La Galerna

Déjalo, Asensio: no quieren hablar de fútbol

"Sabemos que el Betis juega bien al fútbol, y bueno… hemos empezado bien, pero luego ellos sí han apretado y han encontrado sus espacios. Ellos juegan bien. En el descanso lo hemos hablado, había que presionar más arriba, lo hemos corregido. Creo que ha salido bien el plan y que hemos mejorado mucho. Hemos hecho un buen partido".

Con esta normalidad, lógicamente sin profundizar pero abriéndonos una pequeña rendija a la charla técnica del descanso, Marco Asensio describió a grandes trazos y sobre el mismo césped del Villamarín lo que había pasado en el Betis-Real Madrid. Sus palabras destilaban ganas de hablar de fútbol, incluso de entrar en algún detalle en caso de encontrar interés al otro lado. No lo halló. De hecho, un rato después, ya duchado, atendía a los medios de comunicación en zona mixta y le preguntaban esto:

- No quiero poner agua en el aceite después de los últimos partidos, pero no sé si vuelves a sonreír porque la temporada no estaba siendo como la pasada…

- Estás teniendo muchos menos minutos que el año pasado…

- Todos hemos destacado tus minutos contra el PSG. Dijiste en Nicosia que no te asustan la responsabilidad ni la presión, y lo demostraste contra el PSG. Volviste a dar ese golpe encima de la mesa y te reivindicaste en el campo…

- Pese a que esta temporada has tenido menos minutos, eres el segundo máximo goleador del equipo, llevas 10 goles. ¿El míster te ha dado alguna explicación de por qué has podido tener algo menos de protagonismo estos meses?

- ¿Te ha perjudicado, iba a decir campaña, aquellos comentarios de compañeros y entrenadores que decían que a Asensio había que quitarle piedras de la mochila? La habías roto en Supercopa, remontas frente al Valencia, y parece que se quiere bajar ese efecto Asensio cuando estabas en un buen momento. Luego has jugado mucho menos, una media de 50 minutos en Liga y 35 en Champions… ¿Por qué?

- Se ha demostrado que la BBC ya no es indiscutible, y eso es una ventana abierta para los que venís por detrás, ¿no? Un día puede ser suplente Karim, como hoy. El otro día lo fue Bale… Cristiano es insustituible, pero… ¿eso es una carga menos para vosotros, sabéis que os podéis meter ahí?

Por supuesto, Asensio no dijo absolutamente nada de relevancia. Echó todos los balones fuera y se subió al autobús. Si tenía ganas de hablar de fútbol, se las extirparon de cuajo. Eran los periodistas que tenían el privilegio de conversar con él quienes no estaban en absoluto interesados en la fabulosa y trepidante batalla que Betis y Real Madrid habían librado durante hora y media contada por un testigo de excepción: el mejor jugador del partido. A Asensio podrían haberle preguntado si jugando con extremos, como ante la Real, la segunda parte con el PSG o el Betis, el Madrid es más profundo y por tanto más peligroso. O si se siente más cómodo atacando los espacios, como en estos encuentros, que buscando esos espacios en ataque organizado para terminar muchas veces centrando desde el pico del área. Si prefiere actuar de interior, de extremo o de delantero. Si llega al tramo final de la temporada como hace un año, convirtiendo en oro cada balón que toca. Seguro que usted, lector, tiene otras muchas inquietudes que le plantearía de buen grado a Asensio si lo tuviera delante, a un metro escaso. Pero en una buena comunicación, emisor y receptor deben estar en sintonía. Y el único que quería hablar de fútbol el pasado domingo por la noche era Asensio, no sus interlocutores. El receptor ni estaba por la labor ni, en muchos casos, sabe hacerlo. La superficialidad del debate táctico, cuando lo hay, es extrema. Esta pasada semana, alcanzó su máxima profundidad al discutirse si el Madrid juega mejor 433 o 442, deteniéndose muy pocos a analizar las exageradas diferencias ofensivas y defensivas entre un 442 en rombo y un 442 con extremos y doble pivote, que por ejemplo se vieron en el partido frente al PSG.

A Quique Setién, entrenador del Betis, le preguntaron antes de recibir al Madrid por Zidane, “al que todo el mundo tildaba como mal entrenador, como alineador”. Y Setién ilustró su percepción sobre el nivel del debate futbolístico en los medios con un obús a la escuadra: “¿A quién te refieres por todo el mundo? Yo creo que sois vosotros los que situáis a la gente. Zidane era igual entrenador cuando ganaba la Champions que cuando ha perdido estos partidos. Seguro que no ha cambiado su filosofía. Es más, seguro que se ha hecho mejor entrenador a medida que ha avanzado el tiempo. Vosotros sois los que necesitáis este tipo de cosas para que hablemos de fútbol y para entretener al personal. O entreteneros vosotros. Si yo hablara de cómo sois vosotros, cómo nos comportamos y el conocimiento que tenemos del fútbol y de todas estas cosas, también podría escribir un libro. Pero seguro que me matáis al final”.

La prensa deportiva en España, siempre con honrosas excepciones, no quiere hablar de fútbol. No parece rentarle. Exige una formación constante, una generosa inversión de tiempo y esfuerzo. Te exige leer multitud de artículos, libros de táctica, discutir con entrenadores, analizar algún partido rebobinando hacia delante y hacia detrás y congelando la imagen de vez en cuando para ver qué ha sucedido, cómo y por qué. Haber jugado a cierto nivel también ayuda. Informar sobre fútbol con propiedad requiere, en definitiva, observar el juego desde un ángulo más difícil de alcanzar. Perseguir la confrontación, el pico de tensión que mantenga bien alto el voltaje informativo, es más fácil, rápido y económico, y está al alcance de todos, aunque haya auténticos especialistas. Asensio, como tantos otros, fue utilizado en zona mixta como combustible para avivar de nuevo esas brasas agónicas del debate madridista. “Merezco más minutos” o “ya no sé qué más puedo hacer” habrían sido frases perfectas para enfrentarle a Zidane y cumplir la misión: obtener algo de leña para revitalizar esos rescoldos de un fuego que, en cuanto el Madrid enlaza dos victorias, pierde temperatura. El fútbol en general y las victorias del Real en particular son muy poco combustibles. Pero lo que hizo Asensio fue echar un cubo de agua a la hoguera. Que es exactamente lo que club, compañeros y afición esperan de él.

Quienes preguntan lo mismo a Asensio una y otra vez tras un partido, el del Betis y cualquier otro, actúan movidos por una voraz línea editorial. Es su jefe de turno (el periodismo contemporáneo, el periodismo deportivo español) quien quiere y exige drama en el titular, y no un rollo sobre fútbol que, equivocadamente, estima despreciable para el público. Y sin embargo, comete el pecado de vaciar el cargador disparando todas las balas al aire. Porque hay que conocer al personaje. A Asensio no le van a pillar, como no lo hicieron con Zidane en la rueda de prensa previa al PSG interrogándole 600 veces sobre quién iba a jugar y quién no cuando lleva dos años contestando: “Tú verás mañana”. De hecho, a pocos integrantes del Madrid, convenientemente blindados ante el hostigamiento externo, les van a coger en fuera de juego. En toda la temporada pasada se estuvo mareando a James, Isco y Morata, sin obtener más rédito que una pataleta de James desde Colombia (para mayor gloria, a periodistas locales) una rajadita de Isco y media de Morata. El resto, respuestas burócratas a cuestiones funcionarias que sólo dan pie, y esto es el colmo, para acusar a los jugadores de aburridos autómatas resabiados que nunca se mojan. Cientos de preguntas se van antes y después de cada partido del Madrid a la papelera cuando profesionales de la comunicación tienen delante a un grupo de deportistas que ya han entrado en la historia del fútbol, muchos de ellos con cosas interesantes que decir. Periodísticamente, es una negligencia imperdonable.

Esa impostora necesidad periodística de obtener un titular o fracasar desemboca paradójicamente en una cantidad menor de los mismos, pues los protagonistas ya no se ponen delante de una cámara o un micrófono con la ingenuidad de antaño. Me vais a perdonar que rescate una anécdota propia. En 2008, Flavio Briatore visitaba la sede de Mutua Madrileña en Madrid, patrocinadora del Renault de Fernando Alonso. Asistí, sin ser experto en F1, a la rueda de prensa para la sección de deportes en internet de un medio generalista como La Gaceta. No  buscaba un titular, sino una respuesta. Simplemente quería una respuesta. Llevaba mi intervención preparada. Briatore había dirigido tanto a Alonso como a Schumacher cuando tenían sólo 18 años y podía establecer una sugerente comparativa entre el talento temprano de ambos. Me parecía un asunto interesante, y por él pregunté. Entonces Flavio, además de regalarnos una detallada reflexión sobre sus dos campeones, nos brindó un magnífico encabezado: “Alonso, a la misma edad, cometía menos errores que Schumacher”. Al día siguiente, todos los medios de comunicación de España abrieron la noticia así. Teníamos nuestro titular.

Salir de la versión móvil