Primer encuentro con vértigo Champions. El 0-1 suponía una ventaja demasiado corta. Aunque nunca se sabe si es mejor la tensión que proporciona un resultado así o la relajación que conlleva uno mejor. Lo malo es cuando sucede lo peor de cada escenario, como ocurrió durante la primera mitad. La segunda no fue un dechado de virtudes, pero sí suficiente para doblegar a un áspero Benfica. Como hacen los grandes, Vini apareció para bailar, aplacar la histeria y empujar al Madrid hacia los octavos de la Champions.
El Madrid comenzó jugando con Courtois, quien descorchó un pelotazo hacia el campo contrario. El Benfica había poblado más el mediocampo. El Madrid no había cargado ni más ni menos que otros días ninguna zona del rectángulo de juego. Equipo habitual con Rüdiger, sin Huijsen y con Gonzalo ante la ausencia de Mbappé.
El primer ataque con peligro corrió a cargo del Benfica. Un fuera de juego luso que acabó en córner a favor de ellos mismos. Cosas. El Madrid respondió con una combinación entre Güler y Vinícius que concluyó con el brasileño derribado en el área por la zaga portuguesa. Como Vini había tocado primero, la patada de Otamendi fue gritada como «¡piscinazo!» por Carlos Martínez. Ya sabéis, si es a favor del Madrid, no es penalti porque se trata de una jugada residual. Si es en contra, pena máxima siempre. Hay ejemplos por doquier. Recientes y menos recientes.
El partido olía raro, como a cerrado. El Madrid había comenzado con la sangre de horchata y el Benfica se colaba con facilidad. En el 13', Asencio casi marcó en propia meta, salvó Courtois in extremis, pero Silva empujó el rechace y empató la eliminatoria. No extraño a nadie el tempranero gol luso, pero fastidió y mucho.
Solo un par de minutos tardó el Madrid en recoger el jarrón roto. Valverde la puso en el punto de penalti y Tchouaméni remató de primeras como un semidiós: por ejemplo, Heracles; o como un dios: verbigracia, Kroos. Thibaut lo celebró a lo Bodo en la Séptima.
A pesar de haber recogido los trocitos de porcelana, la pieza no estaba muy bien recompuesta y además los de Arbeloa la habían colocado otra vez al borde de la cómoda. El Benfica seguía llegando con mucho peligro. El Madrid defendía con la eficacia de una comisión de investigación del Congreso y le costaba más poner en aprietos a Trubin.
El Madrid se colocó de nuevo por delante por mediación de Arda, pero solo durante un par de minutos. El tiempo que tardó el VAR en poner dos moñecos cualquiera, el blanco con un grano por delante del rojo, sin mostrar el momento del pase. Fuera de juego. Nuevo acto de fe. Hasta el trío de ecuánimes comentaristas de Movistar no entendía la anulación del segundo gol blanco.
Las dos jugadas más importantes del encuentro se habían saldado con decisiones desfavorables para el Real Madrid. La del fuera de juego prácticamente ni la repitieron. Curioso.
Después, nueva parada cuántica de Courtois. Una de aquellas de la final de la Catorce que tuvo el detalle de rescatar para el partido de hoy. El Madrid dominaba con una clarísima sensación de peligro del Benfica.
Güler intentó meter otro gol, uno que dieran por válido, mas el pie de un defensor colorado se lo impidió. Arda encauzaba intermitentemente el juego de ataque de los de Arbeloa apoyado por un enorme Tchouaméni, con un juguetón Vini y un hoy más activo en ataque Fede, quien enganchó una de las suyas en el 45' pero, de nuevo, rebotó en el jersey de hombres tejido por Mou desde la cabina de retransmisión.
Primer tiempo jugado por los blancos a no hundirse y flotar en lugar de a nadar para ganar la orilla.
El Madrid dominaba con una clarísima sensación de peligro del Benfica
La segunda mitad comenzó con una jugada elaborada por Arda y Trent que desperdició Fede. El capitán toreó el balón en lugar de empujarlo a gol.
Otamendi no quería que se desmadrase la cosa y en cuestión de décimas de segundo tiró a Vini y endiñó una tarascada de aúpa a la espinilla de Aurélien. Al timorato y parlanchín Slavko Vinčić no le quedó más remedio que mostrar, al menos, una de las dos amarillas. Instantes después, Asencio cabeceó alto mientras le dificultaban el salto agarrándole la camiseta.
A la vuelta, Trent llegó como un convoy de alta velocidad a rebañar un balón que iba a ser chutado con mala intención contra la portería blanca. El propio Alexander-Arnold recortó y la colocó con clase, pero ajustó tanto que el disparo raso salió fuera por un pelo.
En la segunda mitad el Madrid estaba mejor. O el Benfica menos bien. O al revés. O cuarto y mitad de cada cosa. En todo caso, ni mucho ni poco ni todo lo contrario. De hecho, los portugueses no se colocaron 1-2 porque un gran chut con el exterior de Silva rozó en Asencio lo justo para acabar en el larguero de Thibaut.
El Benfica retomó la presión que había puesto en barbecho desde el 45'. Según Woody Allen: «En mi casa mando yo, pero es mi mujer quien toma las decisiones». El Madrid parecía él. Los portugueses, la esposa.
Quedaban más de 25 minutos. Se antojaba una eternidad comparable a una de las interminables sagas fílmicas que tanto gustan hoy (a quienes les gustan).
Por si fuera poco, un choque entre Rüdiger y Carreras nos sobresaltó. La rodilla del lateral golpeó fuerte el pecho de Antonio. Tras ser atendido, el alemán se recuperó.
Fede no aprovechó una buena oportunidad. Se plantó solo frente a Trubin, pero no anduvo ni rápido ni habilidoso.
Vinícius, víctima de insultos racistas en la ida, fue el verdugo de la eliminatoria. Justicia
La mala suerte se había cebado con los blancos. Camavinga y Asencio chocaron en el aire y cayeron muy mal, especialmente Raúl, que primero convulsionó y después se quedó inmóvil. Le colocaron un collarín y se tomaron bastante tiempo para depositarlo cuidadosamente sobre la camilla para evacuarlo. Ojalá sea lo más leve posible, pero el aspecto no es bueno.
Mastantuono y Alaba sustituyeron a Camavinga y Asencio.
Una recuperación y un pase excelente de Valverde permitió a Vinícius correr, meterla y bailar. Baila, Vini, baila de nuevo.
Guler y Gonzalo salieron del campo para dejar su lugar a Thiago Pitarch y César Palacios. Nuestro corazón se asomaba al borde del esternón cuando un taconazo rozó el poste izquierdo de Courtois.
A todo esto, el Madrid había expulsado antes de terminar el encuentro a un impresentable captado por las cámaras ejecutando el saludo fascista en la grada. Igual que otros equipos, ¿verdad?
Quedaban nueve minutos de añadido y Álvaro Arbeloa protegió a otro Álvaro, Carreras, apercibido de suspensión y lo cambió por Fran García. Mientras, rezábamos por que ni Tchou ni Vini fuesen amonestados.
El Madrid eliminó a un complicadísimo Benfica. Vinícius, víctima de insultos racistas en la ida, fue el verdugo de la eliminatoria. Justicia.
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De inicio, Mourinho borró toda la pizarra de Arbeloa hasta el descanso. Gran puesta en escena, presión alta y velocidad. Luego el Madrid ajustó las marcas y mejoró bastante. Hay poco optimismo en la grada. El año pasado (muy malo también) llegamos a cuartos eliminando a City y Atletico. No veo capaz al equipo de hacer lo mismo. Las bajas constantes lastran cualquier atisbo de mejora. Toda la temporada parece una carrera de supervivencia.
A la espera de Jude, Arbeloa ha aportado un dibujo fiable. No es poco. Ahora falta recuperar centrales y al mejor Mbappe. Por cierto, los goles que no marca él, los hace Vinicius, al igual que Ronaldo marcaba los de Benzema, y es que el fútbol no siempre va de sumar, a menudo se trata de complementar.
Que acabe ya la temporada y venga otra gente y salgan estos mediocres sin cuajo, que no se puede ir a ningún lado con esta gente ni con el entrenador porque es insoportable ver un partido entero. En verano que se arremangue el presidente que vive muy tranquilo en el palco y deje claro que no se puede jugar a mandar balones largos a los delanteros, y que estos se busquen la vida solos.
Y a David que no se si me leerás, es que el año pasado aún teniendo jugadores más veteranos eramos mejor equipo, que esa es la clave, que no somos equipo. Que el año pasado aún con el mismo número de lesiones al menos eramos capaces de combinar con el balón, y jugar más juntos y esta temporada somos peor equipo porque solo hay que ver como cuando salieron los chavales del Castilla tuvimos más fluidez y combinación.
Estoy de acuerdo. Además hemos empeorado con el balón. La circulación es pesada y con muchos errores. Es muy complicado ser regular con tantas bajas y tan poca jerarquía en el juego.
Eso es verdad
En serio? Arbeloa tiene pizarra? Qué bochorno de partido. Courtpis y Tchoameni y, como dice el gran Curro Romero, sanseacabó
En serio, dejaos ya de pizarrismo. El Real Madrid nunca ganó Champions con entrenadores pizarristas. Arbeloa lo sabe perfectamente, no en vano él mismo formó parte de planteles ganadores, que lo fueron no por obedecer sino por formar un grupo compacto, unido ante todo y ante todos, ya fuera Platini, Ceferin, Villar, Negreira y demás ralea antimadridista, o los propios "madridistas", que os refocilais poniendo a caer de un burro a jugadores que ya han demostrado, o que tienen mucho margen de mejora, algo de lo que solo dispones si tienes verdadera calidad. Os pone burrísimos meteros con los jugadores, entrenador y presidente cuando las cosas no salen, pero luego no reconocéis el error que supuso pensar que Casemiro, Modric y Kroos estaban acabados, que Vini nunca metería un gol o que Benzema era un sin sangre. No, vosotros siempre estáis en posesión de la verdad, ocurra lo que ocurra. Es lo que Richard Dees, muy acertadamente denomina criterio fijo-variable.
Arbeloa sabe que solo podrán ganar si son un grupo, si se unen todos con un mismo objetivo, y por eso se lo dijo desde el primer día, y se lo sigue repitiendo.
Quien dejó salir a Casemiro y a Modric? Y quien despidió a Ancelotti la temporada pasada? Y quien dejó salir a Benzema, a Nacho y a Cristiano? Fuimos nosotros? Quien le dijo a Kroos que era el momento de retirarse? Por qué atribuyes a los aficionados las decisiones que tomaron otros?