La Galerna

Zidane en el País de las Maravillas

Zinedine Zidane.

Parece ser que estamos de fiestas antimadridistas y van turnándose en el molinillo. Estas cosas siempre me han llamado la atención. Es un poco como en El Golpe, cuando los golpistas necesitan una oficina de correos y se hacen pasar por pintores para desalojar al director y hacerse pasar por él durante la visita de Lonnegan. Estos de repente se ponen a darle a la manivela sin previo aviso, y salen unos, y luego otros, como si oyeran una sirena, montaran el tenderete y dale que te pego.

No sé de dónde salió (aparte de las profundidades) el señalamiento de Zidane tras la derrota ante el Shakhtar. No parece muy creíble, ni muy serio en todo caso. Pero alguien debió de dar la orden de montar un San Isidro. Hay un poco ahí de retención. Como la de los galgos en sus casillas. Pero aquí no hay liebre mecánica sino Zidane, y al final de la carrera Florentino, me temo. Parece que ayer alguien dio una falsa salida y los lebreles se han lanzado a la caza desesperados, que es como están, como viven.

Como si la crisis de juego madridista fuera una crisis cualquiera, una de tantas que se resuelven destituyendo al entrenador (¡a este entrenador!)

Siempre que pienso en galgos me acuerdo del comienzo de Corrupción en Miami, la serie, donde se les veía fugazmente en el canódromo entre palmeras y flamencos y mujeres despampanantes. Yo aquí los he visto igual. Esos costillares moteados, todos revueltos, molestándose con los dorsales a toda velocidad sobre la arena mientras suena la música ochentera. Como si estuviéramos en los ochenta, hay que ver, o como si la crisis de juego madridista fuera una crisis cualquiera, una de tantas que se resuelven destituyendo al entrenador (¡a este entrenador!) al mismo tiempo que se especula sin cesar sobre cuál será el próximo.

Ni el momento, ni los protagonistas merecen un trato tan vejatorio. Hay algunos que sólo saben vejar. Ayer por la noche estaban todos de verbena. Olía a algodón de azúcar, a chicle y a palomitas y sonaba el organillo, que funciona como el molinillo. ¡Zidane, Zidane!”, decían, y no se daban cuenta de que lo que se oía era: “¡La chochona, la chochona!”. Y la gente lo escuchaba desde sus casas y no sabía a qué atenerse, menos los que siempre saben a qué atenerse.

Zidane es una liebre, un conejo, el Conejo Blanco que ha conducido al Madrid, y aún debe conducirle, al País de las Maravillas

Yo oía los cánticos y los ladridos (aún continúan) y pensaba que habían encendido la mecha de la locura, viniera de donde viniera el fuego, que habrá que verlo. Zidane es un artículo de lujo por el que se suspira, y quieren apartarlo del Real Madrid. Ese es el objetivo final. Zidane debe seguir en el Real Madrid sin presiones del Real Madrid. Zidane es una liebre, un conejo, el Conejo Blanco que nos ha conducido, y aún debe conducirnos, al País de las Maravillas. Yo soy como Alicia, que le sigue hasta la madriguera. Otros le siguen desesperados, a ras de suelo, cuando les abren la puerta.

 

Fotografías Getty Images.

 

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