La Galerna

Merecimientos

Cuando Hamlet se pregunta ¿ser o no ser? vacila entre aceptar pasivamente los reveses de la fortuna o alzarse ante el mar de obstáculos, sabiendo que nada sale a la primera y rara vez a la enésima, porque la excelencia jamás se regala. Ante el partido recién jugado contra el Sevilla, me pregunto cuántas oportunidades creen merecer algunos, no tanto a la vista de lo conseguido sino de lo intentado, pues la fortuna puede revelarse tan cruel a ratos como con Benzema a título de rematador desde distancias medias y largas -donde quizá roza algún récord Guinness para equipos de primerísima fila-, pero la suerte ni siquiera entra en acción cuando se esperan cortes, fintas, pases y disparos que nunca llegan a ocurrir, o terminan en el segundo graderío.

La sangre local puede trastornar a un héroe planetario como Ramos, por ejemplo, llevándolo en diez minutos a tirar fuera por poco una falta, sacudir el larguero en el penalti, desperdiciar una volea muy fácil y marcar en propia meta. Sin embargo, ¿qué explica los setenta minutos de Ceballos, un crack potencial obstinado en sugerir que no resiste la responsabilidad aparejada a su camiseta? La bisoñez de Vallejo, unida a nervios acumulados por despistes previos, basta para que un delantero hábil y rápido como Ben Yedder le gane la vez varias veces, pero tras 22 comparecencias, ¿qué pretende el fornido Theo con displicencia defensiva, nula aportación al gol, un reiterado centrar balones a nadie y un acercamiento progresivo a la actitud del jugador broncas, tipo Raúl García o Suárez?

Exagerar, provocar de modo subrepticio y toda suerte de artimaña análoga es impropia del campeón de campeones, entre cuyos títulos de orgullo está no contratar o renovar a personas de esas características. Con todo, quien más me decepcionó fue Kovacic, un jugador de quien espero siempre excelencia, pues de la mediocre medular formada anoche con Ceballos, Casemiro y Asensio ninguno arriesgó y se mostró menos, quizá decepcionado él mismo por una volea que se había preparado con un control admirable. Debe crecer en esmero y confianza.

Del naufragio ante un Sevilla que salió tímido, como vencido de antemano, solo se salvaron Lucas Vázquez -que sin estar especialmente acertado arriesgó en el uno contra uno- y un buen cabezazo de Mayoral. Al resto no lo doblegó la infausta fortuna, sino una suma insuficiente de merecimientos. Mañana será por fuerza otro día.

Salir de la versión móvil