Road to Cardiff (XII): Croeso i Cymru, Real Madrid

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Toda vez que la final de la Champions de esta temporada tendrá lugar el 3 de junio en la capital galesa, y considerando asimismo que en este medio desacomplejadamente madridista damos por hecho la presencia del Real Madrid en la misma, me he propuesto poner en marcha un serial llamado “Road to Cardiff” para que vayáis conociendo un poco esta ciudad `(en la que vivo) antes de dar con vuestros huesos aquí y con algún rival en el infierno del minuto 93. Porque eso es lo primero que conviene dejar claro sobre Cardiff, algo que no es exclusivo del lugar pero os gustará saber: en Cardiff (de hecho, en todo Gales) si dejas correr un cronómetro hasta el minuto 93 el cronómetro llega, y de qué manera“.

Esto escribía yo, en septiembre del año pasado, a modo de inauguración de una sección destinada a cubrir al mismo tiempo una necesidad de cultura general y otra de forofismo desaforado (si cabe el pleonasmo). La idea de la sección era combinar el costumbrismo galés con la pasión madridista, esta última con el radar apuntando firme en dirección al 3 de junio. Me la jugué un poco, claro, en el sentido de que la sección podría haber conocido una muerte no muy digna de ser eliminado el equipo en la fase de grupos, en Octavos, en Cuartos… Pero uno nunca se la juega demasiado con el Madrid, y el hecho de que el párrafo que traigo a colación haya sido premonitorio, con el Madrid en efecto presente en la Final, es algo que hay que tratar con la naturalidad que corresponde. El Madrid está en la Final de Cardiff. Claro, ya lo decía yo. Y no tuve ningún mérito en decirlo.

A lo largo de esta sección he tratado de trasladaros a un partido clasificatorio de Gareth y Gales ante Moldavia y al centenario de Roald Dahl (gran madridista aunque no lo supiera) a bordo de un taxi local. He preconizado el madridismo -que ha tratado de penetrar toda la sección- como antídoto contra el Brexit. He acuñado el término piperismo prostático y os he contado la prenavidad y el halfterm de este noble pueblo ejemplificado en un insistente acomodador de una sala de teatro. Todas estas historias, y otras que ahora no enumero, has estado presididas por la esperanza de que el Real Madrid se plantara en esta pequeña pero radiante ciudad para disputar la Final de su torneo por excelencia, la vieja Copa de Europa. Ha sucedido, e insisto en que no conviene darle la mayor importancia porque -lejos de tratarse de una coincidencia- es lo más normal del mundo. Ahora se trata de ganarla.

Es una sensación extraña cuando la Final de la Copa de Europa del Real Madrid viene a ti en lugar de tener que desplazarte tú hasta ella, pero qué le vamos a hacer si después de muchos meses de inveterado cachondeo todas las chanzas al respecto se convierten en realidad y voy a tener que tirar algunos tabiques de la casa. En realidad no puedo y por eso (oh) no cabéis. Nuestra casera es muy suya y no aplaudiría ese derrumbe de paredes por muy madridista que éste sea. Además, la Caverna me acusaría de estar riéndome, por esa soterrada vía, a través de ese happening metafórico, de la demolición del Vicente Calderón tras cosecharse en él la enésima derrota del Atleti a manos de su eterno rival. Nada habría más lejos de mi intención, pero ya sabemos lo cuidadosos que hemos de ser para no herir susceptibilidades mientras el grosor de los insultos de otros no nos da ni la opción de preguntarnos si estaremos siendo demasiado susceptibles.

Esta ciudad se prepara para un acontecimiento único. Las dificultades logísticas existirán por las reducidas dimensiones de esta capital, pero se suplirán con entusiasmo y amabilidad, dos señales distintivas del galés. El Real Madrid juega Finales de Champions como quien asiste a una nueva imputación de la cúpula directiva del Barça, con la misma cosa consuetudinaria, pero Cardiff, en cambio, no está acostumbrada a albergar eventos de esta dimensión planetaria. Cardiff y el Madrid, sin embargo, y en especial este Madrid de Zidane, están hechos el uno para el otro. Ambas -ciudad y equipo- carecen de dogmatismos, son prácticos pero gentiles, no acosan a nadie -sea árbitro o visitante- y se distinguen por una imbatible combinación de belleza y pragmatismo, con su historia (castillos, trofeos) pero su pujante presente también.

Croeso i Cymru, Real Madrid. Esta unión del 3 de junio saldrá bien, mal o regular para los respectivos intereses, pero estaba escrita en las estrellas.

 

5 COMENTARIOS

  1. Pensé precisamente en esta sección The Road to Cardiff cuando acabó el partido, y lo comente aquí en casa. Vaya acto de fe el suyo, no lo digo porque fuera particularmente inusitado para el Madrid llegar hasta la final, sino por aquello de los gafes, quede algo asombrada cuando vi que inició esta sección allá por septiembre. Pero afortunadamente no ha sido en balde. 🙂

    Ahora Al Filo de las 12. 😉

  2. He leído todos los Roads to Cardiff con interés y admiración. Espero que tengas que escribir el epílogo, que bien podría titularse From Cardiff to Heaven…

    Creo que Gareth Bale y tú nos vais a traer suerte allí…

    Road to Twelfth…

  3. Yo también he leído todos y he disfrutado cada letra de ellos. Se tenía que cumplir y se cumplió. Ya estamos en Cardiff!!!!!
    Hala Madrid y nada más.

  4. Pues nada, me pasó igual que a Thule; recordé la serie Road to Cardiff en los minutos finales del partido. Es más, creo sin temor a equivocarme, que todo galernauta la recordó.
    Don Jesús, usted resultó ser un imán para el Real Madrid mudándose para Cardiff. Gracias totales.

    Hala Madrid y Nada Más.
    A por la 12.

    Saludos desde Caracas, Venezuela.

  5. Parecía tan lejano Cardiff y no porque desconfiara de que pudiéramos estar en la final, sino porque esta sección empezó hace muchos meses, pero el tiempo vuela lo mismo que nuestro Madrid.
    Gracias por esta sección, Jesús, de la que yo he disfrutado mucho y no sólo porque cada capítulo nos acercaba más a esa final.
    A ver si la cierras con un broche de oro y no se me ocurre nada mejor que la duodécima.
    ¡¡ Hala Madrid !!

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