El problema en Argentina, el fútbol en Madrid

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Una de las últimas películas de Armando Bo, el pionero por excelencia del cine erótico argentino, registra una de las escenas más ingenuas de toda la historia de la cinematografía del Plata. En ella se ve a Isabel Sarli, su esposa y protagonista del film -de todos sus films-, dando por terminada una tormentosa relación con el anuncio ‘Me voy a España’. A continuación aparece con su maleta a cuestas abordando un tren en una típica estación de las pampas ante una concurrencia de extras de abigarrada fisonomía gauchesca; a corte de moviola el mismo tren arriba a la misma estación, que a la sazón exhibe un letrero donde se lee ostensiblemente ‘MADRID’. La diva desciende del vagón y pasa entre los mismos extras ahora caracterizados como sevillanas y gitanillos que hablan a voces con impostado acento gallego.

Estas ‘licencias’ propias de una industria fílmica, que sobrevivía a fuerza de voluntades antes que de presupuesto, pasaban inadvertidas para la mayoría del público que a mediados de los ’70 acudía a salas de dudosa reputación a contemplar esas antológicas producciones. Un par de poderosas razones siempre bien expuestas en el generoso escote del ícono de la sensualidad nacional tornaban imperceptible cualquier minucia de encuadre, continuidad o iluminación. Tampoco se percataban de que, seguramente sin pretenderlo, el director había conseguido sintetizar en esa secuencia un recurso típico de la conducta criolla: cuando las cosas andan mal, poner proa hacia la Madre Patria.

Como si de un regreso inconsciente al útero materno se tratase, cada vez que al sudamericano lo abruma un problema corre a buscar refugio a las fuentes fundacionales de su linaje. No se trata de salir en procura de una solución, sino de dejar ese problema atrás para, con frecuencia, sumergirse en otro semejante o incluso más intrincado. Así por décadas hemos visto cómo perseguidos políticos se exiliaban en plena vigencia del franquismo; desocupados emigraban sin propósito para desembocar de nuevo en el paro y encima indocumentados; líricos o desesperados de toda calaña desafiaban la peripecias del éxodo y hasta la deportación con tal de no enfrentar los dramas domésticos.

Ignoro si los popes de la FIFA y la Conmebol son versados en la filmografía de Armando Bo ni en las tradiciones escapistas del rioplatense. Pero lo cierto es que al solicitar el Bernabéu para disputar la final de la Copa Libertadores estaban, seguramente sin advertirlo, dando en la tecla con la fórmula elegida. Les aplicaron a los contendientes un procedimiento enraizado en su comportamiento más atávico, el ‘Método Sarli’.

Cuando Infantino alzó teléfono para pedirle a Florentino la Casa Blanca, actuó según el mismo patrón de ‘la Coca’ (sobrenombre de Sarli): dejaba el problema en la Argentina y ponía a los clubes en el aprieto de hacer algo a lo que están acostumbrados: avenirse a sortear todos los escollos que comporta ir a jugar en un país extranjero. Los que creyeron que el italiano incurría en una alentadora metáfora al decir que ‘se bajaba la temperatura’ llevando el cotejo fuera de territorio argentino, se llamaron a engaño voluntaria o deliberadamente. Lo mismo los que se golpearon el pecho declarando que el Real Madrid con su intervención salía al rescate del fútbol sudamericano. Lo único que cambia en este escenario es la región climática, como si el frío invernal proveyese condiciones de asepsia más apropiadas para terminar un trámite que se estaba pudriendo inconcluso bajo los vapores veraniegos. Por lo demás, los actores principales y secundarios, los extras y el conflicto permanecen incambiados. El problema se queda en casa, y en Madrid se encontrarán los que tienen un asuntillo pendiente que liquidar.

River y Boca no van en tren como Isabel Sarli: van en avión. Viajan aún bajo protesta y pasándose la pelota hasta el pie de la escalerilla, haciendo la pantomima de reclamos de puntos y sanciones, demandas por la localía, reparto de tibias acusaciones de traición y no menos tibias mociones de reconciliación y la amenaza recurrente del ogro del TAS pendiente sobre sus cabezas. Una vez decretado que el partido se jugaría en España, sendas dirigencias aceptaron por fin a afrontar un sinfín de complicaciones, traslados, controles especiales, dosificación de entradas, gastos desmedidos, incertidumbres varias y hasta las reticencias del propio madrileño que empieza a temer que su ciudad quede a merced de hordas de bosteros y gallinas propiciando pedreas y escaramuzas como las ocurridas en Buenos Aires hace diez días, sugestionado y con razón con la leña que añaden al fuego buena parte de los medios españoles echando mano a improvisados corresponsales que en plan de barrabravólogos diplomados enhebran en crónicas deshilachadas el sumario de todos los hechos de violencia deportiva padecidos en Argentina desde tiempo inmemorial, como si de un inmediato y simultáneo anteayer se tratase.

Es que querer entender los acaecidos en las inmediaciones la cancha de River y a lo largo del trayecto del bus de Boca como un mero enfrentamiento entre barrabravas, aún considerándolos como grupos espurios alentados por mafias relacionadas con sectores corruptos de la dirigencia de los clubes, no solamente significa aferrase a un discurso anquilosado, sino adoptar una óptica demasiado simplista acerca de los sucesos, y principalmente del trasfondo en que estuvieron envueltos.

Aunque la propia hinchada millonaria recibió el domingo con cantos de repudio el ingreso de ‘Los Borrachos del Tablón’ a la tribuna del Monumental, esta vez los barras fueron más víctimas de una fama que los condena que de méritos puntuales. Pues, si bien tras los allanamientos sus líderes asumieron la responsabilidad de otros actos delictivos, relativos a la reventa y duplicación de entradas, el desmadre producido en las afueras del estadio, cuyos responsables aún permanecen sin identificar, los tomó por sorpresa tanto como al resto de los asistentes. El caldo de cultivo se cocinaba en otros fogones.

El colega Fred Gwynne lo planteaba con claridad rayana en su anticrónica del 25 de noviembre: “Esto no es fútbol, esto es una mierda”. Pero en su análisis pega más en la herradura que en el clavo, y no por falta de agudeza, sino porque se circunscribe a observar estrictamente los elementos propios del espectáculo deportivo. En este caso, el fenómeno excedió y con mucho del ámbito futbolístico.

Toda explicación que parta de una perspectiva sesgada, excluya el macrocontexto en que se produjo y pretenda deslindar los incidentes que determinaron la suspensión del encuentro del factor político peca de ingenuidad o de pereza. Por lo pronto, la mujer cuya imagen colocando bengalas alrededor del cuerpo de una niña dio la vuelta al mundo, una vez detenida (por cierto, la única detenida hasta el momento) declaró ante el juez que su intención no era hacer explotar el material pirotécnico sino sólo ingresarlo al estadio para poner en evidencia la vulnerabilidad del dispositivo de seguridad, y con ello sumarse a las manifestaciones de protesta en vísperas de la cumbre del G20 que estaba próxima a celebrarse en Buenos Aires.

Pues tampoco cabe tomar el del clásico como un episodio aislado. Un par de días antes, un entrenamiento a puertas abiertas en la cancha de Boca terminó en desbandada merced al accionar de un grupo de inadaptados sin ninguna vinculación reconocida con la institución xeneixe ni la afición asidua; y sólo un día atrás, al cabo de un partido de la divisional de ascenso, una columna de individuos fingidamente identificados con el equipo perdedor atacó en forma intempestiva e incomprensible los móviles policiales que permanecían frente de la cancha de la que ya se habían retirado equipo e hinchada rival. Por fin, apenas una semana antes y apartados de todo recinto deportivo, en pleno cementerio de la Recoleta una bomba casera explotaba en el regazo de una mujer que se tomaba una selfie antes depositarla en la tumba de un prócer de la Policía Federal. Una célula de precarios anarquistas, al tiempo de ser detenidos, se adjudicó el frustrado atentado declarándose a propósito hostiles a la policía, al G20 y a la madre que los parió.

No suena tampoco a casualidad el que a, menos de 24 horas de ocurrido el descalabre, un antiguo montonero de los ’70 -reconvertido en pseuriodista, y devenido en referente de cierta bisoña intelectualidad desvelada- haya alquilado una columna ni más ni menos que en el New York Times (no es la primera vez que los de su pandilla lo hacen) para plasmar con solemne grandilocuencia su visión profética en una suerte de manifiesto en contra del gobierno, apuntando al ‘proyecto liberal’ y a la actual crisis económica como causas primordiales del accionar de los revoltosos, y dándose el gusto de cargar las tintas con particular insidia sobre el presidente de la Nación -al que retrata como un tonto entusiasta- dedicándole un agorero pronóstico (a Dios gracias fallido) que ponía en duda que estuviesen dadas las garantías para el desarrollo de la inminente cumbre de líderes mundiales.

Las exhaustivas medidas dispuestas para la identificación y registro de los viajeros, sumadas a la vasta experiencia del Real Madrid en cuanto a recibir en sus gradas fanáticos conflictivos, constituyen argumentos más que consistentes para echar por tierra cualquier psicosis colectiva acerca de la más remota posibilidad de que hordas embravecidas concurran en masa al partido.

Ahora bien, el hecho de que en Argentina se respiren aires enrarecidos por la floración esporádica de ciertos grupúsculos de activistas mal orientados, empeñados en infiltrar cuanta actividad pública se desarrolle, no implica que el pánico se haya convertido en un artículo de exportación. Por un lado, dificulto estas células cuenten con la capacidad operativa para transportar su accionar a un teatro de operaciones tan distante como España; por otro, a esta altura del calendario, y considerando la apretada agenda que tienen por delante, la final de la Libertadores ha perdido relevancia en sus objetivos. Acaso el domingo participen en los festejos que los seguidores del cuadro que salga ganador organizarán como es habitual en el obelisco capitalino promoviendo los disturbios y destrozos de rigor. Menos aún faltarán el sábado a importunar en la Fiesta de la Inmaculada con las ya clásicas exhibiciones de ubres pintarrajeadas ante el atrio de la Catedral Metropolitana en reclamo de una ley de aborto libre, gratuito y obligatorio. Y luego les tocará provocar robos y saqueos durante las ventas navideñas, y así hasta que tras la nochevieja se dispersen por los balnearios costeros.

Seamos objetivos. Las 10.000 plazas asignadas a los clubes argentinos, incluso en medio de una profunda debacle económica, quedan estrechas para cubrir los requerimientos logísticos y la demanda exclusiva de las parcialidades locales, y a un costo por demás selectivo. La disparada de los precios de los pasajes aéreos y los alojamientos entorpecen aún más los planes de los hinchas mejor intencionados. Las exhaustivas medidas dispuestas para la identificación y registro de los viajeros, tanto por las fuerzas de seguridad nacional como españolas, sumadas a la vasta experiencia del Real Madrid en cuanto a recibir en sus gradas fanáticos conflictivos de todas partes del mundo, constituyen argumentos más que consistentes para echar por tierra cualquier psicosis colectiva acerca de la más remota posibilidad de que hordas embravecidas concurran en masa a malograr el espectáculo ni alterar mayormente el orden en la orbe madrileña.

En eso, el gesto de Florentino de aceptar el reto y poner la casa a disposición comporta una demostración de la más eminente enjundia madridista. El clásico porteño se había convertido en una papa caliente que nadie quería agarrar, y sin mayor alharaca nuestro Presi (el del Real madrid) se calzó los guantes de amianto y salió a atajarla con la mejor disposición de ánimo. Pero tampoco es cuestión de creer que estamos ante un acto de temeridad romántica o, como ya le endilgaron otros, un intercambio de favores en procura de un trato más benévolo de parte de las autoridades federativas. Ni altruismo ni conveniencia, acaso diplomacia o simplemente don de gentes. Más la cultivada inteligencia de saberse pisando sobre seguro pues, a pesar de las alarmas y las proclamas, el riesgo es mínimo. El problema se queda en Argentina, y al fútbol se jugará en Madrid.

25 COMENTARIOS

  1. Dios la oiga (en cuanto a las escasas posibilidades de problemas de orden público en Madrid).

    Siempre he tenido la sospecha de que los altercados no eran exactamente de seguidores futbolísticos sino más bien de grupos interesados en provocar el caos en el país y hacer parecer peleles al actual presidente y a su gobierno.

    Y que gane River.

    • Es exactamente eso lo que sucedió. Aquí hay mucho malestar con el gobierno y ciertos grupos de desubicados lo aprovechan para hacer tropelías. Pero no creo que las repliquen en el exterior. Primero porque no tienen recursos para desplazarse a Europa. Segundo porque si van al extranjero emplearían otras tácticas procurando adhesión. Para dar lástima, se hacen los buenos. Gracias por tu comentario, Juan

  2. Ojalá en Madrid sólo tengamos el fútbol.
    Me ha despertado la curiosidad de ver esa película en la que señora Bo llega a un Madrid con una estación de tren llena de gauchos con acento gallego. Esa escena, y sus neumáticos encantos, parecen dignos de contemplación. Salvando las distancias, me recuerda a ese Villar del Río, transformado de sobrio pueblo castellano en pintoresca villa andaluza, para agradar a Mr. Marshall. Por cierto, Berlanga la rodó en San Agustín de Guadalix, pueblo del norte de la provincia de Madrid, que hoy no reconocería si lo viera.
    Esa declaración ante el Juez, de la madre de la niña explosiva, me suena a argucia legal preparada por el letrado defensor. Con poco recorrido, espero. Que esa madre se presente a sí misma como una mujer que denuncia la falta de seguridad en los accesos, como una muestra más de protesta contra el G20, nos muestra el grado de estupidez al que se puede llegar, poniendo en peligro a tu propia hija. Casi prefiero la versión de la fanática futbolera, inconsciente pero sin contaminación política. “Sr. Juez, padezco enajenación mental futbolera ¿Es una atenuante?”.
    Sobre el partido me pasa un poco como a un hincha de River, entrevistado para la tv, que manifestaba su vehemente oposición a que se jugara en Madrid, porque entonces al ganador tendrían que darle “la copa de Conquistadores”.
    No deja de tener su guasa que la “Copa de Libertadores” se juegue en la capital del imperio del que se liberaron gracias a los Libertadores.
    Sólo espero que la copa la entregue algún preboste de la Conmebol, o el propio Infantino, y que no haya ninguna autoridad española, salvo para aplaudir.
    Es un placer leerla.
    Saludos.

    • Lo lógico es que, como dice usted, el trofeo lo entregue el presidente de la Conmebol o, en su defecto, el de la FIFA. Las autoridades españolas a honrar con su mera presencia un , esperemos, digno acontecimiento “deportivo”.

    • Muchas gracias, Cilios. Las películas de Isabel Sarli, vistas algunas a 50 años de su estreno, tienen un encanto particular, la magia de aquel cine forjado por soñadores. Amén de que ella era verdaderamente una de belleza natural prodigiosa y una mujer encantadora y buena a quien tuve el honor de conocer ya en su madurez.
      Lo de la copa conquistadores fue una guasa de cierta caterva nacionalista que tanto reúne pazguatos de izquierda como de derecha, los mismos que se desviven ahora por ir a España a comprar turrones y de paso ver el partido.
      Confío en que todo saldrá bien dentro de lo futbolístico y el que se sentirá ganador de la copa, sea cual sea el resultado, será el propio infantino. La vuelta olímpica la terminará dando él.

  3. Me lo he leído todo. Je je.

    Argentina me fascina, en su conjunto. Hasta por esa manera de escribir, generosa y algo farragosa. Por un momento , me sentí ente cautivado y aturdido por la prosa de Cortázar.

    ¡ VAMOS RIVER, VAMOS CARAJO !

  4. Interesante artículo, profundo análisis robre la realidad argentina, un poco largo, eso sí, pero lo he leído todo ;)..entiendo que la violencia en el fútbol argentino no se puede analizar desde aquí nos falta conoceros de verdad….

    Así es que espero que el domingo sólo veamos fútbol y rivalidad sana….y que gane el mejor, aunque voy un poco más con River por tradición, que no por emoción…

    Saludos

    • Es verdad, ahora que la veo quedó larguísima. Mil disculpas. Es que tuve que escribirla tres veces a medida que las cosas iban mutando minuto a minuto. Siempre te parecía que lo habías dicho todo y surgía algo más.

      Creo podrán disfrutar del fútbol sin mayores sobresaltos. Los argentinos cuando salen al exterior son molestos, maleducados (igual que de entre cada) pero no suelen arriesgarse a una detención con deportación. Los que van, son viajeros experientes. Al precio de los pasajes!

  5. Es un placer leer a Julia, que me reconcilia con la Argentina a la que amo por tantas razones: de Di Stéfano a Borges, de Les Luthiers a Mujica Lainez (el gran Manucho), de Alberto Cortez a René Lavan (“no se puede hacer más lento”), de Quino a Alberto Calderón (con éste les sorprendí, confiesen – y busquen en la wikipedia), de Ginobili a Gardel. En fin, esa Argentina tan cercana, tan nuestra, tan sureña y tan europea, tan rica como la prosa de Cortázar y (en ocasiones) tan brava como el gaucho Fierro.

    Digo que me encanta leer a Julia porque hace años que la Argentina que se me viene inmediatamente a la mente es la estomagante de Valdano, la tramposa de quien cobra un gol ilegal y lo llama “la mano de Dios”, la zafia de Diego Torres, la incalificable de Echenique o la beata de los acólitos del “Messías”.

    Y como no quiero que sean estos últimos quienes conformen mi percepción de Argentina, celebro leer las crónicas de Julia.

    FG “Qué bueno que viniste” Lurker

    • Oye Lurker! Tus elogios e inmerecidas comparaciones me exceden y me hacen sonrojar. Al punto que dudo si cabe que te cause la decepción que imagino puede producirte saber que no soy argentina. Solo padezco de residencia. Pero como Gardel, Leguisamo y tantos argentinos célebres (que no es mi caso), nací en Uruguay.

      Para más inri, esa “argentina que te viene a la cabeza’ de messianicos y valdánicos es la que más se asemeja a la realidad.

      Mejor no te cuento del Uruguay, perfectamente retratado en Luisito Suárez.

      Gracias por tanto, amigo!

  6. Es difícil escribir sobre una realidad que cambia cada cinco minutos. Has logrado tamizar los hechos y darnos un panorama de lo que podrá suceder. Me fascina tu prosa que enriquece la información y esclarece este episodio tan polifacético del fútbol internacional y la política argentina. Felicitaciones y gracias querida Julia.

  7. ¿Aborto libre, gratuito y obligatorio? ¿En serio? ¿Por qué me parece que el artículo peca un poquito de lo que él mismo denuncia? Quiero decir, que de este asunto no parece haber forma de hablar sin hablar en realidad de otra cosa. La autora tiene toda la razón al decir que lo único que no va a venir al Bernabéu es el problema del cual el fútbol viene siendo la más tonta de las excusas por aquellos pagos, pero no sé si el “macrocontexto” que nos pinta no lo verían más bien como un “macricontexto” otros compatriotas suyos. Habrá que preguntarles, porque desde aquí es imposible estar seguro. Ojalá fuera tan fácil eso de subirse a un tren en Madrid y bajarse al cabo de un rato en las pampas, y completamente seco. Enhorabuena por el artículo porque se disfruta leyéndolo, una cosa no quita la otra.

  8. Salvo la parte de lo ‘obligatorio’, el reclamo de esas individuas es así de exigente y un poquito peor.
    El pecado que me señalas es precisamente el propósito del artículo (en todo caso, lo anoto para mi confesión de adviento): el problema es esa otra de la que no se habla, o de la que sólo hablan los que pretenden llevar agua para sus militantes molinos, bajo la tapadera de un partido de fútbol.
    Claro que para muchos argentinos (compatriotas no, pues nací bajo otros cielos y si es por identificaciones me puedo considerar apátrida) todo lo malo que ocurre en argentina es culpa de Macrì y para tantos otros culpa de los doce años de kirchnerato anteriores. Para los que lo vemos -y padecemos- desde el llano, a veces daría la impresión de se lanzan dedos acusadores contra el espejo. Es muy complejo y me excede, presentar analíticamente lo que pasa por las cabecitas argentas. Me temo que se trate de un fenómeno de horror vacui por el cual cualquier cosa que ande por ahí es absorbida por los conos de vacío disponibles.
    Gracias por tus comentarios y elogios literarios.
    Abrazo

  9. Julia, tengo trato con la suficiente variedad de argentinos como para saber que las claves “psico-políticas” de aquella realidad son demasiado endiabladas como para que alguien de fuera las entienda de verdad, menos aún para que tome partido alegremente. Pero que todo esto no va de fútbol, eso creo que la mayoría lo sabemos, aunque en absoluto está de más que lo recuerdes. Yo solo quería decir que también tu artículo va de política, y no de la distanciada constatación de que la cosa no va de fútbol. Llamas ingenuas o perezosas a las explicaciones que parten de perspectivas sesgadas, pero añadir de tu cosecha un aberrante “obligatorio” al reclamo de un aborto “libre y gratuito” no es que sea un sesgo, es que es de juzgado de guardia a los dos lados del Atlántico, se opine lo que se opine de esa reivindicación. Tampoco lo de “individuas” te representa como alguien que “ve y padece desde el llano”, sino como alguien que intenta lanzar sus propios “dedos acusadores”. Y estás en tu derecho, claro que sí, pero entonces no escondamos la mano.
    Gracias a ti por tu respuesta, un abrazo.

    • Y cuándo he negado yo que el artículo iba de política? Que vengo diciendo que todo este entuerto está más movido (contaminado) por tejemanejes políticos que deportivos.
      En cuanto a lo de mis apostillas irónicas sobre las manifestaciones de las pro-aborto, no me inspira ningún sesgo político (de hecho en este punto no hay unanimidad partidaria de ningún sector) sino mi propia condición y convicción femenina; flaco favor nos hacen las que se dicen defensoras de los derechos de la mujer y su modo de reivindicarlos es defecando en la catedral, desnudándose en público o publicitando sus prácticas sexuales. El sexo y sus consecuencias incluida la posibilidad de embarazo y su interrupción son actos privados y si bien la ley debe velar por el respeto al ejercerlos en libertad, no creo que deban estar subvencionados por el estado ni que deban estar proclamándose como trofeos a ganar en beneficio de un grupo al que mayoritariamente no representan.

      • Creo que tu concepto de lo que es o no es ideológico no coincide con el mío, pero mejor lo dejamos aquí por respeto al principio que se marca a sí misma La Galerna de no hacerse tribuna política, aunque los colaboradores y comentaristas podamos traslucir de vez en cuando opiniones de ese tipo, como es lógico.

  10. ¡ Qué buena !. Tienes estilo hasta cuando te da bronca.

    Hasta ahora tenía 2 favoritos , sin desmerecer a los demás escribientes de esta web -todos de “alto standing” literario-, ahora sumo una más. Gracias, Galerna.

    • Gracias infinitas, Jaume! Me haces sonrojar un poco con tu inmerecido elogio. Integrar una trinidad de favoritos con cualquiera de los integrantes de La Galerna ya es todo un honor. Más con lo poco que escribo.

  11. 😀 Alguna coma más no le vendría mal al texto, uno termina añusgao al final de algún párrafo 😀 Es broma por supuesto, de nuevo magnífico español, un gusto leerlo.

    • Ja ja! Es que debo haber tenido una decaída de fiebre proustiana y se me cayeron las comas del teclado. Agradece que los puntos no se vieron afectados. Gracias por el comentario y el humor. Terminó siendo un texto demasiado largo. NO es excusa, pero tuve que escribirlo tres veces, ya que cada vez que creía estar en el foco, sucedía otra cosa y tenía que revaluar la situación.

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