La Galerna

Jerarquías celestiales

Los blancos jugaron el último partido como los ángeles, y anoche como arcángeles, con la velocidad y precisión requerida para irse al descanso con cinco inmejorables ocasiones para ampliar su ventaja, una fallada por Benzema, tres por Rodrygo y otra por Lucas. Nada puede reprochárseles tampoco, pues el brasileño asistió en el primer gol, el francés asistió en el segundo —tras un formidable regate— y también en el tercero, obra del gallego. Ni Benzema ni Modric ni Kroos ni Ramos han jugado nunca mejor que estas últimas semanas, y quizá con eso esté dicho todo, dadas sus respectivas estaturas como futbolistas, capaces de pegarle un baño al Atlético hace unos días.

Anoche se sobrepusieron a perdonar tantísimo, y a recibir el antológico gol de Quique García, sin duda porque andan sobrados de clase y entusiasmo. Varane, por ejemplo, se ha agigantado por alto, y lo único que no entiendo es esperar 71 minutos para dar respiro a un Modric manifiestamente fundido desde finales del primer tiempo. Se diría imposible no verlo, ni compadecerse de un jugador que nos pone en pie con ocurrencias de genio, y por lo mismo merece no ser exprimido como un limón. Pero qué diablos le enseñaremos a Zidane, cuando privado de Hazard y Jovic hace medio año arma un equipo tan superior al resto, como el que estuvo a punto de endosarle nueve o diez tantos al meritorio Éibar, socorrido hacia el minuto 30 por el excepcional disparo de García.

Fue una pena que ni Ramos ni Asensio acertaran con la portería en sus lanzamientos a balón parado, aunque el primero enmendó algún error no forzado impidiendo que Bigas fusilase a Courtois, inmediatamente antes de que Lucas remediase sus defectillos previos enchufando el tercero, con impecable estilo por cierto. Tampoco fue la noche de Carvajal, y a Mendy volvió a faltarle temple en los centros, aunque a mi juicio es Asensio quien transmite señales de una pasividad inquietante, sobre todo en los balones divididos, pues en su caso llueve sobre mojado, tras aquel lance donde hacerse el muerto por una tortita terminó en gol del rival. Debe demostrar fibra, fuerza y hasta precisión, cuando esto último venía siendo su punto más fuerte, o le tocará chupar más banquillo.

Pero nada cambia que jugaran media hora como arcángeles, y las malas maneras exhibidas ante el Cádiz y el Alavés no hayan vuelto a repetirse. Benzema for president, viva su sombra.

 

Fotografías: Getty Images.

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