La Galerna

Hazard está perdido en el bosque

MADRID, SPAIN - SEPTEMBER 14: Eden Hazard of Real Madrid looks on during the La Liga match between Real Madrid CF and Levante UD at Estadio Santiago Bernabeu on September 14, 2019 in Madrid, Spain. (Photo by Denis Doyle/Getty Images)

Mientras veía el partido del sábado caí en la cuenta de lo de Hazard. Yo escribí un artículo aquí en el que bromeaba acerca de la campañita de los de siempre a propósito del sobrepeso con el que llegó a Madrid el belga. Traía a colación dos casos orondos como el de Suárez y el de Griezmann, quienes llegaron a Can Barsa con la cintura notablemente expandida a pesar del silencio al respecto de los de siempre.

Yo contaba con que Hazard, si bien su constitución dórica no permite exageradas finuras, arreglaría ese exceso como habría hecho siempre tras el verano, pero lo cierto es que Hazard, el Hazard que fichó el Madrid, aún no ha llegado. Y ahora yo no hago más que pensar en el peso. Estamos como esperándolo, yo el primero, con una paciencia positiva, relajada. Como si, sabiendo que Hazard va a llegar, no nos importara cuando.

Y la verdad es que va importando. Yo lo miraba con tal confianza que en realidad casi ni lo miraba hasta que el sábado me di cuenta, de repente, de que han transcurrido varios meses de competición y el Hazard que ganaba partidos como el del sábado no aparece. En su lugar está un Hazard voluntarioso, nada ligero y fluido como el londinense.

Es un Hazard seco, sin engrasar, y en toda esa rozadura yo ya empiezo a verlo gordo sin más. Y no quiero. Yo quiero seguir pensando que Hazard es esa columna dórica que parecía jugar esquiando por los campos de Inglaterra. Todos esperábamos esos eslálones limpios como los de Alberto Tomba. Esas bajadas artísticas, más artísticas todavía debido a la visión del cuerpo tosco, anchuroso.

Pero Hazard se traba y se cae. Lo intenta, encara, y hasta ahí. Y no nos importa porque pensamos que Hazard va a venir cualquier día de estos y se va a adentrar en el bosque, donde siempre se le ha perdido de vista, y de pronto va a aparecer al final de la arboleda, en el claro, enfilando al portero. Estamos esperando ese día que ya debería haber llegado. Y yo no me había dado cuenta.

Ahora ese sobrepeso, y con él la forma extraviada, me martiriza y se me acaba la paciencia. Yo a Hazard, desde el sábado, ya lo miro regular porque su desempeño hasta hoy no es bueno. Tampoco malo, pero puede que eso sea lo peor: una mediocre regularidad. Lo miro casi como si yo fuese un cazador y él fuera el mítico oso de Faulkner oculto igual que un símbolo antiguo de los grandes bosques.

Hazard venía para ser una referencia. El jugador franquicia por el desembolso realizado en su contratación, y está ahí escondido, quizá perdido, en esa selva metafórica, de la que no parece saber salir. Yo creo que Hazard va a llegar, pero ya no me voy a poder despistar más con él. Ya no estoy relajado. Voy tras él sin quererlo, casi amargamente. Alguien debería ir a buscarlo y enseñarle el camino del claro donde el peso, y casi todo lo demás, es lo de menos.

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