La Galerna

Vinícius Jr. pesca con mosca

Vinícius Jr.

El inmenso talento del brasileño entra en erupción

No parece, todo lo contrario, el poder de Vinícius tan grande como el de Simeone, por ejemplo, a pesar de que éste fracasa año tras año en sus objetivos y siempre es buena noticia. Ese poder es asombroso. Es la omnipotencia mediática, al revés que la debilidad mediática de Vinícius. Hay un exfutbolista y entrenador joven, y un ex niño y futbolista joven. El primero falla temporada tras temporada, con mayor frecuencia en los momentos culminantes, en las horas de la verdad, pero después todo es lástima y parabienes y, sobre todo, una extensión del crédito. El segundo se debate en el aprendizaje y la llegada de la madurez, en el control y la organización y la difícil gestión de su inmenso talento, descontrolado unas veces a borbotones, oculto otras bajo el miedo de la exposición y de los propios demonios, y no recibe más que presiones y faltas de respeto.

Fue tan prodigioso el inicio y hasta el final fallido que Vinícius Jr. destrozó todas las perversidades como los puestos de los mercaderes del templo, que enmudecieron

Un hombre mimado y un joven maltratado. Ese es el miramiento de los medios. El hombre que pierde es un emperador y el joven que aprende un paria. Pero yo lo vi, a Vinícius, en el partido contra el Atalanta, decirle a Simeone, más bien a todos sus adoradores (hace bien el Cholo en navegar sobre la bula), que el verdadero poder no es el que ellos otorgan con perversidad, sino el que rebosa de repente, el que asoma con la pinta inconfundible de a quien nadie va a poder parar. Yo lo había visto antes, o mejor, lo había sentido. A futbolistas como Vini se les siente más que se les ve. Lo peor de los malos finales de Vini es que hacen olvidar todo lo anterior, lo cual no puede olvidarse porque es bagaje para el futuro. Como si la mente, incluso el corazón, sólo pudiera recordar el error a pesar del preámbulo prodigioso. Pero el otro día no pasó eso.

Fue tan prodigioso el inicio y hasta el final fallido que Vinícius Jr. destrozó todas las perversidades como los puestos de los mercaderes del templo, que enmudecieron. A mí me levantó del asiento. Vini cogió el balón en su campo y lo echó para adelante. Cuando sobrepasó la línea central ya iba lanzado y se podía sentir todo su poder. Corría iluminado. El poder que tantas veces se presiente, se advierte, y de pronto se apaga, de momento. Pero el martes no fue así. El poder se encendió, se mantuvo y nadie pudo hacer nada para pararlo salvo él mismo. Cuando ya dentro del área, rodeado de atalantos, parecía tener fin esa aventura adolescente, surgió el inmenso poder Viniciano dejando atrás a todos ellos en un metro. En un arrebato sin aparente esfuerzo de potencia sobrenatural tras el que se abandonó en un muletazo precioso, que sin embargo acabó deslucido.

Benzema se echó las manos a la cabeza y hasta Ramos se echó al suelo. Fue como haber pintado El Grito de Munch y haberse olvidado de la boca, pero hay muchos gritos de Munch

Benzema se echó las manos a la cabeza y hasta Ramos se echó al suelo. Fue como haber pintado El Grito de Munch y haberse olvidado de la boca, pero hay muchos gritos de Munch. Y no fue sólo el grito si no el partido completo, donde hubo brillo y trabajo, fantasía y realidad, movimiento y quietud. En la cabeza de Vinícius deben de revolotear todas esas cosas y algunas más. Cualquier día de estos Vini logrará, estoy seguro, dominarlas y no revolotearán, sino que se sucederán sobre el campo como el hilo del pescador con mosca dibujando bellas formas sobre el río turbulento donde saltan todas esas truchas que ese día picarán.

 

Fotografías: Imago.

 

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