La Galerna

Elogio de Piqué

Piqué, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pi-qué; los labios se juntan como para dar un beso y la lengua se separa del cielo del paladar con un chasquido.

 

Pi. Tres, catorce, dieciséis.

 

Qué. ¿Qué de qué?

 

Era Waka-Waka, sencillamente Waka-Waka, por la mañana, un metro noventa y cuatro de estatura con pies descalzos. Era Piquetón en la ducha. Era Gerard en La Masía. Pero delante de un micrófono siempre será Gerry; o Jerry, como Lewis. El rey de la comedia.

 

Todos los niños crecen, excepto uno, que es Piqué. Él seguirá denunciando favores arbitrales al Madrid y chanchullos en el palco del Bernabéu mientras los niños sean alegres, inocentes y el Madrid siga ganando Copas de Europa. Así es Piqué. ¿No es para comérselo?

 

¿Qué es poesía?, dices mientras Suárez clava su dentadura en el hombro de un defensor. ¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas, Piqué? Poesía es lo del París St. Germain.

 

¡Ay!, podría escribir los versos más tristes esta noche, pero se acaba marzo y lo que tengo que escribir es mi entrega mensual de La Galerna. A la vuelta de la esquina aguarda el mes más cruel, que yo espero que lo sea para Piqué. El día 23 jugamos contra su Barça. Antes tocan los cuartos de la Champions contra el Bayern. Y dentro de nada recibimos al Atleti. Confío en que mi próximo artículo recoja un ramillete de victorias, que todos nuestros contrincantes se pregunten con el colchonero Sabina quién les ha robado el mes de abril, cómo pudo sucederles a ellos. Piqué señalará seguro a un culpable de ese robo, y no será Aytekin.

 

Piqué es una bendición. Yo le doy las gracias a Dios todos los días por haber creado a Piqué. Porque ¿se imaginan un mundo sin Piqué? Si Piqué no existiera habría que inventarlo. Dios creó primero al hombre y luego, para que no estuviera solo, a la mujer. Inmediatamente después creó a Piqué, para solaz de ambos. En un universo alternativo en el que Piqué no hubiera nacido, Shakira y yo seríamos mucho más infelices. Ustedes también, háganme caso. La Tierra seguiría orbitando, vale. El sol saldría por el este y se pondría por el oeste, de acuerdo. Pero los días pasarían sin pena ni gloria, uno tras otro, protocolariamente. La vida sin Piqué sería muy aburrida.

 

Y, sobre todo, si no fuera por Piqué, ¿de qué puñetas iba yo a hablar durante el parón de selecciones? ¿Con qué otra excusa podría cumplir con mi compromiso en esta tribuna madridista mal juntando cuatro citas, sin decir absolutamente nada que ya no sepan?

 

Pues eso, que el domingo, el Alavés.

 

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