La Galerna

El hipnotizador

La actuación del hipnotizador estaba próxima a concluir.

- Para finalizar, necesito la colaboración de otro forzoso voluntario. Ya hemos tenido en el escenario a un par de damas y ahora estaría bien un caballero. Por ejemplo usted. Sí, sí, usted. Suba por favor. Un aplauso para el caballero -aplausos del público.- ¿Cual es su nombre?

- Seguidor Blanco.

- Encantado de conocerle, señor Blanco. Se le ve a usted un tipo joven, fuerte, seguro de sí mismo. Parece que la vida le sonríe.

- Sí, no puedo quejarme.

- Estupendo. Aunque ahora, si me lo permite, en cuanto yo cuente hasta tres y le dé un golpecito con los dedos en la frente, quedará usted de pie, pero profundamente dormido. Un, dos, tres... ¡tap!

- ¿...?

- Muy bien. Ahora abra los ojos. ¿Qué tal se encuentra?

- Bien, creo...

- Magnífico. A continuación voy a preguntarle la hora y usted me responderá. Pero lo hará en el idioma de los gallos, ¿entendido? ¿Me puede decir qué hora es, señor Blanco?

- ¡Kiii ki ri kiiiiiii...!

(Risas del público).

- ¡Vaya! No he comprendido nada... Será mejor que vuelva a hablar en su propia lengua. ¿Se siente bien?

- Sí.

- Excelente. En efecto, parece usted una persona a la que la vida no le trata nada mal. Yo diría que es incluso muy feliz. ¿Cuál será la razón? ¡Espere..! ¡Déjeme adivinarlo, que para eso me pagan...!

(Guiño a la sala y risas del público).

- Puedo ver a través de la tela de su chaqueta que guarda en el bolsillo algo de gran valor. Yo diría que se trata de puntos, ¿no es así?

- Así es. Puntos de Liga - respondió Seguidor Blanco sacando y mostrando un buen puñado de ellos.

- ¡Vaya! Es una cantidad considerable para llevarla encima. ¿Le parecería mal que yo metiese la mano en el bolsillo de su chaqueta y me apropiase de quince o dieciséis de esos puntos...?

- Sí. Son míos.

- Lógica respuesta. Creo que he ido a escoger de entre el público a un hueso duro que no me va a permitir sisarle fácilmente...

(Guiño a la sala y risas).

-Pero ahora -prosiguió el mago- eso es justamente lo que voy a hacer, mirándole a los ojos y delante de todos los espectadores. Ya está. Me los meto en mi propio bolsillo y cuando cuente hasta tres y le dé un golpecito en la frente, usted se despertará y no recordará nada de todo esto. Un, dos, tres... ¡tap!

- ¿...?

- ¿Se encuentra bien, señor Blanco?

- Sí, creo que sí...

- Yo también lo creo. Rezuma usted felicidad y bienestar por los poros. Y en buena parte será debido a todos esos puntos de Liga que lleva usted encima, ¿verdad...?

- Sí, tengo bastantes y... ¡Eh..! ¡Mis puntos! ¡Me faltan puntos..!

- ¿No me diga..? ¿Cuántos le faltan?

(Guiño al público y risas).

- No lo sé... déjeme contar... ¡quince o dieciséis...!

- ¿Pero cómo ha podido perder tantos puntos? ¡Es usted un despistado...!

(Risas del público).

- ¡Un atolondrado...!

(Más risas).

- ¡Un imprudente! ¡Un tarambana!

(Carcajadas).

- Yo... no sé... alguien me los habrá quitado...

- ¡Y encima le echa la culpa a alguien...!

(Carcajadas con pataleos y fluir de orines).

- ¡Tenga más cuidado para otra vez, señor Blanco, que cuesta mucho conseguir puntos como para perderlos tan alegremente...! ¡Y esto ha sido todo por hoy, señoras y señores! ¡Espero que hayan disfrutado del espectáculo! ¡Hasta siempre...!

El mago se iba retirando lentamente, correspondiendo con reverencias y besos a los aplausos de un público puesto en pie, mientras Seguidor Blanco se retiraba aturdido y cariacontecido del escenario...

El hipnotizador ya estaba a punto de hacer mutis por un lateral cuando una espectadora de la primera fila se dirigió a él de manera insistente. Tuvo que acercarse al borde del entarimado y agacharse para poder escuchar entre el bullicio lo que le decía aquella mujer.

- ¿Es que no piensa despertarle y devolverle los puntos a ese tal señor Blanco...?

El hipnotista estaba a escasos centímetros del rostro de aquella dama. Levantó la mano a la altura de su frente y pronunció el conjuro:

- Un, dos, tres... ¡tap!

- ¿...?

- ¿Qué me decía del señor Blanco, señora..?

- ¿De quién..? ¡Ah! De ese mequetrefe... Pues nada... Que es un insensato por llevar los puntos en un simple bolsillo de la chaqueta... ¡Con lo fácil que es perderlos ahí...!

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