La Galerna

Mendy es un miembro de la banda

Hay una suerte de sorprendente (el madridismo nunca deja de sorprender) resignación madridista de que esta es una etapa de posguerra en la que todo se mira en color sepia. A pesar del título de Liga.

El Madrid más lujoso y triunfador de los últimos 50 años sólo ha conseguido ganar una Liga (la anterior, y ya sabemos por qué, y más teniendo en cuenta que ha logrado ganar cuatro Copas de Europa y otros muchos, el que más en el mundo, importantes trofeos internacionales), pero esa especie de idea asentada permanece.

Un reflejo de esto, un síntoma, es esa otra concepción asimilada de que la tradición gloriosa lateralista había llegado a su fin tras el binomio enlazado e irrepetible de Roberto Carlos y Marcelo.

El Madrid fichó a Mendy para esa banda izquierda, pero el desánimo por el pensamiento de la época terminada y la concienciación de que ese lateralismo, impepinablemente, también había terminado dando comienzo a una etapa (histórica, por otro lado) de perfiles bajos, le daba al joven defensa francés un carácter menor a pesar de todo.

Parte de esa afición ciertamente apesadumbrada, presa de la corriente, prefería Reguilones caseros y pundonorosos antes que posibles intentos fallidos de nuevos Robertos y Marcelos.

Sin embargo, parece que ese lateralismo sigue maravillosamente vivo y con una imagen renovada y gozosa. Si hay en Mendy un bandista izquierdo para la historia no lo sabemos. Pero lo parece.

Y es un bandista, desafiando las costumbres, que no florece en ataque (aunque también) sino en defensa. Una defensa portentosa, emocionante, basada en un poderío físico apabullante y en unos fundamentos técnicos ensombrecidos por ese poderío, pero latentes y dispuestos a saltar, con impaciencia, de un momento a otro.

Mendy parece una superación impensable e inesperada del lateralismo izquierdo madridista. Como si la naturaleza se abriese camino. Una versión moderna y nueva y a la vez clásica (en el Madrid toda sobresaliencia es clásica) que viene a suceder al increíble Marcelo igual que el increíble Marcelo sucedió al esplendoroso Roberto Carlos.

Y parecía mentira. El sepia resignado con el que madridismo mira esta etapa impedía descubrir el colorido lleno de matices de Ferland, cuyas maneras apuntan a un crecimiento que promete levantarnos del asiento.

Mendy tiene, además, un innegable aura de canterano, como si el Olympique de Lyon fuese un Castilla francés o como si al Olympique de Lyon hubiera llegado Ferland desde Madrid para regresar hecho un elegante y personalísimo defensa.

Uno de esos jugadores excepcionales que casi nadie parece tener en cuenta, salvo el Madrid. Así que Mendy es tradición. Y Mendy es madridismo joven. Nada de sepias, ni de posguerras, ni de transiciones. Mendy es el nuevo lateralismo que viene a decirnos que en el Madrid nada tiene el color de los periódicos viejos, sino que en su interior siempre hay una luz encendida que al final a todos nos ilumina.

 

Fotografías Getty Images.

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