La Galerna

Florentino Pérez se va de boda

FloPer

La llamada me pilló en Las Hurdes, en un chiringuito al lado de una piscina natural del río Alavea, comiendo un platito de jamón con un buen vino y reflexionando sobre Los Cinco. Yo, en cuanto mis deberes de Analista Internacional me lo permiten, soy mucho de reflexionar, y mientras notaba como la grasilla de aquel manjar se me pegaba al paladar, pensaba que ni de coña iban Los Cinco a comer aquella bazofia de pastel de carne si hubiesen tenido un buen jamón ibérico extremeño a mano.

Allí estaba yo, debajo de aquel emparrado, con mi jamón y mi verano a cuestas, meditando sobre los días que llovía al año en la Isla Kirrin y las incomodidades de las tiendas de campaña, cuando sonó el teléfono.

- ¿Sí?

- ¿Fred?

- ¡Hombre, Flo! ¡Qué sorpresa! ¿Qué tal van esos fichajes?

Mi amistad con el Presidente había ido creciendo a medida que su nombre se iba acortando. Primero le llamé Don Florentino, luego Florentino, más tarde Floren y últimamente ya le llamaba Flo. Llamarle Flo le convertía casi casi en un compañero de juergas del instituto, en un amigo de la cuadrilla.

- Bien, bien, todo va según lo previsto. Te llamo para pedirte un favor.

- Para eso estamos, Presi, dispare.

- Iré al grano, estamos teniendo un grave problema con los jugadores no comunitarios, solo podemos tener tres, se nos ha ido la mano con los fichajes y necesitamos que se nacionalicen españoles cuanto antes. ¿Tú nos podrías ayudar a conseguirlo?

- Eso está hecho, Presi, ha tocado la tecla adecuada, yo le nacionalizo lo que haga falta en un periquete, ¡pues bueno soy yo nacionalizando!, a mí, en casa, en la intimidad, me llaman el nacionalizador, todo lo que toco lo vuelvo español al momento. Precisamente ahora mismo estaba reflexionando sobre ello, sobre el jamón, Los Cinco, los guiris, el pastel de carne o de jengibre…

- Vale, vale, no me líes que te conozco. De momento hay que nacionalizar a Vinicius, Kubo y Militão. Tienes de tiempo hasta el inicio de la Liga. ¿Podrás hacerlo?

- Sin problemas. Le llamo en un par de semanas. Van a ser más españoles que el aperitivo, no los va a reconocer.

Pero desgraciadamente sí aparecieron problemas, muchos más de los que esperaba. Nacionalizar a un jugador era algo muy complejo, requería cumplir ciertas condiciones muy estrictas y realizar un montón de engorrosos trámites. Toqué varias puertas y por un momento estuve a punto de desistir. A pesar del optimismo inicial me costó más de dos semanas dar con la solución. Esta llegó, como siempre, de la forma más inesperada, de casualidad. Había vuelto a casa y en las Fiestas de Santiago de mi barrio vi una cuadrilla de chicas sentadas en un pretil, solas, tomando una botella de sidra. En un primer momento no las relacioné con mi problema, pero en cuanto despacharon sin miramientos a unos cuantos moscones, todo cuadró, la solución se abrió paso con naturalidad, siempre había estado ahí, a mi lado, en la universidad, en el trabajo, en mi propia casa, en mi vida. Todas esas admirables mujeres eran la solución: iba a casar a Militão, Vinicius y Kubo con tres vascas.

No solo iba a solucionar el problema de su nacionalización, también iba a convertir a aquellos jugadores en hombres de provecho, en referentes para la juventud, en trabajadores incansables, en personas felices, amantes de su familia y las tradiciones.

A la mañana siguiente puse un anuncio en el Diario Vasco:

Se busca mujer euskaldun para matrimonio con extranjero. Posibilidad de elección entre millonario japonés y potentados brasileños. Interesadas llamar al teléfono de contacto de La Galerna.

Dos días más tarde no había recibido ninguna llamada. Repasé el anuncio y me di cuenta de que había cometido un error de bulto, esa no era la manera adecuada de conseguir mi objetivo, conocía a mis paisanas, conocía sus gustos, necesitaba “vestirlo” de otra manera. ¿Acaso el amor de los jugadores del Madrid no merecía todos mis desvelos? ¿Acaso en el amor no se decía de vez en cuando alguna mentirijilla piadosa?

Volví a redactar el anuncio y además de publicarlo en el Diario Vasco, lo hice en Twitter. El tiempo apremiaba.

Joven euskaldun, devoto de San Ignacio, multimillonario, amante del monte, las trikitixas, el ciclismo, la pelota y las tradiciones; busca mujer euskaldun, trabajadora, formal y afiliada del PNV, para matrimonio católico. Interesadas contactar por DM o en el teléfono de La Galerna.

Para darle un poco más de empaque y seriedad añadí también un cuadro de San Ignacio de Loyola (Inazio gure patroi handia).

Estaba convencido de que aquello era, nunca mejor dicho, mano de santo.

Y efectivamente, así fue. En cuatro horas recibí 1.477 llamadas y me vi obligado a desconectar el teléfono. Dos días más tarde, después de un exhaustivo casting, las tres afortunadas y yo cogimos un tren para Madrid. En cuanto me senté en mi asiento, llamé a Vinicius, Kubo y Militão y los convoqué a una reunión a las ocho de la tarde en Valdebebas.

Llegaron puntuales (algo que me pareció un buen presagio) y después de cerrar disimuladamente la puerta con llave, nos sentamos los cuatro alrededor de una mesa redonda. A ellas les pedí que esperasen mi llamada en una habitación contigua.

- Chicos, estoy aquí por orden de Florentino, no quiero presumir, pero ya sabéis que soy su mano derecha, la entretela de sus entretelas, el hombre que le llama por teléfono, su confidente y amigo. Imagino que ya estáis avisados de la importancia estratégica de mi cometido: tengo que nacionalizaros cuanto antes, hoy mejor que mañana. Ya conocéis los problemas que atraviesa el Madrid a propósito de este tema, sois todos extranjeros no comunitarios y si no os nacionalizáis os tendréis que ir a jugar al Castilla. Uno de vosotros ya sabe lo que es jugar en esos campos de Dios y que le muerdan la cabeza, cuéntaselo, cuéntaselo a tus compañeros, Vini, ¿te gustaría volver al Castilla?

…¿Vini?…pero…pero…¿¡qué haces!?

sal de ahí…

¡qué salgas!

Vinicius había oído Castilla y se había escondido debajo de la mesa. Temblaba como un flan.

- Vini, sal, no tengas miedo, eso no va a volver a pasar, estoy aquí para solucionarlo. Venga, siéntate, si me hacéis caso ninguno de los tres tendrá que ir a jugar al Castilla. Escuchadme atentamente, tengo una noticia buena y otra excelente, la buena es que vais a tener el gran honor de ser españoles y la excelente es que para conseguirlo os vais a tener que casar con tres vascas, lo tengo todo prepa…

¡Kubo, vuelve inmediatamente! ¡Kuuuubooooo!

Se notaba que Kubo era asiático y amante de Bruce Lee. Pegó un salto desde la silla, apoyó su pie en la cabeza de Militão, dio un giro mortal en el aire y en cuatro zancadas estaba intentando abrir la puerta infructuosamente, ya que temiéndome algo parecido había tenido la precaución de cerrarla con llave al inicio de la reunión.

- Kubo, ven, siéntate con nosotros, casarse no es tan malo. Déjame que te lo explique. ¡KUBO, deja de dar patadas a la puerta! ¡Que pares ya!

- Es que yo ya estoy comprometido, me voy a casar con Dory, mi novia del instituto.

- ¿Esa no es la que te había puesto los cuernos?

-Sí, pero hemos vuelto, además está loca por mí, me ha pedido perdón 17 veces, bueno 16, dice que lo del luchador de Sumo no pasó de cuatro roces en el metro.

- Vamos a dejarnos ya de tonterías, escuchad y no me interrumpáis más –dije con voz seria mirándolos fijamente. Esto no es un juego, hablamos de jugar en el Real Madrid, en el mejor equipo de la historia, algo por lo que matarían millones de chicos de vuestra edad, si eso no merece un pequeño sacrificio por vuestra parte será mejor que os levantéis y abandonéis este club ahora mismo.

Todos bajaron la cabeza. Eran jóvenes, pero sabían lo que se jugaban.

- Bien, muy bien, escuchad atentamente. Si os casáis con una vasca obtendréis inmediatamente la nacionalidad. ¿Y por qué con una vasca? os preguntaréis, pues porque es lo que más os conviene, qué os voy a contar que no sepáis, la cabra tira al monte, la noche de Madrid, dinero en el bolsillo, fama, las hormonas revolucionadas, no, ni hablar, eso os alejaría de vuestro único objetivo: triunfar en el Real Madrid. Y nada os ayudará más a conseguir esa meta que el matriarcado vasco. En Euskadi, gracias a Dios, mandan las mujeres. Vais a ir de casa a Valdebebas y de Valdebebas a casa. Trabajo, familia, formalidad y obedecer sin rechistar. Todos sabemos que el brasileño mete más goles fuera del campo que dentro y que el japonés se pasa la noche en el karaoke o jugando a la Play Station. Con una buena vasca se acabaron los goles y las maquinitas. Al principio os costará un poco, pero luego seréis mucho más felices. ¿Alguna pregunta?

- ¿Posso casar os três bascas ao mesmo tempo?

- No, Vinicius no, somos católicos, una vasca para cada uno.

- Eu tenho certas necessidades, sou muito ardente.

- Pues te aguantas, nos han merengao.

Militão permanecía ajeno a nuestra conversación, de vez en cuando se revolvía en el asiento y entrelazaba los dedos mecánicamente, una y otra vez. Se le notaba muy nervioso.

- ¿Pasa algo, Militão?

- Eu.. ya…estoy casado.

-¿Cómo que estás casado?

- Sim, eu tenho oito filhos de três casamentos…

- Pero…pero…¡OCHO HIJOS! ¡TRES CASAMIENTOS! ¡POR EL AMOR DE DIOS, MILITÃO! ¿Y por qué no has dicho nada en el club?

- Es que agora estoy en proceso de divorcio y me va a costar muito dinheiro, por eso me mareé el otro día. Minha esposa ficou no Brasil.

- Vale, da igual, de perdidos al río, si tienes que ser bígamo unos meses por el Real Madrid, así será. Eso sí, a la vasca ni una palabra, con la vasca se acabó lo del divorcio. Y ahora a lo que estamos, voy a buscar a vuestras futuras esposas. Dadme dos minutos, cuando vuelva, antes de entrar, daré un par de toques en la puerta. Quiero que os pongáis de pie, uno al lado del otro, y las recibáis como se merecen, con vuestra mejor sonrisa.

Salí de la sala, cerré de nuevo la puerta con llave y me encaminé a la habitación contigua. Begoña, Ane e Itziar esperaban cuchicheando tranquilamente, sus nervios eran de acero. Tenía que prepararlas para lo que iban a ver. Tenía solo una carta y esperaba que no se echasen atrás.

- Ahora que hemos llegado hasta aquí os tengo que confesar una cosita, igual con la descripción de vuestros futuros maridos se me fue la mano, igual, San Ignacio de Loyola no lo quiera, a primera vista, no responden a vuestras expectativas, a vuestra idea de vasco tradicional, pero os prometo que son buenos chicos y euskaldunes de pura cepa, con deciros que lo primero que hicieron al cumplir la mayoría de edad fue comer txipirones en el batzoki y votar al PNV, os lo digo todo. En fin, a lo que íbamos, uno es japonés y dos son brasileños. No tienen ocho apellidos vascos, pero uno se apellida Kubo y esa K dará el pego. Además, los dos brasileños hablan euskera en la intimidad, sobre todo uno, hay uno que habla euskera con una gran soltura, tiene una lengua larguísima, os va a encantar. ¿Qué me decís?

Nada, no me decían nada, se habían quedado mudas, me miraban como las vacas al tren, con la boca abierta. Insistí:

- Ya, ya sé que esto os coge por sorpresa, pero, ¿hay algo más bonito que euskaldunizar el mundo? ¿Hay algo mejor que ver a mulatitos bailando el Aurresku en la Puerta del Sol? Pensad en San Ignacio, en los Jesuitas. ¿No es este santo matrimonio una forma de seguir su legado?

- ¿Es guapo Kubo? -preguntó Begoña tímidamente.

-Guapísimo. Y formal y trabajador, es un primor de chico. Piénsalo, Begoña, piensa en tus futuros hijos, Kubo Agirrezabala, de los Kubos del Kursaal de toda la vida. Anímate.

- Venga, va, o estamos a Rolex o estamos a setas, vamos a ver a estos maridos de una santa vez -dijo Ane, dando por finalizada nuestra conversación.

-Así me gusta, Ane. Aurrera!

Salimos de la habitación, recorrimos el breve espacio que nos separaba de la sala donde estaban los jugadores, y después de dar los dos pactados toques a la puerta, la abrí lentamente. Militão, Kubo y Vinicius estaban de pie, firmes, sonrientes.

- Chicos, aquí os presento a Itziar, Begoña y Ane. Chicas, estos son Militão, Kubo y Vinicius.

Hubo un momento de incómodo silencio que se rompió al chocar la cabeza de Kubo contra el suelo. Se había desmayado.

- ¿Ese es el mío? -preguntó Begoña. Parece muy poquita cosa, ¿no?

- Tranquila, es de la emoción, enseguida se recupera, es un titán, ya verás. Y no veas cómo salta, parece que tiene muelles en las piernas.

Vinicius, más Salpiquinho que nunca, fue el que dio el primer paso. Se acercó a Ane y le dijo:

- Bom dia, meu nome é Vinícius José Paixão de Oliveira Júnior. Estou muito feliz em conhecê-lo, estou à sua disposição para o que você quiser. Dia e noite…

- Encantada, Vinicius. He venido a lo que he venido, a casarme. Euskara ezagutzen duzu?

… Que si sabes Euskera…

- Estou aprendendo com você agora. E à noite aprenderemos muito mais.

- ¡Qué rico! ¡Anda, tira pa casa, etxera!

Ane y Vinicius salieron de la sala acaramelados. El primer objetivo ya estaba conseguido. Un problema menos.

A Militão fue al que más le costó acercarse. Permanecía quieto, firme como un palo, en medio de la sala, al lado de Begotxu, que estaba sentada en el suelo, animando a un desconsolado Kubo que, con las manos tapándose la cara, no paraba de llorar y repetir “Dory” “Dory” “Dory”.

- ¿Quién es Dory? -me preguntó Begoña desconfiada.

-Un pez, se le ha muerto ayer y le tenía mucho cariño. Le encantan los animales, es muy sentimental.

Itziar, al ver que Militao no se movía, se acercó a él y le cogió la mano.

- ¿Cómo te llamas?

- Éder Gabriel.

- Te llamaré Antton Mari, ¿te parece bien?

- Sim.

- ¿Te gusta la pelota?

- Muito.

Viendo que todo iba viento en popa, decidí salir un rato de la sala y dejarles solos para que se siguiesen conociendo. Di los cuatro pasos que había hasta la habitación de al lado y justo cuando iba a abrir la puerta escuché:

Bai, baaaaaai, baaaaai, bai, segi, segi, ez gelditu…Vini, Vini…BAAAAAAAIIIIIIII…

Una semana más tarde, a las doce de la mañana, en la Ermita de la Virgen de Guadalupe de Hondarribia, con el Presidente del Real Madrid ejerciendo de padrino, dio comienzo la ceremonia. Habían decidido, de común acuerdo con el cura, hacer una boda conjunta. Todo iba perfecto, sin ningún contratiempo, hasta que, de repente, unos lastimosos gritos en el exterior de la Ermita rompieron la tranquilidad de la ceremonia. Pasaron unos eternos segundos y, con un sordo y prolongado crujido de la madera, la puerta se abrió de golpe dejando pasar a una menuda japonesa.

- ¡DOOOOOOORY! -gritó Kubo intentando zafarse de la mano de su futura mujer.

- ¿Quién es esta pelandrusca? -le preguntó Begoña.

Justo en ese momento otra mujer entró en la Ermita con un niño en los brazos y otros tres rodeándola. Dio unos cuantos pasos, se paró más o menos en la nave central de la Ermita y señalando a Militão dijo en voz alta:

- ¡Pare com esse casamento, ESSE É MEU MARIDO!

¡PAI! ¡PAI! -gritaron los niños corriendo hacia Militao.

- ¡Qué diantre está pasando aquí! -dijo el cura.

- Nada, nada, siga, acabe la ceremonia cuanto antes -contesté desesperado levantándome de mi asiento.

- Tranquilo, não se preocupe, já me caso yo con las tres -dijo Vinicius.

En ese momento decidí salir corriendo. Ahora estoy en un pequeño pueblo vinícola del norte de Portugal, rodeado de un par de antiquísimas bodegas de Oporto, en una recóndita casa rural con vistas al Duero. No sé si las familias Kubo Agirrezabala, Militão Insausti y Paixão de Oliveira Arregi, existirán. El amor, aunque siempre acaba triunfando, a veces tiene atajos, trampas y recovecos que nunca te esperas. Seguro que Florentino lo entenderá…

Mientras espero su llamada sigo reflexionando sobre la limonada de Los Cinco y el riquísimo Quinta do Castro que me estoy bebiendo. Lástima que aquí, en estas laderas del Duero, no haya cobertura.