La Galerna

Florentino, David Beckham y Victoria: La gran belleza del Madrid

Estamos todo el día hablando del Real Madrid. Todo el mundo habla del Real Madrid. El mundo se divide en dos mitades: la de los madridistas y la de los no madridistas. Esto ya lo dijo Aute con los taurinos y los no taurinos. Se habla del Madrid todo el tiempo y buena parte de ese tiempo se utiliza para mentir e inventar. Algo tiene que ver en esto la misteriosa política de comunicación del club.

Al final, todos los ávidos del Real Madrid, para bien y para mal, se ven abocados de una u otra forma a mentir o a inventar. Todo el mundo habla del Real Madrid y tantas veces parece que sólo se habla mal. El Madrid, tan silencioso y tan blanco, es como una pared blanca y limpia para ensuciar. Es como ese lienzo blanco enorme que los ricos decadentes romanos de La Gran Belleza contemplan, antes de que una niña prodigio lo pinte entre golpes y gritos de estremecedora desesperación.

Yo hoy he visto todo ese ruido cesar. Todos los que hablamos del Madrid casi nunca sabemos nada porque casi nunca vemos nada. Nada que valga la pena. Nada que nos cerciore nuestras subjetivas opiniones. Más allá del juego, nos bastan los detalles y nuestra creatividad, positiva y negativa, para fabricar nuestro mundo madridista. Cogemos los rumores y los moldeamos a nuestro gusto.

Supongo que habrán visto el abrazo entre Florentino Pérez (y José Ángel Sánchez y señora) y David Beckham y Victoria en la boda de Sergio Ramos. Son unas imágenes furtivas. Esas imágenes que nunca vemos. La esencia misma del Real Madrid, el gran lienzo blanco de La Gran Belleza impoluto, a salvo de que nadie pueda ensuciarlo. Florentino Pérez camina alrededor de la Catedral de Sevilla. Sonríe y abre y levanta los brazos y de pronto aparece David Beckham con su sonrisa encantadora de hombre bueno.

Se abrazan. David se agacha un poco. Florentino lo abraza fuerte, como poniéndose de puntillas, y David lo acaricia en la espalda. Pasan unos segundos abrazados. David mueve la mano de amor sobre la espalda de Florentino sin dejar de sonreír. Lo mejor es cuando Florentino y Victoria se saludan. Ambos se cogen de las manos y permanecen así, contemplándose como en un pasaje de Guerra y Paz, Natasha y Pierre durante unos momentos de deliciosa sintonía.

Esa no es la Victoria que creemos conocer, igual que ese no es el Florentino que creemos conocer. Eso es el Real Madrid, querido lector. Ese es el instante precioso en el que germina la leyenda. Todo esto es una estampa delicada y espléndida como cuando Jeb Gambardella empieza a recorrer la exposición de un hombre que se ha hecho una foto todos los días de su vida. Toda una vida al detalle decorando las paredes de un patio de Villa Giulia. El bello paso del tiempo que hace emocionar al mundano Jeb como a los mundanos madridistas que pueden ver, de repente, toda la esquiva y verdadera y hermosa imagen del Madrid.

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