La Galerna

El saloncito Benzema

Seguro que han visto por ahí ese diseño (cortesía de Dani Bordas) del terreno de juego del Wanda Metropolitano. No se crean que esa nueva pequeña área que figura en la línea de fondo es una parte más del campo. En ese rectángulo de yerba ya no se podrá jugar en los partidos del Aleti porque allí en realidad van a construir un saloncito al que por supuesto van a poner de nombre "Benzema".

El saloncito "Benzema" va a ser como aquel otro saloncito que habilitaba la Calamity Jane de Lucky Luke en un rincón de su Saloon. Alrededor todo seguirá siendo ruido, humo y escupideras, pero en el saloncito "Benzema" uno podrá sentarse en su sillón de cuero o a la mesa con manteles de algodón egipcio a fumar o no, o a comer galletitas o emparedados o a beber un Old Fashioned o tomar té o incluso absenta en amena conversación con Charles Swann u Odette de Crécy.

Cierra "Embassy" pero abre "Benzema", un local minúsculo donde caben tres defensas y un trilero de primera clase. A partir de ahí imaginen la clientela. ¿Quién podría pensar en la existencia de un rincón proustiano en medio de un lugar tan indelicado? Sólo el Real Madrid podía conseguirlo, y es que uno entra al saloncito "Benzema" por el lado de la banda y sale por el lateral de la portería completamente transformado.

El saloncito "Benzema" es un túnel del tiempo. Cuentan que Godín, al salir de él (de su espacio) por primera vez, tardó un buen rato en dejar de repetir frases ininteligibles como aquella que decía que el doctor Cottard tenía más diagnóstico que Potain. No en vano Madame Verdurin siempre tuvo fama de insistente. Pero eso sólo sucedió aquella primera vez, eso y que el Cholo aún está dándoles palmaditas en el dorso de la mano a Giménez y a Savic, como si ya no pudieran creer en otra cosa que no fuera aquel espectro que sintieron que les atravesaba antes de que Isco, finalmente, les despertara aquella noche.

Ya saben que esa área añadida en el dibujo del nuevo campo Metropolitano es el área del saloncito "Benzema", donde dentro de muchos años nadie recordará el por qué de su nombre, superado ese dato por el clasicismo del ambiente único en medio del bullicio, justo a un paso de los tifos soeces. Entonces ya nadie sabrá, quizá sólo algunos viejos como nosotros, que aquel saloncito decimonónico lo puso en pie el destello fugaz que nunca antes ni después vieron a la orilla del Manzanares.

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