Restaurante Real Madrid

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Hace ya bastantes años, una asociación gastronómica decidió abrir un restaurante de  categoría. Decidieron llamarlo “Restaurante Real Madrid”, al ser un restaurante no ficticio y estar situado en Madrid.

Con los años fue ganando prestigio a base de exquisitos menús, siendo en la actualidad uno de los más reconocidos restaurantes del mundo. La autoexigencia de sus propios socios co-propietarios ha sido una de las claves de ese éxito sin paliativos. Exigencia que, lejos de estancarse, ha ido in crescendo, hasta alcanzar en el presente cotas bastante llamativas.

Esos socios co-propietarios son también asiduos clientes de su propio restaurante. Y no dudan un instante en solicitar la hoja de reclamaciones al menor atisbo de que algo no funcione con la excelencia que ellos demandan.

Por supuesto, el Real Madrid Restaurant, también llamado así por aquello de la internacionalización, cuenta con numerosa competencia. Y es frecuente que se suelan hacer comparaciones entre todos esos establecimientos hosteleros. Sobre todo en los habituales concursos gastronómicos, que premian al mejor de todos ellos y que otorga gran reputación al ganador.

Como decimos, la autoexigencia de gran parte de los socios del Real Madrid Restaurant les lleva a no dudar en poner en tela de juicio no ya sus excelentes platos, sino al propio establecimiento en sí. Después de cada condumio, es corriente que se discrepe de la calidad del producto ofrecido ante los medios especializados en gastronomía allí presentes.

– ¡Es una vergüenza! ¡Hay productos claramente caducados y nos los quieren hacer pasar por frescos! – afirman algunos comensales.

– ¡El chef utiliza los ingredientes que le impone el Gerente! – comentan otros.

– ¡Nos ofrecen fruta que aún no está madura del todo! – se quejan los de riguroso paladar.

– ¡Los camareros son chulos y prepotentes. ¡Y exigen grandes propinas! – dicen unos.

– ¡Deberíamos haber contratado a los del restaurante de enfrente! – protestan los demás.

Algunos periodistas gastronómicos indagan y preguntan acerca de estas cuestiones, interesándose mucho por las opiniones de estos comensales.

– ¿Creen que el restaurante no está a la altura?

– ¡Con este nivel no podemos ofrecer comida ni en los comedores de Cáritas…!

– Sin embargo, el “Real Madrid” cuenta con numerosas Estrellas Michelín. Doce Estrellas, para ser exactos.

– ¡No podemos vivir del pasado…!

– Las dos últimas son las más recientes concedidas a restaurante alguno…

– Sí, sí… ¡Pero nosotros leemos a menudo revistas especializadas en gastronomía, como “Gas”, “Zampa”, “Mundo Gastronómico” o “Jamonyork”, y prácticamente vienen a decir que aquí nos envenenan…!

– Pero si ustedes mismos, que son co-propietarios de éste restaurante, hablan tan mal de él ¿no creen que están auyentando a la clientela?

– ¡Qué va, qué va…! La autoexigencia es imprescindible y hay que llevarla al extremo…

– He visto cómo abucheaban a algún camarero – pregunta un reportero.- ¿Eso es bueno para el negocio?

– Por supuesto. ¡Así espabilan!

– Pero a alguno de ellos se le han acabado cayendo los platos al suelo debido a la presión…

– ¡Pues que vayan a trabajar a otro restaurante! ¡Aquí solo queremos a los mejores!

– Hay voces que opinan que los platos del “Real Madrid” son saboteados adrede en algunos concursos gastronómicos como el presente, añadiéndoles sal extra en algunos casos para que estén muy salados, haciendo desaparecer cigalas de las paellas, expulsando cocineros para dificultar la elaboración de las comandas… Y que en cambio otros restaurantes dan gato por liebre, literalmente hablando, pero los miembros del jurado miran hacia otro lado afirmando que es una liebre exquisitamente guisada. ¿Merecen ser tenidas en cuenta esas voces?

– ¡El restaurante “Real Madrid” no tiene que fijarse en esas cosas! ¡Tenemos que ganar todos los concursos porque somos el “Real Madrid” y punto…!

– Pero parace haber una clara e injusta desventaja… – comenta un ingenuo periodista.

– ¡Tú cállate la boca! – le increpan los demás.

– ¡Hay que exigir al Gerente nuevos platos, nuevos cocineros…! – exclama un socio-comensal.

– ¡Nueva cubertería! – exclama otro.

– ¡Nuevo gerente! – se oye una voz al fondo.

– Pero si el restaurante está teniendo un éxito tremendo últimamente… – balbucea el periodista ingenuo.

– ¡Pero qué ingenuo eres! – le recuerdan todos a la vez – Podrá ganar todas las estrellas Michelín que quieras, pero los establecimientos destacados por los expertos son los que de verdad cuentan. En ellos es donde se puede apreciar el auténtico arte culinario. Restaurantes como el “Food and Club Barcelona”, el “Aperítivo de Madrid” o el “Guardiola’s Anything” son los que ofrecen la cocina más deliciosa, exquisita y vanguardista del mundo. Auténtica mala suerte les ha privado de las últimas estrellas Michelín. Una brizna de sal de más en un estofado, una pizca de azúcar de menos en el caramelo del flan, una gota de salsa salpicando el borde del plato principal… Pequeños detalles que han favorecido al “Real  Madrid” y sus platos que no saben a nada…

– Pero que todo el mundo se muere por degustar…

– ¡Qué sabrán ellos…!

– Bueno, es la hora de comer – anuncia uno de los periodistas especializados – ¿A qué restaurante vamos? Tenemos para elegir.

– ¡Al de las croquetas! ¡Al de las croquetas! – responden los demás al unísono, marchando en tropel hacia él.

6 COMENTARIOS

  1. Qué buenos, los juegos de palabras. Entre los restaurantes de la competencia, faltaba quizá un “As bacalhadas do Mou”. Y se podría añadir también que, a los socios de ese restaurante, les hacen un descuento en el menú. Que todavía es caro; pero, a los que no son socios, comer allí les sale por una cifra *gastronómica*.

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