La Galerna

Felicidad

Estoy feliz, dijo ZZ al término del encuentro, demostrando que no solo ha entendido cómo transformar en acto lo que el Real es en potencia sino el gran secreto del español, que es contener la diferencia entre ser y estar. Los franceses suelen hacerse un lío, diciendo unas veces soy contento y otras estoy marsellés; pero el míster madridista no da puntada sin hilo, y respondió a los pésimos presagios con otra alineación genial, que compensó la pérdida del eje Ramos-Benzema encomendando a Kroos y Modric la no tan difícil tarea para ellos de demostrar una vez más su condición de medios insuperables, los mejores con Xavi e Iniesta.

Merece no olvidarse que el primer gol, fruto de una asistencia medida al milímetro de Odegaard a Nacho y terminada en penalti, tuvo como prólogo un rondo con docenas de pases animados por Hazard cambiándose de banda hasta dos veces entretanto, en una demostración del daño que hace la simple diligencia cuando los pases son tan precisos como anoche. Si no ando errado, Kroos hizo 122 desplazamientos buenos —algunos de extrema dificultad— por 2 equivocados, y Modric quizá otros tantos regates y controles orientados, que sencillamente privaron de la pelota al Inter, forzándole a correr y correr mientras Lucas Vázquez estrellaba un balón en la cepa del poste, y Mendy no culminaba otra gran ocasión por centrar demasiado fuerte.

Que Vidal terminara expulsado a los diez minutos no fue quizá tanto el resultado de su temple como del estupor que le produjo topar con Odegaard en vez de Casemiro, y no haber logrado tocarla hasta el supuesto penalti. Excelente Carvajal, que ajusta siempre la zaga, cubre una vasta zona de campo y percute como una daga si media el más mínimo pretexto, y sobresaliente Vázquez, que pudo marcar un par de veces y dio el segundo tanto. Courtois no fue exigido hasta bien entrado el segundo tiempo, y Nacho formó con Varane una pareja infranqueable, dispuesta a recordar las incursiones atacantes de Ramos, que ya a los cinco minutos forzaba una pena máxima a través del primero.

Como el ave Fénix, hecha a resurgir de sus cenizas, noches como la de ayer sugieren que el elemento diferencial del Madrid pudiera ser una capacidad de enmienda sin paralelo, pues venirse abajo está al alcance de todos, pero regenerarse es don de muy pocos. Qué equipazo, y qué entrenador.

 

Fotografías Getty Images. 

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