La Galerna

Guardarredes ilustres: Antonio Betancort

Para Angelita García (viuda de Betancort) y para Yela Betancort: gracias por todo.

 

Eran los años finales de la década de los 60. Quien les escribe era un niño de cinco o seis años cuando empezaba a jugar a la pelota en el parque o en el cole. Jugaba de extremo derecho, aunque muchas veces me ponía de portero ya que tenía buenos reflejos, pese a ser de los pequeños de mi clase. Aún no se había apoderado de mí la pasión total por el fútbol, pese a que se hablaba sin parar del Real Madrid en nuestra casa familiar.

Todavía era muy pequeño para que me llevaran al estadio, con lo que me tenía que conformar con hacer colecciones de cromos y recortar fotografías de futbolistas de las páginas del ABC, del Ya y de La Hoja del Lunes.

Me fascinaba siempre el porte atlético, serio y altivo del que luego supe que era el portero titular de mi equipo favorito: Antonio Betancort Barrera

Me fascinaba siempre el porte atlético, serio y altivo del que luego supe que era el portero titular de mi equipo favorito: Antonio Betancort Barrera, siempre posando vestido enteramente de color negro, con sus medias blancas. Impresionaba muchísimo esa indumentaria tan sobria, a la que acompañaba una cara siempre de buena persona. De buena gente de verdad.

En su cromo estaba escrito lo siguiente: «Guardameta. Nació el 13-3-1937 en Las Palmas. Estatura: 1,83 m. Peso aprox.: 81,5 Kgs. Internacional.»

Para mí, era el mejor, sin haberle visto jugar. Siendo de mi equipo e internacional, no había que preguntar mucho más. En el primer partido que pude acudir al estadio, Betancort fue el primero que anunciaba el locutor para dar el once inicial: Betancort; José Luis, De Felipe, Sanchis; Pirri, Zoco; Fleitas, Amancio, Grosso, Velázquez y Gento. No sé ni contra quién jugamos aquel día, ni si era un amistoso, un partido de liga o de copa. Pero ese XI se quedó grabado a fuego en mi cabeza, ya para siempre. Hacía sol —con lo cual sin duda no fue un partido de Copa de Europa, que se solían jugar de noche— y bastante calor. Me llamó la atención que el portero de los cromos, al verlo en carne y hueso, iba efectivamente vestido de negro, como el árbitro, y lucía una gorra también oscura cuando se puso a defender la portería del fondo norte. Por si faltaba poco para fascinarme, su pose marcial, impertérrita, con su gorra, mientras el equipo atacaba la portería contraria, acabó por conquistarme. Yo quería ser Betancort. Además, aquella tarde, lo paró absolutamente todo y fue ovacionado en varias ocasiones. Definitivamente, aquel guardameta se convirtió en ídolo y es por ello que, más de cincuenta años después, sigue siendo mi favorito entre todos los guardianes que ha tenido el Madrid desde entonces.

 

Betancort llegó al club en 1961, procedente de su UD Las Palmas, al mismo tiempo que el guipuzcoano José Araquistain, y ambos se encontraron desde el primer momento con una competencia de primer nivel: Rogelio Domínguez, «el Magnífico», titular en la final que nos dio la 5ª Copa de Europa ante el Eintracht (7-3 en Glasgow) en 1960 y José Vicente Train, «el Grapas», que venía de ganar el Trofeo Zamora al meta menos goleado en la temporada 1960-61.

José María Zárraga, el gran capitán, le ayudó mucho desde llegó a la capital. Sus mejores amigos durante su estancia en el club fueron Ignacio Zoco, Vicente Miera y Ramón Moreno Grosso

El joven grancanario se integró muy rápidamente en el equipo al llegar a Madrid desde Las Palmas, y pudo contar desde el principio con un padrino de excepción, ya que el gran capitán, José María Zárraga, le ayudó mucho desde el primer momento en que llegó a la capital. Sus mejores amigos durante su estancia en el club fueron Ignacio Zoco, Vicente Miera y Ramón Moreno Grosso, con los que, años después, y ya de regreso a su Gran Canaria natal, seguía teniendo permanente contacto.

Finalmente, el vasco Araquistáin se hizo con el puesto esa campaña (ganando también el Trofeo Zamora) y Betancort no tuvo prácticamente ninguna oportunidad, con lo que, en el verano de 1962, aceptó una cesión al Deportivo de la Coruña, operación que formó parte del pago del traspaso del gallego Amancio Amaro al club blanco.

En 1962, aceptó una cesión al Deportivo de la Coruña, operación que formó parte del pago del traspaso del gallego Amancio Amaro al club blanco

Antonio cuajó una temporada sensacional 1962-63, ayudando activamente a su equipo a mantenerse en Primera División. Y regresó al Real Madrid, donde Vicente había recuperado la titularidad, ganando otros dos «Zamora» más (único meta merengue ganador de tres trofeos en toda la historia), 62-63 y 63-64. Una vez terminado 1964, con la decepción final de la derrota ante el Inter (3-1) en la final de Viena y la explosiva salida del club de Di Stéfano, Vicente también salió (con destino al Mallorca) y quedaron como porteros Araquistáin y Betancort, que prácticamente seguía inédito en partidos oficiales.

Esta vez, la buena suerte le echó un capote a Betancort (o la mala suerte fue para Araquistáin, en forma de inoportuna lesión en la 7ª jornada de liga, en partido jugado en casa ante el Zaragoza, 1-1), que acabó la liga 64-65 como titular indiscutible y, además, consiguiendo su primer «Zamora», tras 24 partidos jugados y encajando únicamente 15 goles. Además, en esa temporada, el canario también pudo debutar en Copa de Europa y jugar la Copa. Esa liga supuso la 5ª consecutiva del Real Madrid (desde 1960-61), récord en el campeonato español, que pudo igualar la Quinta del Buitre entre 1986 y 1990.

Se me quedó grabada la facilidad que tenía Betancort para blocar los disparos de los rivales, una característica que hoy en día está casi en desuso

Las dos siguientes campañas siguió siendo titular indiscutible, haciendo gala de unos magníficos reflejos, y de sus sensacionales salidas de puños. Una imagen que siempre se me quedó grabada era la facilidad que tenía Betancort para blocar los disparos de los rivales, una característica que hoy en día, con tanto portero-delantero, mezcla de porteros de balonmano y de parar y abusar jugando con los pies, está casi en desuso, ya que se prefiere siempre despejar antes que blocar. Quizás es que los entrenadores de porteros ya no practican suficientemente lo de blocar el balón.

En la 65-66, el Atlético puso fin al dominio merengue en liga, aunque fue el año de la 6ª Copa de Europa, con los 11 españolitos del equipo «yé-yé». Betancort pudo haber sido el titular de la final, como durante todo aquel año, pero en la ida de semifinales contra el Inter cayó lesionado, lo que le impidió jugar la vuelta en Milán y la finalísima contra el Partizán en Bruselas tuvo como protagonista a José Araquistáin. Si ustedes repasan las fotos oficiales de las primeras 5 copas de Europa, comprobarán que en ellas solo posan los 11 titulares. Pues bien, no es así en la foto oficial de la Sexta, en la que posan los 10 jugadores de campo más dos guardametas, el que jugó en Bruselas, Araquistáin, y el que no pudo jugar por lesión, Antonio Betancort. Fue una concesión a los méritos del grancanario, auspiciada por el propio presidente Don Santiago Bernabéu.

1966 fue año de Mundial de fútbol (Inglaterra) y Betancort, ya recuperado, pudo formar parte de la selección española. José Villalonga, por entonces seleccionador (el triunfador de la Eurocopa de 1964), le llevó como uno de los tres porteros (Iríbar, Betancort y Miguel Reina), aunque finalmente no debutó como mundialista en ninguno de los tres partidos de la selección, ya que José Ángel Iribar, «el Chopo», acaparó la titularidad. En su carrera, Betancort fue dos veces internacional con España, ambas ante Irlanda y valederos precisamente para la clasificación del Mundial de Inglaterra.

mostramos un excepcional documento, la carta que envió Bernabéu a Betancort con motivo de la convocatoria para el Mundial de 1966

Como curiosidad, mostramos un excepcional documento, la carta que envió Bernabéu a Betancort con motivo de la convocatoria para dicho Campeonato del Mundo (cortesía de Yela Betancort, hija del gran guardameta, como el resto de fotografías que ilustran este texto). Llama mucho la atención su redacción, por lo sorprendente e impensable que resultaría hoy en día.

Bernabéu le trata de «Querido amigo» y se despide como «…un fuerte abrazo de tu amigo». Casi nada. De todo un presidente mítico del Real Madrid.

Ya para entonces, Betancort se había ganado el apodo de «Siete manos» por su gran habilidad e intuición para detener penaltis. También en algunas crónicas aparecía como la «Araña negra», por recordar al gran Lev Yashin en su indumentaria y en sus enormes dotes para atajar los disparos rivales.

Antonio ganó otro «Zamora» al meta menos goleado en la liga 1966-67, encajando solamente 15 goles en 30 partidos (récord absoluto), en un año en el que el Madrid volvió a conquistar la liga (recordemos que en la década de los 60 hubo nada más y nada menos que ocho conquistas ligueras por parte de los merengues). La competencia seguía siendo feroz, tanto en la selección (con Iríbar, Sadurní, Miguel Reina) como en el Madrid, con sus compañeros de equipo, el asturiano Andrés Junquera, Araquistáin, y el joven gallego de Orense, recién fichado, Miguel Ángel.

Betancort ganó otro «Zamora» al meta menos goleado en la liga 1966-67, encajando solamente 15 goles en 30 partidos (récord absoluto)

Aun así, Betancort, tras un año fabuloso de Junquera («Zamora» en 67-68, eran tiempos en los que el Madrid, además de ganar ligas, conquistaba habitualmente «Pichichis» y «Zamoras»), volvió a la titularidad prácticamente hasta 1970. En total, Don Antonio disputó 177 partidos oficiales, logrando 6 Ligas, 1 Copa de Europa y 2 Copas de España, y nuestros socios veteranos le recuerdan siempre con cariño especialmente por grandes actuaciones europeas ante Inter, Manchester United, Benfica, AC Milán… y con excepcionales intervenciones en los derbis ante el vecino Atlético o contra el FC Barcelona.

Betancort forma parte del libro oro del club por ser un profesional con mucho carácter y una fuerte personalidad, con reflejos felinos bajo la portería y en sus salidas por bajo. Con su fuerte complexión y su estatura de 1,83m, era muy difícil de batir por alto y su agilidad le permitía llegar a todos los ángulos de su portería, destacando su labor en los córners o en las faltas laterales por el perfecto dominio de sus puños. En cuanto a su actitud, siempre fue intachable, haciendo gala de mucha discreción y de un verdadero señorío en todo momento.

En 1971, Betancort retornó a su amada Unión Deportiva Las Palmas, en donde fue titular por delante de Oregui. Aún recuerdo el partido en el Bernabéu, en la primavera de 1972, cuando Don Antonio regresó a su estadio favorito ya como integrante de los canarios, y la impresionante ovación que recibió aquella tarde, en un partido que acabó 2-0, con goles de Pirri y Santillana, frente a un equipazo insular en el que jugaban Martín Marrero, Castellano, Tonono, Gilberto; la mejor época de Las Palmas, dirigido por Pierre Sinibaldi. Aquella tarde todavía nos deleitó con unas cuantas paradas a tiros de Amancio, de Grosso y de Aguilar.

Aún recuerdo el regreso de Don Antonio Betancort con la UD Las Palmas al Bernabéu, en  de 1972, y la impresionante ovación que recibió aquella tarde

El gran “Siete manos” de mi infancia, mi gran ídolo de siempre bajo palos. Vaya este pequeño recuerdo para todos aquellos que no lo pudieron ver jugar y atajar como muy pocos.

Y miles de gracias a Yela y a su madre, Angelita, por proporcionarme estos magníficos documentos e instantáneas.

 

"Guardarredes ilustres", todos los días en La Galerna.

 

ÍNDICE de Guardarredes Ilustres:

Capítulo 1: Ricardo Zamora

Capítulo 2: Keylor Navas

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