La Galerna

Los tres trabajos de Zidane

Serendipia

Antes de ir al grano, les adelanto que este artículo, que parece uno, en realidad son dos. Ya se darán cuenta más adelante. Yendo al grano ese que les decía, según el diccionario de la Real Academia Española, serendipia es un hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual. La palabreja en cuestión proviene de la fábula oriental “Los tres príncipes de Serendip”, en la que los protagonistas solucionan sus problemas a través de increíbles casualidades. Aunque ustedes crean que no tenga mucho que ver en lo que a nosotros nos ocupa, podríamos llamar a la fábula “Los tres trabajos de Zidane”.

Hace un par de semanas, y frente al abismo habitual al que se asoma —o nos hacen ver que se asoma el Real Madrid de vez en cuando— Zidane y su equipo se enfrentaban a tres tareas titánicas. Así se nos presentaban, cuales trabajos de Hércules, los partidos contra Sevilla, Borussia y Atlético, en los que no se podía fallar y para los cuales un gran sector del periodismo deportivo ya estaba preparando la lapidación de Zidane, la jubilación de media plantilla, la defenestración de la otra media y el éxodo del presidente. Pues hete aquí que, crecido ante el castigo, el Real Madrid se deshizo uno tras otro de tales rivales. Pero claro, las victorias no se debieron a la buena labor de los jugadores en el campo o a la preparación táctica del entrenador, no amigos, el éxito se logró por mera casualidad, debido a la alineación de los astros, e incluso según dijo un comentarista deportivo muy afín a lo rojiblanco, al césped de Valdebebas y al rocío en él depositado. Ah, la naturaleza y el universo confabulados para beneficiar al Real Madrid, no era suficiente tener a nuestro favor al Comité Nacional de Árbitros, al VAR o a la UEFA, también necesitábamos a la diosa Cibeles, madre de la tierra, que hizo que el césped y el rocío fulminasen al temido Malakito de Memphis y a su cacique. Como consecuencia de esta triple serendipia, el equipo ocupa puestos de cabeza en la clasificación, acabó primero en su grupo de la Copa de Europa y evitó a notables cocos en el cruce de octavos de final de la competición. Ah, ya con la carrerilla cogida, antes de ayer también se ganó al Athletic, vayan ustedes a saber si por la hora, la luna o la concentración de ozono en la atmósfera, en el partido más gris de estos últimos si bien disculparemos esta vez el tono achacándolo a la tensión acumulada en los anteriores enfrentamientos y al cansancio físico.

Ayer también se produjo un hecho destacable, más incluso que el propio partido liguero. Cerca del Santiago Bernabéu, apareció una lona de mil metros cuadrados colgada sobre la fachada de un edificio en la que se mostraba a un sonriente Laporta diciendo que tiene ganas de volver a vernos. Como campaña publicitaria para los suyos y sus intereses, al parecer ha sido un éxito. He llegado a leer que la osadía de presentarse de tal modo en el centro de Madrid “ha devuelto el orgullo a los barcelonistas”. Bueno… a mí me ha parecido un doble gesto: por un lado, bienvenida la ironía, el pique y el sentido del humor. No me ha parecido una ofensa ni nada parecido, ahora bien, por otro lado me demuestra que el barcelonismo sigue rezumando madriditis por todos sus poros. Si para ganar votos, Laporta tiene que venir a intentar chinchar al Real Madrid con una lona descomunal, si con eso cree aunar a sus huestes, entonces nosotros también tendremos ganas de volver a vernos. Supongo que con mil metros cuadrados de tela se pueden tapar muchas de las carencias institucionales y deportivas que su club tiene, pero seguirán ahí. Por casualidad, cual serendipia funesta.

 

Fotografías: Getty Images.

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