Pasillo hacia la gloria

5

Cuando yo era niño los tenistas vestían siempre de blanco, como si todos fueran del Madrid y siempre jugaran en Wimbledon. El mundo era un Wimbledon más grande a mis ojos de niño, y no solo Santana era del Madrid. A ver en qué otro universo iban a cuadrar las remontadas agónicas de Juan Gisbert contra el destino o la calva zancuda y elegante de Andrés Gimeno, aunque los viéramos siempre en el Club de Tenis Barcelona. Aquellos señores revestidos de Lacoste se deslizaban por la pista oliendo a after shave con el Campari recién paladeado, aplaudían sonrientes los tantos del contrario y solo jugaban con la muñeca porque el concurso de cualquier músculo en aquellas tenidas de caballeros habría sido una ordinariez. El público jamás aplaudía un error no forzado o una doble falta y el juez de silla no tenía que pedir silencio una sola vez. Ese silencio tenso y estival, mecido por el flap flop de la tripa contra la pelota que ya no suena igual desde que las raquetas no son de madera. Ah, qué tiempos.

Entonces yo veía a los equipos que hacían pasillo al Madrid cuando ganaba la Liga –a quién si no entonces– y reencontraba allí vaharadas de la arcadia del tenis en medio de esa reciedumbre de entresijo y cazalla del fútbol de época. No hace falta decir que, de niño, el fútbol es una fe a la que perteneces so capa de madridismo, aunque estés muy lejos de entenderlo. El vaivén hipnótico y silencioso del tenis, en cambio, nos fascinaba; nada había que entender, todo estaba a la vista en aquel vals dichoso y espiritado. El Madrid es en realidad el Wimbledon del fútbol, los Beatles del fútbol, como Wimbledon es un territorio aparte en el tenis de hoy y los Beatles en la música popular de todos los tiempos. Yo ya apenas miro el tenis salvo Wimbledon, donde sigue imperando el blanco riguroso y aún llaman a los jugadores de usted, así que entenderán que me habría parecido bien hacerle pasillo al Barça, hoy tan atribulado, en el último clásico. Y en eso llegó Zidane y mandó a parar.

El caso es que los pasillos son lugares de reputación dudosa. En las casas de antaño eran largos, interminables. La arquitectura residencial moderna penaliza su condición redundante: para pasar de un espacio a otro basta un umbral, nadie necesita otro espacio. Aquellos pasillos infinitos acababan siendo pasto de los niños, casta cimarrona que acampaba en ellos con sus indios y sus muñecas como los emigrantes de aluvión lo hacían en las periferias de las ciudades del desarrollismo. Luego están los pasillos de las oficinas, esos lugares donde vuelan los cuchillos, territorio de pelotas, conspiradores y tiralevitas. ¡El sitio donde se amañan los partidos!, a quién le extraña que gusten tanto en la Masía, que hasta Piqué pone a formar a los utilleros como si fueran el espejo de la madrastra de Blancanieves. No queda sino alabar una vez más la sabiduría sonriente de Zidane, su capacidad de detectar a la primera esos lugares tan poco ventilados de los que no queda sino salir por piernas, más pasadizos lúgubres que otra cosa.

Aquí ya no hay más pasillo que el que lleva a Kiev el sábado. Un pasillo hecho de víctimas dolientes, trabajosamente excavado entre camisetas del PSG, de la Juventus, del Bayern. Un pasillo que nos hace a su pesar la élite del fútbol europeo. Llegar hasta allí ha costado tanto como, según las noticias, les va a costar a los aficionados madridistas acompañar a los nuestros hasta la capital ucraniana, una elección inverosímil por la que habrá que empezar a ajustar cuentas de una vez a la UEFA o a quien corresponda. Si hay que hacer pasillos yo se lo hago a Casemiro, que ha cortocircuitado al Jardiner con sonriente coña zidanesca (tomen nota los que piensan que el antimadridismo se conjura con modales bulldozer). Si hay que hacer pasillos yo se lo hago a la plantilla que va a Kiev a una cita cruel, de las de puerta grande o enfermería, sin atisbo de crispación ni complacencia. Son muchos los residuos tóxicos que viene dejando la conducta corporativa culé en los últimos tiempos, y entre ellos habrá que contar esta transformación de los viejos rituales de cortesía y fair play en garrotes con los que sacudir al rival entre partido y partido. Por mi parte, solo queda recibir con la mano tendida, la mirada sostenida y las lanzas en alto a los de Anfield, un rival extraordinario que también llega hasta Kiev triturando ortodoxias y tedios académicos, que también tiene orgullo, historia, boots’ room y orejonas en las que mirarse como en un espejo. Es el momento de acordarse de los garcías del 81, que esto también va por ellos y por los que con ellos sufrimos aquella primavera lejana; de guiñarle un ojo al viejo Shankly, allá en su valhalla obrero, y decirle que otro año será, Old Bill, y de despedir a los nuestros gritándoles que no vuelvan sin ella, que están hechos para la gloria, que el Madrid no tiene más remedio que ganar para que en el fútbol sigamos atisbando el blanco radiante y sanador de Wimbledon, el gozo y la dicha de los Beatles.

Número Uno

Compartir
Artículo anteriorLa mentira de Varane
Artículo siguienteLa puerta de Kiev
El mayor de los Faerna es historiador del arte y editor, ocupaciones con las que inauguró la inclinación de esta generación de la familia por las actividades elegantes y poco productivas. Para cargar la suerte, también practica el periodismo especialista en diseño y arquitectura. Su verdadera vocación es la de lateral derecho box to box, que dicen los británicos, pero solo la ejerce en sueños.

5 COMENTARIOS

  1. Partiendo de lo rematadamente feo que me ha parecido siempre no honrar al vencedor, no aplaudir al mejor, reconozco llevar ya encima tantas afrentas que ya disfruto de al menos contestar con los mismos modos. Me repugnaría hacer un pasillo a presos políticos, a derechos a decidir, al odio a lo que huela a España y a todo tipo de estupideces que se empeña en representar ese equipo que es cualquier cosa menos un club de fútbol. Zidane ha hecho lo correcto, eso que se hubieran atrevido a hacer pocos.

  2. Hablando de pasillos, yo recuerdo que cuando se ganaba la liga en el ultimo partido en la siguiente temporada el primer equipo que recibia al campeon le hacia pasillo. Alguien le hizo pasillo al RM esta temporada como campeon de la liga anterior.?. Ademas el RM tambien venia de ganar la Supercopa de Europa. Alguien le hizo pasillo por este titulo? . El primer equipo espanol que recibe al Real Madrid era el Barcelona ( se le olvido lo del pasillo por los dos titulos). La prens deportiva tampoco dice nada de este pasillo, solo lo recuerda despues del mundialito donde el Barcelona tambien lo evita. Asi que a la prensa deportiva espanola, al Barcelona y al primer equipo espanol que recibe en liga RM en liga ………Parla.

    • Yo antes era bastante de poner la otra mejilla aunque no era consciente de serlo….me parecía que nosotros siempre teníamos que hacer lo correcto aunque los demás no lo hicieran con nosotros…yo antes de internet era una pagafantas de manual…cuando me adentré en el mundo ciber supe era una auténtica manipulada…tenía sólo la información y la opinión que ellos me daban y la desventaja de no recordar lo que decían en cada situación..….y eso que dejé de oír la radio deportiva antes de saber navegar con cierta soltura…ya me habían asqueado y ya los tenía calados como antimadridistas a la mayoría….pero aun así yo esperaba de los nuestros eso del señorío…aún tenía impregnada esa cantinela en mi mente…cuesta limpiar la mente de esos ridículos códigos que nos habían inoculado a los madridistas a lo largo de décadas de dictadura informativa……afortunadamente las RRSS han acabado con el aislamiento informativo al que nos tenían sometidos los periodistas patrios…ya no bebíamos sólo de esas fuentes…ahora podíamos beber de muchas y contrastar…ahora todo está al alcance de un click…ahora están sus contradicciones, sus distintas varas de medir tan al alcance que enseguida se les puede dejar con el culo al aire….una profesión, dos varas de medir, vergonzoso…así si es que sí, “ a Parla”…y el pasillo también a Parla…

      Saludos

  3. Debo decir, aunque me tundeis las costillas, que me gusta más lo escrito por lo bien escrito del artículo del Sr. Faerna – Número uno, que el madridismo de combate (florete, espada o sable, por supuesto) que destila. Y ya es decir. Su español se desliza por la página elegante y perfumado, vestido de Lacoste y con pantalón de algodón blanco, como los viejos tenistas. Felicidades. Da gusto leerle.

  4. Don José Maria, que arte para en un mismo artículo elevar a mito los propios, y afear la conducta de ajenos, sin necesidad de cambiar de plano.

    Qué enorme placer, leer sobre una de mis mayores pasiones el Real Madrid, sin enrojecer por la torpeza y falta de cariño por su profesión, del redactor de turno.

    Un saludo

    Y esta noche….HASTA EL FINAL VAMOS REAL!!!!

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor escriba su comentario
Por favor escriba su nombre aquí