y una intensidad ilusionantes, en una primera parte incontestable. Se trata de una rotunda declaración de intenciones a la que pocas pegas se le pueden poner. Que Fran García parezca el mejor carrilero de la competición y comiencen a surgir los memes acerca de lo que se come o se deja de comer en Bolaños de Calatrava —por citar la referencia más suave, ejem— hace imaginar a los más optimistas que nos encontramos ante el enésimo ejemplo madridista en el que un secundario se convierte en protagonista inesperado de un título.
Sin embargo, mi ánimo se resiste a sumarse a la euforia faldicorta de mis compadres. El caos de los minutos finales nos castiga con la expulsión de Huijsen, a mi juicio el auténtico puntal de la mejora del equipo en el Mundial. Mientras la gente brinda con una sonrisa en los labios, mi expresión al abandonar el bar es taciturna. En lenguaje del madridismo underground: un punto avinagrada.
Mis peores miedos se confirman: el PSG pasa por encima de nuestros muchachos, que además entregan la cuchara en los primeros diez minutos merced a un desempeño lamentable de la pareja de centrales. Las goleadas que sufre el Madrid siempre tienen algo de tragedia griega, con la afición incendiando las gradas o las redes sociales en pos de una catarsis, y en este caso no puedo evitar acordarme de Edipo Rey, donde Sófocles muestra cómo una estructura aparentemente estable —el reinado, la ciudad, el orden— puede colapsar por una verdad apenas intuida.
Cada cual escoja la traducción en el equipo de esa verdad incómoda: yo había apuntado a que la mejora de la línea defensiva, y por ende de la colocación de todo el equipo, dependía, antes que de la pizarra, de la condición de mariscal de Huijsen. Pero habrá quien señale con el dedo la idea de Alonso de incluir a los tres delanteros, por no saber a quién quitar —o, aún peor, no atreverse—, y no le faltará razón. Decisión que, por mucho que nos duela a los partidarios del tolosarra, aparenta tener ante todo un carácter político, en el peor sentido del término: si se atribuye a Leibniz aquello de que la buena política es el arte de lo posible, la mala política podría definirse como el arte de los apaños.
Por otro lado, lo siento especialmente por los madridistas americanos, que parecen condenados a las decepciones cada vez que el Madrid visita su continente, pero, antes que nadie, por mí primero. Ver la cara de Luis Enrique, socarrón, ironizando ante el micrófono de un periodista del Madrid preguntándole si se alegraba mucho, no ayuda demasiado a atenuar mi resentimiento. Dicen que la venganza es un plato que se sirve frío, pero uno no puede evitar afilar los cuchillos para el domingo. ¿Y si…?
En la temporada 1955-56 se fundó la Copa de Europa, no sin pocos problemas. La UEFA, presionada por distintos intereses en contra, estableció la condición de que todo participante debía ser autorizado por su federación nacional para poder acudir. La Federación Inglesa, que observaba con altivez todo lo nacido fuera de sus fronteras, subrayó su vocación aislacionista y no permitió al campeón inglés disputar el torneo; una vez contemplado el indiscutible éxito de la primera edición, al año siguiente acabó agachando la cerviz y mandando al Manchester United como representante, y desde entonces hasta hoy. Sin embargo, el campeón inglés de 1955 quedó apartado de la posibilidad de hacer historia y escribir su nombre en el trofeo más importante del mundo del fútbol. Aquel equipo, fundado en 1905 por un ataque de celos, respondía al nombre de Chelsea.
Pienso en esto cuando veo a los blues levantar el título de campeón del primer Mundial de Clubes de la historia. El fútbol tiene cierto componente secreto, casi místico, que lo emparenta antes con la poesía que con la estadística. A veces se cobra deudas con décadas de retraso o las devuelve sin previo aviso, en forma de redenciones tardías o gestas improbables. Como si el juego, por sí solo, supiera saldar lo que los despachos negaron.
Al mismo tiempo, confieso que no puedo evitar sonreír complacido al ver el rictus de Luis Enrique en el banquillo del París Saint Germain, propio de un paciente aquejado de bruxismo. El fútbol también es esto, me digo. Poesía, pasión y una forma refinada de ironía y —admitámoslo— de mala leche. Justo ahí, entre la épica y el escarnio, encuentra su mayor parecido con la vida.
Empecé este dietario tratando de defender el nuevo Mundial de Clubes frente a las invectivas de Tebas, que lo acusaban de falto de interés. No hace falta ser muy espabilado para percatarse de lo absurdo de aquellas voluntaristas declaraciones, acaso más un deseo que un análisis. Si bien don Javier quizá utilice las audiencias de la final, seguramente inferiores a las de la semifinal, como coartada coyuntural. No debería confiarse. Porque la realidad que muestra el global de los datos no es que la liga supere en interés al Mundial, o al contrario. Lo que se constata, más bien, es algo mucho más simple —y, para algunos, más incómodo—: que el Madrid supera a ambos, y es su ausencia o presencia la que determina casi todas las cosas.
En el ecosistema de nuestro fútbol, el verdadero eje gravitacional no es un calendario ni una federación. Ni siquiera un nuevo torneo estimulante. Es, quiéranlo o no, un escudo blanco.
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Entregas anteriores:
1.- Dietario millennial de un Mundial de Clubes (I)
2.- Dietario millennial de un Mundial de Clubes (II)
3.- Dietario millennial de un Mundial de Clubes (III)
Aún retumba el eco de la estruendosa derrota sufrida ante el club-estado de moda en Europa y vigente campeón de la Champions League y el madridismo, lejos de lamerse las heridas cuál león malherido, reflexiona más bien acerca de la posibilidad de prenderse fuego a sí mismo, quién sabe si con el objetivo de renacer de sus cenizas cuál ave fénix ha demostrado ser el equipo a lo largo de los últimos años en las eliminatorias europeas o simplemente con el de ver arder lo que cree que son las ruinas de la mayor obra jamás construída, con la firme creencia de que la única manera de alcanzar un nuevo esplendor es haciendo una nueva desde cero.
Al madridismo le aqueja una fuerte decepción provocada por el oasis de ilusión que había generado la buena marcha de los pupilos de Xabi en los primeros partidos del Mundial de clubes. Sin embargo, la realidad, hosca y dura como ella sola, acabó por imponerse en forma de mazazo a manos del que, hoy por hoy, es el equipo más en forma del mundo. ¿Era realista sopesar la posibilidad de que un Madrid recién nacido como aquel que dice, con apenas un mes de trabajo (falso, pues Xabi no dispuso de todo el plantel hasta prácticamente su llegada al nuevo continente) pudiera plantarle cara al mayor titán existente en la actualidad? Sólo en nuestras fantasiosas mentes, contaminadas por la magia de un equipo que nos ha bien o mal acostumbrado a convertir lo imposible en algo rutinario.
Tratando de poner todas las circunstancias en su respectiva perspectiva, me resulta más complicado hallar decepción que tristeza en mi ser. Tristeza atribuida a ese caprichoso azar que se disfrazó de errores de bulto de Rüdiger y Asencio y nos impidió ver el verdadero partido que se habría dado en condiciones normales para comprobar así cuán lejos estamos aún de la máxima élite.
Percibo, sin embargo, una excesiva severidad por parte de la afición, ávida de culpables a los que echar a los leones y que demanda un intervencionismo inmediato a un club que ya se ha movido con la celeridad del rayo en lo que al mercado se refiere, teniendo ya fichados al entrenador del nuevo proyecto, así como a Trent, Huijsen, Franco Mastantuono y, parece que esta vez sí, a Álvaro Carreras.
me resulta más complicado hallar decepción que tristeza en mi ser. Tristeza atribuida a ese caprichoso azar que se disfrazó de errores de bulto de Rüdiger y Asencio y nos impidió ver el verdadero partido que se habría dado en condiciones normales
Además, por lo que parece filtrarse, el club tiene intención de seguir moviéndose para incorporar más leña a la defensa y el centro del campo, suponemos que dando lugar también a determinadas salidas necesarias.
Dentro de estas últimas es donde se hallan aquellos que exigen quemar Roma hasta los cimientos y asir el catálogo de ladrillos en el que buscar cuál es el más adecuado para nuestro nuevo Coliseo, mas es en este punto en el que debe imperar aquello que Baltasar Gracián denominó como “El arte de la prudencia”, que dió título a su libro.
A esa afición tan impaciente y exigente en cuanto a títulos, que con tanta premura quiere quemar Roma, es de rigor en primer lugar recordarles que Roma no se construye en un día, y en segundo sentarse a reflexionar en las circunstancias que han rodeado al fracaso de esta temporada.
La preparación física y las lesiones, especialmente de la línea defensiva, han destruído sin miramientos el suelo de un equipo que nunca ha llegado a sostener cierta solidez en los pasados meses. Es de esperar que, una vez realizada una pretemporada adecuada y recuperando (o fichando, como se dice, activos en dicha parcela) la situación vaya mejorando paulatinamente por sí sola.
En segundo lugar, el proyecto de Xabi es uno que no se levanta de la noche a la mañana. Son muchos automatismos nuevos, así como una metodología diferente a la anteriormente empleada y que demanda tiempo y trabajo para asentarse. Xabi llegó al Leverkusen en caída libre y los resultados positivos no empezaron a aparecer hasta pasado un mes de su llegada. Aquí, teniendo en cuenta el parón de selecciones no ha tenido ni siquiera ese tiempo y aún así ya se han visto varios signos positivos.
En cuanto al punto que más polémica está generando, el referido a la incompatibilidad de Vinícius y Mbappé y a su supuesta falta de trabajo, dudo mucho que una venta del uno o del otro sean la solución al bendito problema de contar con dos de los mejores atacantes del mundo sin discusión. Vinícius, más allá de lo alicaído que parece tras la polémica del balón de oro, no ha estado en su cénit físico más que un par de meses en toda la temporada y en este estado ha jugado el Mundial; mientras que Mbappé ha sufrido una enfermedad que también ha condicionado su físico y su aportación en el mismo.
el proyecto de Xabi es uno que no se levanta de la noche a la mañana. Son muchos automatismos nuevos, así como una metodología diferente a la anteriormente empleada y que demanda tiempo y trabajo para asentarse
Antes de destruir este proyecto sin haber visto el amplio abanico de posibilidades en ataque que ofrecen estas dos bestias (creo que demasiada gente está pecando de olvidar lo buenísimos que son), deberíamos dejarles disfrutar de sus vacaciones, olvidar esta mala temporada y abrazar el proyecto de Xabi en la próxima campaña. El donostiarra es un entrenador inteligente y sin duda hará ver a los atacantes dos aspectos: la importancia de la presión en el estilo de juego que quiere imponer y el nimio trabajo que les requiere una carrera explosiva de apenas 5 metros que puede suponer una rápida recuperación de balón que les haga llegar el mismo a una posición de peligro en área rival.
Si tras la misma permanecen los vicios, se podrá el club preguntar con mayor autoridad si realmente sobra alguno de los dos, pero sinceramente, creo que lo único que necesitan Vini, Mbappé, Xabi y el Real Madrid es exactamente lo mismo: tiempo y trabajo.
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La temporada pasada, la llegada de un jugador top, que marca 50 goles por temporada, cambió el ecosistema de la delantera del Real Madrid. Ésto hizo que varios jugadores tuvieran que cambiar forzosamente su rol para hacerle hueco.
A priori la idea era buena, sencillamente porque aportar tal cantidad de goles a un equipo te acerca a ganar títulos. En un ambiente favorable, esa incorporación puede incluso mejorar al resto de delanteros.
El problema fue el cambio de sistema que supuso, de 4-4-2 al 4-3-3, lo que significó que al perder un centrocampista. Los delanteros tuvieron que encargarse de tareas que antes realizaban otros. Y hay jugadores que esto no lo aceptan de buen grado.

Un breve apunte para situarnos: como norma general, el jugador por naturaleza es egoísta, siempre piensa que es el mejor y merece más. Más atención, más tiempo en la cancha, más salario. Si el jugador tiene ego, las estrellas tienen mucho ego, sin el cual probablemente no serían estrellas. Muchos buscan reconocimiento individual en forma de premios (que traen aparejados jugosos aumentos salariales, más impacto mediático, más campañas publicitarias, etc.) para lo cual necesitan su cuota de protagonismo, y a veces no están dispuestos a renunciar a estas prebendas, y juegan para ellos mismos en lugar de hacerlo para el equipo.
Sin embargo, un club piensa en el conjunto, y analiza si la llegada de una nueva pieza en la delantera puede mejorar la aportación total de sus integrantes. Y en este caso se llegó a la conclusión de que sí. Si todos ponían de su parte.
La teoría es fácil de explicar, pero vamos a lo ocurrido en la práctica:
Rodrygo
El año anterior a la llegada de Mbappé jugó como doble punta junto a Vinicius, más centrado, como a él le gusta y se ha encargado de recordar en varias ocasiones, siendo parte importante del doblete (liga, Champions) que se ganó aquella temporada.
La llegada de Mbappé le desplazó al extremo derecho, y sus números bajaron ostensiblemente. Muchas veces tenia que marcar a su lateral, cosa que no ocurría en la anterior campaña. Dedicaba parte de su esfuerzo a defender, en lugar de hacerlo totalmente en atacar para marcar o asistir, y destacar ante el ojo público. Descontento con su situación personal en el equipo, acabó presuntamente borrándose cuando todavía estaba la liga en juego, alegando problemas emocionales. Motivo por el cual quizá sea traspasado este mismo verano.
La temporada anterior a la llegada de Mbappé, jugó de media punta con mucha llegada al área. Una posición en la que no había jugado nunca en su carrera. Que tenía en su libreto Carlo Ancelloti, y ya había probado anteriormente con Kaká. Y acabó dando magníficos resultados, llegando a marcar más de 20 goles esa temporada.
El gol es algo adictivo, un subidón de felicidad y euforia al que, una vez acostumbrado, es muy difícil renunciar sin pasar el síndrome de abstinencia. Con la llegada de Mbappé se reducían las veces que Jude podía llegar al área, y por tanto su aportación goledora menguó, teniendo que dedicarse más a labores defensivas, como tapar la salida del medio centro rival, o replegar para defender en bloque bajo. Algo que en muchas ocasiones dejaba de hacer, quedando el equipo partido en un 4-2-4.
Vinicius Jr.
Se trata de un jugador que estuvo sumamente ilusionado en ganar el Balón de Oro, merecido tras tantos años de trabajo y buen juego, después del sufrimiento pasado por el acoso mediático padecido a su llegada. Cuando finalmente pensó que iba a materializar su sueño, le robaron descaradamente el premio, lo cual le afectó seriamente a nivel emocional, volviendo a sufrir las burlas de los antimadridistas.
No se ha recuperado futbolísticamente desde entonces. Sus números y su juego han bajado preocupantemente en 2025. Y ahora se encuentra en una situación muy comprometida, tratando de reencontrarse a sí mismo y su juego. Quién sabe si pensando todavía en ganar el próximo Balón de Oro.
Mbappé
Llegó como la estrella ansiada después de tantos años. Claramente fuera de forma, lesionado semanas antes en la Eurocopa, después de haber pasado dos años muy problemáticos en su anterior equipo, rozando el mobbing. Su juego al principio fue decepcionante. No daba un pase a tres metros. No controlaba una balón. No chutaba a portería. Se trastabillaba cuando intentaba un regate. Fallaba penaltis, no presionaba...hasta que comenzó a marcar goles, y más goles. Algunos en partidos muy importantes, como contra el City o el Barça.
Quizá ese resurgir de Mbappé llegó demasiado tarde, cuando el resto de compañeros de ataque ya se habían cansado de trabajar infructuosamente para que él tuviera más facilidad de adaptación. Y, cuando finalmente despertó de su letargo, los focos y la atención giraran principalmente hacia él.
La cuestión es que nos encontramos en el escenario más temido ante la llegada del nuevo gallo al corral. Es decir, que el resto de gallos ya no quieren trabajar para el nuevo. Ya nadie corre. Ya nadie presiona. No hay jugadas combinativas. Y, en lugar de sumar, ha ocurrido lo contrario. ¿Quién es culpable? Para mí, los cuatro señalados tienen cada uno su parte de culpa.
Se ha llegado a un punto en el que la solución más rápida es la salida de uno de los delanteros. El que menos rendimiento ofreció la temporada pasada. Sin embargo, con ello no se resuelve el problema de los roles de cada jugador, ya que todos quieren mantener el estatus que tanto les ha costado conseguir.
Si el entrenador no es capaz de convencerlos del papel que les toca jugar este año, y de poner sus cualidades al servicio del equipo, el resultado va a seguir siendo el mismo.
Esperemos que Xabi sea capaz de revertir la situación. De lo contrario, vamos a perder otra temporada, y vamos a tener que hacer cambios aún más drásticos en la parcela de ataque la próxima.
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Buenos días. La prensa cataculé tiene a Lamine Yamal como argumento principal de portada. No importa cuándo leas esto, ya lo sabemos. Basta con que el joven delantero blaugrana se compre unos zapatos, o añada unas nuevas gafas a la colección de lentes superpuestas en el cráneo, para que Sportivo caiga rendido a sus pies, ofreciéndole primeras planas a cholón.
El barcelonismo, hoy, celebra que Lamine ha cumplido 18 años. El no-barcelonismo celebra que ya no tiene 17, por aquello de no tener que escuchar ni una sola vez más el grito arrobado de los cronistas, tantísimas veces proclamado como la Buena Nueva: “¡Y solo tiene 17 años!”
Pues no. Ya no los tiene. La Galerna celebra modestamente los ya-no-17 años de Lamine. Ya nadie podrá gritar, próximo al paroxismo sexual, “¡Y solo tiene 17 años!”, o por lo menos no podrá hacerlo sin mentir. No se nos escapa el inconveniente de que, por el mismo precio, aún pueden gritar extasiados “¡Y solo tiene 18 años!”, pero al menos se habrá producido una mínima variación que aligerará someramente la matraca. Las novedades son especialmente bienvenidas en los paradigmas constantes del coñazo mayestático.
Nadie ha tenido 17 años durante tantísimo tiempo como Lamine Yamal. Es más, no falta quien asegura que cuando los Beatles cantaron aquello de “Well, he is just seventeen, you know what I mean” se referían al excelente jugador, inflado producto de marketing y potencial juguete roto (sí, todo ello junto es posible) que hoy cumple la mayoría de edad.
Lamine lleva, sí, teniendo 17 desde tiempos inmemoriales. Según cierta corriente de opinión, ya los tenía cuando el club en el que juega comenzó a pagar a Negreira durante (oh) 17 años. Parece claro que hay magia en el número. “Sixteen going on seventeen”, cantaban en The Sound of Music, también conocida como Sonrisas y Lágrimas en España, La Novicia Rebelde en algunos países hispanoamericanos y Tutti Insieme Appassionatamente (Todos Juntos Apasionadamente) en Italia. En el caso de Lamine, la cosa era más bien “Seventeen going on eighteen”, lo que pasa es que los eighteen parecían no llegar nunca. Ya han llegado, y os aseguremos que, si ha sucedido, es porque verdaderamente nada resiste el paso del tiempo. A Jordi Hurtado le ha salido una cana y Lamine ya no tiene 17. ¿Qué mejores pruebas deseáis de la devastadora acción del paso del tiempo, capaz de arrasar con montañas tan aparentemente inamovibles como las señaladas?
El chico, en efecto, ya no tiene 17. Sin que sirva de precedente, nos sumamos a la fiesta de Sportivo. Pensábamos que nunca llegaría el día. El chaval ya puede ver pelis guarras y tomarse una cerveza, aunque algo nos hace pensar que ambos son hitos ya superados con anterioridad. Mucho se está hablando de su fiesta de cumpleaños, por la que dicen que se ha pasado alguna que otra chica de acrisolada virtud y misa diaria. José Luis Ábalos excusó su ausencia, que fue dolorosa, por mor de sus problemas con la justicia, pero nos consta que ya se ha confesado por la decepción causada al novio oficial de España y próximo Balón de Oro por decreto nacional. A José Luis deberían haberle obligado a ir a la fiesta. No siempre observa la debida coherencia el gobierno de Pedro Sánchez. De poco sirve facilitar la inscripción de los jugadores del equipo oficial de tus socios independentistas en el gobierno si luego tienes el feo detalle de declinar acudir a sus festejos.
Hoy, por supuesto, se juega la final del Mundial de Clubes, en la que tantísimo nos duele que no esté el Real Madrid. Marca se entrega en cuerpo y alma a su compañero de pádel, Al-Khelaifi, y nos ofrece una entrevista exclusiva con Dembélé, el hombre que puede quitar el Balón de Oro al protagonista de las portadas anteriores. Estaría muy feo que Dembélé hiciera tal cosa. No nos parecería bien, definitivamente. Se han emitido ya varios decretos-ley explicitando la obligatoriedad de que el galardón recaiga en el joven de ya-no-17 años. ¿Acaso quiere Dembélé transgredir la legalidad vigente? Él verá, él verá…
Y el tercer argumento deportivo del día, al cual As ofrece muy lógica prioridad, es la final del campeonato de Wimbledon, donde a partir de las 17 (¡oh!) horas se verán las caras Sinner y Alcaraz. Con nuestro más sincero ánimo a Carlos, nos despedimos por hoy.
Pasad un feliz domingo.
“El Mundial es el cierre de la temporada pasada”, dijo Xabi Alonso tras caer 4-0 ante el PSG en la semifinal del Mundial de Clubes. El curso arrancó en agosto del 2024, con la ilusión del madridismo por los cielos y con la expectativa de conseguir siete títulos, algo inédito. Sin embargo, la incapacidad de Ancelotti para adaptar a las estrellas, el conformismo de Vinícius y la falta de ambición de Mbappé acabaron con un ciclo histórico.
La llegada de Xabi despertó la ilusión en los aficionados, y en algunos jugadores, pero no en las estrellas. Durante el inicio del Mundial, la ausencia de Mbappé generaba intriga e incertidumbre. Perder no sólo a tu estrella, sino también a tu delantero mas consistente, se antojaba un serio problema.
Un serio problema hasta que el sustituto resultó ser un chico llamado Gonzalo, que si bien nadie conocía (salvo los seguidores del Castilla), mostró hambre, ganas, actitud y el deseo de ganarse un sitio.
Algo que Vinícius no mostró durante el torneo, o no como debiera. Tampoco antes. En lo que va de 2025, el brasileño acumula 8 goles en 42 partidos disputados. Si bien son números preocupantes, molesta más lo que parece dejadez y falta de concentración. Lo que parecen ser falta de ganas de querer ser el mejor.
Cuando se juntan Vini y Mbappé, la realidad es que se estorban mas de lo que se complementan. La ocupación de espacios de ambos es muy similar, y así es difícil que brillen juntos
Además de la actitud, también hay un problema futbolístico. Su mejor versión la vimos ante el Salzburgo, donde en el 3-5-2 de Xabi supo explotar sus virtudes apareciendo no solo por fuera sino también por dentro, y donde interpretó a la perfección el gran pase de Bellingham. Más tarde, incluso, asistió a Valverde a lo Guti.
El Vinícius de ese partido concreto fue lo más parecido al del 2024, donde fue el gran candidato al Balón de Oro. Es decir, un Vinícius que entiende que no tiene que aferrarse a la banda izquierda para generar peligro, y que lo da todo por demostrar sus cualidades, con ambición. Pero ha sido la excepción.
Cuando se juntan Vini y Mbappé, la realidad es que se estorban mas de lo que se complementan. La ocupación de espacios de ambos es muy similar, y así es difícil que brillen juntos. Recuerdo una jugada ante la Juve donde encara Vini hacia dentro y Mbappé, en vez de hacer un movimiento a la espalda de los centrales, opta por pasarle por detrás a Vini y aparecer como extremo. Muy significativo de lo mal que mezclan.
Mbappé es mejor sin Vini. En los 8 partidos que estuvo ausente el brasileño, Kylian marcó 8 goles, mostrándose mucho mas cómodo sobre el verde. El dia de la verdad, en la semifinal ante el PSG, Xabi no tuvo la valentía de sentar a una de sus estrellas, aun sabiendo que tácticamente iba a ser un problema, y así fue.
El Real Madrid debe tomar una decisión porque el equipo es mejor cuando falta uno de los dos. Creo que Kylian debe ser el líder de este Madrid ya que llegó hace un año, es mejor futbolista que Vinícius, y a mi juicio tiene mejor actitud. Florentino y Xabi deben sentarse, y tomar una decisión dolorosa.
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El miércoles por la noche, en Nueva York (bueno, en East Rutherford), no solo caímos eliminados del Mundial de Clubes, no fue una simple derrota deportiva, ni siquiera una de esas frustraciones modernas que se disipan con un fichaje de relumbrón o un vídeo motivacional en redes. Lo que ocurrió en el MetLife Stadium fue más profundo, más definitivo. Fue una Epifanía colectiva: nos dimos cuenta, de pronto, que la década prodigiosa había terminado. Y no por la puerta grande, precisamente, sino con un portazo de realidad.
El PSG nos borró del mapa. Así, sin paños calientes, lo hizo sin necesidad de florituras, sin el más mínimo titubeo, como quien ejecuta una orden natural. Dos fallos garrafales en defensa, en los diez primeros minutos, nos dieron la puntilla definitiva. No hubo lugar para la épica, no hubo sensación de peligro, no hubo, siquiera, ese conato de agitación madridista que a veces aparece por arte de mística cuando las cosas pintan negras. Esta vez no, esta vez pintaron bastos desde el minuto uno, y se quedaron bastos hasta el pitido final.
Porque en medio de la impotencia, de la frustración y de la derrota, se produjeron dos despedidas que duelen más que el propio resultado. Dos adioses silenciosos, casi elegantes. Luka Modric y Lucas Vázquez disputaron sus últimos minutos con la camiseta del Real Madrid. El croata y el gallego, la batuta de oro y el comodín eterno, el genio y el currante, dos caminos distintos que acaban juntos, en una misma estación de leyenda.
Dos fallos garrafales en defensa, en los diez primeros minutos, nos dieron la puntilla definitiva. No hubo lugar para la épica, no hubo sensación de peligro, no hubo, siquiera, ese conato de agitación madridista que a veces aparece por arte de mística cuando las cosas pintan negras
De Modric ya se ha dicho todo, pero nunca será suficiente. Llegó en silencio, con cara de perdido y apellido que parecía errata. Lo señalaron como el peor fichaje del año (42 millones para tapar vergüenzas, ¿se acuerdan?). Se fue convirtiendo en el mejor centrocampista del mundo, partido a partido, hasta hacerse invisible. Porque ese fue su mayor mérito: hacer fácil lo imposible, convertir cada pase en una línea de poesía, cada control en una sinfonía de compás. Lo ganó todo, absolutamente todo y no cambió nunca, ni una pose, ni una palabra de más, ni un desplante, ni un gesto feo, sólo fútbol, sólo entrega, sólo Real Madrid. Seis Copas de Europa le contemplan, el récord de títulos ganados con la camiseta blanca y el honor de haber sido, con 39 años y 303 días, el jugador más veterano en vestir la camiseta del Real Madrid.
Lucas, en cambio, fue la hormiga obrera. El que nunca se quejaba, el que salía del banquillo y cumplía, el que jugaba de lateral, de extremo, de lo que hiciera falta, el que celebraba los goles del equipo como si fueran propios, aunque los hubiese visto desde el calentamiento, el que no pidió focos, pero se los ganó, el que sobrevivió a todas las limpiezas de vestuario y fue testigo de todos los títulos, el que jamás bajó los brazos. En su haber, cinco entorchados europeos más otra infinidad de títulos, el sueño de cualquier futbolista
Se van los dos, y con ellos se va algo más que talento o compromiso. Se va una forma de entender el madridismo, una forma de vivirlo desde la excelencia y desde la entrega, desde la gloria y desde la humildad. Son el símbolo perfecto de una era que ha sido, sencillamente, la mejor de nuestras vidas.
Porque no hay que tener miedo a decirlo: lo que hemos vivido estos diez años ha sido inverosímil, una anomalía histórica, una locura sostenida por el talento y la fe. Seis Copas de Europa en diez años. Repito: seis, como si tal cosa, como si eso fuera normal, como si la Copa de Europa fuera un torneo de verano.
De 2014 a 2024, el Real Madrid ha sido el epicentro del fútbol mundial. Hemos ganado finales de todas las maneras, agónicas (Lisboa), en la tanda de penaltis (Milan), sufriendo (Londres), dominando (Cardiff, Paris), contra todo pronóstico (Kiev), pero ganándolas. Hemos resucitado eliminatorias muertas, hemos sometido a equipos que parecían inabordables y lo hemos hecho gracias a una generación irrepetible, un alineamiento cósmico de talento, personalidad y jerarquía que no volverá a repetirse en nuestras vidas.
Cristiano Ronaldo, Karim Benzema, Luka Modric, Toni Kroos, Casemiro, Sergio Ramos, Marcelo, Keylor Navas, Courtois, Nacho, Carvajal, Bale, Di María, Vinicius, Rodrygo, Bellingham y sí, también Lucas. Todos ellos fueron parte, en un momento u otro, de esta década mágica que ahora llega a su fin. Una década que no se mide en títulos, sino en noches inolvidables, en abrazos, en lágrimas, en gritos, en goles imposibles, en remontadas de leyenda, en miradas al cielo con los brazos abiertos.
Hemos resucitado eliminatorias muertas, hemos sometido a equipos que parecían inabordables y lo hemos hecho gracias a una generación irrepetible, un alineamiento cósmico de talento, personalidad y jerarquía que no volverá a repetirse en nuestras vidas
Y ahora, ¿qué? Ahora toca entender que esto no se repite. Que la última vez fue hace setenta años con los Di Stéfano, Gento, Puskás y compañía, que esto no se da por generación espontánea, que no se trata de fichar a otro Modric o a otro Cristiano, porque no existen, no se trata de repetir una fórmula mágica, no se trata de fichar a este o aquel jugador emergente que suena en la prensa o en las redes, no se trata de vituperar el entrenador más laureado del Real Madrid de todos los tiempos y traer a un Mesías que nos lleva otra vez a la gloria, sino de construir una era nueva, desde otro lugar, desde otro tiempo.
Ahora toca asumir, sin miedo, que no somos el mejor equipo del mundo. Y que no pasa nada, lo fuimos nada más y nada menos que durante una década y lo volveremos a ser, porque del Real Madrid no es que renazca, es que nunca se va. Pero ahora mismo no lo somos, ni en juego, ni en jerarquía, ni en plantilla. Tenemos una base excelente, sí, tenemos talento, juventud, proyección, pero no tenemos el empaque, no tenemos el aura, no tenemos, aún, la madurez de los campeones, y eso no se compra. Se forja.
Este equipo necesita tiempo, necesita equivocarse, necesita partidos como el del miércoles para entender qué es el Real Madrid y qué no es. Necesita líderes nuevos, nuevos códigos, nuevos ritos y nosotros, como madridistas, como club, como institución, necesitamos acompañar ese proceso sin exigirle a este olmo que nos dé las peras de Cristiano.
Volveremos, claro que sí. Porque el Real Madrid no es una era: es una certeza. No es una generación: es una obsesión. No es una moda: es una maldición divina que nos condena a levantarnos siempre. Pero esta vez tendremos que hacerlo sin la red de seguridad de los de siempre, sin la magia de Luka, sin el martillo de Cristiano, sin el metrónomo de Kroos, sin el carácter de Casemiro, sin los goles y la calidad de Benzema. Esta vez toca construir desde cero. Como en el 2000. Como en el 2009. Como tantas veces.
Y lo haremos, porque si algo nos ha enseñado esta década prodigiosa es que el Real Madrid no muere nunca, sólo duerme, sólo se toma un respiro para volver con más fuerza. Y mientras tanto, nosotros estaremos aquí, levantando la copa de la memoria, brindando por Luka, por Lucas, por todos, por todo.
Y cuando volvamos a ganar, porque volveremos, miraremos atrás y entenderemos que este final amargo no fue una derrota. Fue un prólogo.
Me despido con la frase de mi amigo Javi. Ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida… ¡Hala Madrid!
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Buenos días, amigos.
Las portadas de hoy se dedican casi en exclusiva a Carlitos Alcaraz, quien ayer avanzó a una nueva final de Wimbledon, la tercera consecutiva. Y Carlitos es tan madridista que, cuando llega a una final, es para ganarla y llevarse el título. Podría ser su sexto Grand Slam en la sexta final, una infalibilidad que nos recuerda que nada luce tan hermoso como el blanco absoluto sobre el verde del césped.
Sí, amigos, nos hemos levantado poéticos, o melancólicos, quién sabe. Quizás abducidos por la reinterpretación del sargento Elías en Platoon que nuestro Carlos deja en todas las portadas:
Es un momento mítico de la película de Oliverio Piedra, de 1986. Del mismo año que Rafa Nadal, por cierto, otro que nos viene a la memoria cada vez que vemos en acción a su sucesor. El adagio para cuerdas de Barber invade todo el espacio acústico, y el sargento Elías cae abatido por los certeros disparos de los “charlies”.
Ayer, nuestro “Charlie” Alcaraz también supo sumar disparos certeros, uno tras otro, para llevarse por delante a un acertado Fritz, mientras componía un perfecto adagio con las cuerdas de su raqueta. El adagio es un término que se refiere al tempo, a la velocidad de ejecución de los movimientos y es más pausado de lo habitual, más lento, como las dejadas que Carlitos nos regaló con maestría. El metrónomo interior del murciano supo marcar el ritmo del partido y llevarlo a lo que cada momento requiriera, ya fuera andante, allegro, vivace o, como en varios puntos cruciales, molto vivace. Saques a 210 kilómetros por hora, voleas sutiles, golpes ganadores cruzados o paralelos, globos que se quedaban suspendidos en el aire como las notas del violín en la pieza de Barber.
Otra portada a lo “sargento Elías” en el diario As. Y muchos términos italianos en el Portanálisis de hoy, quizás influidos por cómo la selección española femenina llevó a término la resistencia de las italianas en la Eurocopa. O por vislumbrar en el horizonte londinense a ese pecador (Sinner), que ayer se llevó por delante al veterano Novak Djokovic. El italiano es el número 1 del mundo y un gran jugador, eso es indiscutible, pero no podemos pasar por alto la fortuna que ha tenido en las dos últimas eliminatorias al ganar a unos contrincantes muy mermados por las lesiones: el búlgaro Dimitrov se retiró cuando marchaba dos sets arriba, y ayer, el serbio carecía de la movilidad y agilidad que siempre le caracterizaron.
El diario prisaico no puede evitar dejar caer una de esas frases que tanto le gustan para comenzar durante varias semanas a confeccionar “su” plantilla: altas, bajas, fichajes imposibles, rumores que nunca se confirman… Es lo que en esta redacción se conoce (y próximamente en la RAE) como “pajiplantilleo”. “Faltan fichajes, sobra plantilla”. Prepárense para los titulares de todos los veranos con nuevos nombres que surgirán. “No dejes que la realidad te estropee una buena historia”, señores del diario. Mucho menos un titular.
Más Elías Alcaraz en la portada del Mundo Deportivo, y un titular en el faldón superior para los “pajiplantilleos” culés de cada verano: “Flick, muy claro con Ter Stegen”. Más le vale al alemán pensar en una salida… o reforzar la seguridad de su vivienda.
“El Barça espera conseguir la regla del 1:1” con su gran palanca congoleña, jojojo, aún nos duran las carcajadas, o si no, inscribirá igualmente a sus fichajes. ¿Acaso lo dudáis?
Por su parte, el diario Sport se desmarca de la noticia que copa el resto de portadas y pasa del “Implacable” al “Imparables”:
Y mientras Pogacar se vuelve a vestir de amarillo, Ter Stegen sabe que tendrá que hacerlo en otros lares. En otro pequeño recuadro aparece la noticia del fichaje del lateral Carreras por el Real Madrid. Bienvenido sea, sus ídem serán muy apreciadas en un equipo que necesita reforzarse.
Pasad un buen día, poneos el adagio para cuerdas de Barber, y relajaos, extasiaos con su sensibilidad. Cualquier cosa antes que leer panfletos que hacen preguntas cuyos redactores bien merecen una persecución (metafórica) como la que sufrió el sargento Elías antes de caer abatido:
Hola, amigos. Pedimos disculpas por el ligero retraso de hoy en nuestro arribo a la cita de todos los días. Hora es ya de que sepáis que el portanálisis no es obra de ninguna inteligencia artificial (tampoco de una natural, o eso nos parece cuando nos invade el realismo), y que por tanto está sujeto al devenir y las cuitas de personas de carne y hueso.
Estas personas de carne y hueso hoy no estaban inspiradas, lo que no quiere decir que a diario suelan estarlo. No nos escudaremos en pretextos. La demoledora derrota ante el PSG nos tiene aún consternados, y acercarse a unas primeras planas que no hacen sino dar vueltas y vueltas sobre el desastre no es plato de buen gusto. Vosotros sufrís las derrotas del Madrid, pero a nosotros, que también las sufrimos, luego nos toca, encima, rumiarlas y ofrecer un comentario sobre los medios que a su vez las comentan. No queremos presumir ni quejarnos pero, la verdad, ahí os querríamos ver.
Cuando os deja una novia, ¿os toca a renglón seguido comentar las portadas que lo narran (con un poco de suerte ni siquiera existen, salvo que pertenezcáis a la órbita del famoseo)? Cuando una inoportuna fractura ósea os postra en cama, ¿debéis además parafrasear por escrito el contenido del informe médico? ¿A que no? Bueno, pues a nosotros, cuando sufrimos la desgracia de una derrota del Madrid, nos toca encima no ya diseccionarla, que también, sino servir de eco (irónico, pero eco) de otros “expertos”, con frecuencia todavía más gilipollas que nosotros, que también las diseccionan en primeras planas, generalmente tan lacerantes como estultas.
De manera que nos hemos pasado el día entero revoloteando en torno a esto, como buitres que sintieran repulsa por la carroña en lugar de apetecerla, sin vernos capaces de hincarle el diente. Esa es nuestra confesión descarnada de las casi siete de la tarde.
Pero resulta que de pronto, cuando ya dábamos por hecho que no seríamos capaces de escribir una sola línea, se ha producido una noticia que, si bien no ha llegado a las portadas, nos ha trasladado de la desorientación más aciaga al entusiasmo jocundo.
Gozadla, gozadla con nosotros.
¿No es maravilloso? Comprenderéis que después de leer esta noticia ya no estemos tan mohínos. En su búsqueda afanosa de palancas, el inefable Jan ha llegado al África subsahariana. Congo es una de las grandes potencias financieras del continente (?), lo que ofrece las máximas garantías respecto a que hablamos de una operación contante y sonante, y en modo alguno de una tapadera más. Maravilloso el apunte tuitero de nuestro amigo El Norteño al respecto.
¿Entendéis ahora cómo el asunto ha logrado por fin sacarnos la primera sonrisa del día, a las 19:47 para ser exactos, hora a la que aún no hemos sido capaces de sacar adelante este portanálisis? Ojalá la noticia hubiera surgido antes. Nos habríamos sacudido esa melancolía, que nos encogía el alma, con anterioridad, y no nos habríamos ido hasta estas horas para facturar esta sección.
Por poco Ramón, nuestro querido Ramón, nos chafa la alegría con sus puntualizaciones de ilustre (e inoportuno) leguleyo.
A ver, Ramón, no nos vengas con tecnicismos que bastante nos está costando esto hoy. No seas aguafiestas. ya sabemos que técnicamente no es una palanca, pero déjanos que compensemos la tardanza en el portanálisis de hoy con el título más lascivo en los más de diez años de portanálisis diarios. “La gran palanca congoleña” bien podría ser un spin-off de “Emmanuelle negra”, aquel clásico del cine erótico que a su vez era una secuela africana de “Emmanuelle”, con Sylvia Kristel. Nos imaginamos a Laporta sentado en la butaca de mimbre del célebre cartel y todas nuestras penas fluyen bajo el puente, rumbo al mar. Era una película muy apreciada por un amigo del pueblo del portanalista de hoy, solo que él, no excesivamente políglota, la llamaba “En el muelle”. Tampoco es mal título para un film de salaces aventuras portuarias. Al fin y al cabo, este mismo amigo de este mismo portanalista tenía en su casa una fotonovela rijosa en cuya primera página aparecía una morena tolenda cuyos pensamientos, visibles al lector en el correspondiente bocadillo, nos confiaba su deseo de ser emparedada por dos marineros rusos.
No pasaremos por alto el oportunísimo comentario de nuestro (también) colaborador Miguel Ángel Uriondo al post original de Ramón. “Es intencional. Si todo es una palanca, nada es una palanca”. Por eso Sport, hoja parroquial del Padre Jan, opta por el término. Para difuminar la enormidad y agotadora frecuencia de los chanchullos culés.
“La gran palanca congoleña” podría también ser el título de un tratado antropológico de algún explorador danés del siglo XIX. Nos honraría muchísimo la coincidencia pero, caso de topar con ella, queremos que tengáis clara su condición de tal. Nunca plagiaríamos una cosa semejante.
Y es así como hemos recuperado la sonrisa, amigos. A las 20:06PM. No sabemos si a vosotros os habrá valido la pena esperar tanto hasta la llegada de esta pieza, pero a nosotros sí nos ha arreglado el día la ocurrencia de Jan. Nos consta que el presidente del club cliente de Negreira (a quien por cierto el propio Jan cuadriplicó el sueldo) importa para su exclusivo uso y consumo ingentes cantidades de Conguitos. No estamos, sin embargo, en condiciones de confirmar que se haya tratado de una epifanía concebida al recibir la última remesa.
Os dejamos con las portadas de Sportivo, y también con un bello homenaje a Hergé de nuestro (también) colaborador Fred Gwynne.
Pasad una buena noche.