La Galerna

Surf bajo las bombas

Yo no me canso de cantar como un juglar risueño (un día saldré a la calle con calzas y jubón para hacerlo del todo bien) las virtudes señeras de Benzema. Ayer le veía correr con espacio y con el balón en los pies y parecía Ronaldo, el brasileño, con ese movimiento de piernas centrifugado, como si el partido transcurriera con el PLAY y fuera llegarle la pelota y pulsarse de modo propio el FFWD.

Así era Nazario, igual que una bola de fuego que se prendiese al instante e hiciera correr a los rivales despavoridos pendiente abajo, pero sin pasarles nunca por encima, sólo por los lados, y aun así dejarles abrasados. Lo del Fenómeno también era espectáculo con su "gordura" a lo 'Babe' Ruth. Ronaldo estaba allí para batear y seguir a la base andando, saludando, después de haber enviado la bola al patio interior de una torre del Bronx.

Karim arranca esas veces y se le parece pero sólo es un momento. Luego muta y aparece Zidane. Es como si en su avance le fuese dando el sol y el reflejo le otorgara en cada dirección una tonalidad. Tonalidad Ronaldo y tonalidad Zidane. Otro día nos muestra una tonalidad Hugo Sánchez, porque también guarda chilenas y remates inverosímiles en su estudio de artista.

Benzema es un crisol de corrientes, clásicas y vanguardistas, que no acaban nunca. La puerta está siempre abierta y el aire puede venir de un lado o de otro. Yo una vez introduje la llave en la cerradura y al entrar vi a Redondo y luego a Van Nistelrooy y luego a Butragueño como si estuviera pasando el vídeo aquel, Black or White, de Michael Jackson en vez de un partido del Madrid.

Yo no me canso de cantarle a fuerza de observarle; y por esto he descubierto otra virtud, lejos de su paleta y de esos colores y formas. Benzema no es sólo todas esas cosas, todos esos hombres en uno, todos esos cuadros, esculturas, puestas en escena... Benzema no se oculta en la guerra. No se exilia. Benzema es el castillo de If solitario allá en su isla inexpugnable. Nadie entra sin condena y nadie salé de él. Nada le afecta, ni siquiera llevar la letra escarlata. Diríase que hasta las dificultades le serenan, que la adversidad conforma su verdadero yo: uno brillante, estético y depredador.

Que vengan a mancillar su nombre, ellos verán. Que lo hagan para verlo elevarse con su talento y su piel recubierta de tela asfáltica sobre la yerba del Bernabéu y que esa grada multicultural, madrileña y polifónica exclame al unísono: ¡oh!, alzando sus ojos hacia el Empire mientras Karim se golpea el pecho metafóricamente.

Yo le he visto (todos lo hemos visto en los últimos tiempos) caminar entre las bombas y las balas como si le encantase el olor a napalm por la mañana. ¡A un poeta! Y puede que sea esta su mayor virtud, la del fortín, la del mito, más que la de ser el condensador de fluzo, un condensador de fluzo que va soltando versos, del Madrid. Yo le voy restando debilidades, entre las cuales quizá ya sólo se encuentren darle al PLAY a la Cabalgata de las Valquirias y hacer surf entre el humo amarillo de las bombas.

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