Las mejores firmas madridistas del planeta

Hace apenas tres semanas, el Real Madrid salió del mismo Estadio da Luz en Lisboa con una sensación de desnudez competitiva difícil de digerir. El Benfica le pasó por encima con un 4-2 que incluso pudo ser más amplio si se atiende a la superioridad que se vio sobre el césped. Aquel día, el equipo fue un conjunto deshilachado, sin sincronía en las presiones, con las líneas separadas y sin respuestas desde el banquillo. No había estructura ni ayudas, ni había lectura colectiva de los momentos del partido. Tres semanas después, en el mismo escenario y ante el mismo rival, la imagen ha sido radicalmente distinta. El partido de ayer mostró un trabajo táctico visible respecto a aquel encuentro de enero.

La primera gran diferencia se percibió en la pareja de centrales. Antonio Rüdiger y Dean Huijsen ofrecieron una lección de lo que significa interpretar el juego desde la base. La virtud más importante en una dupla de centrales no es solo la contundencia o la velocidad, sino la toma de decisiones compartida: cuándo saltar a la presión y cuándo mantener la posición. Saltar sin red deja al compañero vendido; esperar sin coordinación concede metros y tiempo al rival. Ayer ambos supieron leer cada acción con una sincronización admirable. Lo más llamativo es que, incluso en las ocasiones en las que uno salía sin una cobertura explícita del otro, la jugada terminaba igualmente en recuperación. Eso no es azar, es concentración absoluta. Cada vez que decidían anticipar, se llevaban el balón. Cada vez que optaban por sostener, cerraban líneas de pase. El Benfica, que tres semanas atrás había encontrado autopistas entre líneas, se topó esta vez con un muro que sabía cuándo convertirse en trampa.

Tres semanas después, en el mismo escenario y ante el mismo rival, la imagen ha sido radicalmente distinta. El partido de ayer mostró un trabajo táctico visible respecto a aquel encuentro de enero

Esa seguridad atrás permitió que el sistema diseñado por Álvaro Arbeloa adquiriera sentido. El técnico apostó por un 4-4-2 que muta en rombo en fase ofensiva, con Arda Güler actuando como mediapunta, Federico Valverde y Eduardo Camavinga como interiores, y Aurélien Tchouaméni como base del centro del campo. En defensa, el dibujo se ordenó en un bloque medio muy compacto, con una idea clara: ayudas permanentes de los interiores a los laterales. Valverde vivió pendiente de la banda derecha, respaldando cada subida de Trent Alexander-Arnold; Camavinga hizo lo propio en el costado izquierdo, protegiendo a Carreras. Esa red de apoyos permitió que los laterales pudieran interiorizar su posición en determinados momentos o proyectarse sin miedo a dejar al equipo expuesto. La riqueza táctica que se generó entre esos cuatro futbolistas fue, probablemente, lo más interesante del encuentro. No eran movimientos rígidos, sino intercambios constantes, compensaciones automáticas y una lectura compartida del espacio.

Hablemos del lateral derecho. La mera presencia de Trent modifica el ecosistema ofensivo del equipo. Con el inglés sobre el césped, el Real Madrid ataca un 55% de las veces por el perfil izquierdo y un 45% por el derecho. Sin él, el desequilibrio es casi extremo: 78% por la izquierda y apenas 22% por la derecha. No puede ser casualidad. Su figura equilibra el mapa de ataque y obliga al rival a repartir esfuerzos. Los compañeros confían en esa banda porque saben que allí hay un futbolista capaz de tomar la decisión correcta en décimas de segundo. Su pie derecho es exquisito, pero lo que realmente marca diferencias es la velocidad con la que arma el golpeo.

Sin apenas preparación, es capaz de enviar un pase de 35 metros que rompe la primera línea de presión y libera al equipo. Incluso Vinícius Júnior, tradicional faro del juego ofensivo, se permitió ayer gestos pidiendo cambios de orientación hacia el costado opuesto, como si reconociera que el equipo necesitaba respirar a través de esa vía. Todavía no estamos viendo la mejor versión del lateral, pero ya en los partidos previos a su lesión —basta revisar lo ocurrido en San Mamés— y en los minutos que acumula tras su recuperación, se percibe que el colectivo fluye mejor cuando él participa.

La mera presencia de Trent modifica el ecosistema ofensivo del equipo. Su figura equilibra el mapa de ataque y obliga al rival a repartir esfuerzos

Ahora bien, si hay un nombre que resume la superioridad en Lisboa es el de Tchouaméni. No se veía una exhibición en esa posición desde el mejor Casemiro. Más allá del reconocimiento como MVP del encuentro por parte de la UEFA, su actuación fue una lección de colocación y anticipación. El Benfica intentó correr, pero siempre se encontró con una sombra que parecía multiplicarse. Daba la sensación de que hubiera cuatro sobre el césped, apareciendo en cada intento de transición para segar la jugada y sembrar la duda en el adversario. No se trató solo de robar balones, sino de robarlos en el lugar exacto, en el momento justo para iniciar la siguiente fase.

Arbeloa dejó una frase que explica mucho de lo que se vio: “Estamos consiguiendo que Tchouaméni pase más tiempo dentro de la estructura del rival”. Os invito a que volváis a leerla, porque esa idea es la clave. Cuando el mediocentro se instala en el entramado contrario y entiende cómo posicionarse dentro del sistema que tiene enfrente, no se limita a destruir desde fuera; dinamita desde dentro. Su influencia no es solo defensiva, es estructural.

El rombo ofensivo encontró en Arda Güler una bisagra entre líneas, si el turco hubiese estado al nivel que nos acostumbra, se hubiesen dado ocasiones claras constantemente. Lo que destacó en la noche de ayer fue la ocupación racional de los espacios. Cada vértice del rombo estaba en su zona idónea para potenciar cualidades. Valverde aportaba despliegue y llegada, Camavinga conducción y agresividad en la presión tras pérdida, y Aurélien equilibrio. La salida de balón, además, se enriquecía con la posibilidad de que Trent se cerrara hacia dentro tras recuperación, formando casi un doble pivote circunstancial que facilitaba superar la primera presión. El equipo no dependía de una única ruta para progresar; tenía variantes.

Otro de los logros visibles del técnico ha sido recuperar la mejor versión de Vinícius. El brasileño volvió a mostrar esa mezcla de desparpajo y determinación que le convierte en diferencial. Se le vio más suelto, más implicado, con la confianza suficiente para probar disparos lejanos y asumir responsabilidades. La comparación entre lo sucedido el 28 de enero y lo visto ahora no admite matices. Entonces el equipo estaba perdido, las líneas desordenadas y la reacción inexistente.

La sensación final no es la de una victoria aislada, sino la de un proceso en marcha. Se corrigieron errores evidentes, se ajustaron distancias entre líneas y se potenciaron perfiles que aportan equilibrio

Hoy se aprecia una identidad clara: 4-4-2 en bloque medio para defender, con ayudas constantes a los laterales, y 4-4-2 en rombo para atacar, con cada pieza encajada en su lugar natural. Hay coordinación en las basculaciones, equilibrio en las transiciones y convicción en las decisiones. No todo será perfecto ni permanente; el fútbol convive con lesiones, sanciones y fatiga que impiden repetir el mismo esquema con los mismos jugadores siempre. Pero si la estructura está trabajada, las ausencias se notarán menos.

La sensación final no es la de una victoria aislada, sino la de un proceso en marcha. Se corrigieron errores evidentes, se ajustaron distancias entre líneas y se potenciaron perfiles que aportan equilibrio. La concentración defensiva de los centrales, la red de apoyos en bandas, el peso específico de Trent en la circulación, la omnipresencia de Tchouaméni, y la recuperación anímica de Vinícius, dibujan un panorama coherente. Tres semanas pueden parecer poco tiempo en el calendario, pero en el trabajo táctico bien orientado son suficientes para transformar un equipo desorientado en un bloque reconocible. La realidad es que el Real Madrid todavía no ha conseguido nada, por no conseguir, no ha logrado ni certificar el pase a los octavos de final de la competición, pero hay algo que le debemos reconocer: sí, se está trabajando.

 

Getty Images

Buenos días, amigos.

Vini, sigue bailando. Vini, sigue marcando. Vini, sigue ganando. Vini, sigue siendo diferencial. Que nunca te digan lo que tienes que hacer.

BAILA @vinijr and please never stop.
They will never tell us what we have to do or not. ✊🏽

— Kylian Mbappé (@KMbappe) February 17, 2026

Vini, sigue denunciando los comportamientos deleznables dentro y fuera de los terrenos de juego. Vini, no te calles ante la injusticia. Vini, no agaches la cabeza ante lo intolerable por no generar polémica. Ante la infamia no cabe la sumisión, acarree las consecuencias que acaree. Los problemas se perpetúan porque siempre hay alguien que asegura que es mejor «no liarla».

Igual hay que recordar a los miserables lo que es el respeto y la educación.

En La Galerna siempre estamos del lado de quien recibe ataques que atentan contra su dignidad, provengan de donde provengan, porque, como sabemos, energúmenos hay en todos lados, incluso en casa. Anoche lo volvimos a comprobar en Lisboa.

La portada de Marca es reveladora: Prestianni, de manera cobarde, se cubre la boca con la camiseta del Benfica —ensuciando la historia de un gran club— para espetar algo a Vinícius que no se atreve a decirle a la cara, como un valiente.

De este modo consigue que no haya prueba gráfica de su actuación. Los indicios, sin embargo, son demoledores. Vinícius sale disparado hacia el colegiado, Mbappé se indigna y enoja como nunca lo habíamos visto. Habían escuchado perfectamente el —presunto— insulto racista del argentino. A ello hay que sumar la cara del número 25 del Benfica. Acongojado, no sabía dónde meterse. Era una confesión gesticular en toda regla.

François Letexier aplicó el protocolo antirracista inmediatamente. Algo que se demuestra tan útil como como ponerse un casco ante un asteroide del tamaño de Venus.

Probablemente la solución pase por tomar medidas ejemplares; por no temer las consecuencias de desafiar el sistema para que cambie; por plantarse ante hechos infames; por irse del campo sin miedo a las consecuencias disciplinarias (sabemos que habitualmente los organismos del fútbol castigan más a las víctimas que a los verdugos. Recordemos que Vini se llevó una amarilla por celebrar su golazo).

Si el Madrid abandona un partido de Champions cuando se produce un escenario como el de ayer, el mensaje será potentísimo, y más eficaz que miles de protocolos antirracistas. De hecho, Valverde también comunicó que desde la grada estaban haciéndole a Vini gestos propios de un mono y, en esta ocasión, el francés pasó palabra.

Un bochorno, como titula As, es lo que se vivió desde que prendió la llama el número 25. Parte del público (hacían un ruido similar al de la mayoría) se puso de parte del presunto victimario y comenzó a abuchear e insultar a la víctima. También a Mbappé, pero luego solo se meten con Vini.

No contentos con ello, aplaudieron al presunto racista cuando Mourinho lo sacó del campo tras ofrecer una muestra más de su calaña al fingir una caída en el área blanca.

El comportamiento de parte de la afición siguió por ese camino de ejemplaridad, pues decidieron que era buena idea sumar a los insultos el lanzamiento de objetos. Tchouaméni recogió lo que parecía un mechero de generosas dimensiones y se lo entregó al colegiado. Después, Vinícius fue alcanzado por una botella llena de agua.

Botellazo a Viníicus Benfica

El brasileño no cayó desplomado y saltó por los aires como aquel Barça mítico Negreiro con la famosa botella de racimo.

El sonrojo continuó en la sala de prensa. A Mourinho lo hemos querido mucho y le estamos agradecidos por los servicios prestados. El telégrafo fue muy útil en su tiempo y después no. Ante la prensa dio un recital rancio que aglutinó los argumentos típicos de sectores como antimadridistas, madridistas nostálgicos de otros regímenes y personas, en general, que huelen a cerrado.

Mourinho, cuando se ha acercado a Vinicius:

''¿Por qué celebras así?''

''Vinicius me dice una cosa y Prestianni me dice otra cosa. Soy equilibrado, no quiero decir que Vinicius es un mentiroso o que Prestianni es un chico increíble.''#EstudioEstadio Champions en Teledeporte. pic.twitter.com/mLmlk5iWU8

— Teledeporte (@teledeporte) February 17, 2026

Según Mou, como el mejor jugador de la historia del Benfica fue Eusebio, no cabe nunca la posibilidad de que se produzca un incidente racista por parte de nadie relacionado con el club. El clásico: «no soy (racista u otra lacra) porque tengo amigos (negros, amarillos, rojos o cualquier otra característica)». Esto hace imposible que Vinícius, Mbappé y demás futbolistas escucharan las palabras del número 25. Para don José tiene lógica. Una lógica muy Pipi Estrada y otros con similar olor a naftalina.

Mourinho también reprochó que Vinícius celebre los goles como a los rivales no les gusta que los celebre, según sus palabras, «haciendo el tonto». La mayoría de los futbolistas bailan, saltan, muestran su camiseta, gritan de forma similar a la del siete, pero Vini no puede. Es decir, Mou pertenece a ese grupo de adultos que cree que debe decirles a otros cómo comportarse en función de… él sabrá.

El entrenador portugués se caracteriza además por celebrar los goles y comportarse en el campo de manera muy moderada. Tanto, que ayer fue expulsado por salirse de sí exigiendo una inexistente segunda amarilla para Vinícius. Por tanto, es idóneo para dar lecciones.

No puede faltar el argumento preferido de tantos y tantos: si le atacan en todos los campos, será por algo. No me gusta que a los toros te pongas la minifalda.

Nos duele, pero el crepúsculo de los dioses es implacable y pocos pueden escapar airosos.

Quien sí realizó unas declaraciones y adoptó una postura propia de 2026 fue Mbappé.

😡 "PRESTIANNI le HA LLAMADO 5 VECES 'MONO' a VINICIUS".

🗣️🐢 MBAPPÉ EXPLICA TODO lo sucedido en el Estádio da Luz con @EduAguirre7. pic.twitter.com/fLZwnuOcmo

— El Chiringuito TV (@elchiringuitotv) February 17, 2026

El bochorno institucional no acabó en el técnico. El club publicó un tuit de madrugada exculpando al número 25 con excusas peregrinas.

Como demonstram as imagens, dada a distância, os jogadores do Real Madrid não podem ter ouvido o que andam a dizer que ouviram. pic.twitter.com/7JF9AVuhEM

— SL Benfica (@SLBenfica) February 18, 2026

Y mostró apoyo al número 25.

Juntos, ao teu lado. pic.twitter.com/RLxQ7Vm0W9

— SL Benfica (@SLBenfica) February 18, 2026

La reacción del resto del mundo civilizado, por lo que sea, ha ido en contra de la respuesta institucional del Benfica. Una lástima, no ha estado a la altura de su grandeza.

Legitimar respuestas racistas o de naturaleza similar porque alguien «provoca» tiene un nombre que es demasiado feo siquiera para escribirlo.

Futbolísticamente hablando, que debería ser siempre lo principal, estamos contentos. El Madrid sigue pasito a pasito el plan de Arbeloa. La hoja de ruta es sencilla: maximizar virtudes y minimizar carencias. El Madrid cuenta con dos defensas que sacan el balón como los ángeles, Trent y Huijsen: pues démosle el esférico. El equipo tiene un centro del campo rocoso y no exento de calidad que puede recuperar balones, cubrir las espaldas de otros compañeros y romper líneas corriendo: que se apliquen en esas funciones. Hay jugadores, como Güler, con visión privilegiada del juego capaces de inventar pases imposibles: coloquémoslos en su sitio y dejémosles fluir. Arriba hay dos superdotados: que decidan los partidos.

Todo ello a partir de una base: cortocircuitar al rival para minimizar las ocasiones recibidas. Para las que se cuelan, está Courtois, un portero cuántico; lucir un estado físico que permita aguantar los partidos y ganar duelos.

Aquí podéis leer la crónica de Paco Sánchez Palomares, las notas de Athos Dumas y la crónica arbitral de Alberto Cosín.

Para Mundo Deportivo y Sport: francamente, queridos, vuestras portadas nos importan un bledo.

Pasad un buen día.

Anoche el Real Madrid asestó el primer golpe de su eliminatoria frente al Benfica imponiéndose 0-1 al conjunto portugués. Un golazo de Vinícius Júnior detuvo el tiempo en el hermoso Estádio da Luz que tan buenos recuerdos nos trae siempre a los madridistas. Desde anoche, la obra maestra del astro brasileño será otro de esos momentos estelares que narraremos a nuestros hijos y nietos.

Anoche hubo de todo: un Madrid serio atrás, creando ocasiones de peligro y joya de Vini. Y además, Gianluca Prestianni decidió echarle leña al fuego y encender la mecha de la polémica racial al insultar al brasileño. Tras este hecho bochornoso del argentino, la tensión se mascaba en el ambiente. No por repetido todo esto me resulta menos ofensivo. Es estomagante tener que soportar que un impresentable insulte llamándole “mono” a un compañero.

El árbitro François Letexier tuvo que detener el partido y jugadores como Mbappé se mostraron tajantes exigiendo que se aplicara el protocolo antirracista. Y como suele pasar en estos casos, una parte de la afición lisboeta decidió sumarse a la infamia y estuvieron perpetrando gritos racistas contra Vini. Unos cuantos cenutrios hasta arrojaron objetos al campo.

Anoche tuvimos el resumen perfecto de todo esto que venimos hablando en los últimos meses. Cuando el Madrid es sólido atrás y usa el estilo vertical para realizar contras vertiginosas, se muestra efectivo. Cuando el colectivo se muestra como un solo hombre, logra sus objetivos. Y todo se sintetiza en la jugada del gol de Vinícius. Minutos antes y minutos después, ahí está todo.

Cuando el Madrid es sólido atrás y usa el estilo vertical para realizar contras vertiginosas, se muestra efectivo. Cuando el colectivo se muestra como un solo hombre, logra sus objetivos

Mourinho no se sentará en el Bernabéu. El técnico luso fue expulsado tras pedir una segunda amarilla para Vini. El árbitro consideró que sus formas vehementes estaban fuera de lugar y, además, no tenía razón alguna para pedir la expulsión del 7. Todo esto se suma a la gresca que se vivió en el encuentro. Un partido que realmente estuvo más controlado por parte del Madrid de lo que dicta el marcador.

En definitiva, el Real Madrid tiene la eliminatoria encarrilada. En la vuelta en el Santiago Bernabéu, los pupilos de Álvaro Arbeloa deben superar al Benfica con relativa facilidad. Sabemos que en Europa no estamos para tirar cohetes, y que el equipo portugués es más peligroso de lo que parece. Sin ir más lejos, hace unas semanas nos pegaron un baño táctico importante. Dicho esto, me juego una tapa de tortilla y una cerveza a que estamos en octavos sin estrujarse mucho los sesos. El próximo miércoles 25 saldremos de dudas.

También quiero destacar que una vez más acabamos un partido importante sin encajar. Buena parte de nuestras posibilidades esta temporada pasan por dejar la portería a cero. Anoche en Lisboa la pareja de centrales conformada por Antonio Rüdiger y Dean Huijsen volvió a mostrarse compenetrada. Carreras es un seguro de vida en el lateral izquierdo y Trent Alexander-Arnold está atravesando su mejor momento desde que llegó al club de Concha Espina.

En mi opinión, Fede Valverde es su acompañante ideal en la banda derecha. Entre ambos constituyen una pareja de oro que puede traernos momentos de gloria. Sin ir más lejos, Trent se marcó un partidazo frente a la Real Sociedad. En el último partido liguero vimos al británico en su salsa. La asistencia perfectamente medida para Gonzalo fue una gozada. Esa rosquita nos trajo recuerdos del mago David Beckham. Estoy convencido de que buena parte del futuro táctico del Madrid pasa por las botas de Arnold. Al tiempo.

Arbeloa ha recuperado las querencias de este equipo y ha maquillado los extravíos. La tarea del canterano está siendo titánica

El Madrid encadena una serie de resultados positivos que nos permiten respirar aliviados. El equipo se presenta muy formal en tareas defensivas, aseadito en el centro del campo y afilado como un cuchillo en el ataque. Arbeloa ha recuperado las querencias de este equipo y ha maquillado los extravíos. La tarea del canterano está siendo titánica.

Parece que, con la ayuda de Pintus, Álvaro ha sabido convencer a unos jugadores que venían de una racha muy negativa y ahora parecen haber renacido. En el fútbol todo está inventado, pero lo más difícil sigue siendo saber dar en la tecla precisa del estado anímico. La famosa frase de Jorge Valdano, "un equipo es un estado de ánimo", vuelve a estar de moda. La vida siempre acaba por volver a dar la razón a Valdano y el fútbol siempre vuelve para rescatar al Real Madrid.

 

Getty Images

Si uno (no es fácil) logra trascender la descomposición interna que produce un acto de racismo como el que cometió el infame número 25 de Benfica (las testificales no dejan lugar a duda), queda con el magnífico sabor de boca de un Real Madrid que no solo logra una victoria de valor incalculable en la ida de esta repesca, sino que gana terreno a ojos vista en términos de autoconfianza. De pronto, parece que no hay más remedio que reconocer al entrenador más temprana e injustamente vilipendiado de la historia del club que ha traído orden, firmeza defensiva, amor (propio y por el escudo) y toneladas de sentido común, aplicando la exigencia a las características concretas de cada uno de sus futbolistas.

Hay un plan, y los jugadores creen en él. Se palpa. Sobre la base de un plan sencillo y solidario, los protagonistas abrazan la fe. La mejoría tiene la fragilidad de la salud de sus músculos, lo que nos tiene a todos rezando novenas, en particular en aras de la integridad física de Trent, el hombre que de pronto preside el concilio desde el magisterio del pase largo. A lo mejor Beckham era esto pero falló el timing, con lo cual a lo mejor, también, la apócrifa pretensión florentinista de poner al spice man de lateral derecho, tan reída, era en el fondo una muestra más de la cualidad visionaria del patriarca.

Hay un plan, y los jugadores creen en él. Se palpa. Sobre la base de un plan sencillo y solidario, los protagonistas abrazan la fe

En torno a esta irrupción benéfica, todos dan de repente lo mejor de sí. Huijsen se convierte en el otro arquitecto. Entre los dos periscopios pueden llegar a compensar, desde atrás, la falta de algo más de pie en el centro, tan comentada, tan cierta. ¿Tan sobrestimada? Si estos dos construyen desde atrás, los del centro no necesitarán mucho más de lo ofrecido en Da Luz, a saber: consistencia, garra e inteligencia táctica. Dos defensas preclaros, otros dos plenos de oficio, tres centrocampistas espartanos (no exentos de calidad), un fantasista en la figura de Güler (o uno con un perfil más llegador cuando vuelva Jude) y dos estrellas determinantes arriba. No suena mal, y hay algo mejor aún: a los interesados les gusta la canción. La canturrean incluso en sus casas, distraídamente, allá cuando el mero profesional, con un poco de suerte, deviene dulce obseso, como el aficionado que no quiere, no, pero no puede tampoco evitar soñar.

¿Y si…?

 

Getty Images

Arbitró el francés François Letexier. En el VAR estuvo su compatriota Jérôme Brisard.

Uno de los trencillas de cámara de la UEFA y de nivel top mundial. Se notó.

Su arbitraje fue magnífico, dominando la escena, dejando jugar mucho con un listón muy alto en las faltas y, sobre todo, demostrando que era el jefe.

La única pega es que se pudo ahorrar su amarilla Vinícius en la celebración del gol cuando enseña el nombre en su camiseta a la grada. Instantes después no dudó ni un segundo en activar el protocolo racista. Dudas de si hubiera sido así en otros campos de la península y con otros colegiados. El árbitro francés no podía ir más allá y castigar disciplinariamente al argentino porque se tapó la boca con la camiseta y no vio ni escuchó el insulto racista a Vinícius.

Más tarde, los otros tarjeteados del encuentro fueron Prestianni por tirarse en un lance en el área con Camavinga, Mbappé por no estar a la distancia en una barrera y Sudakov por cortar una contra de Vinícius. Además, expulsó a Mourinho con doble amarilla por reiteradas protestas al trencilla francés.

Letexier, SOBRESALIENTE.

 

Getty Images

Courtois: sobresaliente. Inmenso. Sobre esta piedra se puede edificar otra Champions. Una de sus paradas en el primer tiempo, para enmarcar.

Trent: sobresaliente. No falla un pase y aporta numerosas soluciones en ataque.

Rüdiger: notable. Poco a poco vuelve el gran central de las noches de Champions. Cuánta falta hacía.

Huijsen: aprobado alto. Con Rüdiger al lado recobra confianza y hasta se atreve a llevar el balón hasta el área contraria.

Carreras: notable. Por su banda no penetró ningún rival. Apunta a la selección.

Tchouaméni: sobresaliente. Sigue robando y robando y robando sin parar. Un auténtico pulpo en defensa.

Valverde: notable. Nos gustaba de lateral derecho pero nos gusta todavía más en el centro del campo. No reserva ni un solo esfuerzo por el bien del equipo.

Camavinga: notable. Gran primera parte, con ayudas constantes a Carreras. Parece el Camavinga de su primera temporada.

Güler: aprobado alto. Enorme la primera parte, donde fue el más incisivo. Desborda clase por los cuatro costados. Acabó agotado.

Mbappé: aprobado. Físicamente anda muy justo. Algún destello. El gol de Vinícius partió de un pase suyo.

Vinícius: sobresaliente. Todo el peligro del Madrid concentrado en él. Un gol para la posteridad por toda la escuadra de Trubin. Desquició a medio equipo del Benfica.

Brahim: aprobado. Esfuerzo en los minutos finales para controlar la victoria.

Thiago Pitarch: sin calificar en su debut con el primer equipo.

Carvajal: sin calificar aunque demostró oficio en el lateral izquierdo.

Arbeloa: notable. Buen planteamiento, cortocircuitó todas las líneas de pase del Benfica y no propició ningún contraataque rival. Aprendió muy bien la lección tres semanas después del naufragio anterior en Da Luz.

 

Getty Images

El Madrid volvía al lugar del último tropiezo. La piedra era la misma: la combinación resultante de las prestaciones de un rival preparado por Mourinho más el desempeño blanco. En esta ocasión, los de Arbeloa no tropezaron, los iluminó Vinícius en Da Luz, compitieron a gran nivel y vencieron. Por la mínima, 0-1, pero no siempre es fácil ganar ampliamente un encuentro trufado de racismo y de lanzamiento de objetos al campo por parte de un sector de la afición del Benfica.

El ambiente de Champions era imponente, una lástima que acabasen emponzoñándolo unos indeseables.

El encuentro comenzó con los encarnados apretando. En los primeros cinco minutos, los hoy azules prácticamente no olieron el balón. En el primer acercamiento, a Vini lo derribaron al borde del área. El colegiado Letexier, francés con cara de máquina de escribir, estimó oportuno no señalar falta. A su favor hay que reconocer que el brasileño no perdió ningún miembro en el lance.

El Madrid superó la presión inicial del rival y comenzó a controlar el encuentro, con Trent y Huijsen participando en la creación. Sin embargo, el Benfica seguía acercándose con cierto peligro, al igual que los blancos, pero sin demasiada claridad.

La mejor oportunidad fue para Vini poco antes del minuto 20. Su disparo raso se fue rozando el poste. La jugada había cobrado peligro merced a un gran pase de Trent, que había vuelto a comenzar a un gran nivel.

En el 23', Courtois salvó un gol de esos que solo evita él. Aursnes chutó con fuerza y a ras de hierba, el balón cambió de trayectoria tras rebotar en un pie y Thibaut realizó un movimiento cuántico para rectificar en el aire y blocar el esférico. Courtois «marca» más goles que la mayoría de los delanteros.

Courtois es un portero cuántico que «marca» más goles que la mayoría de los delanteros

El árbitro pitaba menos que una Mobylette de 1954 hundida en un lago. Las alternativas en el juego eran alternas, como bien dice la palabra, pero los de Arbeloa no se desarbolaban como sucedió en la última visita a Da Luz. El Madrid no lograba generar una corriente continua que electrocutase el encuentro, pero el orden, el juego, los duelos, el físico eran los exigibles. La mejoría respecto al encuentro de la primera fase de Champions era considerable, a pesar de haber transcurrido apenas dos semanas y media. Quizá dentro de siete semanas el Madrid presente ya nivel Kim Basinger.

En el 38', Mbappé no remató un gran servicio raso de Alexander-Arnold. Intentó pegarle con la derecha a la remanguillé en lugar de con la izquierda, como pedía la acción.

Cuatro minutos después, Mbappé sí golpeó con la izquierda, pero erró el chut. Ocasión inmejorable tras una combinación rápida de primeras entre Carreras y Vinícius, tacón incluido. Acto seguido, incursión tremenda de Camavinga y nueva ocasión clara fallada por Kylian. Sin tiempo para respirar, el que pudo anotar fue Vini.

El Madrid tenía grogui al Benfica y el meta local impidió que Güler anotara de tiro raso cruzado. La primera mitad iba a concluir con los de Concha Espina en su mejor momento, lanzados sobre la portería de Trubin como águilas sobre conejos. Pero Letexier indicó el camino de los vestuarios sin que los blancos la metiesen. Salto de carro y a por la segunda mitad. Esta vez los primeros 45 minutos pudieron concluir con goleada a favor del Madrid.

Cómo había cambiado el cuento. Para bien.

El Madrid compitío a un gran nivel y se adelanta en la eliminatoria

Y al comienzo de la segunda parte, ¡pum! Golazo de Vini. El siete finalizó por la escuadra una gran galopada. Ahí comenzó el escándalo.

Primero el árbitro amonestó a Vinícius por celebrar el golazo. Insólito.

Después, Prestianni se tapó la mano con la camiseta y llamó «mono» a Vinícius, según indicó el brasileño al colegiado. El valiente se aseguró de que no le captasen las cámaras.

Se aplicó el protocolo antirracista y al cabo de unos minutos se reanudó el encuentro. Los abucheos de gran parte del público eran para Vini en lugar de para el presunto racista, hecho que aporta mucha información. Hasta que un equipo como el Madrid no se marche inmediatamente de un partido al producirse un acto así, no van a comenzar a cambiar las cosas. A Mbappé también lo pitaban. Qué valores.

Entre tanto, Courtois volvió a sacar una gran mano. Vini gozó de otra oportunidad mientras seguía siendo recriminado con severidad por el hecho de que Prestianni lo llamase «mono» —según aseguró el siete— y no agachase la cabeza. No mucho después, Trubin impidió el segundo del brasileño.

Vini seguía haciendo lo que sabe hacer, jugar al fútbol y crear ocasiones. Prestianni también continuaba realizando lo que mejor se le da, se ganó una amarilla por tirarse en el área del Madrid. Mourinho lo retiró del campo y la afición lo despidió entre aplausos. Normal, ¿verdad?

El entrenador portugués estaba bastante exaltado, como de costumbre, y se volvió loco pidiendo la segunda amarilla para Vinícius. Terminó expulsado, pero se quedó en la grada al lado del banquillo viendo el partido. También normal, ¿no? En el Bernabéu no podrá hacerlo, si quiere asistir tendrá que ir a un palco o similar.

Mientras se anunciaban 12 minutos de tiempo añadido, Rüdiger despejaba un balón peligroso del Benfica. Brahim había entrado por Güler y, como parecía, no lo mejoró. Pitarch sustituyó a un enorme Camavinga. Y parte de la afición, a lo suyo, ahora tocaba arrojar objetos al campo. Tchouaméni entregó a Letexier un mechero de grandes dimensiones.

Parece que algunos tienen bastante en común con el Frente Atlético.

A falta de cuatro minutos, cambio poco habitual: Carvajal por Carreras. El capitán iba a desempeñar el rol de lateral izquierdo hasta el final del partido.

Todavía hubo tiempo para que parte del público siguiese arrojando todo tipo de objetos sobre los jugadores blancos cuando se disponían a sacar un córner. A Vini le golpeó un vaso lleno de líquido. Pero el árbitro decía que continuasen. Lo raro es que no amonestase al brasileño por recibir un impacto.

Al final, victoria sólida del Real Madrid en un día pésimo para el fútbol y el civismo. Los de Arbeloa confirman las buenas sensaciones. Poco a poco acaba el invierno y comienza la primavera, la estación por excelencia del equipo blanco.

 

Getty Images

El actual estadio de Da Luz, donde juega el Benfica, fue construido de cara a la Eurocopa de 2004 que organizó Portugal en un terreno colindante al antiguo campo del mismo nombre. Aquel estadio, que tuvo una vida de casi medio siglo, fue inaugurado en 1954 (al cumplirse el 50º aniversario de la entidad), y en uno de los diferentes actos que se celebraron participó el Real Madrid jugando un partido ante el equipo benfiquista.

Joaquim Ferreira Bogalho, máximo mandatario del cuadro lisboeta, fue el impulsor del proyecto desde que alcanzó la presidencia en 1952. En el momento de la apertura, el estadio de Da Luz albergaba a 40.000 aficionados y el coste total de las obras se elevó a 12 millones de escudos. La inauguración oficial fue el 1 de diciembre (fiesta nacional y fecha simbólica que conmemora la victoriosa Restauración de la Independencia de Portugal) con un partido ante el Oporto que se llevaron los visitantes por 1-3.

Primero desfilaron los trabajadores y los deportistas de las distintas secciones del club. Luego, antes del pitido inicial, en presencia del presidente de la República Francisco Craveiro Lopes, se leyó un mensaje del dictador Salazar, y después realizó un conmovedor discurso Ferreira Bogalho tras el cual, por la gran emoción, casi se desmayó. El segundo choque fue cuatro días más tarde contra el Os Belenenses, mientras que el tercero, que cerraba los actos de inauguración, fue contra el cuadro madridista el día 8 de diciembre. La gran relación entre Ferreira Bogalho y Santiago Bernabéu propició este partido y el viaje de los blancos a Lisboa para estrechar lazos deportivos entre los dos países.

El Real Madrid, el día 5, jugó en el Campeonato de Liga contra el Deportivo de la Coruña en Chamartín. El cuadro merengue barrió a los gallegos endosando un 5-1 al equipo dirigido por Eduardo Toba. El trayecto hacia la capital lisboeta lo realizó la expedición madridista en tren, en el Lusitania Express. La salida se produjo la noche del día 5 con tiempo suficiente para tener descanso antes del partido. La convocatoria respecto al choque contra los deportivistas tenía alguna novedad, como la presencia de Zárraga, Atienza I, Molowny y Olsen. También la baja de Gento, que no pudo ir a Lisboa por motivos particulares. Al frente de todos ellos viajó Bernabéu y los directivos Bustamante y Saporta.

En el diario Arriba se podía leer que había “gran expectación en Lisboa ante el Madrid-Benfica” y que la recaudación (725.000 escudos) “supera la del último Portugal-Argentina”. Se elogiaba al club blanco porque “nadie posiblemente en el censo de sociedades futbolísticas españolas podía haber representado con mayor garbo que el Real Madrid la ilustre tarea de encarnar la embajada deportiva española hasta las tierras vecinas de Portugal, porque el Madrid une a su historial olímpico una especial y probablemente insuperable manera de saber hacer donde la gentileza humana y su rancia solera de club señor componen la imagen perfecta de la diplomacia. Por eso conviene apresurarse a proclamar antes del partido que se reñirá sobre el césped el nuevo estadio lisboeta, que el Real Madrid ha ganado ya su encuentro. Ha ganado el match de la hidalguía deportiva, de la risueña cordialidad y la elegancia en modos y maneras. Ha ganado, en justicia, antes de saltar al terreno de juego lo más importante de toda la excursión portuguesa: el trofeo de la amistad”.

También se loaba la figura de Bernabéu: “Lleva la capitanía moral de una expedición cuyo remate final no dudamos en profetizar desde ahora mismo como absolutamente venturoso. Su hombría de bien, su franqueza deportiva, su afán por hallar la verdad en las relaciones de los hombres y su elegante nobleza de viejo hidalgo labrador tienen que representar en este viaje cartas decisivas para el éxito de la tarea. Luego, su equipo culminará en el terreno de juego la tarea humana de su presidente. Pero ambos (equipo y Bernabéu) están rindiéndole a la causa deportiva española un servicio inestimable. Líder del Campeonato el Real Madrid, líder también del señorío, nuestro Real Madrid pasea a estas horas por Portugal el pabellón español con todo merecimiento. (…) Nadie mejor que el Real Madrid podía representarnos. Y nadie mejor que Santiago Bernabéu encarnar con todo honor la representación del presente deporte español”.

Dos noches antes del encuentro, la directiva del Benfica organizó una cena con los jugadores madridistas y encarnados en el chalet donde habitualmente se concentra el cuadro lisboeta. En la previa del partido la expedición merengue realizó una excursión por la Costa del Sol, y almorzó en Estoril después de visitar los bellos pueblos que rodean Lisboa. La prensa catalogó el duelo con una importancia que se salía del carácter de amistoso. No regatearon en espacio ni alabanzas, congratulándose de la visita a tierras portuguesas. En Mundo Deportivo, por ejemplo, elogiaron con páginas enteras a Di Stéfano, del quien decían que era el delantero centro más extraordinario de todos los tiempos, y que nunca había pasado por Lisboa una figura tan grande, a pesar de que fueron muchos los ases mundiales que se exhibieron en campos portugueses.

En lo deportivo, a última hora se incorporó a la expedición el cancerbero Juanito Alonso, que estaba en proceso de recuperación de unas anginas que le hicieron ser baja en el choque contra el Deportivo de la Coruña. De todas formas, no se encontraba plenamente recuperado y no estaba prevista su titularidad. Además, según acordaron las dos directivas, en el partido se podrían realizar dos sustituciones de jugadores durante el primer tiempo y la del guardameta en cualquier momento del encuentro. El conjunto benfiquista se concentró dos días antes en las cercanías de Lisboa por las ganas de triunfo y como si de un partido oficial se tratase.

El día del encuentro amaneció gris y con lluvia, pero eso no impidió que el estadio de Da Luz ofreciera un aspecto magnífico. Se colgó el cartel de no hay billetes, el lleno era total y las banderas española y portuguesa ondeaban en los mástiles. El recibimiento y la ovación al equipo español al saltar al terreno de juego fue espectacular y el clima de amistad y cordialidad entre ambos clubes fue total. Antes de comenzar el encuentro hubo intercambio de regalos y el presidente Santiago Bernabéu obsequió a su homólogo portugués con una obra en la que figuraban Don Quijote y Sancho. También se interpretaron los himnos nacionales de ambos países y se aplaudió al embajador español Nicolás Franco, que se encontraba en el palco de autoridades.

En cuanto a los onces ambos equipos, alinearon conjuntos muy competitivos. En el Benfica, que dirigía Otto Gloria, ya estaban algunos grandes jugadores que años después conquistarían la Copa de Europa, como el portero Costa Pereira, el lateral Angelo Martins, el delantero de origen angoleño José Águas o el formidable todocampista e interior izquierdo Mário Coluna. En el cuadro madridista, Juanito González ocupó el marco; Navarro, Oliva y Lesmes la defensa; Muñoz y Atienza II la media; y Joseíto, Pérez Payá, Di Stéfano, Rial y Molowny la delantera. También tendrían minutos luego Roque Olsen y Atienza I.

En líneas generales, el duelo tuvo buen nivel y el “fútbol del Madrid causó impresión en Lisboa”, según el titular de la crónica de Marca por parte de su enviado especial José Carrasco. Los madridistas ganaron por 2-0, resultando una de las claves del triunfo el posicionamiento y la mejor técnica de sus jugadores. El terreno de juego encharcado y las quejas por la ligereza del balón no eclipsaron momentos de buen juego de ambos equipos, con el Benfica teniendo sus mejores minutos en la primera parte.

Durante la misma, Héctor Rial marcó dos tantos, pero solo uno subió al marcador. En el 39’, un gol espléndido del argentino fue validado y más tarde anulado por offside tras las reclamaciones de los benfiquistas al árbitro portugués Viera da Costa. Cinco minutos más tarde, el interior de Pergamino adelantó a los blancos después de un pase de Di Stéfano, batiendo a Costa Pereira, con un precioso remate a la media vuelta sin que el balón tocase el suelo. El segundo y definitivo tanto que terminó con la resistencia de los portugueses llevó la firma de La Saeta Rubia en la segunda mitad. Rial le devolvió la asistencia del primer tanto con un pase para que el delantero disparase con potencia al marco encarnado. Al final del partido y por la victoria, el embajador Nicolás Franco le entregó una copa al capitán blanco Miguel Muñoz.

Gloria utilizó un sistema en base al 1-4-2-4 pero no tan diagonal como se decía. Según la directiva benfiquista, los jugadores todavía andaban algo desorientados por la idea del técnico brasileño recién llegado. Su juego era brioso, pero le faltaba calidad en lo individual en varios de sus elementos. Por su parte, el entrenador madridista Enrique Fernández que no era demasiado partidario de la WM continuó con la idea que le estaba dando tantos éxitos en la Liga. Un equipo equilibrado para que no se rompieran las líneas, fuerte en defensa y con las tareas y roles perfectamente distribuidos.

Después del partido, los madridistas mostraron su alegría por el triunfo y la deportividad en la que se desarrolló el choque. Pese a las prisas en la expedición para coger el Lusitania Express y regresar a España, habló Ipiña, secretario técnico blanco, que comentó que fue “un buen encuentro, muy correcto y enérgico por los dos bandos. Los portugueses han sacado a relucir un fútbol muy alegre”. En el otro bando, uno de los que realizó declaraciones fue Gomes Junior, el secretario general del Benfica: “La exhibición de mi equipo superó en algunos aspectos al Madrid”. Mientras que, entre los periodistas locales, el crítico Manuel Mota de Mundo Deportivo afirmó que “el Madrid puede decirse que ganó por su mayor capacidad realizadora” y, Tavares da Silva en Diario de Lisboa, explicó que “la superioridad madrileña se puso en evidencia de forma positiva en la clase técnica de sus individualidades. El futbolista español tiene una gracia y donaire le distingue de los demás”.

En la vuelta a la capital española, cuando se pensaba que el viaje había sido un éxito, explotó una gran crisis en la parcela técnica madridista. Ipiña, en la prensa portuguesa, se tomó la licencia de proclamarse entrenador del Real Madrid, algo que no sentó bien a Enrique Fernández, el dueño del cargo. El charrúa, en unas manifestaciones al diario Marca, aclaró que “el técnico del Madrid soy yo” y apuntó con rotundidad al vasco: “El señor Ipiña ha pasado por tal en Lisboa, mientras yo era como un cero a la izquierda. Esta actitud es evidente que lesiona mi prestigio profesional. Y lo lamentable que es que el cargo que desempeña el señor Ipiña no tiene nada que ver con el mío”. Estas declaraciones fueron consideradas en la directiva madridista como un acto de indisciplina del uruguayo, que fue suspendido de sus funciones provisionalmente. Unos días después, la decisión definitiva de Bernabéu fue el cese y Fernández se marchó, siendo sustituido por Villalonga, que hasta entonces ejercía como preparador físico.

 

Fotografías: archivo de Alberto Cosín

Buenos días. El Real Madrid Club de Fútbol es el actual líder de la liga. Sí, ya sabemos que suena raro, llevamos meses escuchando y leyendo que el equipo es una caricatura de lo que debería ser, que es uno de los peores Madrides que se recuerda, que absolutamente todo en la entidad está manchado por la negligencia y que, en contra de lo que piensa el club, la plantilla «no vale».

Desde parte del madridismo el diagnóstico tampoco era mucho más halagüeño, con pitadas de intensidad, duración y señalamiento como no se recordaban.

Entonces, ¿cómo diantres puede ir el Madrid líder? Hay dos opciones.

La primera, la más probable para los grupos de personas anteriormente citados: un error en la realidad, un fallo en Matrix, un bug del sistema que ha dado como resultado la primera posición en la tabla de los de Arbeloa, pero es ficticia y pronto lo solucionarán.

La segunda, la menos probable, que en el Madrid no esté absolutamente todo tan mal como se nos cuenta. Como decimos, es raro que esta opción sea cierta. No van a saber más de fútbol los profesionales del equipo blanco que todos los periodistas, antimadridistas —valga la redundancia— y aficionados blancos con tendencia al histerismo y baja tolerancia a la frustración.

Sin duda, hasta que el sistema solucione este contratiempo, para muchos la situación es desesperante.

Desesperante porque, aquí viene la segunda parte del fallo en Matrix, el Barça ha vuelto a perder. Sí, también lo sabemos, este Barça es un equipo tocado por los dioses del olimpo, repleto de chavales majísimos, educadísimos, que son los mejores del mundo. Una escuadra dirigida por todo un caballero, el señor Flick.

Un Flick que no habla de los árbitros, que los ayuda, que critica que el Madrid proteste y se defienda cuando le roban.

Estos jugadores y este técnico están jugando mal —como si fueran el Madrid— y su comportamiento se sale de los apropiados en el mundo del deporte. Sin duda, no puede ser verdad, es un fallo en Matrix.

El entorno culé, como es lógico, no lo lleva bien. La culpa es del árbitro. Normal, no van a ser ellos responsables de su situación. Todas las jugadas arbitradas contra el Madrid estaban bien pitadas. Sin embargo, cuando en caso de duda la moneda no cae de su lado, montan en cólera.

Comprensible de todo punto. Si uno dedica sus esfuerzos en hacer lobby con los poderes de la competición y además durante décadas pagó al vicepresidente de los árbitros millones de euros, lo que menos espera es que los colegiados no le beneficien (todo el rato). ¡¿Habrase visto semejante indecencia?!

Hace bien el Barça en elevar una queja formal contra el colectivo arbitral, una panda de desagradecidos a los que no les cuesta nada seguir beneficiando a calzón quitado al club de Laporta las veces que haga falta hasta que ganen todos los partidos.

También hacen bien individuos faro del Barcelonismo, como Toni Freixa, quien clama por llevar a los árbitros frente a un juez tras tildarlos de «sinvergüenzas». En esto estamos de acuerdo también, Toni, y, como le respondió El Norteño en X, «en ello estamos».

Gracias, Toni, en ello estamos. https://t.co/QuxZ7jXnee

— El Norteño (@fsp1967) February 16, 2026

La prensa tampoco debe tolerar que nadie exprese una opinión contraria. Ni siquiera los propios protagonistas del espectáculo: los futbolistas. Y a la primera respuesta que no sea la esperada, deben darles la espalda y marcharse. Para que aprendan a comportarse.

Esto no lo había visto nunca. Reportero dando la espalda despectivamente a jugador porque no dice lo que él quiere que diga. La pendiente sin fondo del negreirismo. https://t.co/dZX4XptiWI

— Jesús Bengoechea (@JesusBengoechea) February 17, 2026

No pueden romperse tradiciones ancestrales como la que relaciona al estamento arbitral con el Barça. Un matrimonio muy bien avenido desde tiempo ha, con múltiples logros conjuntos, que no debe acabar en divorcio por un quítame allá esas pajas.

Un vínculo con capítulos tan hermosos como el conocido recientemente: Urizar Azpitarte, árbitro y posterior vicepresidente del CTA, un señor que reconoce haber trabajado para clubes cuando se encontraba en activo y haber cobrado en acciones de los mismos. Una característica más del maravillo estado de salud del que ha disfrutado siempre el fútbol español.

Respecto a su nexo con el Barça, además de un local que le alquilaba José Luis Núñez, afirmó que también le ayudó a salir reelegido en unas elecciones a la presidencia del FC Barcelona. Si tenemos en cuenta que los últimos comicios ganados fueron en 1989 y 1997, el señor Azpitarte bien era colegiado en activo, bien vicepresidente del CTA. Como debe ser, ¿verdad? Y no pasa nada, es la naturaleza de este deporte en España.

Después de la victoria del Girona sobre el Barça de ayer, hoy el líder, el Madrid, vuelve a Lisboa con ánimo de revancha y, sobre todo, ganas de eliminar al Benfica y seguir adelante en la Champions.

Esta noche los de Arbeloa vuelven a medirse contra los pupilos de Mourinho en el Estádio da Luz. Es la hora de la verdad, como escribe Antonio Valderrama hoy en La Galerna.

A propósito del exentrenador luso del Madrid, ¿conocéis la historia que nos cuenta Salva Martín de cuando Gento ganó a Mourinho? Podéis leerla aquí.

Pasad un buen día.

A estas alturas, es casi una osadía no ser consciente de que al lugar donde fuiste feliz no debieras regresar (y si no, revisiten Peces de ciudad). Lisboa, parada obligatoria de la memoria de las remontadas, símbolo de un remate de gloria, capital del tiempo añadido, transmutó en infausta recaída hace poco menos de tres semanas. Aquella noche, la sombra de Mourinho, que muchos pintan alargada sobre Chamartín, lo fue sobre un escenario en el que el Madrid tampoco salió bien parado contra el Benfica en su anterior enfrentamiento.

Hagamos memoria. El 24 de febrero de 1965 los blancos visitaron la capital lusa en la ida de los cuartos de final de la Copa de Europa. Liderados por Miguel Muñoz y ya sin Di Stéfano, aunque todavía con Puskas y Gento, además de un ramillete de notables (Betancort, Zoco, Sanchís padre, Santamaría o Amancio), la caída ante el Benfica del gran Eusebio, que goleó por dos veces en un inapelable 5-1, resultó imposible de levantar en el Bernabéu (2-1). Aquello sólo constató que lo sucedido tres años antes, en la final del 62 (5-3 para los portugueses), no había sido un accidente, sino un atropello sin miramientos.

Y en ambos, el mismo protagonista, Eusebio. Tanto, que ante la imposibilidad de su contratación, la sala noble del Madrid no dudó en vestirlo de blanco con motivo del homenaje a Paco Gento. Recordemos que, en una bella tradición perdida como tantas, antaño en los homenaje y amistosos varios, la tónica era que estrellas de otros equipos lucieran los colores del club que los requiriese.

Gento homenaje equipo

Pero volvamos a aquel 14 de diciembre de 1972, que la cosa tuvo miga. Y es que el portero del equipo rival, el mismo Os Belenenses que inauguró el coliseo blanco 25 años atrás, era Felix Mourinho, nada menos que el padre del actual entrenador del próximo rival madridista. Eusebio no marcó, pero sí lo hizo la Galerna, de penalti, y Pirri, para completar un 2-1 en una noche completa y feliz que, a buen seguro, José escuchó de su progenitor algún día.

Poco o nada ofrece más oportunidades para la revancha que el fútbol. Y con más literatura si el alumno, aunque sea a la segunda, está en disposición de imponerse al maestro. Porque, como saben, para decir “con Dios” a los dos les sobran los motivos.

 

Getty Images

closecaret-rightspotify linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram