La Galerna

El artículo más oficialista que el artículo más oficialista del mundo

Cuando yo era pequeño las cadenas de televisión eran dos y los turrones tres. Si no te gustaba lo que echaban en la Primera, te levantabas (el mando a distancia no existía) y ponías la Segunda, que en aquella época se llamaba UHF, un nombre cósmico, espacial, muy adelantado a su tiempo, algo así como el Condensador de Fluzo de nuestra infancia.

Era todo muy sencillo: podías elegir entre la Primera, la Segunda, o apagar la tele y largarte a la calle a jugar.

Con los turrones pasaba algo parecido. Había el duro (el de Alicante), muy del gusto de mi padre, el blando, (el de Jijona) muy del gusto de mi madre, y el de Tutti frutti, que no era del gusto de nadie, pero que aportaba un toque exótico, como si fuese el mismísimo Marco Polo el que lo pusiera en tu mesa.

La felicidad consistía en la sencillez: un disco era un milagro que cuidabas y escuchabas cientos de veces, un pantalón de marca era un esfuerzo económico que agradecías a tus padres, un turrón era un manjar y el “Un Dos Tres” era un acontecimiento familiar que reunía los viernes a toda la familia frente a la televisión.

Con el Madridismo, o al menos con el Madridismo de mi padre, que es el que más conozco, pasaba algo parecido. Mi padre siempre mantenía la ilusión hasta en la desilusión, posiblemente porque era (y es) un hombre sencillo. Ser un hombre sencillo es, paradójicamente, muy complicado. Le gustaba el turrón duro, pero si se acababa no le hacía ascos al blando. La vida y el Madridismo eran así, una mezcla de ilusión, sencillez y adaptarse a las circunstancias.

Hace poco más o menos un mes, cuando el mercado de fichajes hervía de nerviosismo, Jesús Bengoechea escribió “El artículo más oficialista de la historia”. A mí, en cuanto lo vi, me llevaron los demonios. Vale que el sea el editor, el que lleva los náuticos, pero el oficialista oficial, el único que se va de boda con el Presidente, soy yo.

Tengo la suerte de que nací oficialista, como en el chiste.

Asomé la cabeza, me vio la comadrona y le dijo a mi madre:

-Felicidades, ha tenido usted un oficialista.

Y aquí sigo, doblando la apuesta, escribiendo “El artículo más oficialista que el artículo más oficialista del mundo”, desde la ilusión y la sencillez. Soy tan sencillo que digo sin ningún reparo, sin peros, que Zidane es el mejor entrenador y Florentino el mejor Presidente para el Real Madrid.

En estos dos últimos años, desde que se ganó la Decimotercera Copa de Europa, la tercera consecutiva, desde que se viene pidiendo insistentemente la renovación de la plantilla, el Madrid ha invertido 475 MILLONES DE EUROS en más de una docena de jugadores de presente y, asómbrense, futuro, UN EQUIPO COMPLETO.

Este verano se han gastado en fichajes 307 MILLONES, una de las cifras más alta invertidas en toda la historia del fútbol. Y es sorprendente que sea precisamente el año en el que muchos afirmaban que el Club no podía fichar porque estaba destinando el dinero para levantar “una lata de sardinas galáctica”.

No es que no se haya renovado la plantilla, es que Mendy, Courtois, Militao, Rodrygo, Jovic, Brahim, Odriozola, Vinicius y Hazard, son como el turrón de Tutti Frutti, un adorno para la mesa. Acaba de empezar la temporada y muchos ya piden la dimisión de Zidane y de Florentino porque el Madrid ya no les ilusiona. Gastarse 475 millones en dos años no ilusiona lo suficiente, hay que llegar a los 700, confundiendo el Nuevo Bernabéu con el Banco de España.

El Madridismo de este nuevo siglo, al menos una ruidosa parte, creo que necesita volver a las dos cadenas y a los tres turrones para ser feliz. Y no, no se trata de un tema generacional, se trata, al menos así lo creo, de un problema de hartazgo, de saciedad, de que ya no les gusta ningún turrón.

Tengo mil razones para ilusionarme igual que muchos de los que me leen tienen mil razones para pensar que Zidane no se comerá el turrón. Lo siento por ellos, se pasan tantas horas diciendo que no se puede vivir del pasado que se olvidan de vivir el presente.

A estas alturas de mi vida solo aspiro a ilusionarme, leer a Machado en primavera: “Desdeño las romanzas de los hombres huecos y el coro de los grillos que cantan a la luna”, y animar al Real Madrid.

Es mi destino.

Como reza la postal que lleva mi mujer en su agenda:

Si vas a tirar la toalla, que sea en la playa.

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