La Galerna

El libro de Athos Dumas, cronista sentimental de La Galerna

(A continuación reproducimos el prólogo que para el libro “Mi vida en La Galerna”, de Emilio “Athos” Dumas, ha escrito nuestro editor Jesús Bengoechea. Este volumen es una recopilación de 89 de los mejores textos de Athos publicados en este medio. El libro ya puede adquirirse a través de Amazon).

La Galerna es un portal de opinión y entrevistas relacionadas con el Real Madrid, pero sobre todo es un generador de amigos. Cuando la fundé, allá por 2015, tenía en mente lo primero pero no había pensado en lo segundo, que al final ha sido lo primordial si hablo desde un punto de vista estrictamente personal. Entre los amigos que he hecho a través de La Galerna, destaca sobremanera Emilio Dumas, Athos para lo que más fabrica La Galerna, es decir, para los amigos.

La Galerna es un portal de opinión y entrevistas relacionadas con el Real Madrid, pero sobre todo es un generador de amigos. Entre los amigos que he hecho a través de La Galerna, destaca sobremanera Emilio Dumas

Emilio es un escritor extremadamente apegado a sus afectos. También sabe —y muy bien— escribir sobre sus fobias o sobre todo aquello que le subleva en relación al Real Madrid, pero cuando lo hace escribe también desde el amor (desde el amor al Real Madrid, claro, que es el que desencadena la indignación ante todo aquello, endógeno o con más frecuencia exógeno, que hace daño al club de sus desvelos).

Tiene Athos, el mosquetero más dicharachero y cabal de La Galerna —amén del único— una escritura caudalosa y directa que conoce su anclaje tanto en la erudición como en el sentimiento, lo que representa una rara combinación que hace de él un auténtico cronista sentimental. Utilizo ambas palabras en el más amplio y mejor (si fuera posible) sentido de las mismas. Emilio cuenta lo que pasa, ni más ni menos, y en ocasiones lo que ha pasado o lo que pasó, maestro como es de dar brillo a lo pretérito. Sucede que el escenario de las cosas que interesan a Emilio es con frecuencia su propio corazón cinéfilo, melómano y madridista, con lo cual la aburridísima opción de la crónica objetiva queda por fortuna desterrada.

El mejor Athos Dumas es a mi juicio, de hecho, el más personal, el que abre escotillas a la nostalgia y nos deleita con pasajes de un costumbrismo merengue cuya textura nos comunica con una viveza apabullante. Nos sube al autobús que lleva al Bernabéu de su infancia; nos retrotrae al sonido de la radio los domingos; nos presenta a Miguel Muñoz y Zoco y Gento y Pirri y Velázquez en un hotel de concentración serrano y setentero. Nos lleva a todas esas cosas con los ojos del Emilio niño que las contempló, que es exactamente el mismo Emilio (el niño) que Athos reconquista a punta de espada cada vez que juega su Madrid del verde o de los canastos.

El mejor Athos Dumas es a mi juicio, de hecho, el más personal, el que abre escotillas a la nostalgia y nos deleita con pasajes de un costumbrismo merengue cuya textura nos comunica con una viveza apabullante

Esos son mis textos favoritos de Athos Dumas, aunque los que le han procurado merecida fama son más bien aquellos en los que trata de demostrarnos el madridismo de grandes figuras universales del cine, la música o la literatura, empezando por su ilustre antepasado Alejandro y acabando en Maureen O’Hara, pasando por los Kinks o Ennio Morricone. Todas estas cúspides de la excelencia en cada uno de sus campos son madridistas por razones que tienen que ver con la cúspide misma, así como con otras que Athos descubre con dicha jocunda. No es el único autor de La Galerna que ha escrito este tipo de textos, pero sí el que más y con más fortuna se ha prodigado en ellos. En este libro los tienen a su disposición, como un catálogo celebratorio y regocijante confeccionado con tanto desenfado como devoción por las dos causas comparadas. Mis predilectos son el del madridismo de Sherlock Holmes (un artículo antológico) y el del madridismo de Winston Churchill, que hizo comentar a Javier Marías que era (parafraseo) “muy divertido, aunque algo traído por los pelos”. La gracia de estos retratos de eminencias presuntamente vikingas es precisamente cómo Athos trae por los pelos el paralelismo, y de los pelos arrastra al icono de turno hasta los aledaños de Concha Espina (en el caso de Churchill no fue por los pelos, no tanto por la calvicie del legendario Primer Ministro británico como porque en este caso el protagonista sentía admiración VERDADERA por lo blanco, aunque qué es verdadero y qué es ficticio en el revisionismo madridista de las artes que Athos ejecuta con mano maestra).

Lean y disfruten de Athos, chorro incesante de historias y pareceres, referencia de madridismo y clase, amigo del alma.

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