Un marqués extranjero y un galés de Chamartín

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En estos días cainitas en que hay quien quiere convertir a la mitad del censo en extranjeros en su propio país, el siempre afilado portanálisis galernauta declara, ay, al marqués Del Bosque extranjero en su patria futbolística. No es cosa de comparar, claro: la mitad del censo no ha hecho nada para merecer ese trato de sus autoridades y el marqués lleva tiempo haciendo méritos para tener mosqueada a la que siempre fue su parroquia. Yo en Del Bosque no veo al entrenador de palmarés imponente que ha sido, sino al futbolista que fue en los tiempos en que los futbolistas eran todavía mayores que yo. No pesa tanto en mi recuerdo el Marqués como el Catedrático, así lo bautizó Héctor del Mar en aquellos tiempos porque era de Salamanca y porque era un tipo sabio y circunspecto.

Ya no me acuerdo de si a Del Bosque lo pitaron mucho en el Bernabéu de su tiempo, aunque no me extrañaría. Siempre le persiguió el estigma de ser lento. Recuerdo un partido suyo de los dieciocho (los dientes del choto, dice el adagio del mus) que jugó con la selección en que se le escapó su par y marcó. La prensa se le echó encima y un amigo mío que también era fan protestó airado: “Si yo lo he visto, carajo, iba detrás diciéndole eh, chico, adónde vas”. El Catedrático no era lento, era parsimonioso. Para no enredarse con la toga, como Benzema, que para correr ya tiene el Ferrari, lo que pasa es que la prensa nunca se entera de nada. En aquellos tiempos de marcaje al hombre lo del par era una pesadilla, como la bola de los presos. Los equipos eran como aquella cuerda presidiaria de Woody Allen en Toma el dinero y corre que se escapaba de la penitenciaria, pero tenía que ir al baño en comandita. Eran los tiempos de Vujadin Boskov: “Pongo al peor de los míos con el mejor de los suyos y juegan mis diez mejores contra sus diez peores”. El viejo y entrañable Vujadin nos dejó hace unos años, de lo contrario lo habría fichado Puigdemont para su gabinete de estrategia.

A Del Bosque le entregó Velázquez en su homenaje la casaca blanca con el 10. La misma que este había heredado con reverencia de Puskas y que luego legó a Ricardo Gallego, el Soso, otro para el club de la parsimonia. Los niños de hoy están muy mal acostumbrados, hoy el más lerdo hace relojes, sombreros y colas de vaca, pero entonces para ver un pase medido a cuarenta metros en el campeonato español tenía que estar el Catedrático en el campo. Yo me preguntaba qué diablos era eso que los comentaristas llamaban volantes, ese oscuro objeto del deseo de Fred Gwynne, hasta que vi la figura entonces enjuta y erguida de Del Bosque con la cabeza levantada como el periscopio del Nautilus, el trote moroso y nueve camisetas blancas siempre bajo el radar. De su nostalgia me han curado luego Xabi Alonso y Toni Kroos, que son de estirpe parecida y mejores jugadores de lo que nunca fue Del Bosque, porque el mundo progresa, no le hagan caso a los periódicos. Ninguno de los dos llevó el 10 ni se crió en la Ciudad Deportiva, pero seguro que el Catedrático se lo hubiera cedido encantado. Nunca estuvo completo un equipo del Madrid sin uno de esos tipos de pecho frío y cabeza hirviendo con los prismáticos de mariscal en la divisoria.

Otros madridistas hay estos días que querrían aplicarle la ley de extranjería a otro compatriota ejemplar al que no perdonan la práctica de deportes de riesgo como el golf, la poca maña para idiomas que no sean el suyo nativo o el no hacerse cargo de las hernias fantasmáticas de una prensa más dada al story telling que al fact checking. Afortunadamente, en este caso el galernarismo es una piña, no en vano le he oído yo a un madridista nonagenario que vio volar a Gento de nuevo aquella noche copera en la banda izquierda de Mestalla. He dicho compatriota, sí, porque Gareth Bale será de Cardiff, pero no hace nada que haga sospechar que no ha echado los dientes en Chamartín. En el bartrazo aquel, sin ir más lejos, un Alves o un Busquets de la vida se habrían ido al suelo con doble tirabuzón después de la carga del central, pero Gareth siguió corriendo como el fantasma de Lester Pigott sobre su montura. Puede que Bale nunca llegue a ocupar el trono de Cristiano, pero se ha labrado el suyo propio en Anoeta, en Valencia, en Lisboa, en aquella tanda de Milán (¡pero si está cojo!), en su impasibilidad de hombre de bien que soporta el cuestionamiento atorrante y permanente sin un mal gesto ni una mala palabra así sea en arameo, lingua franca para acordarse de la progenie de los que se lo merecen. Bale es uno de esos jugadores que se lesionan mucho, sí. Nuestras virtudes son el dorso de nuestros defectos (o viceversa), y a Bale, “conseguir una potencia descomunal trabajando duro desde la segunda infancia le expuso a poder romperse por lo mismo, una ironía reservada al atleta”, como escribió aquí Antonio Escohotado con su proverbial finura. No es el primer jugador sometido a ese peaje que ha dejado rastro memorable, ahí está Arjen Robben, que también fue de los nuestros y apenas ayer se retiraba con gloria, aunque sin pase al Mundial, de la selección Oranje. A mí Bale me gusta mucho, es un jugador singular, uno de esos que no se parece a nadie, que hace cosas que no hacen los otros al precio de no hacerlas siempre. Bale, bala de oro siempre en mi recámara. Si toca pagar en paciencia el sobrecoste de sus lesiones, bien está, aquí tiene la mía. Bale es un lujo y el lujo se paga, será por falta de numerario en una plantilla blindada contra toda cuota de ausencias.

No seré yo quien le disculpe al Marqués sus enfurruñamientos e intemperancias con el club que lo acunó durante décadas por los desencuentros de un minuto que es una gota en el mar. Ya se le pasará, y si no peor para él, que declare la independencia unilateral, allá el Marqués y su palmarés. Pero al Catedrático y al galés  no los extradito por nada del mundo. En mi corazón madridista el único que tiene derecho de autodeterminación soy yo.

Número Uno

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El mayor de los Faerna es historiador del arte y editor, ocupaciones con las que inauguró la inclinación de esta generación de la familia por las actividades elegantes y poco productivas. Para cargar la suerte, también practica el periodismo especialista en diseño y arquitectura. Su verdadera vocación es la de lateral derecho box to box, que dicen los británicos, pero solo la ejerce en sueños.

3 COMENTARIOS

  1. Lo del Marqués nunca lo entederé.Ayudar y alinearse con quienes luchan contra España es poco menos que una hipérbole desgraciada.Y como Salmantino, una ofensa para las cintas de mi capa de esa milenaria Universidad.D.Vicente, vd. No puede estár del lado de los Bartomeu, tv3, Villar
    ….y si es así, yo pido que sea desposeido de su titulo que no es Condal.

  2. Magnífico artículo. Suscribo lo dicho, tanto sobre el Marqués, como sobre Gareth Bale, jugador distinto y víctima de las lesiones. Robben, que salió del Madrid porque era de cristal, ha tenido luego años muy buenos en el Bayern. No desesperemos con Bale.
    Una precisión. Héctor del Mar, como narrador argentino, ponía apodos a todos los jugadores. “Turbina San José”, “el Puma Santillana”, “el Panzer Stielike” …, a veces un poco obvios. Al entonces proyecto de Marqués, le llamaba también “Cámara lenta del Bosque”. Los que le vimos jugar, sabemos por qué. Las lenguas viperinas que anidan en la Galerna, también nos han recordado su presunta condición de trípode, en vez de bípode, no sabemos si implume. En todo caso, se trata de un sujeto que se irá al otro barrio acordándose del ser superior. Dios le guarde muchos años, cociéndose en su propio rencor.
    Saludos.

  3. Buenos dias.
    Mi padre q.e.p.d., ya le llamaba soso mucho antes de que apareciera Ricardo Gallego, Tambien se lo llamaba A Velazquez, lo que pasa es que el y muchos como el, habia visto al Real Madrid ganar 5 copas de Europa consecutivas, y todo lo que vino despues hasta su muerte, se le hacia pequeño.
    Yo tambien tuve el cromo de Del Bosque en mis colecciones de los 70, y como todos los niños los heroes de la infancia, lo son para siempre. Con esto no quiero decir que Vicente fuera mi heroe, pero era un jugador de mi equipo, y con eso basta.
    Lo que ha pasado despues desde que no le renovaron el contrato, y su permanente rencor, ya no me pertenece, el niño que fui, y aun sigue siendo, no va a soltar una lagrima por el, pero tampoco se va a transformar en odio, tan solo en una profunda indiferencia y si acaso en algo de tristeza.

    Repecto a Bale, 1º es jugador de mi equipo, y solo por eso siempre le defendere a muerte contra quien quiera vilipendiarle, y hablo de “madridistas”, de los hatters, me rio y paso de ellos a partes iguales.

    HALA MADRID Y NADA MAS.

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