La Galerna

Abriendo espacios

Que lo real supere siempre lo imaginado es una constante pocas veces tenida en cuenta, y no dejo de frotarme los ojos viendo cómo este Madrid juega mejor cada día, sin perjuicio de poner sobre el césped a la mitad o menos de los previstos en origen, como si la principal maldición genérica –estar cansados de ganar, y conformes con perder aquí y allá- se fuese diluyendo. El Bernabéu llevaba bastantes años sin aplaudir tan sostenida y alegremente el desempeño de noveles y veteranos, sin duda porque parecía improbable.

¿Hubiésemos firmado que el juvenil Vinicius es un genio de la conducción y el regate, capaz de sembrar el pánico allí donde reciba el balón, que anoche pudo enchufar una rosca de las patentadas por Cristiano y aportó un penalti, una asistencia tan perfecta como difícil de ver, y el pase a Marcelo origen del último gol? ¿Cabía imaginar que Benzema, otrora señalado por una mansedumbre contigua a la desidia, cargase un día sí y otro también con lo exigido para ser el delantero óptimo? Constaba su don para jugar entre líneas, el temple y precisión en los pases y su inagotable imaginación; pero no solíamos verle rematando seis o siete veces con peligro, animado por el arresto puro y duro que aúna la preparación con la ejecución.

Lo que más me asombra de las últimas jornadas es jugar al espacio, abriendo el campo para la llegada por ambas bandas e incluso despejando la entrada por el centro, un privilegio de equipos mayores que venía siendo minado por pedirla al pie, telegrafiando la jugada, y no acierto a entender cómo aprueban esa asignatura pendiente a despecho de la enfermería y el peso de la inexperiencia. Hasta en el par de partidos buenos con Lopetegui la presión adolecía de cierto alocamiento, y tanto anoche como ante el Sevilla hubo ocasión de exhibir lo contrario. Colapsó en un par de ocasiones, y otros tantos goles subieron al marcador –como corresponde a rivales expertos en castigar cualquier descuido-, pero dejó la impronta de un colectivo coriáceo, que apenas concede metros para pensar.

La política del espacio tiene usufructuarios tan ostensibles como Odriozola y Vinicius, abastecidos por volantes con visión de juego y capacidad de llegada, que son por cierto la única línea donde hay para dar y tomar, sea cual fuere el capítulo de lesionados o venidos de una lesión reciente. Así, y con los más insólitos protagonistas, el Real emite otra vez señales de equipo temible, apto para cualquier cosa. Bien por Solari.

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