La Galerna

Bassem

- Amo a todos los jugadores del Real menos a uno. Por cierto, ¿necesitas un cargador para el móvil?

Cuando nos hemos encontrado me ha llamado por mi nombre de pila, como si fuéramos viejos conocidos a pesar de que hasta ese momento ninguno sabía de la existencia del otro. Mi teléfono me informa de que se llama Bassem, aunque yo no utilizo su nombre porque me produce cierto pudor aparentar confianza con alguien que acabo de conocer a través de una aplicación de móvil. Por su apariencia calculo que tendrá unos veinticinco años. Aún conserva la mirada luminosa y la curiosidad entusiasta de la juventud. Mientras habla mira repetidamente por el retrovisor para establecer contacto visual conmigo, se dirige a mí coloquialmente y sonríe todo el rato. Es evidente que tiene ganas de hablar. O más que ganas, una pulsión irresistible, una torrentera conversacional que se me viene encima en aluvión pero que no me incomoda. Me cae bien Bassem. Me gustan su juventud, su espontaneidad, la alegría con la que afronta su trabajo para ganarse la vida. Y su madridismo, claro.

Le he conocido hace cinco minutos, cuando ha venido a recogerme a la puerta de un edificio de oficinas que se levanta en las acicaladas colinas de Berkeley Heights, en Nueva Jersey, para llevarme al aeropuerto de Newark. Cuando ha abierto el maletero de su coche para meter mi maleta de mano he visto que guardaba en él decenas de botellas de agua iguales a la que se aloja en uno de los huecos de la puerta a mi derecha. Pequeños detalles -el agua, el cargador del móvil- que muestran que Bassem se preocupa por ofrecer un buen servicio a sus clientes. Sabe que su sustento depende de que le puntúen con cinco estrellas cuando los deja en su destino.

- A Newark, ¿verdad? – me pregunta.

- Eso es.

- ¿Vuelves a casa?

- Sí, a California. Por unos días.

- Ah, supongo que allá tendréis mejor tiempo. Menos mal que aquí también empieza a mejorar. No sé cuántos días llevas por aquí, pero el tiempo ha sido horrible al comienzo de la semana.

- En realidad llegué ayer por la noche. Uno de esos viajes relámpago de trabajo.

- Vaya, así que no has tenido oportunidad de ver Nueva York.

- No, esta vez no. Y bien que lo siento, siempre es un placer perderse por Manhattan.

- Desde luego. Disculpa, noto por tu acento que no eres de aquí. ¿Puedo preguntarte de dónde eres?

- Sí, claro, soy de España.

Observo por el retrovisor que los ojos de Bassem se iluminan.

- ¡De España! En agosto tengo previsto viajar a España, a Barcelona.

- ¿Y qué te lleva allí?

- Me caso y tengo un amigo que vive allí, así que vamos a visitarle en nuestro viaje de bodas.

- Vaya, enhorabuena. Te gustará Barcelona.

- Sí, mi amigo me habla muy bien de la ciudad. Además, espero poder ver algún partido de fútbol. Me encanta el fútbol.

- Pues ten cuidado con lo que dices -le advierto con una sonrisa-. Llevas un pasajero que es hincha del Real Madrid.

- ¡Yo también soy hincha del Real Madrid!- me replica al instante.

Escruto su perfil desde atrás, y me fijo en la expresión de su cara reflejada en el retrovisor. Esos ojos no mienten, como tampoco la forma enfática en que se ha declarado aficionado del Real Madrid. Así que decido que no está fingiendo para agradar a un cliente: Bassem es genuinamente del Madrid.

- ¡No me digas! ¿Y cómo llega alguien en Nueva Jersey a convertirse en hincha del Real Madrid?

- Yo soy de origen egipcio, y en Egipto el fútbol es casi una religión. La televisión ofrece los partidos de la Premier y de la española, y a mí siempre me ha gustado el fútbol español. El país se para literalmente en los clásicos - Bassem utiliza el término "clásicos" en español-. ¿Sabes que el clásico es el espectáculo deportivo de mayor audiencia en todo el mundo? Aunque yo intento ver todos los partidos del Real. Porque al final todo se reducía a elegir entre el Real Madrid y el Barcelona, y a mí siempre me gustó más el Real Madrid.

- Pues tengo que alabarte el gusto.

- Por cierto, tío, todavía estoy jodido por lo del último clásico. ¿Cómo es que Marcelo no hizo falta en la última jugada?

- Eso nos preguntamos todos. Es incomprensible. Yo lo habría matado en ese momento. Pero después lo perdonas, como perdonas a un hijo que te hace una trastada tremenda pero que también te da satisfacciones.

- El que me gusta mucho es Cristiano Ronaldo. Es un fuera de serie, y lo demostró cuando jugaba en el Manchester, lo demostró llevando a Portugal a ganar la Eurocopa y lo sigue demostrando cada día en el Real Madrid. Ronaldo triunfaría en cualquier equipo del mundo, lo que no se puede decir de Messi. Messi fuera de España y del Barcelona no sería ni la mitad de jugador.

- Que se lo pregunten a la selección argentina...

- Exactamente. Aunque a mí, el que más me gusta no es Ronaldo, sino Modric. Luka es un jugador maravilloso, es el que hace jugar al equipo.

- ¿Sabes que me estás cayendo muy bien, Bassem?

Bassem ríe con timidez, un poco avergonzado.

"Ronaldo triunfaría en cualquier equipo del mundo, lo que no se puede decir de Messi"

La conversación continúa y Bassem me inunda con preguntas. Quiere saberlo todo: el precio del fútbol en España, sobre todo en localidades a pie de campo, si es fácil visitar el Bernabéu, si alguna vez he asistido a un clásico (me dirige una mirada de admiración cuando le confieso que en un par de ocasiones, aunque hace ya muchos años de aquello), si en alguna oportunidad he visto fútbol fuera de España. Se queja de lo aburrido y frío que es el soccer en Estados Unidos y lo compara con la pasión que despierta en Egipto. A lomos de esa pasión por el fútbol, de Egipto saltamos a Brasil, y de Brasil al otro Ronaldo, al Gordo. Le cuento que asistí al partido homenaje que le ofreció la selección brasileña contra Rumanía en el viejo estadio de Pacaembú de Sao Paulo, y cómo el Gordo, que ya por entonces debía de pesar cerca de trescientas libras, estuvo a punto de marcar un gol, lo que habría extasiado al público, que le profesaba un cariño sin sombra. Le hablo de sus años en el Madrid, y cómo estando medio cojo todavía era imparable para cualquier defensa, y acabamos especulando sobre lo que podría haber sido Ronaldo de no haber sufrido aquella famosa lesión cuando jugaba para el Inter.

De repente, caigo en la cuenta de que al final estoy conversando con Bassem como si realmente fuéramos viejos conocidos, como si tuviéramos una historia en común, unas vivencias compartidas. Un conductor de Uber egipcio y un español hermanados en las carreteras de Nueva Jersey por su amor al Real Madrid. Tan simple y tan poderoso como eso. Porque ¿no es precisamente eso el Real Madrid: una historia en común, una sucesión interminable de alegrías y decepciones –muchas más de las primeras que de las segundas- que uno ha compartido y que sigue compartiendo con Bassem y con otros millones de madridistas en todo el mundo?

Los letreros de la carretera anuncian ya la proximidad del aeropuerto. Casi lamento que el trayecto llegue a su fin.

- Bueno, Bassem, enhorabuena de nuevo por tu próxima boda. Espero que lo pases muy bien en Barcelona y que tengas ocasión de ver en directo cómo el Barsa pierde algún partido.

- ¡Ojalá, eso espero!

Mientras me entrega mi maleta de mano, reparo en que he olvidado hacerle una pregunta.

- Oye, al final no me has dicho quién es ese jugador del Madrid que no te gusta.

- Benzema.

- No pasa nada, Bassem. Nadie es perfecto.

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