La Galerna

Sergio Ramos y el Balón de Oro

Hace tiempo que los debates sobre Sergio Ramos fueron apagándose a la misma velocidad que él agrandaba su leyenda. Hace años se discutía si tenía nivel para ser titular en el Real Madrid, poco después si lo que daba le valía para ser indiscutible, más tarde si convenía mantenerlo en nómina después de cumplir los treinta. Ahora, una vez apagados todos los fuegos, la única discusión razonable sería la que abordase un tema tan complejo como el legado que va a dejar Sergio Ramos en el mundo del fútbol... ¿Balón de Oro incluido?

Hace días, 'France Football' empezó a sacar sus candidatos para formar el mejor equipo de la historia. Como centrales aparecen los siguientes nombres: Baressi, Beckenbauer, Cannavaro, Desailly, Koeman, Moore, Passarella, Sammer, Scirea y Sergio Ramos. Yo, que nací cuando empezaba a agonizar la década de los ochenta, no he podido disfrutar de la mayoría de futbolistas que figuran en esa lista. De Koeman y Desailly tengo vagos recuerdos y a Cannavaro sí lo vi durante sus mejores años. Del resto, vídeos, textos, análisis sobre su impacto en el juego, partidos sueltos y poco más. De ahí que mi opinión, aunque relativamente fundamentada, pueda carecer de todos los argumentos que me gustaría.

Centrándome en el palmarés, Sergio Ramos lo ha ganado absolutamente todo: cuatro Copas de Europa, cinco Ligas, un Mundial, dos Eurocopas y muchos trofeos más que ha ido cosechando con el paso de los años. Pero, más allá de la abrumadora vitrina, lo cierto es que hablamos de un central que ha sido importantísimo en la inmensa mayoría de títulos. Tanto por sus goles como por su extraordinaria capacidad defensiva, el camero se ha hecho un hueco en los libros de historia. Varias de las mayores exhibiciones de los últimos tiempos llevan su firma, y aquí hablo solamente del aspecto defensivo. Si me voy unos metros más arriba, Lisboa y San Siro irrumpen como escenario.

La última batalla de un futbolista eterno que lo ha ganado todo es que, por fin, reconozcan que, más allá de ser indiscutiblemente el mejor de su generación, se trata también del mejor central de todos los tiempos.

Bien es cierto que hubo una época en la que Sergio Ramos desconectaba demasiado dentro de los propios partidos. Se decía (medio en broma, medio en serio) que sólo se ponía el despertador cuando llegaba la primavera y olía a Copa de Europa. Por suerte, el andaluz corrigió esos defectos -seguramente nacidos por un ejercicio de autosuficiencia llevado al extremo- hasta convertirse en un central tan regular como decisivo. Sus últimas temporadas han servido para ver a un futbolista impecable en área propia y muy productivo en área contraria. El mejor atrás -con diferencia- y un arma muy dañina en ataque.

No vi a Beckenbauer, del que muchos hablan maravillas, tampoco a Baresi o Sammer, pero ninguno tuvo el impacto, a todos los niveles, que tiene desde hace años Sergio Ramos. Hablo de un impacto cuantificable en títulos logrados, importancia de esos títulos e importancia objetiva (goles, entre otras cosas) del propio futbolista en el logro de esos títulos. Defiende mejor quse nadie y ataca mejor que muchos especialistas. Es inteligente, tiene una personalidad arrolladora y una capacidad de mando insultante. Tácticamente se ha convertido en un jugador notable, y físicamente sigue siendo un portento a sus 34 años. O bien el término leyenda se usa demasiado a la ligera, o bien habrá que inventar otro término superior para Sergio.

La última batalla de un futbolista eterno que lo ha ganado todo es que, por fin, reconozcan que, más allá de ser indiscutiblemente el mejor de su generación, se trata, también, del mejor central de todos los tiempos.

 

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