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89-100: Frustrante derrota en Valencia

89-100: Frustrante derrota en Valencia

Escrito por: Pablo Rivas23 febrero, 2026
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Como en casi todos los deportes, el estado de ánimo y la confianza constituyen un elemento fundamental en el baloncesto. El cronista con experiencia sabe perfectamente que, si quiere acercarse a la verdad de lo que ocurre en el parqué, debe incluir la descripción de esta circunstancia. Y, al mismo tiempo, si uno valora el rigor de su trabajo y abomina del manoseo literario vacío, tendrá miedo de adentrarse en un territorio tan pantanoso y resbaladizo. Los sistemas tácticos se pueden enunciar y las estadísticas conforman una coartada al alcance de cualquiera que sepa contar; lo otro, en cambio, apenas se deja nombrar. Acaso el cómo explicar lo que sucede sin caer en el esoterismo emocional o la superstición de salón sea lo que distinguirá a los periodistas del futuro de los productos estándares de la IA.

Asumido lo anterior, todas las miradas estaban centradas en Mario Hezonja. No en vano, su descomunal actuación en la semifinal había colocado sobre él la responsabilidad de guiar al Madrid. Los primeros minutos del encuentro parecieron confirmarlo: velocidad, acierto, confianza desbordada… Por desgracia, el Baskonia no había llegado para ser aplastado, y respondió al 13-2 inicial con un rotundo 15-4. Los vitorianos recordaban que la sorpresa es también un arma mental: llegaban desinhibidos, libres de expectativas; por su parte, los blancos caminaban con la seguridad y la equivocada condescendencia de quien cree que los milagros siempre llegan cuando uno ya ha dado la señal.

Cada penetración de Luwawu-Cabarrot y de Forrest daba una pista acerca de por dónde iba a estar la clave del partido, y ni los jugadores ni el banquillo madridista estuvieron a la altura para desactivar una bomba tan evidente como letal. Los interiores completaron una final desastrosa: Tavares, habitualmente un seguro, defendió con un inconcebible miedo a cometer faltas, Garuba jugó con la empanada que caracterizó su peor época tras la vuelta de la NBA y Len evidenció que la falta de ritmo menoscaba la autoestima para el día en que resultas necesario. El estético Trey Lyles dio argumentos a los dirigentes de la sección para rechazar la petición de aumento de sueldo que le atribuyen algunos gacetilleros: la elegancia fría no sirve en el Madrid si no demuestras carácter en la hora decisiva. Mirotic ya hubo uno, y su historia no acabó bien.

en el baloncesto, como en la vida, la mente decide más de lo que los ojos permiten ver

El conjunto de Scariolo sujetaba el partido con ventajas pequeñas y los vascos hacían la goma. Los puntos eran siempre conseguidos a través de rachas individuales, sin mucha continuidad: el arrojo de Feliz, la intensidad de un buen Deck o los puntos de SuperMario. Sin embargo, los aficionados más sabios tenían la mosca detrás de la oreja: los tanteos de +5 al descanso y al final del tercer período reflejaban una mera ficticia ilusión de control, pero no respondían a lo que se estaba viendo en la cancha. Y lo que era peor: tampoco a lo que no se puede ver.

Una serie de catastróficos despistes de Usman convirtieron la final en un partido de un único cuarto, y ahí la diferencia de espíritu se tornó una cumbre inexpugnable. Poco importaba que Campazzo o Maledon transportasen el balón al aro rival con la lengua fuera. La defensa blanca era de mantequilla, y cada mazazo elevaba la euforia baskonista, alentada por un pabellón valenciano unido en torno al gran enemigo común. El Madrid entró con seis puntos de desventaja en el minuto final, y el triplazo de Hezonja buscando de nuevo la épica cinematográfica fue contrarrestado por varias canastas ridículamente concedidas. El auténtico factor decisivo estuvo en otro sitio: en la libertad de quien no teme y de quien ya ha superado todas las expectativas.   

Este Madrid de Scariolo, que tanto promete y que a menudo gripa en el último paso, volvió a morir en la orilla. Pasan los meses y parece imposible que se desprenda de todas las dudas que lo atenazan, lo que convierte en muy frustrante este golpe. Alguno se atreve incluso a dudar de si habrá capacidad para levantarse con esta dinámica de recibir un palo duro cada pocas semanas. Por su parte, el Baskonia ganó a través de un sota, caballo y rey repetido hasta la extenuación: su ánimo fue más alto, su cabeza más firme y su valentía más intensa. Y ahí, en esa frontera invisible entre lo que se puede medir y lo que se siente, el cronista sabe que solo puede narrarlo, intentar poner palabras al temperamento, a la confianza que se hace jugada y al miedo que se transforma en un fallo. No hay estadísticas que lo contengan, ni sistemas que lo expliquen del todo; solo queda reconocerlo, dejar que el lector lo perciba, y aceptar que en el baloncesto, como en la vida, la mente decide más de lo que los ojos permiten ver.

 

Getty Images

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6 comentarios en: 89-100: Frustrante derrota en Valencia

  1. Parece evidente que los picos de sierra este año los padece tanto el equipo de fútbol como el equipo de baloncesto
    Llevo muchísimos años viendo a ambos y el camino que llevan por desgracia conduce al precipicio.
    Ningún título en ambas disciplinas
    Presidente tome nota si por desgracia como comento ocurre

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