José Mercé: “Para duende, el alcorconazo”

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Tiene duende la recreación por José Mercé del himno del Madrid. Mecidos en un tempo largo, los compases se dilatan hasta extraviarse casi. Cuando parecen perdidos, el jerezano rescata los versos de entre sobrios acordes de piano para dar con ese célebre «¡Quién pudiera cantar como rezando!» que Manolo Caracol hizo exclamar a Gregorio Corrochano.

En el profundo eco flamenco de su voz, nuestro «¡Hala Madrid!» deja de ser un grito de combate. Convertido en plegaria, interpela al Madrid de parte del que sabe qué es el Madrid, y lo siente. El Madrid que nos duele y nos esperanza. En las antípodas de fanfarrones, fantoches y veletas. En el himno de Mercé se hace carne el Madrid auténtico. El del compromiso, el sacrificio y la superación. El Fénix que renace de las cenizas en que lo consumió una guerra perdida por la patria. El Madrid de los que, antes de volver a vivir la victoria en una Copa de Europa, durante treinta y dos larguísimos años, pagamos más que una pena de reclusión mayor.

Armado de esa convicción y arropado en una coincidencia generacional —los dos nacimos con la Copa de Europa— que debería facilitar la mutua inteligencia, me sumerjo en la personalidad arrolladora de este gitano abierto al mundo y patente sensibilidad social, con la voluntad de acertar a trasladar a los galernautas el alma liberal de un artista de raza, en una conversación a corazón madridista abierto.

P: Rancapino, creo que fue él, dice que el flamenco hay que cantarlo con faltas de ortografía y La Galerna se proclama «madridismo y sintaxis». ¿Debemos encontrar un territorio neutral para esta conversación?

R: Rancapino lleva muchísima razón. En flamenco no se puede decir nada, hay que decir ná (Risas). Pero es territorio neutral, porque el Madrid es un equipo, y una entidad, y un club flamenco. Yo siempre lo digo.

P: (Más risas, ahora las mías) ¡Eh, compadre! Que te llevas todo el agua a tu molino…

R: Sí, sí, no te rías. Porque tiene duende. El Madrid tiene duende. ¿Tú sabes? Uno de los duendes más grandes que ha tenido el Madrid fue «el alcorconazo». Eso nada más que les pasa a los grandes. Le pasa a Curro Romero, le pasa a Rafael de Paula que tenían arte. Y hoy salían presos en Las Ventas y al otro día salían por la Puerta Grande. Ese es el Madrid. El Madrid es un equipo con duende, y yo considero que es muy flamenco.

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P: Para que te capten enseguida los galernautas menos aficionados al flamenco, confío que pocos, me gustaría plantearte una disyuntiva: ¿Ortodoxia o vanguardia?

R: Mira, entiendo que la base del flamenco, la música nuestra de raíz, puede ser muy ortodoxa, por supuesto, pero creo que no le moleste para nada la vanguardia. Yo llevo ya muchos años haciendo un flamenco abierto, porque creo que tiene que ser así. Estamos en el siglo XXI, todo evoluciona en esta vida y la música nuestra tiene que evolucionar.

P: ¿Y el Madrid, es ortodoxia o es vanguardia?

R: No, no. El Madrid es de una ortodoxia y una pureza increíble. De vanguardia nada. Es el club más grande del mundo.

P: «Me lleva el aire, siempre a tu vera; eres como la cera, que te roza y te quema» ¿Acaso el Madrid te roza y te quema?

R: Pues sí, la verdad es que sí. El Madrid te roza y te quema y te hiere. Porque el Madrid es profundo. Yo te diría que el Madrid es como la música de raíz, que nunca está de moda. El Madrid es eterno.

P: Siguiendo con tu canción «Te roza y te quema» ¿Qué aire llevó a la vera del Madrid a un chiquillo del mítico barrio jerezano de Santiago, cuna de tan ilustres dinastías flamencas?

R: Recuerdo de pequeñito, en mi tierra jerezana, en los primeros años sesenta, esos partidos en blanco y negro, en un patio de vecinos, y yo me emocionaba. Ese Velázquez, ese Gento, esos Serena, Amancio, Manolín Bueno, ese Grosso… ¡por favor! Eso para mí era… ¡yo qué sé! Y fíjate que yo era muy niño, muy pequeñito, y lo sentía muy adentro.

P: ¿Entonces los colores te vienen de la dinastía, como el cante, o del barrio? ¿No son cosa de la emigración?

R: No, no, ya verás. Yo me vine a Madrid la primera vez con trece años, vine a grabar un disco. Como dices, afortunadamente venimos de una dinastía con mucha solera, a través de Tío Paco la Luz, que era mi tatarabuelo, y que fue el creador de una seguiriya, cuando en el flamenco es muy difícil crear, como tú sabes bien. Y aquí se había venido a trabajar mi tío Manuel Soto “Sordera”.

P: Pero luego volviste a Jerez…

R: Justo. Y te voy a contar una anécdota muy bonita: Había en esa época muchachos de Jerez que jugaban en el Betis. Jugaba Benítez, jugaba Del Pozo, eran chavalillos de Jerez, que yo había convivido con ellos además. Así que yo, pues, la verdad, era amante al Betis. Pero del Betis, no del Lopera, yo me entiendo. Y luego me vuelvo a Madrid a trabajar, que mi padre me deja venirme con su hermano, y al poquito tiempo de estar aquí, resulta que juega el Betis en el Bernabéu…

P: ¡Qué bárbaro! ¡Mi primer partido en el Bernabéu fue también con el Betis! Un partido de Copa…

R: Este era de Liga. El primer partido de la Liga. Y yo llego al Bernabéu con mi bufandita del Betis y mi gorrita. Mi primo y yo. No teníamos ni idea de nada, claro. Así que nos vienen los reventas: “Mira chavales, estas son en el centro del campo…” (Carcajadas unánimes, se presiente el desenlace…) ¡Total, que me mandaron arriba del todo! Veíamos a mi Amancio, como a los enanitos, macho… Hombre, acostumbrado a ver el Estadio Domecq ¿no?, el Jerez Deportivo, el Jerez Industrial, el Utrera y todo aquello… Cuando yo llegué y vi el Bernabéu, y vi este campo, esos jugadores… Eso es algo que no se me olvidará nunca. Y ya he sido del Madrid desde entonces.

P: Vamos pues con un rito al que sometemos a todos los madridistas que entrevistamos en La Galerna. Toma este folio en blanco, ve anotándonos tu alineación del Madrid de todos los tiempos y la comentamos. (Le paso mi estilográfica y se pone a la tarea con el entusiasmo de un escolar, sin la menor protesta. Y mira que me había prevenido Jesús Bengoechea de que, a veces, los entrevistados se sienten en un compromiso.)

R: Verás, mi alineación buena era así: Mi Betancort. ¿Cómo era? ¿Así, no? Lo que más me acuerdo es de esas palomitas que hacía el canario. ¡Qué maravilla! Betancort; Calpe, de Felipe, Sanchís; mi Pirri y mi Zoco; después estaba, vamos a ver… Estaba mi Amancio, mi Grosso, mi Velázquez, mi Gento y me falta Serena o Miguel Pérez, y por supuesto, genio, mi Manolín Bueno, que no se nos olvide a nadie. Que Manolín Bueno cobraba las primas sin jugar, en el banquillo.

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P: Justo antes de la final, los de La Galerna lo estuvimos comentando con Gento. Al pobre Manolín sólo le veíamos algún que otro jueves, en los partidos que jugaban los suplentes con algún equipo de Segunda. Gento no sólo era indiscutible, encima no se lesionaba nunca, y eso que entonces era mucho más dura la vida de los delanteros…

R: ¡Y tanto! Fíjate, estaba yo trabajando en Marbella y me voy a Los Cármenes a ver al Madrid. El viejo Los Cármenes tenía la mejor acústica del mundo. ¿Tú sabes que se escuchó abrirse la carne de Amancio con la entrada que le hizo el Fernández… ese hijo puta? ¡Qué susto, madre! Los Cármenes, 1972.

P: Es que ir a Granada era ir a la guerra. Pensamos que había retirado del fútbol a Amancio. La entrada fue criminal.

R: Sin embargo, Benítez, cuando ya no jugaba de delantero sino de lateral en el Betis, me decía de Montero, un delantero muy fino del Sevilla “¡José, cómo traerá de bonito el balón el gachó este de El Puerto, que da pena entrarle!”. Y uno era del Betis y otro del Sevilla, anda.

(A José le ocurre lo mismo que a mí. No somos capaces de mezclar los jugadores en el tiempo y el espacio. Cuando para uno el equipo manda sobre las individualidades, sólo se pueden tener cabalmente dos equipos: El original, el inmaculado, el que fue dueño de nuestras primeras ilusiones, protagonista de nuestros sueños infantiles, y el que por nostalgia de aquella patria perdida apoyamos hoy. Sobre el papel, ha plantado el clásico 3-2-5 de la WM. El Madrid de entonces había abandonado hacía tiempo ese sistema. Jugaba en la práctica un 3-4-3, retrasando al cierre uno de los medios (Zoco) y con los dos interiores también echados hacia atrás. Pero durante muchos años los de nuestra generación seguimos recitando las alineaciones con tres defensas, dos medios y cinco delanteros. Así nos las aprendimos de memoria para siempre). 

P: Estaba convencido de que pondrías a Sergio.

R: No, porque en esa alineación no tiene cabida Sergio. Yo entiendo que Sergio es ahora mismo el jugador de más casta que hay en el Madrid. Eso no te quepa la menor duda. ¡De más casta! No quiero decir que sea el mejor. Pero de más casta, sí. Por supuesto. Y ahí tienes un jugador de los que más me ha apasionado en el mundo. ¡En el mundo! Manolo Velázquez. Ese era mi ídolo. No se puede jugar más bonito.

Sergio es ahora mismo el jugador de más casta que hay en el Madrid

P: Sonará a tópico —más aún para el que no siente el alma que se expresa en el arte de los pueblos— pero no me resisto a suscitarlo: ¿Cristiano es fado y Sergio, flamenco?

R: Está muy claro que Sergio es flamenco, y lógicamente Cristiano tiene que ser fado. Esta clarísimo. Queramos o no, el fado es una música de raíz, una música muy como el flamenco, tío. Es el mismo sentimiento, la misma sensibilidad, es el dolor y la fatiga. A mí me dices Messi, pues muy bien, Messi juega muy bien, Messi será todo lo bueno que quieras, pero aquellas arrancadas de Ronaldo, aquellos desbordes… Ahora lo hace menos, por lo que sea… Pero yo disfrutaba muchísimo más… Porque eso es más flamenco, eso tiene más pellizco.

P: Venga, pues, un poco de flamenco exprés para galernautas. Tengo muy claro que Casemiro, nuestro Stajanov, es cante minero, jondísimo, pero vamos a intentar identificar con sus respectivos palos a algunos de nuestros muchachos. ¿Te parece posible?

R: ¡Vamos a ello!

P: ¿Keylor?

R: Es la honestidad personificada. Es un tío que da todo lo que tiene y más. Es un chaval extraordinario…

P: ¿Una seguiriya, entonces?

R: Yo diría que es la madre de los cantes. Yo creo que Keylor es la soleá.

P: ¿Modric?

R: Es un pedazo de futbolista de cojones. Por su forma de jugar yo lo pondría en la Bahía de Cádiz. Lo pondría en alegrías, en alegrías, por la Bahía de Cádiz.

Keylor es la soleá

P: ¿Y Bale, entonces? Yo estaba pensando en las alegrías para Bale…

R: Yo no le llamo Bale ¿eh? Le llamo Robocop. Bale es extraterrestre, de verdad te lo digo. No le podemos poner en ningún palo. Es un extraterrestre.

P: Y, ya que no los hemos mezclado en la alineación, que, por cierto, la tuya es muy parecida a la mía, aunque algo posterior, háblanos de tus jugadores favoritos de otras temporadas.

R: Si me puedes poner a mi Roberto Carlos ahí, te lo agradezco mucho. Porque ha sido el mejor brasileño de todos los que han pasado por el Madrid. El que le ha dado sus cojones, como yo digo, al Madrid. Porque correr esa banda, como la subía y como la bajaba… Que me puse allí con él un día y le dije “Roberto, macho, ¿tú cómo es posible que corras esto tantas veces con lo que hay de aquí a allí?”. A mí me ha encantado que se venga al Madrid, que se venga aquí con nosotros, porque se lo merece ¿eh?

Yo no le llamo Bale. Le llamo Robocop

 P: ¿Alguno más?

R: ¡Hombre, claro! También me gustaba mucho Gunter Netzer. Pero si hablamos de Zidane, hablamos de otra historia. Zidane me parece mágico. Jugando al fútbol era magia. Yo cada vez que veo el gol ese de la final de la Copa de Europa… Al Leverkussen ¿no fue? ¡Cómo se puede preparar el cuerpo así para darle al balón! Porque eso no es casualidad, ¿eh? Esa jugada la ves tú una vez y otra y dices: No. Lo ha hecho a conciencia. Adrede. Ese tío se prepara para darle al balón ahí y ponerlo allí. Es impresionante. Y luego… Una orquesta sinfónica, la mejor que podía existir en el mundo. Para mí hay tres jugadores, miento, cuatro: Johann Cruyff, en su momento, Maradona, Velázquez y el señor Zidane. Bueno, pues a Zidane lo pongo por encima de todos. Era como un cantaor que no necesita a nadie que lo acompañe, ni música ni nada.

P: ¿Y como entrenador, cómo lo está haciendo?

R: Creo que lo está haciendo bien. No podemos decirle nada todavía. Espero que esta temporada vaya viendo las cosas, y veamos, veamos, que crea un estilo de juego. Como entrenador todavía le queda… Todavía no le quiero puntuar. Las cosas han salido muy bien, hemos ganado la Copa de Europa, hemos tenido un momento muy malo por la época de Benítez, y a él le ha cogido muy atrasado. Demasiado hemos hecho ¿no?

P: Por bulerías. Aire, tu canción, me evoca una de las decisiones más valerosas y socialmente trascendentes de Florentino Pérez: Asumir el coste de enfrentarse a los Ultras Sur y sacarles, como grupo organizado, de la grada del Bernabéu, para que todos los madridistas, de cualquier ideología, raza o creencia podamos participar del privilegio de animar a nuestro equipo: «Aire, aire, aire pasa, aire nuevo, aire fresco, pa’ la casa; aire, aire, pasa, pasa, que tenga la puerta abierta, la alegría de mi casa»: ¿Tú que opinas de esa actuación de Florentino? ¿Qué te parece la nueva Grada?

R: Me parece maravilloso. Ahí le doy a mi presi no un 10, le doy un 20. Es una de las cosas más maravillosas que ha hecho en el Madrid: echar a esa gentuza. Esa gentuza no tiene cabida, pero no en el Bernabéu, en ningún sitio. Y me parece que esta grada nueva está dando muchas alegrías. Y no hay conflictos, sólo eso ya me parece enorme, que es lo que tiene que ser. No se puede ir a un campo de fútbol ya dispuesto a montar bronca, a formar pelea, a decir sandeces… El fútbol, el deporte, tiene que ser para divertirse, para pasarlo bien, ¿no entiendes?

P: Yo lo entiendo. Y, afortunadamente, el Madrid también. Me parece que hay otros equipos, otros clubes, que están tardando demasiado en entenderlo…

R: Bueno, pues me parece que lo hacen muy mal. En ese aspecto, de verdad, hay que darle un ¡olé! muy flamenco al presi. Pero un olé muy grande.

P: Perdóname, entonces, que provoque a un asiduo del palco del Bernabéu con una verdad evidente…

 R: ¡Pero soy abonado, ¿eh?! No se te olvide que soy abonado (risas).

P: Que sí, que sí… Pero yo te quería reflejar la visión de un abonado del Bernabéu y también asiduo del Teatro Real: El Palco del Bernabéu es la platea del Real, mientras la Grada del Madrid es la Zambra… ¿Cuándo te vienes a vivir un partido en el tablao y a cantar a Sergio con los Fans en la Grada?

 R: Pues cuando queráis. Cuando queráis ahí estoy en la Grada. Además te quería decir una cosa: Yo realmente siempre iba a mi sitio, a mi abono. Y recuerdo que cuando entra Florentino Pérez de presidente la primera época, me llamó. Y la verdad es que me sorprendió y me gustó muchísimo. ¡Fíjate si ese hombre tiene cosas mucho más importantes que llamar a José! Y cual fue mi sorpresa cuando una mañana estoy en el bar con mis amigos, cojo el teléfono, no sabía quién era, y dice: “Hola José, soy Florentino”; y yo “¿Qué Florentino? En este momento no caigo…”; “el presidente del Madrid”; “¡hombre, presi!, ¿cómo está usted?”, y me dice “no mira, que te llamo para que me des tu dirección, porque tú eres un madridista y tal y cual, y tu obligación es estar en el palco…”. Y a partir de ahí, pues voy al palco. Pero sigo pagando mi abono.

P: Pues entonces, haces pellas de tu obligación un día y te vienes ahí, con nosotros, a vivir un partido como hay que vivirlo: cantando a los nuestros.

R: Pues cuando quieras hago pellas, y me voy allí arriba y canto lo que haga falta (Risas).

P: Fenomenal. Y para terminar, esta es la última disyuntiva en que me atrevo a ponerte: ¿Lisboa o Milán?

R: Hombre, Milán fue mucho más «eso», porque nadie creía en el gran Madrid, y todo el mundo le daba como ganador al Atleti. Pero Lisboa… Yo no vi el gol de Sergio Ramos porque me cogió vuelto de espaldas. Yo me quería ir de allí y mi mujer era la única que creía. Y me decía “¡Que vamos a marcar!”, y yo “¿Pero cuándo vamos a marcar, si estamos ya en el noventa?”. “¡Que marcamos! ¡Que marcamos!”. Y cuando marcó Sergio Ramos, yo no vi el gol. Se tiró encima mía todo el mundo, todos allí abrazándonos… Así que la verdad es que a mí me gustó muchísimo la final de Lisboa. Me encantó. Yo la vi más calentita. Más flamenca. (Risas)

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