La Galerna

El aria de Ter Stegen

Buenos días. Por primera vez desde que un 21 de mayo del año pasado surgiera de entre las sombras La Galerna, hoy miramos cara a cara a la prensa deportiva patria, o a lo que de ella se asoma en las ventanas de sus portadas, para decirles: hoy habéis sido magnánimos con el Real Madrid. Ter Stegen y el Atleti, cada uno en su estilo, han entonado las arias que restan protagonismo al balbuceo torpe de nuestro Madrid, birlándoles el spotlight de los titulares de los diarios, y menos mal.

Aun así, asomarse a estas cuatro ventanas es esta mañana especialmente doloroso. Un tropiezo del Madrid es siempre cruel en sí mismo, pero más todavía lo es por cuanto apareja el que crea cargarse de razones el antimadridismo irredento, con su colección de argumentos de todo a cien que de repente, por obra y gracia del desacierto del Madrid (o de la falta de intensidad -ay, la palabreja-), parecen tornarse inopinadamente ciertos. No lo son, pero ocurre que cuando tropieza el Madrid, jugando fatal encima, nada en el cosmos tiene verdadero sentido, la razón se pervierte y la sinrazón se hace dueña del cotarro con la careta de la razón. Menos mal, insistimos, que el Barça se ha caído en Balaídos con todo el equipo (aunque, por qué no decirlo, con su ayer grotesco portero al frente), porque de lo contrario esa sinrazón (que solo se adivina fluyendo como una corriente tóxica bajo las portadas) habría explotado en titulares lacerantes, que lo habrían sido porque tal vez, en algún caso, no les habría faltado eso: razón.

Lo decíamos. El aria de Ter Stegen nos exime de ver en portada lo que sin duda se articulará con todo lujo de detalles en páginas interiores: una importante sacudida de mandobles en la cara del Madrid. Los profetas de lo agónico deben tomar nota de lo de ayer para distinguir cuándo hay que quejarse de verdad: lo de ayer en el Bernabéu sí fue digno de provocar enojo, como enojado se adivinaba al propio Zidane al término del partido en rueda de prensa. Algo hay que cambiar, dijo, "empezando por mí mismo". Los auténticos líderes suelen emplear ese tipo de latiguillos. No sabemos cuánta culpa de lo de ayer tendrá Zidane (nos parece que en este caso reaccionó a tiempo haciendo los dos primeros cambios, aunque nos preguntamos las razones de la tardanza y de la decisión concreta del tercero), pero sí intuimos que esas palabras habrán sentado bien en un vestuario que generalmente -es su ley, nos guste o no- no perdona a los entrenadores que entierran a sus subordinados ante los micrófonos. Leed hoy a Ramón Álvarez de Mon y a Mario de las Heras. Os dejarán claro cómo jugó el Madrid ayer.

Formulamos la pregunta antes de dar paso a las portadas catalanas, bálsamo de nuestro padecimiento. La pregunta es precisamente esa: ¿es legítimo que sean bálsamo? El madridismo desesperado proclamó ayer, claro, que no, antes bien al contrario: la derrota del Barça en Balaídos (o en "Malaídos", como titula con alguna gracia esta vez Mundo Deportivo) debe hacer que el madridismo se hunda todavía más en un pozo sin fondo de frustración e ira, por cuanto de no haber empatado ayer el Madrid seguiría líder y habría ampliado su ventaja sobre el Barça. Nosotros respondemos que la amplió de hecho (aunque fuese un punto en lugar de tres), y que tienes que estar deseando profundizar en el dolor como para ser madridista y no encontrar algún alivio en las dos portadas con las que os vamos a dejar. Sin que ello suponga obstáculo para resaltar también lo contrario, es decir, que empatar en el Bernabéu con el Éibar tiene que ser grave, que lo es además porque corona una serie de empates con juego errático y que hay que tomar decisiones mientras rezamos porque el parón de selecciones no incremente aún más la lista de efectivos (incomprensiblemente larga) que se incorporan a la enfermería del Real Madrid.

Por lo demás, enhorabuena al Atleti.

Pasad un buen día.

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