La Galerna

Toni Kroos. El buen alemán

El Madrid decidió portarse bien con Xabi Alonso. Era ya el 27 de agosto y el tolosarra pidió al club marcharse. Necesitaba salir de la ciudad y el club ayudó a un jugador de actitud y rendimiento irreprochables durante los cinco años anteriores. Lo hizo, entre otras cosas, porque contaba con un chico del este de Alemania que venía de la gran némesis del Real Madrid en Europa y que tenía -y tiene- pinta de durar diez años en el mediocentro del equipo: Toni Kroos.

Los alemanes siempre han caído de pie en el Bernabéu. Gusta de ellos ese halo de siderurgia avanzada. Son tipos duros, sobrios, recios, con cortes de pelo eficaces y flequillos rebeldes. No hacen aspavientos y parece que juegan con unas botas Adidas de los años 70 (Khedira y Özil eran otra cosa: alemanes, pero de ascendencia tunecina y turca; fascinantes, pero en otro rollo). Stielike, Netzer, Breitner, Illgner, Schuster... El madridista se siente protegido con ellos. Incluso Metzelder -aquel defensa con pinta de operador de central térmica de Leizpig- llegó a calar y dejar una ligera huella.

Desde la primera jugada con la camiseta del Madrid, Toni Kroos y el equipo se convirtieron en un solo ser, se fundieron en un único magma y esa pangea resultante resonó con palabras florentinistas: ha nacido para jugar en el Madrid. Desde entonces, cada vez que sale el once inicial de cada jornada nos sorprendemos de que el germano esté en la alineación. ¿Pero este muchacho no era el del Bayern de Munich? Entonces salta un rumor que nadie quiere decir muy alto, como si se fuera a invocar un vudú extraño: “Gracias, Herr Pep (Mr. Pep o Sgt. Pep, a estas alturas. Pudo ser el Alférez Provisional Pep, pero no cuadraron los tiempos)”.

El análisis es sencillo: el Madrid juega bien si Kroos juega bien. Si Kroos juega bien, el Madrid juega bien. Es el mayor axioma de los últimos dos años. Casi a la altura de nuestro déficit de pegada o que sólo hay mayor drama para el aficionado madridista que perder: ganar. Hay otro juego divertido que al madridista le gusta sacar a relucir de vez en cuando: el de que Kroos no es mediocentro. Nada definió mejor a Benítez: se lo creyó, demostrando que ser un forofo del club (Rafa lo era) a veces te puede jugar malas pasadas. No es un tema opinativo: desde hace ya varios años, Kroos es mediocentro y, de hecho, lo será aunque le pongas de portero. Kroos, quizá junto a Busquets, es el tipo más mediocentro del mundo.

El alemán es infalible. Como aquellos Audi 100 que no te dejaban tirado pasara lo que pasara. Sólo necesitas darle un par de segundos y que la defensa cubra el espacio a su espalda (ser mediocentro en el Madrid es una profesión de riesgo). Si Toni tiene el balón, el partido será tuyo: convierte problemas en soluciones y casi nunca baja del notable. Evidentemente, si a su lado está ese halo inasible de madridismo llamado Luka Modric, todo irá mejor. Pero la esencia más extrema de lo que busca el equipo es el teutón. Zidane, del que ya sabemos algunas cosas, lo vio diáfano, igual que Ancelotti: todo girará alrededor de Kroos y todo irá bien. Él es quien convierte la posesión en un medio, no en un fin. Sus pases son siempre los adecuados y, en un porcentaje casi irreal, llegan a su destinatario de manera tersa, en un tiempo-Matrix que parece lento pero que va a toda velocidad.

Conviene que Kroos no aprenda demasiado español, no vaya a ser que empiece a entender cosas. Igual un día le cuentan que hay gente que pensaba que Luis Milla era más adecuado que Fernando Redondo y se da el piro (no me atrevo a decir que hay gente que prefiere a Casemiro, no vaya a ser que tenga el buen gusto de leer esta web de madridismo y sintaxis). Mejor que siga a su rollo, como de prestado, pensando en los diez años que estará aquí. El Madrid es lo que pasa mientras los mediocentros dan sus mejores años sobre el campo.

En las dos escuelas de manijas blancas, Kroos es el último representante de la estirpe redondiana. Illarra, para entendernos, era de la de Milla o Celades (curiosa procedencia de ambos). Huelga decir que esto no le convierte en un mediocampista perfecto, pero sí en el proyecto más fascinante de mediocentro del mundo. Asistir a la finalización de su reconversión está siendo un pequeño gran placer para el que sólo se requiere mantener intacta la capacidad de asombro.

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