La Galerna

Carta abierta a Cristiano en su cumpleaños

Querido Cristiano:

Te han caído 35 y el madridismo te felicita. Ya no sabe uno si decir que eres lo mejor que han visto nuestros ojos supone un ejercicio de reafirmación o de redundancia. El caso es que eres lo mejor que han visto nuestros ojos, y que tu 35 cumpleaños es una magnífica ocasión para recordártelo.

Modestos como somos, no podemos regalarte nada porque tú ya lo tienes todo: una familia feliz, fama, fortuna y esa sonrisa de espadachín. Disfrutas además haciendo lo que mejor sabes hacer, a lo cual imprimes tu carácter inconfundible e invencible. Quiero pensar, con todo, que la simple felicitación de un ex (porque somos eso por raro que aún resulte, tus ex, un ex colectivo, intensamente multitudinario y poliédrico) suele hacer especial ilusión. El gossip produce grima pero también constituye una buena iconografía sentimental, y mira la cara inefable de Jennifer recibiendo la felicitación de Brad por su Globo de Oro. Hay una nobleza especial y una forma de amor inimitable en la relación entre dos ex que se llevan bien, ese cruce soterrado de consideración, afecto fraternal, lascivia retrospectiva, nostalgia, inmejorables deseos y morboso deseo que se insinúa en ese beso. Brad y Jeniffer se felicitan mutuamente y en esas miradas se quieren como hermanos y se desnudan como salvajes. También, en esas sonrisas que tienen un punto melancólico, se preguntan acaso si pudo hacerse algo para frenar el desencadenamiento del final, y hasta si no valdría la pena... No, no valdría la pena. Ambos lo saben y se lo dicen al otro sin decirlo, aunque lo desmienta el magnetismo que aún rezuman entre sí.

Dejaremos de ser tus ex cuando te retires, algo para lo que ojalá quede mucho. Ahí pasaremos otra vez a ser tuyos, y tú volverás a ser nuestro (no exclusivamente nuestro, pero casi). Mira otra vez a Jeniffer y Brad. Brad ya no está con Angelina y, como resultado, vuelve a ser un poco de Jeniffer. Buscaste tu camino y te respetamos, porque de hecho habríamos tenido que respetar casi cualquier cosa que viniera de ti. Te fuiste a la Juve y pasaste a ser de ellos. Fue duro pero lo aceptamos. Cuando llegue el final de tu vida deportiva, cuando caigas en tierra de nadie, serás de nuestra propiedad y nosotros de la tuya, de nuevo. No hablo de que te contrate el club para hacer lo que sea (eso a lo mejor también). Hablo de sentirte parte del madridismo y de que te sintamos parte nuestra. Para eso aún has de llegar al puerto donde debe morir algún día tu insaciable, loable voracidad. Esa tierra de nadie para ti será el Madrid.

Decía antes que eres lo mejor que han visto nuestros ojos. Así lo es para quienes no vimos jugar a D. Alfredo. Otros más viejos que yo podrán decir, con pleno conocimiento de causa, que lo mejor que vieron sus ojos fueron D. Alfredo y tú, habrán de incluirte en el pack. El que los más viejos puedan hablar de D. Alfredo y de Cristiano como dos caras de la misma grandeza tiene más valor que el que yo diga que eres lo mejor que han visto mis ojos. No sé si eso lo valoras. Tal vez no mucho, porque nunca o casi nunca te oí hablar de Di Stéfano, a pesar de que sé que os llevabais muy bien. Te faltaba perspectiva, probablemente. Algún día, en esa tierra de nadie de tu retiro, que será tierra blanca, mirarás atrás y verás que no estás solo en esa parcela. Que estáis los dos, codo con codo.

Te hablo de los más viejos pero luego están los más jóvenes (yo estoy un poco en medio, aunque me aproxime al grupo de los senectos a marcha desbocada). Los más jóvenes no han visto jugar a D. Alfredo, pero es que casi no han visto a los que estuvieron entre D. Alfredo y tú. Para ellos, de algún modo, el Madrid empieza contigo. Cuando te fuiste, casi se les acabó el Madrid. A ellos también les faltaba perspectiva. “No es eso, no es eso”, les decíamos los más viejos y yo, sabedores de que el propio Madrid es más grande que lo más grande que hayan visto nuestros ojos.

Tengo para mí que incluso ellos, los más jóvenes, empiezan a comprender que el Madrid no empezó ni terminó contigo. Lo pasamos muy mal sin ti el primer año, pero hemos empezado a caminar en tu vacío, aún con pasos torpes, como uno de tus bebés, pero avanzando, y todo ello aferrándonos a un nuevo paradigma que no ha buscado a nadie para sustituirte (porque bien sabemos que nadie podría hacerlo), sino que te ha reemplazado por un colectivo de veintitantos. Para suplirte hacen falta varias docenas de tíos y a veces ni por esas da, hazte cargo de tu grandeza. Pero empieza a irnos bien. Quizá empieza a irnos bien, precisamente, porque el presidente tuvo la visión de dejarte ir, porque vio que era el momento. La orfandad fue al principio terrible, eso quizá estaba calculado o tal vez no, pero damos ahora muy claras señales de estar saliendo del pozo. Mira en cambio al Barça, que está destinado a padecer los rigores del declive inevitable de Messi, que encima es el dueño del club, sin que ni siquiera esté por el camino, de momento, aprovechando la ventaja de contar con él mientras nosotros ya no te tenemos a ti.

No nos va mal, Cristiano, pero a ti tampoco, nada mal, y nos alegramos. Disfruta de lo que queda de este día, cumple muchos más y reza para que ese Madrid-Juve de Champions esté y no esté, al mismo tiempo, en la mente de Dios.

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