La Galerna

Crimen (im)perfecto

Cuando se comete un hecho delictuoso se me ocurre, así a bote pronto, dos maneras de ocultar el asunto. Una sería la comisión del delito perfecto. Un suponer: un atraco perfecto. La otra manera sería llamar al Sr Lobo para que nos dejase el lugar del crimen como una patena, o sea, borrado de pistas y a otra cosa mariposa.

El miércoles 8 de marzo de 2017 aconteció un atraco a la vista de todo el mundo. Pero de eso no les voy casi a hablar porque todos ustedes lo vieron. Les voy a contar lo que siguió a continuación. Era necesario limpiar, tapar, ocultar y disimular el mayor trinque de la historia del fútbol. A ello se puso el mayor aparato mediático/farandulero de la historia, en justa proporción a la dimensión del trinque aludido: el Sr Lobo (y no, precisamente, Harvey Keitel). Lejía por aquí, Azotal por allá, Vincent y Jules limpiando el interior del coche, mantas, edredones y el café de Jimmy que es cojonudo. Y manos a la obra señores que vamos contrarreloj:

Lo que se dice en Europa. En Europa no se habla de atraco, se habla de gesta. Y como en Europa no se habla de atraco, no hay atraco. Hay gesta. Pero el amoníaco no termina de ser efectivo. Y a algún cabroncete se le ocurre opinar que en Europa tampoco se habla de botijos manchados de sangre, de equipo franquista y subyugador de pueblos oprimidos, menos aún se habla de bolas calientes, de manos blancas que manipulan jueces o fiscales. Por no hablarse, no se habla del gol en fuera de juego de Ramos en la Undécima.  Ergo, nada de lo anterior, tampoco ha existido.

Hummm…peligroso argumento que puede ser escupido a la cara en cualquier tertulia o red social dejando al interlocutor con los pantalones a la altura de los tobillos. El Sr Lobo medita sobre el cómo y el cuándo argumentar sobre la idoneidad del silencio europeo. No está claro.

En las remontadas del Madrid también hubo trinque. Permítanme la primera persona. Yo he visto dos de las más grandes. Muy parecidas a la del Barcelona contra el PSG. Parecidas, por decir algo. Vi en directo un Real Madrid 6 Anderlecht 1. Recuerdo perfectamente los seis goles del Madrid. Ninguno fue de penalti simulado, indisimulado o por disimular. Tampoco hubo un trile de dimensión cósmica a los belgas como lo de Maschareno con Di María. De esta eliminatoria sí recuerdo, por el contrario, un penalti de chiste contra el Madrid, supuestamente cometido por Chendo, en la ida.

Otrosí, también recuerdo un Real Madrid 4 Borussia Monchengladbach 0. ¡Horror!, si la memoria no me falla, el Madrid se presentó con varias bajas (Hugo y Gordillo, al menos) por sanción, a consecuencia del hogareño arbitraje de ida. Siento, de veras, ratificarles que tampoco hubo penaltis inventados, desmayos, desplomes, goles de dudosa legalidad o cualesquiera otros fenómenos paranormales. Si los hubiera habido, como todos ustedes comprenderán, ya se hubieran encargado todos estos, que ahora no hablan de árbitros, de recordárnoslo. Guruceta lleva muerto ni se sabe cuántos años. Y de vez en cuando es resucitado por todos estos adalides del fúrbol honesto en el que solo hay errores de interpretación y que nunca hablan de árbitros.

“Como nos detenga la policía, nos pillarán” piensa el Sr Lobo. Bastará con ver y comparar las imágenes de estos partidos. La apariencia es importante. Recubramos los asientos con un edredón y a ver qué pasa. De miércoles a domingo no se habla de árbitros; después, ya se verá.

El árbitro no tuvo influencia en el resultado. La ristra de pistas del crimen cometido empieza a ser inadmisible. El Sr Lobo decide utilizar una bomba de Azotal: la opinión del Gurú, no de cualquier gurú, no, la del Gurú de los gurús. Y el Gurú, opina, urbi et orbi, que AyPillín no tuvo incidencia en el resultado. No es un argumento basado en datos sobre el que apoyar una idea. Es solo una opinión, eso sí, arropada, ipso facto, por todos ellos. Así tal cual y porque sí. Es un mantra al que se han subido y de ahí no hay quien los baje. Algo que va mucho más allá de un dogma de fe, porque uno está viendo una cosa y ellos te están diciendo que no te fíes de lo que ves. O sea, que debes creer a alguien que sentenció que Beckenbauer fue uno de los mayores jetas de la historia, antes que a ti mismo. Pequeño fallo en la táctica del Sr Lobo. Antes de creer a semejante individuo muchos cerebros están dispuestos a implosionar voluntariamente.

Segundo fallo del Sr Lobo. Es una opinión que se da de patadas contra los hechos y los números derivados de los mismos. Es un chiste. El hombre llega a casa y se encuentra a su mujer en pelota picada encamada con un extraño. “Cariño, no es lo que parece”. Pues sí, es lo que parece y parece lo que es. Sin embargo el alcachofismo culé (prácticamente todo) con el Gurú a la cabeza, nos vino a decir que “no fue lo que pareció”, yendo, incluso, en contra de su propia opinión. Y si no me creen, medítenmelo un momento: tomemos únicamente el penalti de ópera bufa que, ni siquiera ellos, en su infinita desvergüenza, son capaces de negar. La consecuencia fue un gol. Un dizque penalti que, al momento, a todos nos pareció lo que fue y fue lo que nos pareció: una burla Y llovía sobre mojado, pues ese mismo extraño delantero centro de colmillos afilados (e incisivos, molares y premolares) ya había hecho varios intentos.

A pesar de lo anterior, el Gurú dijo (y sigue diciendo) que fue un gol que no influyó en el resultado. Así, como lo oyen. Muy en la línea del “si quitamos los goles, gana el Bayern”. Muy en la línea del precio de Neymar Junior&Senior o de esas la líneas paralelas que sí puedan llegar a juntarse para demostrar que no hubo tal o cual fuera de juego. Así pues, ahí la llevan: una decisión arbitral que decide un resultado pero que, en realidad, no decide el resultado. Con dos cojones y la bailaora (con perdón).

Ríanse ustedes de los pitagóricos intentando cuadrar un círculo. Hubo un gol (como poquísimo) que no debió subir al marcador pero eso no influyó en el resultado final. Escucho atentamente el razonamiento y la mandíbula inferior se me descuelga. Medito profundamente en qué momento del enrevesado argumento me he perdido, pero me confieso incapaz de poder  desentrañar el enigma que se esconde detrás del axioma “seis goles no son cinco, aunque cinco sí son seis”. Tal vez, solo mentes privilegiadas, como la del Manolo Lama, la de Maldini, la de Palomar o la de esa señora mayor que hace las entrevistas en el partido del movistar, sean capaces de ver la solución a tan complejo enigma.

Hubo un gol que no debió subir al marcador, pero no influyó en el resultado

Y no crean que no he hecho grandes esfuerzos mentales para tratar de llegar a la esencia del razonamiento, pero llega un momento en el que me encuentro ante un gap espacio-temporal y, de repente, aparezco al otro lado de la galaxia sin saber exactamente qué he hecho para llegar hasta allí. Un lugar donde la realidad no es lo que parece y lo que a algunos individuos les parece se convierte en realidad. Un lugar en el que se defiende a un tramposo y sucio jugador, donde antes se defendía (o se postureaba) el fair play, los valores a transmitir a los niños, el juego limpio, Unicef, la humildat y el tiquitaca como prioridad absoluta e innegociable. “¡¡Los niñooossss, por favor…esos niños!!”...me parece estar escuchando, descompuesto, a Lobito Carrasco viendo alguna imagen de Pepe. Ahora, por el contrario, el trile del penalti se ha convertido en un maravilloso truco de magia  y todos ellos palmotean alegremente con las orejas la ocurrencia del desagradable jugador.

Mucha, mucha piedra ha de picar el Sr Lobo para que todo lo anterior adquiera cierto grado de credibilidad, coherencia y racionalidad. Pero todo es posible al otro de la galaxia.

El campo atrás. Aquí, a este lado del Mississippi, el Sr Lobo, inesperadamente, encontró aliados, afectados por un extraño síndrome de Estocolmo. Puede que con la intención de hacerse perdonar algo o con la tentación que suelen tener algunos por hacerse los originales y, tal vez, porque les parezca demasiado ordinario y gris hablar de un atraco. No lo sé. Vayan ustedes a saber qué se esconde en el espacio comprendido entre las dos orejas de alguien que se dice madridista y atribuye el tocomocho del miércoles al azar, a los caprichosos giros del destino o a la voluntad de los dioses.

Dentro de este pelotón de dizque madridistas bienquedas que se han agarrado a la teoría del error humano perfectamente comprensible, me ha llamado mucho la atención el argumento del “campo atrás”. Se trataría de poner en un plano de igualdad la victoria del Real Madrid de Baloncesto en la Copa del Rey con el tocomocho del miércoles negro en base, en ambos casos, a la existencia de un error arbitral. Se trataría de diluir el tocomocho en un mar de errores involuntarios.

Esta forma de razonar, tan peculiar, fue pillada al vuelo por el culeríonacionalismo y así, y siguiendo el mismo rasero del error humano, el pasado fin de semana, han procedido a igualar un córner mal señalado con el tocomocho más grande jamás visto. “¿Veis?, unas veces nos benefician y otras nos perjudican”, nos vinieron a decir tratándose de justificar en el excusatio non petita accussatio manifesta más grande jamás visto. Ni qué decir que el razonamiento “campo atrás” fue profusamente loado y publicitado por una gran parte del culerío militante, quién, a su vez, puso de ejemplo de madridismo sensato a varios de los integrantes del pelotón chiflado.

La simple aritmética chocó de nuevo contra el proceder del Sr Lobo. Mi cerebro madridista, al borde del colapso, era incapaz de comprender el razonamiento. El Madrid de básquet tuvo una última jugada para empatar el partido. El marcador era de 86-83. Salvo que la mayoría de los 83 puntos del Madrid hubieran sido regalados, cosa que, al juzgar por las crónicas, no ocurrió, más bien justo al contrario, ese debería haber sido el final del recorrido de la gilipollez del madridismo bienqueda. Pero no lo fue y la linde siguió.

Con su venia voy a hacer unas cuantas hipótesis y voy a echar unas pequeñas cuentas de maestro Ciruela. El PSG se presentó en el Nou Camp con cuatro goles de ventaja. En términos baloncestísticos, ¿a cuánto podría ascender eso en diferencia de puntos? Le daremos un valor de diez puntos a cada gol. Así pues, el PSG inició su partido de “básquet” con cuarenta puntos de ventaja. Una misión casi imposible. Al descanso, tan solo llevaba veinte. Y al inicio de la segunda parte se quedaron en diez. El PSG reaccionó y volvió a dejar la diferencia en treinta puntos. Tuvo una clarísima opción de haber elevado la diferencia hasta los cincuenta puntos. Insalvable. Pero el árbitro se la comió y nos presentamos en los últimos minutos con un cómodo colchón de treinta puntos de ventaja para el PSG. A pesar de esa cómoda ventaja, la diferencia entre los cincuenta puntos (muy posibles, si el penalti se hubiera pitado) y los treinta no era baladí. ¿Cuántos campos atrás, faltas antideportivas y tropelías varias debería haber pitado un árbitro de baloncesto para permitir que un equipo no se fuera hasta esos cincuenta puntos de ventaja y se quedase estancado en los treinta?, no lo sé… ¿20 campos atrás, 10 antideportivas…? Pues eso fue lo que hizo exactamente AyPillín al zamparse el penalti sobre Di Maria (de haber estado pitando un partido de baloncesto).

El PSG inició su partido de "básquet" con cuarenta puntos de ventaja

El partido iba hacía su final. La ventaja se redujo a veinte puntos. Mucha diferencia, todavía. Y entonces, AyPillín, decidió pitar en los últimos minutos 10 campos atrás, 5 antideportivas y un par de faltas en ataque al PSG. La ventaja quedó reducida a diez puntos. El resto ya lo saben.

Comparar cualquiera de las decisiones de AyPillín con lo del campo atrás es, exactamente eso, una soberana y enormérrima gilipollez. Para igualar la actuación de AyPillín con los errores de un partido de baloncesto se necesitarían no menos de 50 campos atrás, 25 antideportivas, 15 técnicas y unas 10 o 12 faltas personales en ataque. Pero oigan, allá cada cual con su bienquedismo. Eso sí, cuando el número de seguidores caigan a un nivel ridículo y las lecturas de los artículos se reduzcan a los amigos y poco más, menos lloros.

El Beodo Inglés, Locomía y Giñaki. Visto lo visto y que el panorama no se terminaba de esclarecer, el Sr Lobo decidió sacar a la infantería. Por los motivos que fuere, el caso es que la tarea de limpiar, fijar y dar esplendor a la heroica revolcada no estaba dando los resultados apetecidos. Éramos muchos, y creciendo, los que veíamos más sombras que luces en todo lo acontecido. Y después, las jodidas redes sociales…aaayyy las jodidas redes sociales que no hacían más que engordar el sentimiento de incredulidad y asombro. No cayó bien en las filas del culerionacionalismo nuestra resistencia a ser abducidos por la propaganda del Sr Lobo y algunos de ellos reaccionaron ipso facto. No daré nombres para que nadie se dé por aludido. Reseño tres artículos publicados en otros tantos medios escritos. Les he añadido unos seudónimos por mi cuenta y riesgo. Barrunto que habrá habido muchos más y en los medios dependientes del régimen, ni cuento. Estos tres que les reseño fueron los que llegaron a mi conocimiento a través de las referidas (y jodidas) redes sociales. No me pidan nada sobre su contenido, porque mi cerebro ahíto, no admitió nada más. Me fueron más que suficientes los títulos de los tres artículos de marras. Aquí se los traigo a modo de ejemplo en todos los sentidos. Ejemplo de la perturbación, de la infamia, de la ignominia, de la bilis y del intento de manipulación.

Estos tres seudónimos se lanzaron como hienas a su portátil y empezaron a aporrear furiosamente las teclas. Nos íbamos a enterar de lo que valía un peine. ¡Quién cojones nos creíamos que éramos para juzgar aquella maravilla! Fuimos atizados con piadosos comentarios del estilo de “miserables envidiosos” y similares. Uno acudió al original argumento de que “Ramos estaba en fuera de juego en la final de Milán”, así que a callar y a tragar. El tercero, famoso por endiñarle a Benzemá un “algo habrá hecho”, nos obsequió con un genérico “en el Paseo de la Castellana deberían taparse antes de hablar de favores arbitrales”, así, sin más. Extraño sujeto éste (también famoso por liarse a mamporrazos con otro compañero de profesión en un partido de futbol sala entre empresas), repartiendo justicia urbi et orbi.

Dos de estos tres seudónimos, dicen las malas lenguas, tienen afiliación rojiblanca. Pero yo, que los considero profesionales intachables, honestos y coherentes, estoy absolutamente convencido de que si el beneficiado por el AyPillín de turno hubiera sido el Madrid y exactamente en los mismos términos, hubieran respondido con la misma contundencia a la reacción airada del culeríonacionalismo (que, sobra decirlo, se nos hubiera echado encima con todo su armamento, portadas, Franco, Guruceta, Pepeplaza y blablablá). Recuerden, forman parte del mejor periodismo deportivo del mundo. La honestidad, integridad y profesionalidad de estos tres, tantas veces demostrada, es garantía más que suficiente. La ironía (o no) se la dejo a su buen juicio.

Mateu. Y Mateu les vino a ver. El Sr Lobo no lo desaprovechó. Todos los que andábamos con la mosca detrás de la oreja ya sabíamos que ocurriría. Ha sido Mateu, pero podría haber sido cualquier otro que se hubiera equivocado al señalar erróneamente un saque de banda en el minuto dos de la primera parte de cualquier partido. Han equiparado a Mateu con AyPillín en otro intento (¿fustrado?) de dilución y manipulación. No les cuento nada que no sepan ustedes. Tan solo les añado que si Mateu hubiera pitado en el Nou Camp, entre los ocho equipos del bombo del sorteo del vienes no habría ningún infiltrado. Y que si AyPillín hubiera pitado en el Santiago  Bernabéu, el Betis hubiera llegado a la jugada de Keylor con dos o tres goles en contra. Esa es la igualdad que nos vende el Sr Lobo. Uno se equivocó, el otro, no. Adivinen.

El PSG protesta a la UEFA. Algo del circo montado por este peculiar Sr Lobo, se ha venido abajo. El PSG parece haber tomado conciencia del trile que le han dado. “No nos chupemos las pollas todavía”, les dice el Sr Lobo a Vicent, Jules y Jimmy después del extraordinario trabajo de limpieza. El PSG ha reaccionado tarde, pero lo ha hecho y ahí quedará para siempre. Es parte de nuestro trabajo, como aficionados madridistas o como simples aficionados al fútbol, impedir que se chupen las pollas ahítos de satisfacción (ruego perdonen la grosería). Esto no se puede ni se debe olvidar. En nuestras manos está. Ustedes verán.

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