La Galerna

BALELAND

No sé si han visto ustedes ÁNIMA, el cortometraje-videoclip compuesto y protagonizado por Thom Yorke y dirigido por Paul Thomas Anderson. Yo lo vi ayer. Ahora sí se puede “ver” una poesía. Todo cambia de tal manera en este mundo que me cuesta seguir el paso a los tiempos. Ya me costaba cuando iba al ritmo de siempre, pero ahora se me escapa sin remedio.

A Thom Yorke le dejé de prestar atención cuando se fue yendo de Ok Computer, una delas culminaciones de mi adolescencia. Uno siempre quiere más de lo mismo, de lo mismo tan bueno. Recuerdo que una vez fui a Madrid Rock con un amigo a por el disco de Weezer, y mi amigo se compró el de Weezer y yo, animado por el recuerdo, me compré The Bends.

Después de aquello Thom se fue alejando. Yo me fui alejando de Thom del mismo modo que el madridismo se aleja de Gareth Bale. He visto ÁNIMA, gracias a un comentario en Twitter del Boss de esta casa, y no he dejado de ver a Bale en todo momento.

He visto más cosas. He visto otra cosa que me rondaba la cabeza en estos días, y era la idea de Baleland. ÁNIMA es como una representación visual y musical de Baleland. Un lugar en el que sólo cabe lo propio. Un lugar carente de convencionalismos, donde todo es nuevo y experimental.

Y he visto poesía. Es como si fuera Paul Thomas Anderson quien estuviera rodando el periplo, puede que final, de Gareth Bale en el Real Madrid. Nadie lo puede comprender. Nadie puede entrar en Baleland. Ni siquiera se sabe cómo llegar. Baleland es un asunto personal, nuevo, distinto.

Esta mañana hablaba con José María Faerna y él decía que lo de Bale es algo “monstruoso y fascinante a la vez”. Baleland es la patria donde no cabe lo ajeno. Es ÁNIMA. El afán de esa fiambrera perdida es el madridismo que aún confía en el viejo expreso de Cardiff. Y ese madridismo lo encuentra, pero siempre acaba confundido por sus formas.

Luchando por salir a la superficie, por escapar, de una sociedad mecánica que lo pasa por encima ignorando el detalle. Tú me preguntas y yo te respondo. No, él no responde. Tú esperas algo y desde Baleland no se siente obligado a darte nada. En Baleland todo tiene su propio ritmo imprevisible, ese ritmo que resulta tan irritante como para desatar a la jauría, cansada de no comprender.

Tiene razón N1 (N1 es un nombre distópico como de Baleland, o de ÁNIMA) al definir a Bale como monstruoso y fascinante a la vez. Baleland está más allá de nuestras mentes. Gareth Bale es el Thom Yorke del madridismo, aquel que llegó peinado con raya (I´m a creep, I’m a weirdo...) y acabó peinado como un samurái.

El mismo peinado de samurái distópico de Thom Yorke que persigue a una chica para devolverle su fiambrera. A mí me gusta la poesía. Dejémosle a Gareth devolver la fiambrera. Tiene que haber más. Ánima en la filosofía de Jung hace referencia a las imágenes arquetípicas de lo femenino en el inconsciente de un hombre. Eso es algo.

Por eso Gareth Bale se está buscando a sí mismo mientras lo buscan a él. Por eso es imposible que lo encuentren. A no ser que pare. Todo el mundo quiere que pare, pero no lo hará. Gareth Bale quiere devolverle a la chica la fiambrera y cuando lo consiga se habrá ido para siempre de nuestras vidas, de nuestro Madrid, y ya no volverá a salir nunca de Baleland.

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