La Galerna

Algo pasa con Lautaro

Hoy vengo casi a presentar a un nuevo miembro de la familia cataculé de La Galerna. Su nombre es Miguel Rico, adjunto al director de Mundo Deportivo, que llega con honores esplendorosos. Aquí no hacemos a cualquiera de la familia. Tiene que haber razones elevadas. Si yo les digo los nombres de Nolla, Mascaró o Folch (ánimo, Ernest) se sonreirán sapientísimos como si les hablara de las madres del cordero. Pues bien, Miguel Rico llega para subirse directamente al triunvirato y ponerlo patas arriba, superando incluso apoteosis (a posteriori, o sea clásicas) como la del inmortal Óscar Zárate y su Peluka Modric. Aquello podría ser comparable al impacto que causó Bret Easton Ellis con American Psycho en los ochenta (tan lejano y casi superado nos parece ya ese best seller), pero lo de Miguel Rico trasciende las generaciones y los estilos para ponerse a la altura de la estratosfera requetecataculé, donde habitaría, en el ámbito literario, o metaliterario, por ejemplo, el ininteligible e indescifrable Finnegans Wake, de James Joyce.

El artículo publicado ayer en Mundo Deportivo, titulado “Lautaro se hará a finales de julio”, alcanza la cumbre del metaperiodismo. No es que se viera venir, como el milenarismo, pero la prensa barcelonista venía recorriendo desde hace tiempo un camino similar al de la estela de un cometa que puede, por fin, haber alcanzado la Tierra sin más daños que la impresión que se nos queda al no haber entendido absolutamente nada, entre otras cosas. Vayamos desde el principio. “Lautaro se hará...”, ¿pero cómo que “Lautaro se hará...”. Yo le tengo un cariño inmenso al argentino solamente por la que le ha caído. Tantas veces le han metido, y le siguen metiendo, a la fuerza en las portadas y en los sueños de tan sacrificados y obedientes lectores, que ha acabado convertido en una cosa en lugar de en un jugador de fútbol. Lautaro es una cosa, un mueble, y no un futbolista porque Lautaro se hará, independientemente de qué se hará. ¿Qué se hará? No sé. Quizá el hara kiri, harto de vivir en las ensoñaciones de estos pelmazos, dicho con todo respeto.

Pero sigamos. Si el titular nos lleva a la alarma, o al dadaísmo, el subtítulo nos transporta a un planeta llamado “A mí, plin”, donde a sus habitantes les importa un pito todo, incluidas las cláusulas de rescisión de los contratos y cualquier mínimo principio de una negociación entre seres racionales. Ellos quieren, el Barsa, y si ellos quieren ha de dárseles sin más. Todo lo que ellos quieren es el destino ineludible, cuyos secretos se esfuerzan en explicárselos al resto del mundo sin descanso. Me suena de algo esta manera de hacer las cosas. Antes lo llamaban seny, ahora debe de ser algo parecido, un poco más largo, a “pels meus collons”. “La cláusula de 111 millones expira la primera quincena de julio y el Barsa, con el ‘sí’ del crack, ni se inmuta por el aviso del DT del Inter”. Aparte del tono, que siempre es como el de los malos de las películas en las que se sabe que van a acabar comiéndose sus palabras con doble o triple ración, vienen (viene Miguel) a decir que lo único que importa es lo que quiera decir el pobre Lautaro, si vamos a suponer que el pobre Lautaro, que no ha dicha nada aún, que se sepa, quiere decir eso.

En “A mí, plin” se da la particularidad de que sucede todo lo que uno quiere que suceda, lo cual podría dar la imagen de que es un mundo feliz si no se tuviera en cuenta a las otras partes, a las que el subtítulo de nuestro Miguel, en este caso el Inter de Milán, sugiere desvalijar sin miramientos tras cometer la tremenda desfachatez de no avenirse a las miserables ofertas hechas por el Barcelona para adquirir al joven argentino, a quien Dios guarde de los atorrantes, que desde luego no son aquellos que no sólo “no se inmutan” ante la remisión del Inter a la cláusula, sino que tampoco son aquellos que ponen al Barsa en una “situación ventajosa” en todo este asunto.

No pueden ser atorrantes individuos capaces de llevar al Barsa a una situación ventajosa en esta circunstancia frenética, que no sabemos muy bien cuál es, de momento, por “sencilla” que parezca. Dice nuestro admirado Miguel Rico que Pier Ausilio (el DT del Inter) está pidiendo auxilio (su teoría viene del nombre, es una teoría etimológica) a sus compradores (“resulta hasta razonable deducirlo”, ¡RESULTA HASTA RAZONABLE DEDUCIRLO...! o la confesión abrupta y prodigiosa de que nada de los que escribe Miguel, un genio superior, es razonable) para que paguen la claúsula antes de que caduque. Y además no pasa nada, dice, si llega mañana alguien con los 111 millones antes del plazo porque Lautaro (¡ay, Lautaro!), no lo aceptará, por lo que “sólo saldrá de Milán para venir a Barcelona”. Es tan fantástico y perfecto todo que tengo ganas de llorar. Miguel no estaba escribiendo un artículo sino pintando unos frescos, en cuyos intervalos descansaba para contemplar su obra, satisfecho, añadiendo inspiradas y sobrevenidas pinceladas en el trance inacabable que continúa con la pregunta: “Qué hará (kiri) el Inter, con ineludible rebaja de precio por las circunstancias del mercado, y A usilio con sus declaraciones?.” (¿Hay un punto después de la interrogación? Sí, hay un punto después de la interrogación, además de que nos suena regular esta última frase, como a Mozart la tonadilla de bienvenida de Salieri, aunque no tenemos tiempo, ni fuerzas, para corregirlo todo).

Pues dice Miguel que, “de perdidos el río” (obsérvese la calidad de los apoyos periodísticos: “De perdidos al río”, expresión ampliamente utilizada, como todos saben, en Finnegans Wake), lo que harán los italianos es intentar “sacar lo máximo posible en dinero y al menos un futbolista”. Aquí ya puede apreciarse cuál es la situación ventajosa. La desesperación ha cambiado de lado. Qué deslumbrante trilerismo cuasi lírico que se retroalimenta en una última y definitiva pregunta retórica cuya respuesta, sin embargo, podría ser la tercera parte de Alicia: Alicia (o Lautaro) en el Mundo Deportivo: “¿Y eso cómo se hace para que parezca que Lautaro termina saliendo por 111 millones?. (otro punto después de interrogación) Fácil también, valorando por encima del precio de mercado al jugador del Barça que el Inter quiere llevar a Milán. Con ese recargo y con dinero (unos 70 millones) el traspaso podrá cerrase después del 15 de julio. Tiempo al tiempo. Si es así, el Barça se reforzará bien y mejorará sus cuentas.

¿Lo han entendido? Nosotros no. Nada. El final es de una intriga apabullante. Es casi un mensaje cifrado. Como dice una de mis frases cinematográficas favoritas, es para preguntarse, como se pregunta el padre de Mary, la de Algo pasa con Mary: “¿Qué hacen los platillos encima de la flauta?”, al ver la bragueta del infortunado Ben Stiller, que aquí me recuerda al infortunado Lautaro. Pero nosotros no contamos porque no tenemos la fe culé y por ello no podemos asumir el dogma. No sabemos qué ha querido decir Miguel, Miguel Rico (salvo que aspiran a Lautaro por la cara, en la dificultad creciente de explicar con un mínimo de verosimilitud sus disparados desvaríos), pero ha de saber que lo apreciamos por esta maravilla inolvidable que lo une a nuestra familia para siempre.

¿Se imaginan que el destino (y no es que lo pretendamos, ni mucho menos) trajera en un giro verídico y delirante a Lautaro al Madrid? Sólo este podría ser el verdadero final glorioso para esta pequeña epopeya ágrafa y formidable, pura y viva esencia cataculé, de Miguel Rico y Mundo Deportivo.

 

Salir de la versión móvil