La Galerna

Tebas a hacer daño

Ocurrió el 8 de diciembre de 1996 en la antigua Catedral de San Mamés. Corría el minuto 5 cuando la estrella del Athletic de Bilbao, Julen Guerrero, y el centrocampista del Atlético de Madrid, Diego Pablo Simeone, disputaron el balón cerca del córner. En el lance, el Cholo clavó un taco de su bota en el muslo del delantero de Portugalete. Era su tarjeta de presentación habitual cuando un joven del equipo rival despuntaba: una entrada expeditiva, en los primeros minutos, como aviso de lo que podía suceder cada vez que entrase en juego. En aquella ocasión, no obstante, la intimidación derivó en una perforación de la que manaba abundante sangre. Las reacciones no se hicieron esperar. Más allá de una sanción de tres partidos, el Cholo recibió todo tipo de descalificaciones. El argentino no se defendió. Cuando tres meses después, el destino quiso que, en el transcurso de un Barça-Atleti de Copa, Fernando Couto agujerease, casi de forma idéntica, el bíceps de Simeone (si bien el barcelonista no fue sancionado), el Cholo tampoco abrió la boca, ni para quejarse ni para acusar a nadie.

Por eso pensé que el gesto de Gareth Bale, tras su gol en el Wanda Metropolitano, no sería sancionado. “El Atleti no va a denunciar”, les comentaba a unos compañeros de La Galerna hace unos días. Al igual que el Cholo, un símbolo de la institución - que refleja muy bien esa cualidad que los colchoneros reclaman como “popular”-, otros jugadores históricos del Atleti han encarnado esa misma esencia: Juan Carlos Arteche, Tomás Reñones, Juanma López o como los dos Diegos: Costa y  Godín… futbolistas que igual te metían un codazo que te rompían en dos, pero que, una vez terminado el partido, nunca te iban a reprochar que les hubieses hecho lo mismo. «Lo que pasa en el césped se queda en el césped». Una máxima difícil de asimilar para gente más refinada como Marc Bartra. Códigos callejeros, de banda urbana, de supervivencia en territorio hostil, donde te haces respetar con todo tipo de picarescas y, cómo no, amedrentando, pero eso sí, mirando a la cara y olvidando el asunto una vez el árbitro pita el final.

Cómo iba a denunciar un gesto como el de Bale una institución con una afición cuyo ambiente te traslada al de cualquier estadio de capital sudamericana, con espíritu de brava, donde un portero es recibido con un lanzamiento masivo de ratas de peluche (y otros objetos más contundentes) o donde el propio club te pone una placa, cuando dejas de ser jugador del equipo, como una advertencia de que puede ser defecada en función de hacia dónde derives tu carrera futbolística.

Y el Atleti, efectivamente, no ha denunciado.

El error fue considerar que estas prácticas se circunscriben a la barriada, al callejón humeante, a los polígonos de botellón, obviando que también en los salones de postín se aplica la intimidación, la extorsión y el ajuste de cuentas, como así ha sido con la cabeza de caballo con la que ha amanecido la celebración del galés.

No vamos a caer en el error de maquillar la acción del de Cardiff sosteniendo que no se puede asegurar que sea un corte de mangas, que igual es el baile de la Macarena (lo cual merecería una sanción mayor), o una réplica de un saludo típico de un mecha (robot) de manga japonés (¿a quién se le ocurren esas cosas?). Gareth marca un gol, la grada le insulta y él responde con un gesto universal, pero con la torpeza de quien no está acostumbrado a esos malos modales.

A partir de entonces, llega la respuesta de quien te estaba esperando para aplicarte su ley en otro ámbito. Porque el partido ha terminado y ya no estás en el terreno de juego. Pero la competición está activa y aún permaneces en los dominios de quien la controla, el mismo que hace tiempo que va enviando mensajes de reproche, como quien se siente agraviado por no haber ido a presentarle sus respetos en la boda de su hija: "El Madrid tiene un modelo de liga con el que no coincide el 90% de clubes", espetó Javier Tebas, en diciembre, mientras acariciaba un gatito.

Un Javier Tebas que en los últimos meses ha arremetido contra Florentino Pérez, hasta en cuatro ocasiones, afeándole su poca lealtad, como cuando el presidente blanco se dirigió, según el de la LFP, a otra familia:  "No procede que el presidente del Real Madrid se queje al de la Federación, no es el camino".

Lo cierto es que los desencuentros comenzaron desde el primer momento. El Real Madrid fue uno de los pocos clubes de Primera División (junto el Athletic, la Real Sociedad y Eibar) que no avalaron la candidatura de Tebas en 2016. También, la entidad blanca, fue una de las pocas que, a principios de 2018, no votaron a favor la subida salarial al presidente de la LFP, cuando este amenazó con aceptar una oferta para dirigir el Calcio. Sí lo hizo, en ambas ocasiones, el F.C. Barcelona a quien Tebas pone como ejemplo en los conflictos que la LFP mantiene con el Real Madrid, como son el reparto de los derechos televisivos o la disputa de un partido de la Liga en Miami: “El Barcelona siempre ha estado a favor y demuestra que conoce bien la estrategia para posicionarnos en el mercado internacional»

La penúltima andanada contra el presidente del Real Madrid fue, hace unas semanas, en relación con el anteproyecto de La Ley del Deporte frente al cual mostró su decepción, acusando a Florentino Pérez de haberlo inspirado: "Son temas muy puntuales que claramente están hechos para defender la postura del Real Madrid en esos procedimientos que tiene con nosotros”.

Así pues, asistimos a un escenario en el que el presidente de la patronal del fútbol español no ceja de lanzar avisos constantes al Real Madrid o a su presidente. Andanadas que comparte con el de otros aliados suyos, como Jaume Roures (quien llamó forofo recientemente a Florentino Pérez) o Gerard Piqué, al que la LFP ha anunciado, asombrosamente, que va a patrocinar su empresa de organización de la nueva Copa Davis.

Si el talante de Javier Tebas siempre ha sido implacable, desde hace un año parece haberse intensificado, si cabe, más. Muestra de ello es la omertà aplicada a medios de comunicación e Internet, con el cierre de cuentas de redes sociales y presiones a programas televisivos para silenciar los escándalos de la nefasta gestión del VAR.

El capítulo de la denuncia a Gareth Bale solo se puede entender en esta misma línea de extorsión. Un ajuste de cuentas.

Florentino, no te vayas a pescar al lago.

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