El pulgar en la espalda (Crónica de una presentación)

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Cuando llegué al Fnac, tarde, siempre tarde (guardaba el as en la manga de poder hacer una crónica de algo sin haberlo visto al estilo de Fred Gwynne, a pesar del reparo en cumplir el requisito indispensable para lograrlo: escribirlas desnudo), me pareció ver allí hablando a la bajista de Dover. Luego me puse las gafas y descubrí en su lugar a Marta del Riego. Jorge Bustos hablaba todo el rato con mucha cortesía como cubriendo el espacio vacío de la silla de Hughes, que aún no había llegado.

Justo delante de mí, en la última fila de asientos, un joven espectador pasaba el brazo por la espalda de su novia, moviendo en último término el pulgar a modo de caricia a un ritmo constante. Ese dedo armonioso era como la conversación. Un momento agradable para hablar de la infancia de nuestros Madrides. La presentación de un libro sobre el Madrid de Ángel, lamesetauberalles, y de su hermana Marta, estupenda novelista, periodista y poeta, tiene que provocar sensaciones tan agradables (al menos lo parecían para la masajeada) como un pulgar en la espalda que nunca se cansa.

El rostro de la acariciada era similar al resto de los rostros del aforo. Yo veía a lo lejos los perfiles divertidos de Jesús, de Hechi, de Ramón, de Alberto, de Manuel, de Jorge y de Juan Carlos mientras iba llegando lo mollar. Se pasaba de la anécdota a la reflexión y el hallazgo como Benzema se pasaba la pelota de un pie a otro el domingo pasado en Balaídos. Un gusto. Marta contó la historia triste de los Padrós, fundadores del club, y la casi infructuosa búsqueda de su tumba en la Sacramental de Santa Justa. Club: hágase algo para reparar este olvido.

El pulgar era tan agobiante que tuve que dejar de mirarlo. Era como un pulgar automático. Debía de estar haciendo hoyo en el omóplato, pero a ella parecía encantarle. Salió el Madrid de Beenhakker, el mejor de la historia para Ángel, Cruyff antes de que sólo se hablara de Cruyff. Los Lannister y los Stark. Todo el Madrid. Alguien anheló, creo que Hughes, que el Madrid asimilara algo del Barcelona de Pep. Se habló de la desmitificación del Madrid como el equipo de Franco, de la genialidad visionaria de Bernabéu.

Se trajeron ideas tan sencillas y brillantes como que el equipo que más Copas del Rey tiene es el que más las vilipendia, “esa cosa freudiana”, dijo Bustos; o como que las goleadas del Barsa (a propósito del cinco a uno) el Madrid las tiene asimiladas, no le afectan. Salió Mourinho y casi una película polémica: La última tentación de Cristo. Se dijo de los santones a los que echó el mouriñismo. Fue el autor, también, el que dijo que Modric debió de haber salido este año, como Redondo salió para Milán entonces.

Es la descapitalización del Madrid, la que provoca que los que se quedan vuelvan a ser los de antes, como nosotros: la dulce descapitalización de los asistentes. Las Ligas no ganadas, el apocalipsis. Todo esto hay que leerlo bien en La Biblia blanca (Editorial Córner), de Marta del Riego y Ángel del Riego, con quienes luego nos fuimos por Madrid unos pocos galernautas y otros amigos, como el tuitero pblserrano (alias cecé), que desde hoy vuelve a ser lector de La Galerna y nos contó, para disgusto de Lucía, historias como la de “El hijo del viento”.

Una ventolera de madridismo en la taberna Malaspina con el grupo protegido por las biblias blancas sobre los taburetes. Podría decirse que fue bonito todo, y que se hablaron de cosas incluso más allá del Madrid, entre cervezas y vinos un poco como si todos, en realidad, hubiésemos estado durante horas acariciándonos la espalda con el pulgar, siempre para el que le guste eso tanto y durante tanto tiempo como parecía gustarle a la acariciada, a la que el acariciante, por cierto, tuvo al final que despertar.

3 COMENTARIOS

  1. El libro es IMPRESCINDIBLE. Tiene analogías brillantísimas. Ingenioso y divertido, solemne y preciso. Qué lástima no haber podido asistir a FNAC, pero para los de provincias llegar al centro de Madrid un día de diario se ha convertido en el infierno en la Tierra. Y estaba demasiado pachucho para semejante reto. Cómo lo siento…

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